Día: 9 octubre, 2017

Bordadora de mundos

He dejado al Jacobín en el colegio y después a la Morganina en la nube. No en la nube de internet, todavía no se pueden almacenar ahí a los niños, lo siento por los padres que tuvieran puesto en ello sus esperanzas. Tampoco es la nube del cielo, que anda escaso de ellas, es su aula de iniciación a la escolarizcaión, se llama así, La Nube.
Les inician en socializar y compartir, la Morganina lo hace muy bien, no es arisca ni retraída como lo era su hermano, tampoco amenaza a nadie con rugidos prehistóricos. En cuanto llega se lanza sobre el primer instrumento musical que ve y lo aporrea sin ton ni son.

“Hay que compartir para ser feliiiizzzzz”, les canta una y otra vez su iniciadora educanta en medio de un jaleo de llantos, mocos y gritos que pa qué. Pero si ya casi saben. Los piojos, por ejemplo, mira tú qué bien se los han sabido repartir con equidad, no hay cabeza en la nube tres, y me supongo que en la uno y en la dos será lo mismo, que no tenga los suyos propios, incluso los han compartido más allá de su propio territorio enun acto de generosidad que ya quisieran muchos. Yo también tengo los míos y como quiero ser feliz más que nada en este mundo me he ido al quiosco a compartirlos con la Esme.

Lo que he visto ya de lejos me ha dejado pelín preocupada, la Esme estaba cosiendo, venga puntada para arriba y puntada para abajo.

No me digas Esme que te has dado otra vez a la costura, no es lo tuyo, nunca lo fue, no intentes ser quién no eres.

Se lo he dicho porque me aburre que cosa, no me hace caso, de ahí mis intentos por desviarla de su labor.

Calla, que me confundo, me ha contestado sin dejar de dar puntadas y contando cuadraditos. Ya está, ya tengo el tejado y ahora voy a poner las gotas cayendo. Estoy bordando un lugar en otoño, en verano lo bordé de verano y tengo ya preparado el modelo de invierno, después el de la primavera.

Mira qué bien, igualita que el Vivaldi con tus cuatro estaciones y en tiempo real. Precioso y muy aburrido también. Ya nunca emprendemos, antes no me gustaban tus líos pero ahora los echo en falta, así somos los seres humanos, que no nos aclaramos.

Pero ella, ni caso,  sigue bordando muy desquiciada. Es su manera de hacer cualquier cosa, con desquicie y ansiedad.

En este lugar de tela, el otoño es como debe de ser, hay humedad en los prados, las hojas mullidas y de bellos colores alfombran la tierra, las gentes se quedan en sus casas tan felices comiendo castañas asadas y viendo llover tras los cristales, llueve normal, sin inundaciones, las presas se llenan, huele a vegetación mojada, a nadie le da por enarbolar nada ni por entonar cantos patrióticos de ningún tipo y las ardillas se trepan a los árboles. Mira qué graciosa esta con una nuez dentro de la boca.

Me pienso quedar en mi otoño de ficción hasta que acabe el de verdad. Y cuando llegue el invierno me paso al otro trapo, le voy a poner nieve blanca y azul, mucha, mucha, que lo sepulte todo y haga del paisaje un lugar mágico y silencioso, ¿te quieres quedar conmigo?, anda, pasa, que te hago sitio.

Vale, Esme, pues entro. Soy muy facilona.

Me he quedado porque tenía pinta de que se iba a estar bien, luego no tanto, la Esme me daba codazos. Pero así son los paraísos, es poner el pie en ellos y empiezan las pegas, ya me lo sé de otras veces.