Día: 26 febrero, 2018

La flecha del tiempo

Anoche, para cerrar el fin de semana debidamente, el Toni decidió que teníamos que ver un documental sobre los misterios del Universo. La Noe se negaba, dice que en esas películas no salen personas y que a ella lo que le gusta ver son los líos que se traen los humanos entre ellos, ya sean de amor o de odio y que el Universo, como es tan impersonal y está ahí venga a expandirse le provoca sueño. Es verdad, se quedó dormida en cuanto salió esa primera masa rojiza y azul con pinta de placenta galáctica. Está todo el Universo lleno de eso, será por lo de primigenio. O no tendrá nada que ver, yo qué sé.

A continuación de las placentas flotantes sí que aparecieron personas así que le di un meneo para que no se las perdiera, abrió los ojos pero enseguida los volvió a cerrar porque esas personas salían de una en una y en parajes solitarios, sin relacionarse. Eran los científicos que explicaban los misterios. El primero se paseaba tan tranquilamente por un glaciar donde solo estaban él y el hielo, no sé que nos quería contar ahí porque me despisté y me  puse a pensar en asuntos propios. Al segundo lo entendí mejor, estaba el hombre en mitad de una playa también desierta y hacía un castillo de arena. No era para jugar cual si hubiera vuelto a su feliz infancia si no para  demostrar que él ponía orden en los granos de arena y les daba forma pero que pasado un rato más o menos largo,  el castillo  se le iba a ir al carajo porque esa es la ley básica del Universo, que todo lo que contiene se estropee de muy mala manera. A eso lo llamó la flecha del tiempo y según explicó con mucha calma y como si con él no fuera la cosa, no tiene remedio porque para atrás no va, siempre se dirige hacia delante destrozando todo en su camino y poniéndolo todo hecho unos zorros.

¿Ves?, te lo dije, se me pone el Toni como si hubiera descubierto él la flecha y la entropía, que así es como se llama al lío que monta el tiempo en su viaje destructivo hacia ninguna parte.

No sé si me lo has dicho pero  ahora mismo vamos a quitar este tostón agorero que nos has puesto que ya estoy harta de tanta extinción.

Eso, machista, salta la Noe sacando la cabeza de su  agujero negro. Ya está bien de que siempre mandes tú, ahora mismo ponemos nuestra serie de mujeres carcelarias. Ahí sí que pasan cosas.

Pero en ese momento salió un tercer hombre solitario de la ciencia que durmió al instante a la Noe con su parrafada cuántica. Explicó el señor que nuestras partículas elementales, los átomos y otras todavía más pequeñas, sí escapan  de la flecha maldita. Pueden  estar en varios lugares al mismo tiempo, aparecer y desaparecer a voluntad y viajar hacia atrás en el tiempo.

¿Ves?, te lo dije, Toni, no todo está perdido, tenemos como quién dice la inmortalidad dentro.

Es mentira, claro, nunca he dicho yo semejante cosa porque no la sabía y además que no la entiendo pero llevo todo el día de hoy dándole vueltas a ver si asimilo que estoy hecha de partículas reversibles pero que yo en conjunto no lo soy.

Y mientras lo pienso,  lucho contra el caos en casa de la Patricia. Menuda la que ha armado en esa casa la flecha del tiempo en tan solo dos días. Con la ayuda del Jacobín, ella sola no revuelve tanto.