Café de los viejos poetas

El suelo se estaba empezando a llenar de hojas amarillas y en el aire había ese olor a lluvia que precede a la lluvia verdadera. Parecía que estábamos en otra ciudad aunque fuera la misma de siempre. Maitena dijo que a ella el otoño le daba ganas de hacer cosas nuevas, en primavera era al contrario, la primavera le parecía cursi y repelente y si por ella fuera se encerraría en un cuarto, no en el suyo, en otro, y no saldría hasta que acabara. No entendí por qué no podía ser en el suyo y me intrigaba saber qué tipo de cuarto sería el elegido para escapar del trance primaveral pero no se lo pregunté porque en ese momento llegó Sandra. Era una amiga de Maitena también con inquietudes.

En realidad su principal inquietud era un tal Jesús del que se había claramente flasheado y después de esa inquietud primordial estaba Maitena, a la que admiraba borreguilmente y a la que miraba con una cara de entre susto y reverencia. Empezamos a hacer el recorrido habitual en dirección a nuestra parada de autobús pero antes de llegar, Maitena decidió que teníamos que ir en otra dirección, justo en la opuesta. Conocía un café que estaba lleno de poetas y nos lo quería enseñar.

Era verdad, después de andar unas cuantas calles y tener otra vez la sensación de estar en otra ciudad por lo desconocido de la ruta, llegamos hasta un café con unas cristaleras muy grandes y detrás unas mesas que habían sido antiguas máquinas de coser. Les habían quitado la máquina de encima pero conservaban por debajo ese pedal con el que se accionaba el mecanismo. Los poetas debían de ser esos que estaban sentados, con los pies apoyados sobre el pedal como si cosieran poemas en el aire. Casi todos eran bastante viejos, con barbas canosas o con calvas relucientes, con gafas metálicas, con camisas arrugadas. En algunas mesas se juntaban muchos y fumaban, bebían y hablaban. Solo había entre ellos una mujer, Maitena sabía su nombre y también el nombre de un premio que había ganado.

Daba un poco de miedo entrar ahí, en ese café reservado salvo por una gloriosa excepción a los poetas viejos y masculinos pero empezó a llover con mucha fuerza y Maitena empujó la puerta. Entramos, pedimos un café para las tres que nos sirvió con cara de vinagre un camarero muy flaco y esperamos a que pasara algo emocionante. No pasaba nada. Vistos de cerca no impresionaban tanto como a través del cristal, eran señores normales con aspecto más bien achacoso.  Sandra sacó un folio de su carpeta y se puso a escribir febrilmente algo que tapaba con la mano para que no lo viéramos.

Pensé que le habría venido la inspiración repentina, que se habría iluminado al entrar en contacto con un aire tan cargado de humo poético y de líricas toses.  A mí no me estaba produciendo ningún efecto ese ambiente, me notaba exactamente igual que cuando había entrado o tal vez un poco peor porque antes de entrar tenía la ilusión de que podía pasar algo, algo relacionado con el otoño, el cielo nublado, la lluvia, la aventura y los misterios, así en general, pero ahora no me parecía que allí pudiera pasar  nada de eso.

Uno de los poetas se levantó y se acercó a nuestra mesa. Fumaba en pipa, era gordo y grande, con una melena blanca hasta los hombros ¿Qué escribe la muchachita?, dijo dirigiéndose a Sandra que seguía muy obcecada llenando la hoja de letras. Levantó el folio en el aire y dijo muy serio, “¡pero si es un hermoso poema de amor!”. Entonces vimos que lo único que estaba escrito ahí, en letras de diferentes tamaños, con caligrafías distintas, en mayúsculas, en minúsculas , en horizontal, en diagonal, en vertical, boca arriba y boca abajo era “Jesús, Jesús, Jesús” y mil veces el nombre de Jesús. Sí que tenía un buen flasheo la pobre y ahora además tenía también mucha vergüenza, no tanto por el viejo poeta que ya se marchaba pesadamente hacia su mesa como por la mirada burlona de Maitena.

A lo mejor algún día nos dan un premio y nos publican un libro, dijo Maitena ya en la calle. Sí, y somos viejas, pensé, ya no me apetecía tanto la gloria literaria. Ya no llovía y empezaba a atardecer. De repente, Maitena dio un grito muy raro,  como de intensa emoción, y empezó a reírse como si se hubiera vuelto loca. Sandra la miraba desconcertada, sin saber qué hacer. Por detrás de dos edificios estaba empezando a asomar una luna muy gorda y roja.

Otra vez tuve esa sensación de que podía pasar algo, de que iba a pasar algo relacionado con la luna, con el otoño, con los charcos, con la aventura y el misterio, de que estaba en otra ciudad, de que todo era nuevo y que de un momento a otro se iba a abrir, mostrándose.

