Salinger en la panadería

En mi barrio vive Jerome David Salinger. Me lo encuentro por lo menos una vez a la semana, casi siempre en la panadería, y es raro el día que no se cuela. Con un giro de lo más hábil, toma la posición delantera sin que nadie más se dé cuenta de su maniobra. Tengo ganas de protestar pero, claro, como ha escrito “El guardián entre el centeno” me aguanto y no digo nada.

Para ser fiel a sí mismo, de entre todos los panes posibles compra el de centeno, aunque antes pasa un buen rato dudando y pregunta por la barra de masa madre, por el pan de cristal, por el de siete cereales, por la hogaza rústica… ¡lo que marea el hombre para al final llevarse lo de siempre! Además le pide a la panadera, que se llama Pili, que se lo corte en rebanadas.

Pili pone el pan del caprichoso de Salinger en la máquina rebanadora y mientras esta hace su trabajo y bastante ruido, aprovecha para hablar de su hijo Iván, su tema de conversación preferido.

Me tiene un cuarto Iván que no te lo puedes ni imaginar, ni pisar se puede, ¿te puedes creer que tiene toda la ropa tirada por el suelo y el armario vacío?, dice poniéndose en jarras porque es muy jacarandosa.

Y ha vuelto a suspender el carné de conducir, qué hago, ¿lo mato?

No sé por qué se dirige a mí y no a Salinger, que es al que está atendiendo, pero se ve que con él no tiene tanta confianza, tampoco ayuda mucho el gesto hosco del señor.

O es porque sospecha o se imagina que yo pudiera tener uno o varios Ivanes viviendo en casa. Yo nunca le he dicho ni que sí ni que no y me limito a poner cara de “entiendo por lo que estás pasando”, Pili, guapa.

Salinger, pese a haber escrito sobre un adolescente, no se muestra nada interesado en las andanzas del chaval, se ve que ya tuvo bastante con Holden Caulfield y ahora tiene otros intereses o los está buscando. Así que después de analizar el contenido del mostrador se pone a mirar por la ventana.

Observa a la gente que pasa, los árboles, dos mirlos muy locos que cruzan de una acera a otra sobrevolando el tráfico y diciéndose cosas entre ellos. Mira a la pareja que se mete dentro del contenedor de papel para llevarse su contenido y luego venderlo, a la farmacéutica que sale a que le dé el aire a la puerta de su farmacia con unos zuecos brillantes. A mí me parecen horrorosos pero creo que a él le gustan los destellos que lanzan en mitad de la calle gris. Cosas así mira.

Como la semana pasada no lo vi pensé que se había muerto porque debe de ser centenario o casi, pero hoy hemos vuelto a coincidir en la panadería ¡Tendrá morro!, otra vez se me ha colado con su habilidoso giro avanza posiciones. Se nota que fue agente de inteligencia en sus años mozos. Y de nuevo a preguntar por un pan y por otro y por otro.

Si te vas a llevar el de siempre, Jerome David, son ganas de molestar a Pili y de hacerme perder el tiempo, con la prisa que llevo hoy. Eso es lo que me hubiera gustado decirle pero no me he atrevido, no quiero que se dé cuenta de que le he reconocido porque sé que odia que le presten atención.

Como él mismo dijo, los sentimientos de oscuridad  de un escritor son su segunda propiedad más valiosa. Estoy bastante de acuerdo, con eso y con que Iván tiene un cuarto que no es normal. Es que Pili le ha hecho una foto al desastre nuclear, así lo llama ella, y me ha enseñado el documento gráfico mientras la máquina rebanaba el pan de centeno de Salinger.
Me ha parecido que Jerome David se reía por lo bajo de la foto, de Pili y de mí.

Hasta mañana, abríguese, que por las mañanas hace mucho frío, le ha dicho Pili, muy maternal ella. Él ha respondido levantando el puño como si nos fuera a partir la cara.

Es un borde pero se le puede perdonar por haber escrito un cuento como el de “Un día perfecto para el pez plátano”. Me encanta ese cuento y me hubiera gustado hablar de él con su autor pero sospecho que no hubiera querido, que como mucho me hubiera dicho,  ” si te gusta tanto, leélo otra vez y déjame en paz, yo ya ni me acuerdo”.

No tengo muchas esperanzas de que Pili lo haya leído pero tanteo el terreno,
¿sabes quién es?, le digo señalando la espalda encorvada de Salinger que ya cruza la calle al mismo tiempo que los dos mirlos. Puede que le hayan reconocido esos dos.

¿Ramón?, sí, claro, se le ha ido bastante la cabeza y es pesadísimo, pero a ver, todos nos haremos viejos y maniáticos.
No la saco de su error, tampoco es cuestión de delatar a Salinger, que viva en paz con su pan de centeno rebanado y su tranquilo anonimato lo  que le quede de vida.

