Día: 28 febrero, 2018

Lo normal

Algún vecino ha colgado un cartel en el ascensor que dice,  “por educación, higiene y respeto no fumen dentro del ascensor, no dejen las basuras fuera del contenedor y no hagan ruido después de las doce”.” Me la pela”, le viene en ese instante a la cabeza y se sobresalta.  Es el estribillo de  una canción  que solían escuchar sus nietos y que le parecía abominable.  El  pequeño apenas sabía hablar pero ya pronunciaba con bastante claridad “me la pela”y luego se reían a la par como trogloditas, el mayor por habérselo enseñado al otro y el otro por imitación. Los Trogloditas, así los empezó a llamar, le molestaba que oyeran esa canción y también que les hiciera gracia, ¿cómo podía gustarles algo tan chabacano? Pero sería lo normal, como lo es que ahora que ya han crecido no le hagan ni caso.

Siempre, todo, es lo normal y hasta lo que parece más anormal termina normalizándose por el simple hecho de ser. Todo lo que es, se normaliza si sigue siendo durante el tiempo suficiente, a esa conclusión ha llegado.  Se enciende un cigarro y echa el humo en dirección al cartel pegado, ¿Quién lo habrá escrito y colgado ? Alguna maniática.

Entra en el bar estrecho, se llama como su característica, El Estrecho. Pide un cortado,  la tragaperras lo saluda con su musiquita, Fermín, el camarero y dueño, con la cabeza. No le gusta hablar, a él tampoco,  se llevan bien por eso  o por lo menos no mal.  Se sienta debajo de unas banderillas taurinas colgadas en la pared,  parece que se le van a clavar a él en la espalda. Son feas como el bar, un bar feo y normal. Mira pasar la gente, los coches. Como llueve está la calle atascada y todos los coches pitan, en esta ciudad seca se asustan de la lluvia. Cuando él llegó de lo que se asustó fue de sus cielos azules, de toda esa luz que caía sobre las cosas y las hacía parecer más duras y agresivas pero ahora ya encuentra normal esa luz mesetaria, ya no añora el cielo gris y la vida difuminada, borrosa y más discreta de debajo.

Está dando un trago a su café que está fuerte y malo, café malo normal de bar feo normal, cuando ve caerse a un hombre en mitad del cruce. Una furgoneta de reparto frena a tiempo y no lo arrolla de milagro. Sale por si puede ayudar, el de la furgoneta se ha bajado y no hace más que repetir, “yo no he sido,  se ha caído él solo, yo no le he hecho nada”. No se queda tranquilo hasta que un par de testigos confirman que sí, que el hombre se ha caído solo, ha resbalado”. El accidentado es chino y acaba de lanzar un desgarrador grito de dolor con el pie sujeto entre las manos. Grita muy fuerte, gesticulando a la vez, abre mucho la boca y enseña una dentadura marrón y un poco temible. El grito, que se repite a intervalos, también es temible.

No tiene nada, dice un ciudadano escéptico, es que los orientales son muy exagerados, lo sé porque tengo un cuñado chino, gritan todos así a la mínima, es lo normal entre ellos. Le toca por encima el pie y hace el diagnóstico: como mucho un esguince y de los leves ¿Cuánto te duele del uno al diez? Tengo restaurante, contesta el otro.

Como alguien ha llamado a una ambulancia y su presencia no hace falta, se retira de nuevo al bar. Fermín lo recibe con un encogimiento de hombros que puede querer decir varias cosas o ninguna. No se molesta en interpretarlo. Echa unas monedas en la máquina que emite sobre los dos, sobre la estrechez de El Estrecho,  una luz morada y un tanto siniestra. Pasan unos chicos con los pantalones rotos por las rodillas, se los compran así y no son por eso más baratos. Hace mucho que no ve a los Trogloditas, seguro que también llevan los pantalones con los rotos hechos de fábrica, son chicos normales. “Fabuloso. Amazing. Último remate”, eso pone en el escaparate de la zapatería que está enfrente entre muchas exclamaciones.

Piensa en el grito del hombre, iba precedido de silencio,como si el grito se gestara ahí, en ese silencio y no iba dirigido a nadie, era como una comunicación entre él y el dolor. Un grito para él mismo,  no miraba a nadie, como si estuviera solo.  Muy extraño o puede que no, puede que todos gritemos así cuando sentimos dolor y miedo y eso sea lo normal.