Mes: junio 2017

Liberamos móviles

A falta de ríos o mares, los niños chapotean en la fuente de la plaza de Tirso de Molina soñando con olas y peces.

Los negros de mirada inquieta hacen bola con sus tenderetes y corren, corren a hundirse en la boca del metro.

Por detrás de las acacias florecidas aparecen dos cansados policías,
con desgana se pasean entre los grupos de borrachos,
rodean la estatua de Tirso donde alguien ha escrito, “Mójate”.

Un 26 surca una noche que de tan ardiente parece irreal.

Huele a vómito y a flores.

Liberamos móviles, dice el cartel luminoso.

Algo es algo.

Normal para la época del año

Los personajes también pasamos calor, no os creáis, sobre todo los personajes de un blog en tiempo real o en “streaming”, por meter una palabreja de actualidad y fingir que soy moderna. Que hace calor fuera, pues el mismo o más en nuestras vidas ficticias. Eso es así, no os penséis que la que nos inventó nos va a instalar un clima favorable ni mucho menos aire acondicionado. A mí me ha dejado un ventilador en el quiosco con el que pretende que me apañe y mejor no la critico mucho que me endosa un botijo por todo consuelo en la siguiente entrada. Lo mismo que ella sufre nos hace sufrir a nosotros. Para eso nos tiene, para fastidiarnos y sentirse acompañada.

Bueno, pues que sepáis que estas temperaturas de las que habréis oído decir como unas mil veces por segundo, que no son normales para esta época del año o que no corresponden a lo que es habitual para esta época del año, sí lo son y sí corresponden. Lo normal en esta época del año y a partir de ahora en todas las épocas del año es que impere lo anormal o que lo que considerado anormal hasta ahora sea lo habitual. No os asustéis demasiado o sí, asustaros bastante e id preparando vuestras vidas para la anormalidad, eso será lo normal.

Por ahí por vuestro mundo circula un ser que debería ser de ficción, pero que resulta que es real y poderoso. Dice que no cree en el cambio climático, que eso es una tontería que se han inventado los chinos para fastidiar. Lo normal tratándose de un anormal. También empieza a ser muy normal que los que gobiernan y llevan las riendas del mundo, pobre mundo, parezcan sacados de una historia creada por un demente y que sean entre chistosos y diabólicos. Todo lo que os parece extraño terminará por pareceros normal para la época del año. Lo siento, no son buenas noticias.

Y lo dejo ya que me estoy mareando con el calor de pega. Adiós,  seres humanos, no me da envidia vuestra realidad. Claro que como la mía es un reflejo de la vuestra tampoco me puedo hacer mucho la chula, con lo que a mí me gusta.

Os saluda atentamente un personaje ya un poco pasado de rosca llamado Esmeralda. Lo normal para esta época del año.

Absurdos y posmodernos

Fuimos al teatro a ver una obra del género del absurdo. En mi vida había oído a tanta gente toser a la vez y durante tanto tiempo en un teatro y puede que en ninguna otra parte, ni siquiera en un centro de salud en temporada gripal. Tanto tosían, se ahogaban, carraspeaban y hacían todo tipo de ruidos con la garganta asociados al toser y sus derivados que pensé si no sería parte de la obra.

Pero no, porque eso corresponde más bien al teatro posmoderno,  también habíamos ido a ver una función de ese otro estilo hacía poco. En esa todos los personajes tenían unos traumas considerables y una desazón de vivir muy profunda y lo intentaban resolver quedándose en pelotas a la mínima oportunidad y enrollándose unos con otros y todos con todos, también a la mínima oportunidad o incluso sin oportunidad.

Si así lo resolvían o se quedaban como estaban pero con una alegría para el cuerpo o un disgusto, porque muy felices no se los veía, era un sexo muy torturado el que practicaban, un sexo a la deseperada, es algo que no te aclaraban. Lo tenías que deducir tú como espectador, si te quedaban ganas.