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52 comentarios en “Café de los viejos poetas

  1. Me encanta el otoño, es el bálsamo del verano, o tal vez sea porque ya estoy en esa edad. Alucino con tu lluvia verdadera, con saber redescubrir la ciudad, por decirnos que los poemas se cosen y por perderle el “miedo” a los poetas. Yo también pedaleé en una de esas máquinas de un café bohemio y luzco asimismo barba, casi podría confundirme con uno de ellos. Eres una escritora de reserva. Besos, Paloma.

    1. A mí también me encanta, desde siempre, con ese olor a tierra mojada y esos colores, es precioso. Esperemos que no nos lo estropee el cambio climático.
      Muchas gracias, Antonio.

  2. Aire fesco para este bochornoso verano. Gracias Paloma, a lo mejor algún día te veo en un café para mujeres poetas cosiendo versos en el aire, o zurciendo o remendando, que un verso exige mucho corregir y tachar y volver a escribir. Un abrazo.

    1. No creo, lo de escribir en un café no me gusta, me distraigo. Yo tengo que estar cara a la pared y sin ventana, exagerando un poco, claro. Pero sí que se parece un poco a coser o a cualquier otro trabajo manual.
      Muchas gracias, Eladio.

  3. Eres una contadora sobresaliente, me ha encantado. Por cierto, hace unos meses a raíz de una tormenta, manu y yo hablábamos del olor, y nos pusimos a investigar, y resulta que tiene un nombre: petricor. Aunque desde entonces ya se me había olvidado y he tenido que buscarlo para decírtelo, aunque igual ya lo sabías. Un beso.

  4. Los poetas tiene algo especial,ya sea para bien o no,pero se percibe.
    Y esos rincones que en otros tiempos rezumaban un aire a bohemia,tal vez ya no perduren,pero la poesía,siempre!!
    EL Otoño es una estación,preciosa,sólo que a mí me produce emociones algo tristes.
    Muy buen relato
    Bsucos

    1. Sí, Gó, la poesía siempre y qué insoportable el mundo sin ella. O por lo menos mucho más feo.
      Es verdad que el otoño es melancólico, a mí también me causa a veces tristeza pero, al mismo tiempo, me encanta.
      Muchas gracias y un “hermano” beso 😉

  5. Y pasó algo con la luna? aysss me he quedado con ganas de saber…

    Cuando era adolescente yo también escribí muchas veces el nombre de mi noviete en una servilleta.Y en mi cuaderno de literatura,y el profesor me pilló.
    Me has recordado a aquellos años.
    : )

    Besos jóvenes.

    1. Jajajaja, pero qué lunera eres, Carmencita.
      Pues no pasó nada, qué pena, bueno sí pasaron cosas pero no sé si la luna tuvo algo que ver.
      Yo también escribía el nombre del que me gustara y el mío al lado, para ver si se llevaban bien, menudo pavo que llevaba encima!
      Muchos besos (falta poco para la luna llena)

  6. Me gusta el olor de la lluvia al entrar en contacto con la tierra en otoño. Me atraían en mi adolescencia los poetas, hoy prefiero prescindir de poner etiquetas a la gente y simplemente leer y disfrutar la poesía.

    Me fascina cómo escribes, tus personajes conocen el decoro en el decir. Las palabras suenan naturales en cada uno de ellos y no es fácil, porque pertenecen a generaciones distintas. Me introduzco tanto en tus textos que me saben a poco, los paladeo una y otra vez para deleitarme en cada giro.

    Un beso.

    1. Ese olor es una maravilla, sobre todo si hay vegetación y la lluvia saca todos sus olores, pero hasta en la ciudad se agradece.
      Sí, pienso igual que tú, no me gusta etiquetar a la gente por lo que hace, las personas somos todas complejas. La poesía, pues eso, leerla y sentirla.
      Muchas gracias por tus palabras tan amables y bonitas. Me dan alegría.
      Otro beso.

      1. si, debí decir que lo narras como un sueño, te cuento, yo no creo que un escritor escriba su autobiografía en cada relato, yo los leo y veo como creación literaria, así también pido me lean. Un abrazo.

  7. La gloria literaria es un cebo. Los cebos son trampas para atrapar a incautos pececillos. Mientras estemos en el agua, podemos morder el anzuelo, ese y otros. Esto me recuerda un relato tuyo en el que una hija obstinada fue a pescar con su padre. Saludos veraniegos.

    1. Cuántos cebos por todas partes, tendremos que ser peces espabilados para no picar.
      Y qué buena memoria tienes, me hace ilusión que te acuerdes de ese relato.
      Saludos, Antonio.

