Día: 19 febrero, 2018

De ardores y extrañezas

Estaba la Esme esta mañana obnubilá total dentro del quiosco. Esto va a ser el efecto de un lunes de febrero que vira ya del invierno a la primavera, he pensado yo mientras me aproximaba.
Digo, Esme, guapa, a qué viene esa cara de alucinación.Ya sé que están floreciendo los primeros almendros,  es un fenómeno muy precioso y digno de ser contemplado, pero lo hemos visto ya otros años, no se puede decir que nos sorprenda, tampoco es para embobarse así con el ciclo estacional.

Ah, no, no, nada de almendros, estoy mirando el fuego. El fuego, el mar, el rostro amado mientras es amado, luego ya no…son todos ellos lugares hipnóticos donde la vista se queda prendida y no se puede despegar, se me pone ella como si fuera una poeta de mercadillo que lo mismo te vende un tomate que te hace un recitativo. Y todo esto sin quitar la cara de embobe dirección su teléfono inteligente.

Yo no veo fuego por aquí, maja, pero tú sabrás.
No me gusta contradecir a las amigas, tampoco a las enemigas, soy muy de seguir la corriente a todo el mundo  y dejar a cada cual con sus cosillas, discutir me da pereza, no tengo la necesidad de imponer a otro mis opinines, como tampoco tengo muchas…será por eso. El Toni dice que admira esa indiferencia mía en querer tener razón, pero que al mismo tiempo le irrita profundamente.

Sí, mujer, es el fuego de las redes sociales, me aclara ella, mira, mira cómo arden. Si hasta crepitan. Arden casi todos los días y por cualquier nimiedad, tienen esa capacidad. Y después de haber ardido, se regeneran no sé cómo, y listas para volver a arder. A saber qué leyes físicas o químicas seguirán pero las de la materia no son. Es raro, ¿verdad?

Bueno, sí, no sé, no estoy muy puesta en redes ardorosas.

Mejor para ti, son tóxicas, me noto un ahogo raro. Se acabó, voy a mirar los árboles, su belleza silenciosa me calma y me sana. Ay, qué bonitos son, transmiten paz. Aunque al mismo tiempo, qué raros si te paras a mirarlos con detenimiento. Ese tronco, esas raíces escondidas que chupan de la tierra, esas ramas…Igual que nosotros los humanos, es que te observo ahora mismo a ti, Eva, y me pareces un ser de lo más extraño. La nariz, las orejas, el pelo, los ojos. No abras tanto los ojos que todavía me pareces más rara. Y cuando hablas…esa manera de mover la boca y articular el lenguaje y el lenguaje….somos rarísimos, ridículos, también prodigiosos.  No me digas que no.
No te digo que no.
Y no me des la razón, tampoco.
No te la doy, tampoco.
¿Quieres arder como una red social cualquiera? Porque me están entrando ganas de incendiarte.

Hija, Esme, que agresiva te pones para ser un lunes de febrero a medio camino entre el invierno y la primavera. Ponte a mirar el fuego otra vez y te obnubilas como cuando he llegado. ¿Y por qué motivo arden ahora las redes?

A ver que te diga…ah, sí, por el himno de la patria nuestra, ya ves tú. Una mujer cantante le ha puesto letra y dice que ya se puede ir tranquila a la tumba, madre del amor fermoso, no doy crédito a lo que leo. Debería volver a examinar los árboles pero voy a seguir un poco más, nada, de verdad, un rato corto, yo controlo, yo controlo.

No le he querido decir por no asustarla que esa frase es la misma que repetía cada día el yinyanes, el drogadicto más famoso de mi pueblo.