Día: 2 febrero, 2018

Mundo raruno

Anda, mira, hoy tampoco hay nadie por aquí. Está este espacio de un abandonado que da miedo, pronto empezarán a correr enormes pelusas por sus entradas como en las películas del oeste y se oirá un viento lúgubre gime que te gime entre línea y línea, el viento interlineado creo que se llama, lo mismo que cuando te dejas la ventana un poco abierta. Pues así.

Menos mal que estoy yo aquí, no para barrer, eso no, que barra Eva que por algo es chacha, si no para darle un poco de vidilla. Tampoco demasiada que tengo muchos quehaceres. Y dentro de esos quehaceres quería comunicaros uno de ellos que os puede interesar y no poco: he creado mi propia criptomoneda, se llama Esmecoin. Podéis invertir en ella a golpe de clic en cuanto queráis, es un negocio fiable. Os garantizo la seguridad, el equilibrio y la integridad de vuestros estados de cuentas. Y todo gracias a los mineros, a los algoritmos y a las cadenas de bloques. Esto no lo entiendo todavía demasiado bien pero ya lo entenderé y vosotros también. No seáis antiguallas y soltad ya la
chatarra.
La Esmecoin es el futuro, igual que será el futuro levantar la vista al cielo, para inspiraros, para encontrar la paz que no halláis en la tierra o para estirar las cervicales que las tenéis finas de mirar a todas horas las pantallitas y….¡atasco de drones!, nada de espacios vacíos, nubes, pájaros y otros componentes arcaicos de los cielos. Si os da miedo, lo siento, a mí un poco también.
Menos mal que con vuestra impresora 3D os podréis hacer un cielo a vuestro gusto y medida.
Es todo un poco raruno, lo sé, pero no pasa nada, peor sería que hubiérais nacido princesa y que al cumplir los doce años vuestro padre os hubiera dicho, “te guiarás permanentemente por la Constitución”, pobre criatura, la que le ha caído, con qué tranquilidad se va a ir esa chiquilla de botellón cuando le llegue el momento, pues con muy poca. No quisiera estar en su real pellejo ni que me impusieran ningún Toisón por muy de oro que sea. A mí me suena a tostón, qué queréis que os diga.
Y ya me voy, que si hablo más voy a meter la pata: que corran las pelusas, que gima el viento entre las líneas.

Adiós.