  8. Amo la poesia,los cafes misteriosos, los sufridos adolescentes y de golpe, estaba sumergida en una peli francesa y Gerad Depardieu hacia de poeta gordo y la niña gritaba, oh no ! y una luna redonda y roja echaba sobre la tierra una lagrima gorda y el olor a ozono lo invadia todo y en la tierra se leia Jesus por todos lados y la enamorada reia, saltaba, gemia , daba vueltas en el aire,,,me has hecho llorar Paloma
    Joder que suerte leerte

  9. De adolescente continuamente tenia esa sensacion de que ahora mismo me iva a pasar algo increible e inesperado ( las inquetudes …la genial definicion tuya) Y siempre me pasaban las historias de verdad increibles. O simplemente fue mi imaginacion que pintaba con colores vivos algo que los demas ni siquiera lo notaban.El texto es tan exacto, tan sensible y la historia es tan reconocible que me da la tierna sensacion de volver a mi juventud. Despues de leer el relato me siento tan bien recordando un monton de mis historias misteriosas . Igual no me gusta primavera.Gracias Paloma..

    1. Esa sensación maravillosa de que todo es nuevo y está por hacer y de que la magia está escondida en cada esquina. Y si no estaba nos la inventábamos.
      Gracias a ti, Tatiana 🙂
      Besos

  10. Paloma mía, hace tiempo que no paso por aquí y vengo y hablas del otono y hasta me siento en él, aunque aquí todavía me estoy asando. Hasta apenas dos días no había llovido desde mayo. La sequía me estaba matando…y tú, solo tú puedes trasladarme al maravilloso otono. Qué maravilla, amiga. Un beso.

    1. Hola, Mel.
      Yo también estoy bastante asada, no te creas. Tal vez por eso he puesto en otoño esta historia, para refrescarme un poco 😉
      Muchas gracias por la visita y ánimo con los calores.

      1. Me parece que haces bien en adelantar la época. Yo ando adelantada o atrasada como quieras decirle porque el año pasado jamás quité el árbol de Navidad. Jajajaj

  11. ¿Cómo va tu inglés? 🙂 Dicen que el verano es una época propicia para practicarlo. Veamos lo que has avanzado:

    Every once in a while, you read a story that strikes a special chord within you. Perhaps it was particularly vivid, maybe the characters jumped off the pages, maybe it was just told in an awesome style. Whatever the reason, it’s happened to us all. Or at least, it happens to me when I read your stories.

    Un aprobado si logras una buena traducción de este piropo literario en menos de dos minutos.

    Saludos!

    1. Me temo que no apruebo porque he tardado más de dos minutos y más de tres.
      Pero lo he entendido y también los personajes que ya saltan de la página muy contentos para ir a saludarte 😉
      Muchas, muchas gracias!!

  12. Recuerdo la primera vez que tomé un café en el café Gijón… ¡qué sensación!!
    Hermoso relato.
    Me encanta el otoño, disfruto con mi máquina de coser y amo la poesía.
    Me gustó tu relato. Gracias, Paloma.
    Un beso

    1. Hola, Maite.
      Está inspirado precisamente en el Café Gijón al que fuimos de muy jóvenes unas cuantas veces para ” ver escritores”, jajaja, éramos muy tontas.
      Me gustan tus gustos 🙂
      Besos y gracias!!

  13. Dear Miss Evavill,

    The untimely death of one of your most fervent readers, Jean Paul Knopfler, on 9 August 2017 at Madrid, Spain, is a deep source of sorrow to me and to his many friends in this Literary Agency.

    Knopfler was something of a talent spotter and the official Bubble Press correspondent in Europe. At the time of his death, Paul was in an ‘offensive position’ at the ‘La Maja’ suite of the Ritz Hotel, when he was hit by a countless number of shots which resulted in the untimely death of our dear friend. The murderer, Senorita Rosario Aurelia Benitez de la Parra, was immediately arrested by the Spanish Guardia Civil Police.

    Everything possible was done to save Paul. However, he failed to respond and died at 7:45 a.m. Before dying, he whispered to the young Spanish physician: “Please doctor, try to tell Evavill how much I admire her writings…”

    It may comfort you to know that a Memorial Service was held yesterday in Apples of Sinai Synagogue, in Brooklyn NYC, to allow all the many friends of Paul’s to pay the last tribute to him.

    His cheerful disposition, pleasant personality, and outstanding devotion to duty won for him respect from all who knew him. Although I realize that words can do little to console you, I hope the knowledge that your devoted reader is keenly missed and that we share your sorrow will in some measure alleviate the suffering caused by this great loss.

    If I can be of any help to you, please do not hesitate to write me. In English, please.

    Sincerely yours,

    Sam Cohen Jr.
    CEO The Bubble Press Literary Agency, New York City.

    1. Querido Jean-Paul, pese a lo mucho que me ha gustado leer el relato de tu muerte (no has elegido mal lugar para fallecer) te pido por favor que resucites.
      Prometo si lo haces aprender inglés.
      Gracias por dedicar tus últimas palabras a mis escritos, eso ha sido precioso pero prefiero que alguien tan imaginativo siga por aquí. Así que déjate de notas póstumas y vuelve!!!

  14. Está bien, pero solo porque me lo pides tú… Y no olvides la promesa que acabas de hacer: o aprendes inglés de una vez o tendrás que ir a buscarme al camposanto. ¿Estamos de acuerdo? Vale!

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