Día: 11 diciembre, 2017

La diosa tranquilita

Se acabó el puente para bien o para mal, lo digo por si alguno se ha despistado. Hemos estado en nuestro pueblo,  el Toni pretendía huir de las masas pero le ha salido mal la jugada. Estaba hasta los topes de personas deseosas de vivir una experiencia rural, ellos lo llaman así, y desconectar de sus trajines diarios. Tanta gente desconectando a la vez ha dado como resultado colas, aglomeraciones y hasta atascos, más o menos como en Madrid pero con más frío y paisaje rústico alrededor.

Muy bien, majos. A mí el pueblo no me gusta cuando se comporta como tal, con su soledad, sus viejos del palillo en las esquinas, sus campanas lúgubres y sus  perros ladrando, de preferencia por las noches.

Al Toni sí, por eso se subía por las paredes y por los riscos,  venga que si la humanidad es peor que la plaga de la langosta, que ya no hay suelo que se libre de las pezuñas de la multitud y que como le estropeen su monte se suicida. Lo de siempre, vamos. Furibundo el hombre.

Total, que como ya os imagináis porque siempre sigo el mismo esquema, antes de enfrentarme al lunes y a la siesa de la aspiradora,  qué manía nos tenemos esa máquina y yo, me he pasado a saludar brevemente a la Esme.

¿Y qué tal estos días de fiesta?, le he preguntado sin pretender ser original.

Muy bien, tranquilita, me ha respondido ella.

Me alegro mucho, Esme, no puedo decir lo mismo, el pueblo estaba lleno y eso al Toni le ha puesto…

¿Cómo que te alegras?  se me pone ella, ¿es que todavía no sabes que cuando alguien te dice “muy bien, tranquilito” el mensaje oculto que te está transmitiendo es que se ha aburrido hasta la desesperación? Lo que pasa es que nadie lo quiere reconocer. Lo peor que le puede pasar a un ser humano de nuestros días es que se aburra y, todavía peor, que se lo noten. Nadie lo confiesa ni bajo tortura. El porqué no lo sé pero está muy mal visto, es de perdedores.

Esme, me estás liando, ¿te has aburrido entonces sí o no?

En plan tranquilo he estado. Todo muy bien, muy correcto, muy en orden, muy armonioso. Hasta he puesto el árbol de Navidad. Luego lo he mirado fijamente y he pensado contemplando las piñas purpurinadas,  qué bajo has caído, Esmeralda, solo te falta amasar pan cantando una alegre cancioncilla. Y ya está, no tengo más que añadir.

Bueno sí, espera, también he visto pasar muchos autobuses y mientras lo hacía he comprendido lo de las vacas que miran al tren. Las Esmes urbanas miramos los autobuses ¿Qué más? Se han caído las hojas, muchas, un no parar de despelotarse los árboles. Ah, y un macetero a mi vecina. Casi mata a unos transeuntes. Después han venido los bomberos y han acordonado la zona. Uno de ellos estaba muy fornido y vistoso pero me ha dado exactamente lo mismo y he seguido mirando los autobuses.

Qué raro, Esme. Pero si tú llevas a la Afrodita en tu interior, ¿ni una miradita al bombero?

No, pasando mucho. La  Afrodita que antes me habitaba ha debido de hacer mudanza. Ahora ya no sé qué diosa me vive dentro. Puede que ninguna. La tranquilita, me estoy temiendo, ¿o será la coñazo?, ¿existirá? Míralo en el libro de las diosas de cada mujer.  Ni siquiera tengo ganas de inventar. Pero, ¿por qué te marchas? Sí, ya, que llegas tarde, excusas . Es que te aburro, te aburre mi tranquilita interior,  desde cuándo eres tú puntual. Quédate un poco más, venga, podemos mirar juntas cómo surcan el asfalto los autobuses azules, es entretenido. Y tranquilito.