Muchas no te quedaban porque era una de esas obras, además de tirando a larga- todo ese dramón no se cuenta en un momento- en la que se pasaba bastante miedo. Desde el inicio sobrevolaba la posibilidad de que un actor en pelotas, rompiendo la cuarta pared, te viniera a buscar a tu asiento y te sacara al escenario para que tú también te desnudaras e hicieras tu catarsis, lo quisieras o no.

En esta otra miedo no pasamos y si la gente tosía mucho es porque tenía ganas de toser y lo hacían con mucha libertad, sin reprimirse. También comían caramelos envueltos en papeles muy crujientes con total libertad, incluso emitían, entre tos y tos y carraspeo y carraspeo, comentarios sobre los actores con toda la libertad del mundo, porque para eso vivimos en una democracia y tenemos nuestros derechos fundamentales.

Además que no se paga una entrada de teatro, con lo caro que cuesta, para estarse callado, con las piernas encogidas en un asiento incómodo y sin poder ni toser si te pica la garganta o decirle al de al lado, “qué fea es la del medio, ¿verdad?”, caso de que la que esté en el medio sea fea o te lo parezca.

Como era del género del absurdo, un personaje decía, “me gusta comer mandarinas a la hora de la siesta” y el otro le contestaba, “nuestro vecino el dentista no se ha lavado la cabeza”, es un ejemplo, no decían exactamente eso pero sí de forma aproximada. Los de las toses no paraban de reírse, de comer caramelos de papel crujiente para detener la tos, no lo lograban, se reían más, desencadenando con la risa nuevos ataques de tos y nuevas aperturas de caramelos.

Hay que reconocer que tenía bastante gracia ver a esas parejas del escenario, eran seis en total, conversando sin escucharse los unos a los otros. Lo más seguro es que los espectadores se vieran reflejados y por eso se reían y se ahogaban libremente. Porque quién no tiene o ha tenido o tendrá una pareja que no le hace ni caso. Quién no ha experimentado esos momentos de incomunicación.

A la salida caminamos en grupo por las calles. Había otros muchos grupos que hacían lo mismo que nosotros. Como es normal entre personas que se conocen y salen juntas, íbamos hablando pero sin hacernos demasiado caso, o un caso muy relativo, los unos a los otros. No es que estuviéramos haciendo teatro ni que nos hubiera influido la obra hasta ese extremo, es que somos así normalmente, solo que no nos habíamos dado cuenta de que somos así hasta que no lo hemos visto representado.

Por un momento, tuvimos un estremecimiento de terror al comprobar que éramos tan absurdos como los personajes de una tragicomedia. Pero a la segunda cerveza ya se nos había olvidado y seguimos con nuestras conversaciones acostumbradas y con nuestras vidas también acostumbradas.

Y al volver ya a casa tal vez sentimos una cierta desesperación y un cierto desaliento posmoderno porque habíamos imaginado la noche del sábado mucho más grandiosa, como otras noches lejanas y ya casi olvidadas, y solo había sido una noche normal y hasta un poco aburrida a tramos. Comprendimos que esas noches casi con toda seguridad no volverían jamás y eso era desesperante y desazonador. Pero nos contuvimos y pese a vivir en una sociedad libre y ser libres nosotros no nos quedamos en bolas en mitad de la calle tirándonos de los pelos y liándonos hasta con las estatuas.

Se puede vivir así, en el absurdo y rozando la posmodernidad sin que nadie te lo note y hasta sin notarlo tú mismo.

Tilo, campo vacío y estrellas

Por el caminó recordé que en el jardín tenían un tilo y eso me puso contenta. En junio florecen los tilos y me imaginé que habrían puesto la mesa justo debajo y que podría estar oliendo las flores del tilo y así, aunque me aburriera de la conversación, cosa que me ocurre muy a menudo, no me importaría porque estaría oliendo y también mirando el campo vacío que hay delante de la casa. Uno de esos campos pelados donde iban a construir pero se paró la obra o más bien ni siquiera empezó y ahora no es ni campo ni nada. Un camino que hace eses lo atraviesa y a veces se ve gente con perros o una persona sola y nada más.