Anuncios

52 comentarios en “Salinger en la panadería

    1. En serio que hay un señor que debe de ser su doble por lo muchísimo que se le parece. Y en serio que se cuela y compra pan de centeno. Lo demás ya no es tan en serio
      Pues no sabía yo que ese libro tuviera odiadores, a mí también me encantó.

  1. -Dígame, Howitz -le dije-. ¿Pasa usted muchas veces junto al lago del Central Park?
    -¿Qué?
    -El lago, sabe. Ese lago pequeño que hay cerca de Central South Park. Donde están los patos. ¿Sabe, no?
    -Sí. ¿Qué pasa con ese lago?
    -¿Se acuerda de esos patos que hay siempre nadando ahí? Sobre todo en primavera. ¿Sabe usted por casualidad dónde van en invierno?

  2. El guardian entre el centeno no es que esté bien, es que es UNO DE LOS LIBROS, y eso está por encima de que guste o deje de gustar. Más allá de los halagos que merece tu texto, creo que has sintetizado muy bien la mitología, o la leyenda, que Salinger, sin pretenderlo, creó en torno a su persona, y sinceramente, creo también que esa “oscuridad”que siempre rodeó a su figura gratamente la desligitimas con el foco de lo cotidiano. En el fondo, todos somos personas normales, y el pan hay que ir a comprarlo cada día. Otro abrazo, Paloma.

    1. Para mí sí lo es y su personaje, Holden, inolvidable. Como si fuera amigo mío. Eso me pasa con muy pocos libros.
      Yo entiendo esos deseos de desaparecer y de esconderse, pienso que solo se defendía no es que fuera antipático.
      Normales, sí, comemos pan, nacemos, nos morimos…
      Besos, Eladio

  3. El Salinger de tu relato me recuerda al Justiniano de Toro, los dos dilatan el tiempo de permanencia en la panadería; Justiniano para contemplar a la panadera y Salinger creo que por lo mismo. Este último consume pan de centeno para que se siga plantando y el guardián tenga donde estar, de lo contrario podría dejar de editarse el libro al cambiar el título por falta de cereal.

    Un beso.

    1. A mí me parece que al Salinger de mi panadería la que la gusta es la farmacéutica 😉
      Pues no se me había ocurrido pensar semejante cosa de su afición al centeno, eres tú muy lista, Ilduara.
      Besos!!

  4. Yo me encuentro bastantes veces en el mercado de mi barrio al actor Carmelo Gómez (al verdadero), aunque a lo mejor también va por allí el doble de Salinger y no me he enterado, más que nada porque ahora mismo no recuerdo su cara; eso sí, su “Guardián entre el centeno” aún lo sigo recordando. Saludos.

    1. Lo importante es el libro, no la cara. Pero yo si sé qué cara tenía, una cara alargada, bondadosa de joven y más de enfado después. Pero son fotos de momentos puntuales y las fotos no siempre nos hacen justicia.
      Saludos a Carmelo!!

  5. No recuerdo que “El guardián en el centeno” me pareciera a la altura de su reputación. Pero yo no soy estadounidense, mi inglés es muy deficitario y las peripecias de un adolescente de los años cincuenta me dejaron más bien indiferente. Tal vez tenga que volver a visitar ese libro (sobre todo después de leer los comentarios anteriores que me provocan sonrojo). Tus relatos me gustan más.

    1. A mí me gustó muchísimo y me sigue gustando pero, vamos, que puede dejarte indiferente o hasta aborrecerlo y no pasa nada. No estamos hechos en serie, por suerte.
      Hay libros muy buenos, que sé que lo son y que casi es blasfemia decir lo contrario y no he podido con ellos.
      Gracias, Antonio 🙂

  6. Unas cuantas cosas…Con mucho sonrojo y vergüenza debo decir que no he leído esa famosa obra de Salinger, por los comentarios veo que tú sí. Debería leerlo, supongo, ya no voy a preguntarte si lo recomiendas. Tampoco conocía la cara del señor, acabo de buscarla ahora mismo.
    He empezado a leer hace pocos días “El Impostor” de Javier Cercas, no sé si lo habrás leído. Me está interesando mucho, está basado en un personaje y una historia absolutamente reales.
    Un relato muy divertido y costumbrista. Vaya morro con el viejo, Ramón o Salinger, con toda su parafernalia de empezar a preguntar y lo de cortar el pan en la máquina.
    El libro, el pan de centeno y un señor “casi centenario”, no sé si aquí habrá habido guiño por tu parte…
    Me imagino que cuando ese ex agente de la inteligencia ejecuta su hábil movimiento y se te cuela en la cola del pan, un sentimiento parecido a esto debe asaltarte…

  7. Las sirenas!!!!!! Jajajajaja
    No te preocupes por Salinger, si yo lo que quería era hablar de Pili.
    Sí te recomiendo el libro, creo que su protagonista te caería muy bien.
    No he leído el de Cercas, me lo apunto.
    Besos, What

  8. En cuanto a a Saliger y su ” senteno” los tengo perdidos. Es que leí esa novela en la edad muy lejos de ser joven y no me imprecionó . Fue el caso de no coincidir con las circunstacias escritas…o lo que sea , pero el libro pasó al lado. Una buena causa ( tu relato) volver a Salinger , confio plenamente en tus gustos literarios. Cracias, Paloma, por recordar.

