Absurdos y posmodernos

Fuimos al teatro a ver una obra del género del absurdo. En mi vida había oído a tanta gente toser a la vez y durante tanto tiempo en un teatro y puede que en ninguna otra parte, ni siquiera en un centro de salud en temporada gripal. Tanto tosían, se ahogaban, carraspeaban y hacían todo tipo de ruidos con la garganta asociados al toser y sus derivados que pensé si no sería parte de la obra.

Pero no, porque eso corresponde más bien al teatro posmoderno,  también habíamos ido a ver una función de ese otro estilo hacía poco. En esa todos los personajes tenían unos traumas considerables y una desazón de vivir muy profunda y lo intentaban resolver quedándose en pelotas a la mínima oportunidad y enrollándose unos con otros y todos con todos, también a la mínima oportunidad o incluso sin oportunidad.

Si así lo resolvían o se quedaban como estaban pero con una alegría para el cuerpo o un disgusto, porque muy felices no se los veía, era un sexo muy torturado el que practicaban, un sexo a la deseperada, es algo que no te aclaraban. Lo tenías que deducir tú como espectador, si te quedaban ganas.

Muchas no te quedaban porque era una de esas obras, además de tirando a larga- todo ese dramón no se cuenta en un momento- en la que se pasaba bastante miedo. Desde el inicio sobrevolaba la posibilidad de que un actor en pelotas, rompiendo la cuarta pared, te viniera a buscar a tu asiento y te sacara al escenario para que tú también te desnudaras e hicieras tu catarsis, lo quisieras o no.

En esta otra miedo no pasamos y si la gente tosía mucho es porque tenía ganas de toser y lo hacían con mucha libertad, sin reprimirse. También comían caramelos envueltos en papeles muy crujientes con total libertad, incluso emitían, entre tos y tos y carraspeo y carraspeo, comentarios sobre los actores con toda la libertad del mundo, porque para eso vivimos en una democracia y tenemos nuestros derechos fundamentales.

Además que no se paga una entrada de teatro, con lo caro que cuesta, para estarse callado, con las piernas encogidas en un asiento incómodo y sin poder ni toser si te pica la garganta o decirle al de al lado, “qué fea es la del medio, ¿verdad?”, caso de que la que esté en el medio sea fea o te lo parezca.

Como era del género del absurdo, un personaje decía, “me gusta comer mandarinas a la hora de la siesta” y el otro le contestaba, “nuestro vecino el dentista no se ha lavado la cabeza”, es un ejemplo, no decían exactamente eso pero sí de forma aproximada. Los de las toses no paraban de reírse, de comer caramelos de papel crujiente para detener la tos, no lo lograban, se reían más, desencadenando con la risa nuevos ataques de tos y nuevas aperturas de caramelos.

Hay que reconocer que tenía bastante gracia ver a esas parejas del escenario, eran seis en total, conversando sin escucharse los unos a los otros. Lo más seguro es que los espectadores se vieran reflejados y por eso se reían y se ahogaban libremente. Porque quién no tiene o ha tenido o tendrá una pareja que no le hace ni caso. Quién no ha experimentado esos momentos de incomunicación.

A la salida caminamos en grupo por las calles. Había otros muchos grupos que hacían lo mismo que nosotros. Como es normal entre personas que se conocen y salen juntas, íbamos hablando pero sin hacernos demasiado caso, o un caso muy relativo, los unos a los otros. No es que estuviéramos haciendo teatro ni que nos hubiera influido la obra hasta ese extremo, es que somos así normalmente, solo que no nos habíamos dado cuenta de que somos así hasta que no lo hemos visto representado.

Por un momento, tuvimos un estremecimiento de terror al comprobar que éramos tan absurdos como los personajes de una tragicomedia. Pero a la segunda cerveza ya se nos había olvidado y seguimos con nuestras conversaciones acostumbradas y con nuestras vidas también acostumbradas.

