Se ríen los gatos

A su madre no le dio tiempo a prepararle la ropa antes de irse a trabajar y su padre no sabe hacer bien los conjuntos. Por eso sale de morros, porque el color de  la falda no combina con los leotardos. En la calle se le olvida que estaba enfadada. Los leotardos tienen la cara de un gato en cada rodilla y al doblar las rodillas parece que  se ríen. A cada momento quiere doblar las rodillas para ver la risa de los gatos,  pero su padre le tira del brazo y dice, “venga, apúrate, Val, llegamos tarde”.

Hay niebla, así que no puede ver la colina de  los toboganes que está un poco más arriba pero sí ve, muy cerca, un pájaro  del revés en una rama, está colgado por las patas y parece de trapo. Se lo enseña a su padre y él dice, “no lo mires, está muerto,  espichó”.

Lleva  la boca tapada con la bufanda  y los pelos de la lana al contacto con su respiración se humedecen, los escupe con asco,  se cuelan otros.  Su amiga Estefi va todos los domingos por la mañana a la colina de los toboganes y  se lleva los patines, ella tiene que ir al supermercado Día donde trabaja su padre, se lleva el furby en un bolso, pero está estropeado y ya no habla ni se mueve.  Los ojos del furby asoman por encima del bolso, igual que los suyos asoman por encima de la bufanda, también son redondos y están muy juntos.

En la caja de la derecha se sienta su padre y ella  en la que está al lado, esa no la abren los domingos porque entra poca gente. Venga, Val, ponte a dibujar, le dice nada más llegar.  Le gusta dibujar pero si se lo mandan ya no le gusta tanto y además hoy no tiene ganas.  Dibuja una casa con el tejado rojo y una chimenea torcida por donde sale humo, pone al humo a dar vueltas y más vueltas, lo hace dar  tantas que tapa la casa y la emborrona entera. Luego dibuja dos niñas en patines, una es Estefi y otra es ella.  Ella cumple ocho años en marzo y desde los cuatro pasa en esa tienda sus mañanas de domingo.

Ya se ha cansado de pintar,  así que se da un paseo por los pasillos.  No toques nada, Val. Ella no contesta. A veces sí toca cosas, los caramelos, las chocolatinas. Los saca de sus estantes y después los vuelve a colocar teniendo mucho cuidado de que queden como estaban.

Algunos de los que entran a comprar le regalan golosinas,  se las dan a la salida, cuando pagan. Otros no le dan nada pero le hacen preguntas, qué edad tiene, si le gusta el colegio. Le dicen que es muy guapa y que ayuda mucho. Cuando no le apetece contestar, agacha la cabeza y hace que pinta o se esconde debajo de la caja por donde hay muchos cables enredados.  Su padre entonces dice, “Valeria, no seas maleducada,   contesta,  te están hablando”. Cuando la llama por el nombre entero es que está enfadado, si solo la llama Val, no hay peligro.

Como ya se ha recorrido la tienda  tres veces y no sabe qué hacer, va hasta donde están las cestas, levanta el asa de una y la deja caer. Suena un ruido parecido a clac. Levanta el asa, la deja caer, clac, clac, clac muchas veces hasta que oye  “ya vale, Vale”. Es un chiste con su nombre, todavía no está enfadado. Puede seguir haciendo ruido con el asa y sigue haciéndolo. Cada vez un  poco más fuerte y violento hasta que oye,  “Valeria,  para ya, siéntate a dibujar”

Se agacha de mal humor para colocar la cesta y los gatos se ríen sobre sus rodillas, las estira deprisa, no quiere que se rían ahora .  Se dibuja a ella en lo alto de una montaña, es la colina de los toboganes, encima  coloca un sol y también una luna. Ha visto que algunas mañanas, aunque ya sea de día, hay sol y luna a la vez. Le gusta que  los dibujos estén muy llenos, que no queden espacios en blanco, pinta árboles, perros, flores y al final nieve sobre la montaña, parece nata.

Si ya son las once, Estefi estará tirándose por los toboganes. Algunos son tubos y otros están descubiertos, ¿son ya las once?, pregunta a su padre. Son las doce. Estefi estará entonces patinando. Va hasta el final de la tienda haciendo que patina,  por algunos sitios se desliza bien, por otros se le quedan atascados los zapatos.  Cuando era más pequeña le gustaba ayudar a colocar los productos en los estantes o barrer, ahora ya no le gusta. Está aburrida.

Vuelve a la caja y se sienta. La cabeza del Furby asoma por encima del bolso, ¿te aburres? , le pregunta. Como no contesta, lo coloca del revés, igual que el pájaro muerto que vio en el árbol.  Ella sabe hacer el pino sin pared pero en la tienda no puede hacerlo. Sabe hacer la voltereta hacia delante y hacia atrás, la lateral y también el pino puente. Todo eso sabe hacer.  Dobla las rodillas,  se ríen los gatos.

 

 

Anuncios

37 comentarios en “Se ríen los gatos

  1. Menos mal que se ríen los gatos, incluso ante el aburrimiento de Valeria, a quien no le está permitido jugar a las tiendas como Dios manda.

    Me crié en una tienda y conozco el verdadero significado de los nos en el sopor de la mañana, mi nombre suspendido en el aire y la reprimenda que te asignan cuando cae una pastilla de jabón Azur de Puig al suelo, mis pantis no tenían gatos sonrientes en las rodillas y mi madre me amputaba la tarde con una negativa al brilé con los amigos. Astillar el jabón tiene consecuencias más allá de su perfume.

    Un beso.