    1. No me atrevo a recomendártelo si ya lo leíste y no te llamó la atención. Es uno de mis libros preferidos pero ya veo que hay opiniones variadas sobre él.
      A veces un libro que no nos gusta en un momento sí lo hace más tarde y al contrario.
      Besos, Tatiana.

      1. Seguro…..” Rojo y negro” leí de adolescente y se me lo cargó a Stendal entero hasta el momento de sufrir la infedelidad de mi novio….lloré de la primera hasta la última pagina.

  9. Cuanto pan de libros que diría Iván Ferreiro…..la cotidianidad de ese personaje aberrante ,capaz de hacer perder el tiempo de los demás en las colas es muy habitual, y a uno le entran ganas de rebanar, aunque solo con el pensamiento….a mí me hubiese gustado encontrarme todos los días aunque fuera el bucle de la marmota, a alguien con unas entrañables gafas redondas chapurreando en castellano cuarto y mitad de pan sobado ..
    Imagina por un solo momento que fuera él y que a su lado estuviese ella haciendo una grulla de papel.
    Saludos y voy a reencontrarme con Salinger en Google y en mi estantería de libros…
    Por cierto espero que ese Salinger no fuese un impostor….yo ví de cerca a Cercas y me contagio su pan literario.

    1. Si, hay algunos que son para rebanarlos a ellos, Jajajaja.
      No pillo quién es el de las gafas redondas, otro día me lo explicas.
      Gracias por todas las lecturas y comentarios, Vidal.
      Besos!

  10. La de la grulla es Yoko…
    Me he leído la biografía Salinger y es terrible …hay un libro de Cercas que habla de un personaje atormentado por la influencia de la guerra de Vietnan…la velocidad de la luz..explica muy bien esas terribles vivencias

    Espero que te pongas el disco de imagin,para terminar de atar los cabos

    1. Después de Leer su libro, creo que a lo mejor si lo hubiese leído de adolescente lo hubiese interpretado mal, pero creo que habla perfectamente de cómo nos sentimos en esa dura etapa, y veo todo ese mundo hostil que el interpela girando a mi alrededor como en esa bella metáfora del carrusel final dónde su hermana va girando mientras Holden la vigila…Me ha parecido un libro estupendo en el que el personaje sólo delinque de pensamiento, como hacemos todos los que nos sentimos como él,y luego reflexionamos
      lo dejamos pasar ….para nada es ese libro terrible que algunos quieren hacer ver, …menos lobos Caperucita

      1. Yo lo leí de adolescente y sí que me gustó, me identifiqué bastante con Holden. Creo que la mala fama le viene de que algunos psicópatas, el que mato a Lennon, por ejemplo, lo citaban como su libro favorito. Pero creo que de eso no tiene la culpa el libro.

  11. ¡Qué va a ser Ramón! Ese tipo solo puede ser Jerome D. Y sí, contestaría algo así, seguro: “pues si tanto te ha gustado…”
    A mí me ha gustado mucho el relato, así que no digo nada y ya me lo he leído dos veces.
    Saludos!

  12. Muy bien llevado el relato con metaliteratura por todos los lados…
    A mí me paso algo parecido con Saramago en Lisboa. Coincidi con el en un ferry de los que cruzan el Tajo. Estaba en proa mirando al horizonte pensanso yo qué sé… Me hubiera encantado hablar con èl y decirle que era uno de mis escritores favoritos; que era una mente preclara y le admiraba. Pero pensé que eso se lo dirìa todo el mundo y no le querìa molestar con esa tontería y preferí mirarle mirando…mirarle mirarle

      1. Qué noooo. Ese/a que tu conoces es otroooo. Porque yo sé que eres de Madrid. Y de todos es sabido como bien dijo tu antigua presidenta Esperanza Helicoptero que esa es Sara-Mago 😉

  13. Claro ahora pregunto si Salinger hubiera conocido antes a Iván a lo peor Holden hubiera sido un asesino en serie de adolescentes díscolos y desordenados. Creo que Pili haría bien en advertir al niño antes de que se consume el delito, que luego siendo víctima se recoge la ropa fatal. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.