Pepita y Lola

Pepita acaba de entrar en el baño para ducharse y ya oye voces y ruido en el piso de arriba, son los obreros y todavía no son ni las ocho. Solo con pensar, “los obreros” se angustia, otro día de golpes, taladros y ese chirrido de maquinaria que le recuerda al instrumental del dentista pero a lo bestia. Ella madruga más que Lola y Lola se lo recuerda cada día, “no sé dónde vas con tanta prisa, hija, tienes unos horarios muy raros”. Ese comentario le fastidia y mucho, para Lola todo lo que no se hace a su manera es raro.

Pues más rara eres tú, le dice Pepita con un poco de rabia al espejo, allí está su cara pero no la ve porque se está imaginando la de Lola, su hermana. Empiezan los martillazos y con qué fuerza, si parece que se le va a caer el techo encima. Tú sí que tienes manías, le vuelve a decir a la Lola imaginaria, todas las noches te tienes que tomar de postre cuatro almendras y si no te las tomas dices que te falta algo, si eso no es de maniática que baje Dios y lo vea.

Pero el que baja no es Dios, el que baja de golpe o más bien cae, precedido de unos cuantos cascotes, es uno de esos obreros de arriba. Es un hombre rubio y joven todo manchado de yeso, se ha ido a caer sobre la tapa del váter, ahí lo tiene sentado y sucio, mirándola. Pronuncia una palabra en un idioma desconocido, una palabra que suena como un chasquido o como un estornudo. Pepita se lleva una mano a la boca, dice ¡ ay, señor ! y sale corriendo hasta el cuarto de Lola. Increíble, con el calor que hace y duerme tapada con la colcha,  qué mujer más anormal. Despierta, despierta, la zarandea, tenemos un hombre sentado en la taza del váter. De los de arriba. Se ha caído por el hueco. Y el techo roto.

Lola abre los ojos, los tiene claros, Pepita oscuros.
Porque tú tengas la absurda manía de madrugar no por eso nos la tienes que imponer a los demás. Los demás solo es ella, Lola, porque allí no hay nadie y al obrero del baño no se puede referir, todavía no ha asimilado la información. Pepita se la repite: que se ha roto el techo del baño y por el agujero se ha caído un obrero, está sentado en el váter, corre, levántate y ayúdame. Vamos a preguntarle si se ha hecho daño, del susto no me he atrevido, qué disgusto el techo del baño, estas casas son de papel.

Lo que me temía que iba a pasar por fin ha pasado, piensa Lola, mi hermana se ha vuelto loca, la idea de juntarnos cuando nos quedamos viudas no fue buena, ahora me va a tocar cargar con su demencia y yo ya no estoy para eso, soy mayor, soy muy mayor, tengo ochenta y…no me acuerdo. Se pone una bata larga de seda que tiene colgada detrás de la puerta, es muy elegante, alta, con porte de reina. Pepita es bajita y se viste con lo primero que encuentra, faldas con zapatillas de deporte porque le resultan cómodas y camisetas raras y grandes. Hoy lleva una con un gorila estampado que da bastante miedo. A ella no, a ella le parece graciosa.

Qué bonita está la higuera, dice Lola parándose a mirar por la ventana. Desde la ventana se ve una higuera que pertenece a otra casa pero ellas la consideran suya y le hacen un seguimiento intensivo y diario. Digo yo que no es el momento de ponerse a mirar la higuera, lo tuyo no es normal, háztelo mirar, le dice Pepita a Lola. Desde que oyó en una tertulia de la radio, todo el día oye tertulias, la expresión “háztelo mirar”, la dice en cuanto puede. Y ahora puede, es el momento exacto para decirla. También le gusta “hoja de ruta” pero viene menos al caso.

Yo miro lo que me da la gana, faltaría más.

Pero no cuando tenemos un hombre en el baño y se nos ha caído el techo, no quiero ni pensar qué hubiera pasado si se llega a caer justo encima del lavabo ,donde yo estaba.

Hubiera pasado que estarías muerta y angelitos al cielo,  pero no ha pasado, lo que te gusta una catástrofe y más si eres tú la protagonista. Y tu marido era igual, otro protagonista, todavía me acuerdo de aquella fiesta en la que se subió a la mesa a cantar, qué vergüenza nos hizo pasar. En cuanto podía le daba al pimple que era la gloria bendita y luego, ale, a hacer el ridículo.

Pepita está notando una opresión en el pecho y ese mareo, le pasa cuando se enfada, se le descoloca el cuerpo y el mundo. Su hermana es idiota, lo ha sido siempre, si llega a saber que se iban a llevar tan mal, se queda en su casa. Muchos viejos viven solos y no les pasa nada, aparte de que cada día se desgastan un poco más hasta que se mueren, pero de eso no se va a librar aunque al menos no se morirá sola, se morirá peleándose con Lola.

