Madame Charín

Al poco tiempo de quedarse viudo, exactamente dos semanas después, el tío Aurelio ya tenía otra mujer en casa, Rosario, de una edad más cercana a la de sus hijas que a la suya. Lo primero que hizo Rosario al entrar fue cambiar los muebles de sitio para borrar en lo posible el rastro de veinte años de la anterior. Como no había tanto espacio como para hacer reordenaciones coherentes, los muebles quedaron en posiciones absurdas, el sofá delante de la puerta, por lo que para entrar al salón había que rodearlo por un lateral metiendo mucho la tripa o saltar por encima, y la televisión en una esquina con la mesa delante, tapándolo.

Llenó la terraza de jaulas con canarios que estaban todo el día canta que canta, colocó geranios de colores en las ventanas y agrupó todas las fotos de la tía Juana, la primera mujer y para algunos la única verdadera porque con Rosario no se había casado, encima de una mesa auxiliar. Las adornó con un jarrón con flores de plástico y dos velas, una a cada lado, y cada vez que pasaba por delante decía, “que Dios te tenga en su gloria” y añadía más por lo bajo “que yo ya tengo la mía”.

Las otras tías, dos de ellas hermanas de la fallecida, decían que Aurelio había tenido escondida a Rosario en un armario. Era una forma de dar a entender que ya habían sido amantes mientras Juana vivía, pero a mí me gustaba imaginarme a la Chari, como la llamaban no con muy buena intención, abriendo las puertas del armario de una patada y saliendo al fin triunfal con sus pájaros posados por los hombros y en los brazos los tiestos floridos como si fuera la mismísima primavera.

Aurelio quería que su Rosario fuera bien aceptada en la familia y también respetada. Eso de que las otras mujeres, con los hombres no había problemas porque como era joven y guapa se los tenía ganados, la llamaran la Charito, con el la delante, no le gustaba nada. Un día, en una comida familiar, Aurelio se refirió a ella como Madame Rosario, nombre que fue reconvertido al instante con mucho cachondeo en Madame Charín y con él se quedó ya para siempre.

Para adaptarse a su pareja, Madame Charín se volvió vieja de mentira. Se peinaba con un moño en la nuca y se vestía con unas batas sueltas que le hacían parecer gorda aunque no lo estuviera. Cuando el tío Aurelio enfermó dejó el trabajo para dedicarse a cuidarlo. De vez en cuando, para despejarse, salía a su terraza acristalada a hablar con los canarios y a echarse las cartas del tarot. Si la tirada no le salía a su gusto lo achacaba a que era un juego tonto y supersticioso pero si sacaba cartas favorables movía la cabeza hacia los lados diciendo, “quién sabe, quién sabe, a veces esto acierta”.

Cuando pasaba por delante de la mesa con las fotos de Juana ya no decía “Dios te tenga en su gloria que yo ya tengo la mía”, se la quedaba mirando y lo sustituía por, “un poco de paciencia,que enseguida te lo mando”. Y al año, cansada de hacer de enfermera o tal vez obedeciendo los designios de alguna de sus tiradas de cartas, se lo mandó.

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51 comentarios en “Madame Charín

  1. Juas juas. Pa’ mi que hay una historia negra con Charín. Primero hizo que él se cargara a su mujer y luego ella se lo cargò a él. Y se quedó con todo… Al más puro Agatha Christie… tiru riru tiru riruuu

  2. Me gusta mucho este registro, este tono en el humor, que es tuyo, es reconocible, pero adaptado, y muy bien, a otros personajes muy distintos a los que nos tienes acostumbrados, aunque Madame Charín es para sacar buen provecho de ella. La historia me ha encantado. Un abrazo, Paloma.

  3. Me encantó tu relato, reflejas muy bien los tópicos sobre las segundas esposas. En un primer momento pensé en Madame Bovary cuando llega a casa tras la boda y se encuentra con todo lo dispuesto por la primera mujer, hasta el ramo de novia completamente seco.

    Un beso.

  4. ¿Y Madame Charín descubrió algún elemento radioactivo? No, creo que no. Pero…¿cómo murió Aurelio? ¿Muerte natural? Esto huele un poco a viuda negra. ¿Y era muy guapa y apetecible, qué tan joven respecto a él, cúantos años de diferencia? Hoy estoy preguntón. Muy patético lo de cambiar los muebles y encima colocarlos en posiciones absurdas.

    1. No, la ciencia se la dejó a la Curie.
      Claro, se murió de muerte natural, estaba enfermo, ella no lo mató.
      No sé si era guapa, a mí no me lo parecía, era grande de tamaño, eso sí.
      Pues yo entiendo lo de cambiar los muebles, estaba entrando en el territorio de la otra, de otra vida, tenía que recomponerlo a su manera pero fue un poco chapucera.

      1. No he dicho que lo matara, aunque la insinuación quizá flota ahí muy levemente. No, en serio, en realidad no sé. Lo de los muebles de acuerdo, lo entiendo, lo raro es ponerlo en posiciones absurdas.