Y al volver ya a casa tal vez sentimos una cierta desesperación y un cierto desaliento posmoderno porque habíamos imaginado la noche del sábado mucho más grandiosa, como otras noches lejanas y ya casi olvidadas, y solo había sido una noche normal y hasta un poco aburrida a tramos. Comprendimos que esas noches casi con toda seguridad no volverían jamás y eso era desesperante y desazonador. Pero nos contuvimos y pese a vivir en una sociedad libre y ser libres nosotros no nos quedamos en bolas en mitad de la calle tirándonos de los pelos y liándonos hasta con las estatuas.

Se puede vivir así, en el absurdo y rozando la posmodernidad sin que nadie te lo note y hasta sin notarlo tú mismo.

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46 comentarios en “Absurdos y posmodernos

  1. Tosemos, desenvolvemos de manera ruidosa caramelos, nos revolvemos en sillas incómodas… buscando el eco del otro, también nuestro eco que nos libere de la incomunicación.

    Un beso.

  2. Muy buena Paloma!
    Creo que hay obras totalmente sobrevaloradas con argumentos realmente poco elaborados que a lo único que aspiran es a buscar la risa fácil abusando de las conversaciones insustanciales del común de los mortales.
    Qué suban el nivel por favor!
    Me alegro de que no acabárais despelotados en mitad de la calle a pesar de este calor pegajoso.

    Un besito

    1. Si te digo la verdad la del absurdo sí que me gustó, a pesar de las toses.
      La otra nada, era tan exageradamente dramática y retorcida que daba hasta risa.
      Tú en la sierra estarás un poco más fresca que yo.
      Besos y gracias por la lectura y el comentario.

      1. Miro los pinos y pienso en verde pero está siendo durillo. Huyo de Madrid en cuanto salgo de trabajar!
        Besitos y gracias a tí que me sacas la sonrisa!

  3. Como decía Gila “me quedao sin hijo pero lo que me he reído…” Un día fui a un recital de poesía del “silencio” (así se llamaba y yo esperando esperando escuchar Valente…) y me encuentro con un tipo que le está haciendo una “colonoscopia” a un saxofón que no sonaba ni na. Y solo se escuchaba el salir del aire y el clac clac de las teclas. Cada 5 minutos decía unas palabra impreceptible… Y así durante 1 hora… Durante la “actuación” pasé por todos los estados desde el de tomadura de pelo, sopor, resistencia estoica hasta el de alegría… Toda una experiencia… Todavìa lloro de risa
    cuando lo cuento. Y es que Gila era un genio.
    Beeeeesos de saxofón 😉

    1. Jajajajaja, es buenísimo lo de la “poesía del silencio” y lo del saxofón sin música, la palabra imperceptible, ¡todo!
      Digo yo que puestos a hacer el idiota lo podrían hacer en menos tiempo, diez minutos, por ejemplo y así se lo podríamos perdonar.
      Creo que yo también me hubiera reído mucho.
      Gila era genial, me encanta su humor.

  4. ¿No te ha dado por pensar que tal vez el señor de delante movía la cabeza en virtud de los movimientos de cabeza del espectador que estaba delante de él? Y ese otro señor también la movería en consonancia con el de la fila delantera. Así que la culpa la tendría el de la primera fila, que tal vez tenía el mal de San Vito o un ataque tremendo de posmodernismo.

    Besotes!!!

    1. Ay, Álter, ¿sabes lo que ha pasado? Que justo he borrado el trozo que comentas. Es que me parecía que había quedado muy largo y que os iba a asustar con tantas letras.
      Pero dicho esto, me ha parecido genial tu observación, muy cómica, muy de Álter.
      Besos!!

  5. Pues yo más de una vez debo confesar que he salido del teatro muy «posmoderna» y preguntándome por el significado real de las mandarinas. Luego, si no le veo el qué, me empiezo a preguntar si soy burra o si me han tomado el pelo 😀 😀 😀 La última obra que fui a ver me dejó ese cuerpo 😉

    1. Lo de burra queda descartado, así que va a ser lo otro.
      Pero no quería yo hacer aquí de crítica teatral, puede que sea yo la burra y que tenga poca paciencia en algunos espectáculos, sobre todo si son un poco intensos de más 😉
      Un beso, Martes.

