Día: 13 septiembre, 2017

El pájaro desgraciado

El pájaro desgraciado no sabe que hay luna llena. Ni siquiera sabe que la luna existe.
Una franja de su lechosa luz pinta la pared del patio y se vuelca sobre la colada de Conchita, la del tercero.
Encaramado a la barra de su jaula mira curioso con sus ojos de alfiler las ropas enlunadas, primero de un lado y luego del otro.
Como se aburre picotea la media zanahoria colocada entre los barrotes.
Canta un poco, desganado.

Se duerme sin copa de árbol.

Justo antes de que amanezca, un trino involuntario se pone a competir con la primera radio encendida. Silban las cafeteras, zumban las calderas, una tos, un llanto infantil, un chirrido de oxidadas cuerdas.

Conchita está recogiendo sus ropas, las sacude como si tuvieran pegadas restos de sucia noche.

De perfil la observa el pájaro.
Bonito, qué listo eres, le dice ella, despeinada, con una pinza en la boca.
Él le dedica un sofisticado y largo canto esponjando sus plumas amarillas.

Nunca ha visto la luna, el muy desgraciadito. Tiene las alas atrofiadas pero cuando se columpia cree que vuela. Cree que el cielo, a ciertas horas, huele a sofrito.

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