Día: 4 octubre, 2017

Línea Circular

Le falta compasión a este autobús, nos lleva dando tumbos en su tripa caliente sin sentir la menor empatía por ninguno de nosotros

¿Cómo no compadecerse de la mujer de piernas descarnadas que se hunden en un par de enormes zapatones, cómo no sentir piedad de esos mismos zapatos o de la cara de bruto del de la camiseta de la Universidad de Yale?

Es un insensible este Circular, no le importa nada la chica de la melena larga y las zapatillas sucias a la caza de miradas que le confirmen su belleza ni el hombre que va pisándose los cordones de los zapatos.
Están tan indefensos esos cordones arrastrados y pisados que no entiendo cómo el C1 no se conmueve, aunque sea un poco.

Nada de compasión, todo lo contrario, de un brusco frenazo acaba de empujar hacia delante a ese que va leyendo “La inutilidad del sufrimiento” y al niño gordo de la mega palmera de chocolate lo ha estampado contra una de sus ventanillas.

Ni lo más mínimo le importan todos nuestros cuellos doblados sobre los teléfonos en busca de sucedáneos de vida, nuestros ojos ciegos de estrellas, nuestra pequeñez en la que metemos a presión tantas ansias y deseos.

Nos tiene manía y hasta un poco de asco. Esos movimientos entrecortados con los que se está deteniendo parecen nauseas.

Sí, son nauseas,abre su boca azul y con una fuerte arcada nos vomita sobre el asfalto.

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