    1. Vaya, Ilduara. Entonces habrás comprendido muy bien a Valeria, niña real, por cierto.
      Seguramente son menos duros con ella de lo que te tocó a ti, pero el aburrimiento de pasarse la mañana festiva encerrada mientras sus amigos juegan en el parque no se lo quita nadie. Ni los gatos.
      Gracias por contar!!
      Y un beso.

  2. A mí también me ha dado mucha pena.
    Me ha recordado a un niño chino que veía muchas veces en la tienda de sus padres.
    Tienen edad de otra cosa…

    Besos.
    Buen retrato de una realidad.

  3. Hoy el día va de gatos, en tu caso de diseño textil. Cómo profundizas en la psicología de Val. Los niños son, en efecto, tan inteligentes y creativos como los pintas. Tu mirada comprensiva de la realidad se plasma de nuevo literariamente en este texto. Que descanses.

    1. Es verdad, ¡cuánto gato en circulación!
      Los niños tienen mentes sin contaminar, son pura creatividad. Me gusta mucho observarlos y escuchar lo que dicen.
      Gracias, Antonio

  4. El tedio del domingo en la infancia.
    A ella la salvan sus volteretas, segura de lo que sabe hacer.
    Y gracias a ti por retratarla tan íntimamente.

  5. ¡Qué niña más buena y qué paciencia! Sobre todo porque estamos acostumbrados a ver a otros niños que lloran a las primeras de cambio porque no se les da lo que quieren en cada momento o se quejan de que se aburren si no pueden cambiar de actividad o de juguete cada cinco minutos. Un relato muy bonito, Evavill. Saludos.

      1. Sí, la curiosidad me pudo. Aunque… mmm, más bien lo que vemos aquí son medias o calcetines, no leotardos que abarquen toda la pierna (no soy ducho en estos temas). Pero molan. Veo que hay mercado para todas las posibilidades…

  6. Como se entere mi hija de la existencia de leotardos con gatos que sonríen al doblar la rodilla, me mandará a buscarlos. Le apasionan los gatos, pero no tenemos gato, eso sí, peluches, fotos, calendarios para aburrir.
    Buen relato, me dan ganas de entrar en la tienda y llevarme a Val al parque.
    Besosssssss

    1. ¿Pero que todavía no tiene tu hija los leotardos gatunos? Le tienes que comprar unos. Aunque con lo mañosa que eres igual se los sabes hacer tú, pintando el gato.
      Muchos besos, Maite.

  7. Pues sí, es cierto que tiene que estar en la tienda, pero al menos tiene cerca a su padre, que la quiere y puede entretenerse viendo gente e imaginando. Seguro que, de mayor, escribirá sus recuerdos.
    Más pena me dan esos niños cuyos padres trabajan como posesos y dejan a sus hijos en casa o en el parque, sí, pero en manos de cuidadores que les hablan en otro idioma. Como si darles cosas materiales los hiciera más felices que pasar una mañana de domingo «trabajando». ¡Por la tarde irán al parque, seguro! 😉

  8. Los grandes escritores se forjaron en el aburrimiento (enfermedades que los mantuvieron encamados, largos momentos de siesta en los que no se podía hacer ningún ruido…) me ha gustado mucho cómo lo has contado, con esa conexión 😊😙👉👏👏👈

  9. Es buenísimo el relato, he conocido niñas como Val, y curiosamente todas con imaginación desbordante, las circunstancias les obligaban a desarrollarla …
    Los furby no me gustaban nada, me daban como repelús, pero mira tú que a Val le ayudaban, parece tierno …
    Los leotardos de gatos me encantan, jaja … un relato ilustrado …

    Muchos besos..

    1. El aburrimiento, sin pasarse, es bueno para desarrollar la imaginación, es verdad.
      A mí los furby tampoco me gustan nada, son rarunos.
      Gracias por la lectura, Rosa.
      Muchos besos

  10. ¡Ya me he vuelto a emocionar con tu texto, evavill! Y ya debiera estar acostumbrada…
    Mi ventana de despacho da a una empresa de informática o algo así. Uno de los trabajadores vive prácticamente allí y los fines de semana se lleva a su niña. Por la noche, en las tardes de domingo invernales, se distingue perfectamente el interior iluminado de la oficina y yo, que soy una auténtica cotilla, no puedo dejar de mirar de vez en cuando. La niña lee, pinta, juega con una muñequita y termina, invariablemente, colocando una silla al lado de su padre (que aporrea el teclado abstraído), apoyando la cabeza en su brazo y quedándose dormida. Siempre me pregunto lo mismo: ¿qué soñará esa pequeñaja?
    PD: lo de whatgoes es increíble, ¿pero de dónde saca esas cosas?

    1. Ay, qué bonito! Es como un pequeño relato dentro del comentario, he visto la escena a la perfección. Soñará con espacios abiertos…
      Whatgoes es muy detallista y está en todo. Ya me ha ilustrado con sus búsquedas más de una entrada 🙂
      Besos!!

  11. Parece que a los niños de hoy en día, los domingos les toca el baño de la realidad de la vida. A veces creo que deberían escribir un consultorio de emergencia para ejercer de padres. Espero que la imaginación de Valeria le sea de gran ayuda. Me ha puesto un poco triste esta publicaciòn. Las obligaciones paternas y el derecho de los hijos a disfrutar no deberían chocar precisamente el domingo por la mañana. Un abrazo.

    1. No sé si habrá muchas situaciones así, supongo que unas cuantas.
      Hace ya un tiempo que no veo a Valeria en la tienda, me daba mucha ternura esa niña.
      Abrazo, Carlos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.