Día: 16 enero, 2018

Se ríen los gatos

A su madre no le dio tiempo a prepararle la ropa antes de irse a trabajar y su padre no sabe hacer bien los conjuntos. Por eso sale de morros, porque el color de  la falda no combina con los leotardos. En la calle se le olvida que estaba enfadada. Los leotardos tienen la cara de un gato en cada rodilla y al doblar las rodillas parece que  se ríen. A cada momento quiere doblar las rodillas para ver la risa de los gatos,  pero su padre le tira del brazo y dice, “venga, apúrate, Val, llegamos tarde”.

Hay niebla, así que no puede ver la colina de  los toboganes que está un poco más arriba pero sí ve, muy cerca, un pájaro  del revés en una rama, está colgado por las patas y parece de trapo. Se lo enseña a su padre y él dice, “no lo mires, está muerto,  espichó”.

Lleva  la boca tapada con la bufanda  y los pelos de la lana al contacto con su respiración se humedecen, los escupe con asco,  se cuelan otros.  Su amiga Estefi va todos los domingos por la mañana a la colina de los toboganes y  se lleva los patines, ella tiene que ir al supermercado Día donde trabaja su padre, se lleva el furby en un bolso, pero está estropeado y ya no habla ni se mueve.  Los ojos del furby asoman por encima del bolso, igual que los suyos asoman por encima de la bufanda, también son redondos y están muy juntos.

En la caja de la derecha se sienta su padre y ella  en la que está al lado, esa no la abren los domingos porque entra poca gente. Venga, Val, ponte a dibujar, le dice nada más llegar.  Le gusta dibujar pero si se lo mandan ya no le gusta tanto y además hoy no tiene ganas.  Dibuja una casa con el tejado rojo y una chimenea torcida por donde sale humo, pone al humo a dar vueltas y más vueltas, lo hace dar  tantas que tapa la casa y la emborrona entera. Luego dibuja dos niñas en patines, una es Estefi y otra es ella.  Ella cumple ocho años en marzo y desde los cuatro pasa en esa tienda sus mañanas de domingo.

Ya se ha cansado de pintar,  así que se da un paseo por los pasillos.  No toques nada, Val. Ella no contesta. A veces sí toca cosas, los caramelos, las chocolatinas. Los saca de sus estantes y después los vuelve a colocar teniendo mucho cuidado de que queden como estaban.

Algunos de los que entran a comprar le regalan golosinas,  se las dan a la salida, cuando pagan. Otros no le dan nada pero le hacen preguntas, qué edad tiene, si le gusta el colegio. Le dicen que es muy guapa y que ayuda mucho. Cuando no le apetece contestar, agacha la cabeza y hace que pinta o se esconde debajo de la caja por donde hay muchos cables enredados.  Su padre entonces dice, “Valeria, no seas maleducada,   contesta,  te están hablando”. Cuando la llama por el nombre entero es que está enfadado, si solo la llama Val, no hay peligro.

Como ya se ha recorrido la tienda  tres veces y no sabe qué hacer, va hasta donde están las cestas, levanta el asa de una y la deja caer. Suena un ruido parecido a clac. Levanta el asa, la deja caer, clac, clac, clac muchas veces hasta que oye  “ya vale, Vale”. Es un chiste con su nombre, todavía no está enfadado. Puede seguir haciendo ruido con el asa y sigue haciéndolo. Cada vez un  poco más fuerte y violento hasta que oye,  “Valeria,  para ya, siéntate a dibujar”

Se agacha de mal humor para colocar la cesta y los gatos se ríen sobre sus rodillas, las estira deprisa, no quiere que se rían ahora .  Se dibuja a ella en lo alto de una montaña, es la colina de los toboganes, encima  coloca un sol y también una luna. Ha visto que algunas mañanas, aunque ya sea de día, hay sol y luna a la vez. Le gusta que  los dibujos estén muy llenos, que no queden espacios en blanco, pinta árboles, perros, flores y al final nieve sobre la montaña, parece nata.

Si ya son las once, Estefi estará tirándose por los toboganes. Algunos son tubos y otros están descubiertos, ¿son ya las once?, pregunta a su padre. Son las doce. Estefi estará entonces patinando. Va hasta el final de la tienda haciendo que patina,  por algunos sitios se desliza bien, por otros se le quedan atascados los zapatos.  Cuando era más pequeña le gustaba ayudar a colocar los productos en los estantes o barrer, ahora ya no le gusta. Está aburrida.

Vuelve a la caja y se sienta. La cabeza del Furby asoma por encima del bolso, ¿te aburres? , le pregunta. Como no contesta, lo coloca del revés, igual que el pájaro muerto que vio en el árbol.  Ella sabe hacer el pino sin pared pero en la tienda no puede hacerlo. Sabe hacer la voltereta hacia delante y hacia atrás, la lateral y también el pino puente. Todo eso sabe hacer.  Dobla las rodillas,  se ríen los gatos.