Me gusta esa especie de desolación y de vacío de esos campos que no son campos aunque prefiera el campo de verdad. También recordé que no hacía mucho había estado en esa misma casa en una fiesta por la noche y que había salido de la casa muchas veces, con la excusa de que el gato me daba alergia, a mirar la luna que estaba colocada sobre ese falso campo, iluminándolo, y que había sido la imagen más bonita que había visto en mucho tiempo. También vi estrellas esa noche, las estrellas no están casi nunca a mi alcance y mientras dentro hablaban de esos temas de conversación que me dan un tremendo sueño, yo estaba fuera mirando la luna y las estrellas y sintiéndome muy feliz, mucho.

Y como uno tiende a pensar cosas que no son pensé, en es mismo momento, que si tuviera una casa como esa, con un jardín pequeño, dos árboles,uno de ellos un tilo que floreciera en junio, un campo raro y vacío delante y la posibilidad de ver las estrellas por la noche, sería siempre feliz, tanto como en ese momento y nunca tendría esos ataques de melancolía y negrura que tengo a veces y que me dan miedo, no tanto por lo que son, como por la posibilidad de que algún día me estanque en ellos y no pueda volver a mi natural forma de ser.

Justo estaba pensando eso, que si pudiera salir todas las noches un rato al silencio y a las estrellas, siempre sería feliz, cuando llegué a la casa del tilo y tuve que dejar de pensar para ponerme a saludar. La mesa estaba puesta debajo del tilo, tal como había imaginado por el camino y olía muy bien a las flores recién nacidas. En esa casa viven un gato asmático que siempre está tosiendo y se ahoga y además es ciego. Y un perro enorme, un mastín, que impone con su sola presencia si no lo conoces. El mastín es muy cobarde y se asusta de todo, cualquier ruido fuerte le hace llorar de miedo, pero el gato ciego y asmático es muy valiente y muchas veces, pese a sus limitaciones, se escapa para salir de expedición.

Precisamente el gato se había escapado hacía dos días y como todavía no había regresado, cosa rara porque normalmente no desaparece por mucho tiempo, sus dueños estaban muy preocupados y hablaban todo el tiempo del pobre gato que probablemente ya estaba muerto, aplastado por algún coche.
Se veía que de verdad sufrían por su gato perdido. También hablaron de uno de sus hijos, que lo estaba pasando mal en el colegio y ellos no sabían qué hacer ni cómo ayudarle, lo cual era muy angustioso.

En plena narración del acoso escolar del niño tiraron un petardo por algún sitio cercano y el perro enorme se metió llorando y aullando debajo de la mesa y debido a su tamaño y corpulencia la mesa se movió, se cayeron dos copas de vino y mancharon el mantel, que era blanco, y noté una cara de cierta infelicidad, por no decir de cabreo absoluto, en la anfitriona y dueña de la casa de mis sueños.

Me dio por pensar que para ser feliz de verdad habría que llevarse el tilo con sus flores aromáticas y las estrellas de por la noche y la luna a un lugar donde no se pierdan los gatos ni existan hijos con problemas ni nos duela nunca nada ni nos quedemos sin trabajo y el trabajo que tengamos nos guste siempre, no nos aburran nunca las conversaciones de los otros, no nos hagamos viejos y a los manteles blancos no les caigan encima copas de vino tinto y si les caen que las lave otro.

De todas maneras, sigo creyendo, aunque con menos seguridad que antes, que me sería más fácil no caer en la melancolía si tuviera cerca un árbol, un campo vacío y raro delante y unas cuantas estrellas para por las noches.

