Sibi

El primer arrebato le dió una mañana de lluvia. El agua caía sobre el suelo del patio haciendo un ruido de pequeñas patitas, muchas pequeñas patitas caminando a la vez. Sibi estaba en la cocina guisando un pollo. Cuando terminó,  recogió, limpió, dobló el trapo de secar y, como estaba un poco húmedo, lo colocó sobre el radiador. Se quedó un rato alisándolo con las manos, tenía pena pero no sabia por qué, alisar el trapo era como alisarse su propia pena. Escuchó con atención el golpear de las patitas, parecía que querían entrar,  que a su manera le estaban pidiendo que abriera.

Dejó en paz el trapo, abrió la ventana obedeciendo a la lluvia, sintió el frío de la calle y el olor a tierra mojada y con una rabia que no sabía que tenía,  estampó el  contenido de la cazuela sobre el suelo. Un pajarito llamado lavandera se acercó a saltos, picoteó uno de los muslos del pollo y después una rodaja de zanahoria. Sibi miró al pájaro y observó que de las ramas de los árboles colgaban gotas como cristales brillantes. Era un adorno muy bonito y le hubiera gustado tenerlo para ella, como pendientes, por ejemplo. La pena se había apaciguado pero al ver la comida que acababa de preparar tirada en el suelo comprendió que  algo raro le había pasado, algo que escapaba a su control.  Tuvo la certeza de  que ese algo indomesticable se iba a quedar ya para siempre.

Lloró apoyando la cabeza entre los brazos,  el pelo rojo y rizado  extendido sobre la mesa de la cocina.  Lloró y lloró temblando, acompañada por el agua de lluvia, por esas gotas suaves y persistentes que  ya no eran patitas que le pedían auxilio, eran voces suaves que decían, “pobre, Sibi, pobre, pobre”, consolándola. Cuando terminó de llorar se comió una mandarina. Las gotas colgaban de las ramas, brillantes. Alisó de nuevo el trapo con las manos unas cuantas veces.

 

 

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61 comentarios en “Sibi

  1. Me gusta tanto tu texto, que cualquier comentario que hiciera sería superficial e inútil. De principio a fin, cada detalle, cada imagen está donde debe, formando un collar, no de gotas de lluvia, sino de palabras, que calientan el alma como ese radiador. ¡Genia! ¡Brava!

  2. Eso es una depresión de caballo, pero habría que decirle a Sibi que colocar trapos sobre el radiador no es nada recomendable. Por cierto, que tengo yo unas pastillitas que te hacen ver el mundo de colores…

    1. Anoto lo de tus pastillas.
      Me has recordado una canción de Fito Paéz: “Felicidad, pastillitas de colores, neurotransmisores en actividad, felicidad, cuando te vas me vuelvo loco…”

    1. Jajajaja, pues palmera no te puedo dar por esta vía virtual pero relatos sí. Lo que ya no sé es si me quedarán bien o no tanto. Dependerá del día.
      Gracias, Manuel.
      Besos

  3. Hoy también me ha encantado. Triste, pero habiendo desahogado un poco tirando la olla al suelo un poco menos. Sobre todo los que leemos y no tenemos que recoger después.

  4. Qué triste se siente Sibi. Bueno, todo estáctil tan maravillosamente contado que me apetece darle un abrazo y comerme una mandarina con ella.
    Besos miles, gran contadora de historias

  5. Bueno, es triste, sí, y hay pérdida (la cazuela), y un desconsuelo otra vez triste. Pero hay tambié mandarinas, y eso es dulzura, y después de una mandarina siempre aparece la esperanza. Y todo es vida. Un abrazo grande, Paloma.

    1. El pollo se perdió pero quedan las mandarinas, como resumen de la situación.
      Y todo es vida, claro que sí, lo alegre, lo triste y todo arrejuntao.
      Otro abrazo, Eladio.

  6. Tal vez este tiempo tan malo que nos acompaña y estos días tan grises nos estén rodeando a todos de tristeza. La tristeza del abandono y de la soledad e, incluso, la del miedo. Y como Sibi estemos doblando paños y luego alisándolos para deshacernos así de la tristeza.
    Muy bonito.

  7. Sibi es un hermoso árbol alisado con lágrimas que se desmorona sin poder otear el horizonte.

    Tus relatos son de lo mejorcito que he leído, los pongo al lado de los grandes.

    Un beso.

  8. Todo los elementos apuntan en la misma dirección: el día de lluvia, las ramas de los árboles, el paño de cocina… Al final uno corea con las persistentes gotas de agua: pobre Sibi, pobre Sibi.
    A todos, en mayor o menor medida, nos pasa como a ella. Todos estamos en su pellejo. Por eso da más pena.

    1. “A todos, en mayor o menor medida, nos pasa como a ella. Todos estamos en su pellejo. Por eso da más pena.”…Es lo que sentí yo, leendo el texto , llorando no por Sibi sino por mi vida frustrada. Eres una bruja, Paloma. Excelente!!

      1. Jajajaja, tanto como bruja…
        Es el escribir sobre sentimientos o sobre situaciones cotidianas, es fácil que el que lee se identifique alguna vez.
        Besos, Tatiana

      2. La verdad es que me afectó tanto su texto que hoy lloré también . Es que llovía en Murcia, ha sido por ello , lo creo. Paloma es una “crack”

      3. Gracias, Paloma. Tatiana tiene razón. Aunque no discrimino a la cerveza, prefiero un blanco seco frío. Por cierto, en noviembre pasado estuve en Madrid, pero sólo de paso.

  9. Qué bueno, lo has bordado.
    Pobre Sibi. “Alisar el trapo era como alisarse su propia pena” …
    Te has pasado de lo bueno que es, ¿eh?
    🙂

    Un beso, Paloma.

      1. Sí, es un texto delicioso en contenido y forma.
        Es para tanto.
        🙂

        P.D.: No me llega el libro.
        Lo han reclamado de nuevo.
        🙂

  10. Hola Eva, aquí volviendo a disfrutar de tu escrito, que me ha dejado con los ojos bien abiertos y respirando profundamente. Está bueno, lo trasmites muy bien y la vitamina C ayuda a digerir el momento y levantar las defensas. Buen toque. Un abrazo grande y por aquí nos estaremos viendo

  11. Pues leído todo esto y admirándome mucho del cuento, de la pena, de la tertulia de martesdecuento y todos los demás me he abierto un 🍷 de la comarca del Bierzo (como estaba en oferta en el súper, no me importa ponérselo a Pablo con gaseosa) y digo:¡salúymandarinas!

  12. Creo que para escribir esta historia hay que tener en la memoria momentos así, en los cuales el esfuerzo no encuentra la justa valoración, la traición y la desesperación de la encerrona convoca la ira. Alguién por ahí arriba decía pastillas, quizás ignorante de que borran la memoria de la vida. Un abrazo.

      1. Ahora que nadie nos lee, he sido amo de casa durante catorce años. Hay que vivirlo. Lo bueno y lo malo. Un abrazo. De nada, disfruto con cada una de las entradas.

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