Mira, dice abriendo con furia la puerta del baño, aquí lo tienes, a ver qué hacemos. Pero el obrero ya no está, el techo roto, sí y unos cuantos cascotes desperdigados por el suelo.

Te voy a decir lo que voy a hacer yo, dice Lola ajustándose el cinturón de la bata, voy a ir a la cocina y me voy a tomar un café, sin mi café no soy persona.

Y con el café tampoco eres persona, piensa Pepita, ni con cien cafés que te tomes te vuelves tú persona. Hay que llamar al seguro, eso sí lo dice en voz alta, o son ellos, los de arriba, los que tienen que llamar al suyo pero si no los conocemos de nada, hay que preguntarle al portero. Voy a bajar .

Los ojos claros de Lola se deslizan gélidos por el atuendo casual de su hermana, ¿no pensarás bajar con esa camiseta espantosa del gorila, verdad?

Sí, qué más da, si es un momento solo para buscar al portero. No podemos estar con la casa como si nos hubiera caído una bomba.

¿Te acuerdas de las bombas, Pepita?, pregunta Lola bebiendo el café y personificándose. A lo mejor no te acuerdas porque eras muy pequeña pero yo sí, sonaba la alarma y nos íbamos todos corriendo al refugio, un día no nos dio tiempo y la vimos caer justo delante, enfrente cayó. Estábamos todos, papá, mamá, el abuelo, Alberto y tú, que no te acuerdas.

Sí que me acuerdo, me lo pasé bien en la guerra, nadie nos vigilaba y hacíamos lo que nos daba la gana, unos soldados me dieron vermú. Voy a bajar a buscar al portero.

Ten cuidado no sea que te encuentres a algún soldado que te emborrache o al hombre que estaba en nuestro baño esta mañana, tienes visiones, qué triste es perder la cabeza. Mientras tú bajas yo voy a comprobar una cosa, me ha parecido antes que había un higo nuevo en una de las ramas.

Pues no sé que tiene de malo esta camiseta, le dice Pepita a su cara en el ascensor. Cara que no ve porque otra vez se le ha superpuesto la de Lola. Tú marido sí que era borracho y bastante putero y tú una marimandona y una creída, siempre me toca a mí todo y tú de reinona. Háztelo mirar, Lola, qué manía te tengo, pero ni se te ocurra morirte tú primero, esa no es nuestra hoja de ruta. Ahí sí cuadra.

 

 

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35 comentarios en “Pepita y Lola

  1. De esta historia saldría un guión estupendo para un corto.
    El caso es que hace poco estuve en una casa donde vivían dos mujeres de características muy similares y pensé que lo que vi podría ser parte de un guión cinematográfico.
    Y…son personas reales.
    Tú las hecho visibles.
    Y a mí me ha gustado leerlo.

    Un besazo,Paloma.

  2. Mé encanta tu relato. Me recuerda a mi abuela y su hermana, no vivían una sin la otra y siempre discutiendo. Sus cruces de miradas y caras de desaprobación eran mundiales.

    Un corto sería genial, la historia la planteas de manera muy visual.

    Un besazo.

    1. Es que la convivencia es¡ tan difícil!, aunque quieras al otro. Y ya de viejos tiene que ser peor todavía, con todas las manías y rencores que se van acumulando.
      Jajaja, esos cruces de miradas asesinas, me los imagino perfectamente.
      Gracias, Ilduara.
      Otro beso bien grande para ti.

  3. Nunca falla. Comienzo a leer y recorro, corazón adentro, los recuerdos de Pepita y Lola, imagino sus distancias, camino por sus diferencias, me dejo llevar por lo cotidiano y llego confiada a un final que no era el esperado.
    Me miro al espejo y advierto una sola cara. Recuerdas que hablamos de la orfandad alguna vez?
    Hermoso relato.
    Un beso.

    1. Gracias, Marta por hacerles compañía a Pepita y Lola. Y a mí, de paso.
      Pues casi mejor ver una sola cara que estar viendo la de otro con el que estás enfadado.
      Pero sí, recuerdo esa conversación sobre la orfandad.
      Besos

  4. Muy, muy verosimil. El texto es buonisimo y muy bien elaborado. No es que vivimos en los mundos imaginarios, simplemente cualquier suceso tiene tantas historias cuantos había protagonistas. Y cada historia es verdadera aunque pueden ser totalmente opuestas. Un placer leerte. Un abrazo.