El arte es lo que te da

Hoy hemos ido con la mujer a ver el Guernica. Se llama Elena pero de tanto decirnos en el grupo, va a venir una mujer, va a venir una mujer a enseñaros arte, pues ahora nos cuesta el nombre. La mujer Elena la llamamos también pero Elena tal cual, casi nunca. Es simpática, así con la sonrisa puesta, y nos lo explica todo muy bien, yo estoy aprendiendo mucho y más que podría aprender si no fuera porque las otras no se callan. Que no se callan ni aunque les cosan las bocas, sobre todo la Eloisa, ¡ay la Elo!, esa habla hasta en el dentista. Se lo dijo el dentista: señora Eloisa, es usted la única persona que conozco que puede hablar con la boca abierta y una mano metida dentro. Eso le pone orgullosa, como si se pudiera ganar la vida con eso.

Claro que a la Elo todo le pone orgullosa, ahora que le ha salido un trabajo a la hija en un laboratorio se las da de familia científica y quiere presumir delante de la mujer, de la mujer Elena. Dice hoy, “yo el próximo viernes no voy a poder venir porque me quedo con el nieto, es que mi hija tiene guardia en el laboratorio”. La mujer Elena se la ha quedado mirando, que es lo que la Eloísa quería, pero luego lo ha fastidiado por hablar tanto. Ha dicho, ” tiene que echar de comer a las células”. Y la mujer Elena se ha reído hacia dentro, como hace la gente educada, que lo es ella y se le nota.

Total, que nos ha llevado a ver el Guernica, hemos subido en el ascensor de los cristales, daba cosa buena y mala ver todos los tejados desde tan arriba, la Menchu decía que ella prefería quedarse subiendo y bajando un rato en el ascensor antes que ver cuadros, que a ella lo de plantarse delante de un cuadro…

Pues así no vas a aprender nada, Menchu, se lo he dicho, tú no te afinas ni aunque te metan en lejía pura. Y las otras se han reído hacia fuera, son más brutas… El Julián, no. Pero eso es porque quiere caerle bien a la mujer Elena, no sabe nada el Julián, es que no está mal la mujer, es altaricona y con las tetas grandes. No tanto como las de la Elo, mejor, porque las de la Eloísa son demasiado, le ocupan más de medio cuerpo y eso bonito tampoco es.

El Guernica da miedo, esa es la verdad del cuadro, pero es que lo tiene que dar, nos lo ha dicho la mujer, porque representa la guerra y las desgracias de la guerra, los sufrimientos de las gentes que sin comerlo ni beberlo se encuentran de repente debajo de las bombas, de las madres y de los hijos muertos. Nada más decir “hijos muertos” la Pilar se ha puesto a llorar. Eso ya se veía venir, esa mujer no levanta, no levanta desde lo de su chico.

De todas formas es muy llorona porque de lo del chaval, que ya por entonces era más hombre que chaval, hace ya por lo menos, por lo menos sus quince años. No por mucho llorar lo vas a traer otra vez a la vida, le ha dicho la Eloísa. El día que esa se calle es porque se ha acabado el mundo. Y que estás mejor así, la de disgustos que te daba con las drogas, te destroza la familia entera si vive más y tienes otros. Así que…así que cuando la Pilar empieza a llorar ya no puede parar.

La mujer Elena se estaba poniendo nerviosa, se quitó de golpe la sonrisa, le dio un pañuelo de papel a la Pilar y un caramelo y se puso a hacerle en la espalda así y así, como pases para arriba y para abajo. El Julián, para caerle simpático, también se puso a consolar a la Pilar, venga, mujer, no llores más que luego nos tomamos un chocolate con churros ¿Con este calor?, será pasmao el Julián.

El Guernica es feo, pero feo de verdad, por no tener no tiene ni colores, nos ha dicho la mujer que está pintado de una forma que se llama grisalla. No, si eso ya, ha dicho la Elo, como si lo supiera ella de antes, no te digo…Se te revuelve todo mirándolo pero otra vez nos ha explicado la mujer que es justo de lo que se trata, de conmocionar y conmover y de que no olvidemos el horror. Entonces sí que es bueno porque nos ha dejado a todos muy malamente con todas esa cabezas adoloridas, también de animales.

Después hemos ido a otra sala, por el camino iba gritando el Julián, “no a la guerra, no a la guerra”, es más aspaventero…pues ya sabemos todos que no a la guerra, la Menchu se quería volver al ascensor, son peores que los niños, no se los puede sacar del barrio.