      1. No sé, chica, yo tampoco soy crítica teatral, ni literaria, ni artística… pero tengo mis preferencias, como todo el mundo, que serán acertadas o no (pa’ gustos los colores) y, en ocasiones, la línea que separa el arte de la tomadura de pelo se me antoja un poco delgada y aún más cuando el listillo de turno lo quiere vender como el no va más 😀 😀 😀
        Tres besos, Eva 😉

      2. No había leído este segundo comentario tuyo. Es que le he contestado casi lo mismo a María. Y eso sin ser críticas dramatúrgicas ninguna de las dos.
        Otros tres para ti 🙂

  6. Yo, desde luego, ni soy crítica, ni demasiado entendida en teatro, pero hay veces en que me parece que un poco el pelo si que me lo han tomado. Claro que, como digo, experta no soy, quizá un poco torpona, je.
    Muy bueno, Paloma, me has hecho sonreír, otra vez.
    Muchos besetes, mi niña.

    1. Pues….vete a saber, la línea que separa una obra buena de un bodrio a veces es muy fina.
      Yo tampoco soy entendida, solo sé si me gusta o no.
      Me alegro de la sonrisa.
      Besos, María.

  7. La oferta teatral muchas veces deja bastante que desear,en una ciudad como Madrid quitando alguna excepción lo que se programa es bastante malo o espeso.
    Y yo diría que en muchas ocasiones la obra de teatro es nuestea vida y nosotros los actores…fingiendo…así que estoy muy de acuerdo con el final que has escrito.

    Besos dramáticos!

    1. Para teatro la vida misma y bastante del absurdo, además 😉

      De la oferta teatral no me atrevo a opinar, tendría que haber visto más y con más conocimientos.

      Un beso!

  8. Muy divertido, como siempre. Me he reído con los del teatro posmoderno y el quedarse en pelotas y liarse con tó lo que se menea -y lo que no-, a la menor oportunidad y sin oportunidad también.
    El teatro del absurdo parecía el de la cacofonía…Toses y más toses, carraspeos, comentarios, caramelos desenvueltos con papel crujiente, más risas y más toses. Toda una espiral diabólica, jajaja. Por supuesto, muy buenas las observaciones de que tan absurdo ni tan desencaminado no va, nos retrata en nuestra incomunicación y ABSURDO, en el hablarnos y no escucharnos. Nuestra vida en buena medida es así, quizá somos ese hámster en la rueda que gira interminablemente. Los que tengan claro que tienen un propósito digno pues felicidades (no descarto ni afirmo que la mía no lo tenga).
    Muy grande la última frase, lo sintetiza todo:
    “Se puede vivir así, en el absurdo y rozando la posmodernidad sin que nadie te lo note y hasta sin notarlo tú mismo.”

    1. Hámster en la rueda, eso es lo que pienso yo cuando veo a los que corren en esas cintas de los gimnasios.
      Pero sí, las vidas también son un poco cintas de gimnasio y nosotros encima haciendo el hámster.
      A mí me da mucha envidia la gente que tienen su propósito y su sentido vital. No digo tampoco, como tú, que yo no lo tenga pero muchas, muchas veces me cuesta verlo.
      Huy, qué transcendentales nos estamos poniendo y qué posmodernos.
      Absurdos no porque creo que me has entendido.
      Besos, What

      1. Pues sobre los que corren en esas cintas de los gimnasios nunca me ha dado por compararlos con ese hámster. Al contrario, tienen el propósito muy loable de mantenerse en forma, cuidar su sistema cardiovascular, bajar peso o intentar ligar entre sus compañeros/as, todo ello me parece muy bien. No digo que la vida sea absurda, en realidad no lo sé. Hay muchos propósitos loables que tienen sentido, como tener hijos, como crear algo, como amar y ser amado, como intentar dejar una huella, por insignificante que sea, en los demás y en este mundo. Nosotros los blogueros creamos algo y dejaremos una pequeña huella, algo es algo. Por no hablar de intentar buscarle un sentido, ahí ya me adentro en los terrenos budistas, metafísicos o espirituales. Claro, hay gente que no cree en nada de todo eso. Ahora sí que me he puesto trascendental.
        No lo dije ayer, pero eso del sexo libre o por lo menos abundante o frecuente en el teatro del absurdo me parece muy bien, y en la vida también. El sexo desesperado ya no sé. Bueno, si es intenso y satisfactorio pues sí. Decir que te parece bien no equivale a pensar que practicar el sexo es la solución de ese vacío existencial. De ahí que ese comentario sobre los frustrados del mundo del porno también me ha hecho mucha gracia.