      2. Porque no había sitio para colocarlos de otra manera. Bueno, da igual, dejemos tranquilo al sofá.
        Y no, no lo mató, al contrario, fue buena con él aunque estuviera harta en algún momento y deseando facturarlo con la primera.
        Más besos y gracias

  5. ¡Genial, Evavill, humor negro del bueno! Me ha encantado lo de “se volvió vieja de mentira”, breve y conciso, jajaja. He de confesar que, para mí, el relato ha empezado como si fuera de terror; es por lo de mover los muebles, algo que gusta bastante a las mujeres, dicen que hay que hacerlo de vez en cuando para renovarse y cosas así, aunque haya que poner el sofá delante de la puerta, lo importante es el cambio, espero que no me esté leyendo quien yo me sé … Un abrazo.

    1. Jajaja, ya me imagino quién puede ser la movedora de muebles. Pero mientras no te toque empujar a ti…
      Gracias por el comentario, Raúl.
      Otro abrazo para ti

    2. Precisamente esa frase me gustó muchisimo..” se volvió vieja de mentira” . Muy, muy reconocible la historia ..es tu punto fuerte hacer de tus historias própias o fictícias una historia común. Lo de mover los muebles ..¡ ojo!…es una primera señal del aburrimiento, así dicen los médicos. Bueno, si no eres un sustituto/a. Besos.

      1. Es que es verdad que se medio disfrazó de vieja para mimetizarse con su pareja y así no desentonar.
        Todavía no me ha dado por mover muebles, supongo que será buena señal.
        Muchas gracias y otro beso para ti.

      2. Es muy de mujeres… hacer les fácil . Y a ellos ni siquiera se le ocurrió a alguno mimetizarse con su pareja joven para no desentornar. Así somos.

    1. La verdad es que visto desde fuera no parece un plan muy bueno pero vete a saber qué pasa por la cabeza y el corazón de cada persona.
      Gracias por el comentario.
      Un saludo

  6. Como eran las malas lenguas… Las viudas a guardar luto y los viudos a buscar mujer que los cuide.
    Aún siendo yo pequeña se veían mujeres que seguían solas y hombres que en dos dias volvían a casarse
    Besos

    1. Me parece que antes a la mayoría de las mujeres se les quitaban las ganas de repetir. A ellos no.
      Me imagino el motivo pero no lo digo por si me equivoco 😉
      Un beso, Margui.

  7. Si el tío Aurelio disfrutó de lo que le quedaba de este nuestro pobre envoltorio terrenal, ¿qué más da? A mí dame pan y llámame tonto, que solía repetir una amiga mía cual mantra secular de cegadora intensidad.

  8. Yo no había pensado en la opción de que Madame Charín se hubiese cargado a Aurelio…
    :O

    Me ha gustado mucho lo que dice (antes y después) frente a las fotografías.
    Y el nombre! es genial!
    😀

    Un beso de regreso y gracias…
    : )

    1. Anda, ¡ni yo!, es que hay mucho mal pensado aunque es verdad que el final es un poco sospechoso.
      El nombre también me gusta a mi, gracias, Carmen.
      Me alegro de tu vuelta 🙂
      Un beso

  9. Estupenda la descripción de personajes y atmósferas,con humor y ironía…me ha recordado a la tía Tula y a esas mujeres Almodóvarianas….rebajarla 1 grado en el nombre le hacía ser casi protagonista de un lupanar….me quedo con la imagen de esa primera como de si un cuadro del Bosco se tratase pintado por un pintor de la movida y esa vieja impostada con moño(Almodóvar le puso algo parecido a un cojín a Penélope para parecer más mayor y entrada en carnes…) saludos

  10. Vaya con la Charín, sospecho que algunos ahorrillos tendrían el Aurelio y la Juana, o tal vez fuera cierto que eran amantes desde hacia tiempo, porque es una relación un tanto atípica. Bueno, de hecho como ella, porque eso de cambiar los muebles para borrar el recuerdo de Juana y en cambio poner las fotos en una mesilla es bien extraño. ¡Cosas veredes, amigo Sancho! 😀 😀

    1. Creo que quería borrar a la otra y crear su propio espacio pero que no se atrevía o le parecía feo hacerlo del todo. De ahí la mesa con las fotos, digo yo.
      Aprovecho para decirte aquí que me están gustando mucho las entradas que estás haciendo con citas. He descubierto a Lou A. Salomé a quién no conocía, interesantísima mujer.
      Las de Virgina Woolf que has puesto hoy son magníficas, para leer, pensar, volver a leer…

      1. Podía haber puesto la mesita en otra habitación, ¿no? Porque creo que al unir todas las fotos consiguió justo el efecto contrario. Vamos, que poco menos creó una capillita para adorarla 😉
        El otro blog es solo eso: citas de libros que me han encantado 😉
        El título corresponde al libro, así que te aconsejo que leas tanto uno como el otro.
        Lou fue fascinante y embobó a más de uno de los grandes de su época.
        En cuanto a Orlando, si aún no lo has leído, creo que te fascinará.
        ¡Un abrazo!

  11. Al menos intentaba verse vieja y se quedó cuidándolo. No me parece tan mala. Pasan estas cosas a menudo en las familias y lamentablemente las segundas esposas no les agradan a muchos, especialmente a la familia de la primera. Genial como siempre, mi querida Paloma.

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