El otro que hemos visto después sí que era bonito de los de quedarte un rato delante, nada más que una muchacha de espaldas en la ventana mirando el mar. Las ganas que tengo de ir al mar, ¿hace cuánto que no vais al mar? y ya nos hemos puesto todas a recordar cuándo estuvimos en el mar y la Elo a decir que ella al apartamento playero no vuelve porque se pega cada pechada a trabajar que ni te cuento y pasa más calor todavía que en Madrid, que ya es decir. Todo lo tiene que llevar a su terreno esa mujer,si estábamos hablando del mar y no de apartamentos, qué manera de estropear el arte la Eloísa.

Hasta que nos hemos enterado que era un cuadro de Dalí y que la muchacha de la ventana era su hermana, ha pasado un buen rato, no hay quién aprenda nada con ellas, ya me lo sé de otras veces, no van más que a lo suyo. Todo es azul,azul, azul, el cuadro, digo. Mejor que la grisalla del otro, ni punto comparación.

¿Tú de que color tienes la cocina, Emi? Lo digo porque me parece que tus azulejos son azules y este cuadro qué bien te iría al lado del microondas que tienes un hueco. Ponerse a decir eso delante de la mujer Elena, me da un coraje…

Para otro día el surrealismo, nos ha dicho ella, haciendo como que no había oído lo de los azulejos. Y la Menchu por todos los cuadros que íbamos pasando, “huy, esto no lo ponía yo en mi casa pero ni loca ¿tú ponías esto en tu comedor?, vamos, no me digas… Pues yo sí, ha dicho la Eloísa, se quiere hacer la interesante. Además que yo en mi pasillo tengo un Goya.

Será un Goya esquina Velázquez, ha saltado la Pilar que cuando se le pasa la llorona tiene su gracia. Que no, que no, que es un cuadro de Goya, te lo digo yo, una copia quiero decir, lo compró mi chico el mediano, se te representa un perro que se está hundiendo, dice mi chico que se identifica.

Que se identifica con un perro hundido, te jorobas con lo que hay que oír, yo ahí también lloraría si se diera el caso, ten hijos para que se sientan perros hundidos, pero la Elo es más dura que el pedernal y tacaña, a eso sí que no la ganas. Lo digo porque después de salir hemos ido a un bar de Atocha a tomar algo y a la hora de pagar se rebusca en el bolso, “no he echado nada, ¿será posible? pero si creía que había echado dos billetes de diez, pues oye, que no, el abono transporte mondo y lirondo”. La ha tenido que invitar el Julián, porque lo que es yo…va aviada.

¿Os ha gustado la visita de hoy?, nos ha preguntado la mujer Elena cuando ya nos despedíamos en la parada del autobús, el próximo día más, prefiero que veamos pocos pero bien explicados, así se asimila mejor, ¿qué os parece Joan Miró para la próxima?, hemos pasado por delante, eran esos tan coloristas y alegres pero está prohibido decir que eso lo hacen igual vuestros nietos, ¿eh?, eso no se puede decir.

Y se ponen todas muy serias y ofendidas, como si no lo hubieran dicho ya, pero la mujer me da que no las había oído, o sí. Y se ha dado la media vuelta porque ella enfilaba para otros barrios y el Julián mirándole el culo. A eso viene este, qué cuadros ni qué cuadros el Julianín. Mejor estaría con los otros jugando a la petanca en el parque.

Yo sí que tengo un buen cuadro en casa, ha dicho la Pilar ya en el autobús. Para Guernica el mío. Por el ictus del marido, lo dirá- Otra vez a llorar no, Pili, chata, no empecemos, no empecemos. Si es que cuando empieza se le desborda el río. Menos mal que hemos cogido asiento, tan a gusto hemos hecho la vuelta que teníamos ya todos un cansancio… El arte es lo que te da, te conmueve, te emociona y te gusta pero luego te tienes que encomendar al san Peregrino, el santo patrono del doior de pies.