      2. A ver, What, que lo de que los que corren en cintas me recuerdan a hámsters era una broma. Aunque un aire sí se dan.
        A mí me parece bien cualquier comportamiento mientras no moleste o haga daño a otros. Y ahí cabe todo lo que a uno le de felicidad, placer o simplemente alivio.
        Suelo reírme bastante de todo, empezando por mí misma pero eso no quiere decir que juzgue ni critique.
        Sobre el sentido de la vida podría estar horas hablando y no llegar a ninguna conclusión o llegar a muchas. Había una película muy graciosa de los Monty Python que se llamaba así precisamente.

  9. Y es que no hay nada como ser discreto, posmoderno, libre, absurdo, pero discreto que las modas cambian muy deprisa…

    Me ha encantado lo de las toses y los derechos fundamentales.

    un beso

    1. Es verdad, no sea que nos pongamos a hacer el posmoderno y resulta que ya no se lleva nada 😉

      No sé si el derecho fundamental a toser en el teatro lo recoge la Constitución. Para mí que sí.

      Besos, Pilar

  10. Es que en muchos casos posmoderno,vanguardia, moderno y supermoderno….son obras donde las formas sustituyen el trama , las letras y , en general, el sentido común. El camino más fácil para ganar al espectador o, por lo menos ,hacer el ruido , es….. ” en pelotas” y ” sexo”. Y lo mejor ” en pelotas haciendo sexo” y todavía mejor sacando a los espectadores para participar . Participar es lo que te asustó y a mi me animaría.

    Se puede vivir así, en el absurdo y rozando la posmodernidad sin que nadie te lo note y hasta sin notarlo tú mismo……Muy buena observación.

  11. Vaya, Paloma, qué tremendo! Además lo expresas todo con unas frases me que han parecido clarividentes “no nos habíamos dado cuenta de que somos así hasta que no lo hemos visto representado”, con la que cierras (y por supuesto las de humor, que tienen otra forma de clarividencia y a mí también me gustan mucho, especialmente así mezclado). He dicho antes frases clarividentes, pero en realidad estaba pensando en una parte de El Mundo de Millás, que estaba leyendo anoche, cuando comparaba las palabras y las narraciones a las que él se dedicaba, con los circuitos que hacía su padre, y decía algo así como que cuando a las palabras las juntas bien, al acabar la frase la frase se enciende. Pues eso. Eso era.

    1. Qué bonito es eso de que la frase se encienda.
      Tengo que leer El Mundo de Millás. A ver si lo pesco en la biblioteca o me lo compro.
      Estoy segura de que me va a gustar mucho.
      Pues realmente tuve esa sensación al salir del teatro, como si la obra siguiera fuera y….bueno, justo lo que has dicho tú.
      Muchas gracias por leer, por comentar y por entender, sobre todo.

  12. Eso de una quedarse en pelotas en público —a menos que una tenga el cuerpo de J Lo, en mi caso porque si voy a tener el cuerpo de alguien tiene que ser de una borriqueña también—, no me hace ni tantita gracia. Me habría estado en una tensión absoluta toda la obra. Yo en pelotas!!! Ah, y haciendo cositas? Ufff!!! En la de la tosedera, como también tengo derechos, habría mandado a callar a ese montón de mal educados, no faltaba más. Evita, qué estás haciendo con tu tiempo libre? El pos-modernismo no me hace gracia. Diviértete un poco, maja. Que trabajas mucho.

    1. ¿Verdad?, qué mal rato y qué tensión. Menos mal que al final no nos sacaron a la pizarra 😉
      Con el cuerpo de la J Lo yo también me quedo en pelotas si es necesario

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