Sibila del 46

La portera del 46 parece saber algo que los demás no sabemos.

Asomada a la puerta nos mira pasar cada tarde como si esa función no fuera con ella, como si todos los apresurados de la calle le inspirásemos risa por lo absurdo de nuestros afanes, pero también una maternal compasión.

Criaturitas…

La portera del 46 es una sibila de jersey rojo que come pipas con lentitud y con igual parsimonia va tirando las cáscaras en un cucurucho de papel. Al acabar, se lo guarda en el bolsillo del delantal y suspira tomando impulso.

En breves momentos va a oficiar la solemne puesta de sol y a dar por clausurado el día. Desde la antena, vigila la corrección del proceso la urraca maestra de ceremonias.

Con las farolas ya encendidas, desciende a su cubículo misterioso, abre su libro de los conocimientos ocultos, lee. Una luz amarilla envuelve su secreto. Si acaso bosteza es porque conoce demasiado bien el final y la falta de intriga le da un poco de sueño.

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37 comentarios en “Sibila del 46

  1. Yo creo que ya casi no quedan porteras. Sin embargo, el relato me ha sugerido la existencia de alguna bruja de nuestros días (o casi) en esa portera perdida en el tiempo. Y me ha gustado.

    1. En mi barrio hay muchas. Y también porteros. Toda una hilera de sibilas y sibilos que por las mañanas barren su trozo de acera. Algunos, otros no son muy de barrer.
      Me alegra que te haya gustado la del 46.

  2. Mi portera favorita es René, de La elegancia del erizo.
    La sibila del 46 está muy bien definida.
    Paloma, eres una maestra…
    Besosssssss

      1. También leendo tu relato pensé en ” La elegancia del erlzo ” . Bueno , aquella portera era muy de clase… su afición fue leer los clásicos de la literatura mundial con cierta inclinación a la alta filosofía.De pipas nada. Besos, observadora.

      2. Bueno, no es la literatura para los siglos pero el hilo engancha y tiene mucha cracia en plan de las situaciones cotidianas muy reconocibles.

  3. Nos presentas la soledad de la comedora de pipas. Si ella hablase dejarían de hacerlo los vecinos entre sí. Hay salarios que compran el silencio y a un tiempo éste nos hace permanecer en nuestros puestos.

    Un beso.

  4. Me encanta que vaya tirando las cáscaras en un cucurucho de papel y esa parsimonia y lentitud …
    Coincido con Maite en lo que te dice de “La elegancia del erizo”, es una obra preciosa.
    Aunque el nombre que lleva esta, Sibila del 46, me parece de lo más evocador …
    Presagia buenos augurios …
    Un texto magnífico, como no puede ser de otra manera viniendo de ti.
    🙂

    Un beso.
    P.D.: Estoy a la espera, no ha llegado el libro …

    1. Ya estoy deseando conocer a René de tan bien recomendada como está.
      Mi Sibila del 46 es bastante majilla, come pipas la mar de bien 😉
      Y más gracias, Rosita.
      Por todo.
      Besos!!!

  5. Ya prácticamente no quedan porteras: han sido sustituidos por los conserjes o “conserjas” y creo que, en lo que se refiere a condiciones laborales, para bien. Pero recuerdo aquellos años en que todo edificio contaba con una viviendita (instalada por lo general en el bajo) que ocupaban la portera y su familia. En mis recuerdos de niña esas modestas viviendas —en muchos casos infraviviendas— estaban rodeadas por un halo de misterio y, cosas de la mente, de un poderoso olor a verduras cocidas… Muy bueno, eva.

  6. Siempre hay alguien capaz de tomarse la vida con filosofía.
    Sobre “La elegancia del erizo” han hecho también una película, que está bien. No diré nada más porque no quiero hacer “spoiler” (que queda más fino y suena mejor que destripe). Como dice Tatiana, la portera que allí aparece es de altos vuelos literarios.

  7. Esa Sibila creo que tiene vocación de víctima. Por incumplir la obligación de compartir los conocimientos adquiridos con los vecinos del inmueble.En su caso es la mejor manera de conservar la vida. Imagina que alguno de ellos recibe un anónimo para hacerle chantaje. Ella con ese jersey rojo chillón, que parece señalar el límite de lo correcto está llamando la atención y además ofrece un blanco perfecto. Un abrazo.

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