  5. Jajaja, vaya dos. Por lo menos aunque se peleen y no congenien para nada están entretenidas y no están solas, claro que a Pepita igual estos argumentos no la convencen.
    Digo yo que caerte la altura de un piso y encima teóricamente de culo sobre una taza de water tiene que doler bastante, menuda hostia. Me da que el obrero rubio era de algún país del este, quién sabe si ruso o polaco, por lo del idioma lo digo.
    Controlar tanto a la higuera en esas circunstancias extremas no cuadra demasiado, no. Y peor aún tratar a la hermana de loca o de que se inventa o ve cosas.
    Creo que -y esto no es una crítica- Pepita tiene muchísimos tics simpáticos y ácidos al estilo Esme,a la que he recordado en numerosos momentos. Así que se lo haga mirar, o que se lo haga mirar la escritora.
    Y bueno, ya me he pasado a leerte, que de hecho es parte de mi hoja de ruta y nunca mejor dicho.

    1. Pues sí, pelearse puede ser entretenido o más bien que cuando la gente está aburrida se pelea más y mejor.
      Jajaja, ¿Pepita te recuerda a Esme? Pero si existe de verdad!, no Esme, la otra.
      Ahora añoro a la Esme, me han entrado ganas de decir maldades. Me lo haré mirar.
      Y gracias por incluirme en tu hoja de ruta.

  6. A mí me has hecho reír, parece el teatro del absurdo, aunque es muy real, y ya veo que existen.
    Llevo una tarde de jaja con mi hermano, que es muy simpático contando sus historias, y ahora me has recordado estos mundos imaginarios que él me relataba.. Sí, muy reales. A su manera, Pepita y Lola son felices juntas. Pero es triste, sí. Justamente estuvimos hablando de ello.

    Un beso, Paloma.
    Riquina.
    🙂

    1. La verdad es que son graciosas pese a que estén las dos un poco chifladas. Tampoco tanto, los hay bastante peor y eso sí que es triste y mucho.
      Yo también creo que se quieren pese a su incompatibilidad.
      Son bastante riquinas, jajaja, me encanta la expresión.
      Besos, Rosa.

  7. Me he partido de risa con la última frase, ¿sabes? Resulta que eso se lo he dicho a todas y cada una de las novias que he tenido. ‘Pero te mueres tú primero, ¿vale?’

    Es parte del trato.

    1. ¡Holden!, ¡qué alegría leerte!
      Eso demuestra que las querías mucho, por lo menos mientras las querías.
      El que se queda sufre pero como está vivo siempre puede aparecer otro con el que volver a hacer el trato, jejeje.

  8. Lo angeles de Win Wenders estaban en los tejados grises, pero tus angeles son de ojos azules ,hablan en alguna lengua del norte de europa,ostentan una musculatura que con el yeso les hará parecer estatuas griegas, y lo mejor son más ordinarios y aparecen sentados en retretes….genial me he reído un h….(perdón por la ordinaried)

  9. En pie y aplaudiendo!!!!

    Me ha encantado, me ha atrapado, me ha hecho sonreír, reír y casi llorar.
    Creo que es de lo mejor que te he leído, muchas gracias por compartirlo.
    Besos

  10. Es bueno tu relato, porque a mí me hace pensar en la soledad en la que viven los ancianos o personas mayores.Me parece injusto ,pero ya digo que desde mi criterio.
    Y el discutir ,también es casi normal cuando son dos personas que viven juntas.Eso no anula que se quieran,pero así al menos se distraen.
    Me enternece todo lo relativo a las personas mayores.Los ancianitos son mi debilidad.
    Besucos

    1. Eso habla muy bien de ti, vivimos en una sociedad de culto a la juventud.
      Hemos dado la espalda a los viejos, tal vez porque nos recuerdan algo que no queremos ver.
      A mí también me enternecen pero he de reconocer que no siempre tengo toda la paciencia que debería.
      Muchas gracias, Gó.
      Besos

  11. Me he reído, ¡vaya situación! Un obrero caído del cielo 😀 😀 😀
    Es curioso que, muchas veces, con nuestros propios hermanos no nos entendamos, pero al hacernos mayores, aunque sean un poco raros, supongo que son nuestro apoyo 😉

    1. Jajajaja, lo he exagerado un poco, no se llegó a caer pero asomó la cabeza por el boquete y dice algo como hola.
      Estas dos se siguen llevando como cuando eran niñas: mal. Pero quererse creo que se quieren.

      1. 😀 😀 😀 En la exageración radica la genialidad de las letras. ¿Cómo hubiera escrito buenos libros, por ejemplo, Julio Verne sin sus exageraciones?
        Yo conozco a muchos hermanos que se quiere a matar 😀 😀 😀 😀

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