Día: 15 marzo, 2018

El arte de no hacer ni caso

Ay señor, qué semana más aburrida. Sin días históricos con los que desfogarnos las mujeres, sin parar de llover y por lo tanto sin pisar los parques y jardines, con lo que eso entretiene. Con los niños desesperados de tanto encierro subiéndose por las lámparas (literal) y con la jefa que ha dejado de escribir y se pasa el día vagando por la casa como hada en pena o como hada sin cencerro, la que más os guste de las dos.

La gente se trastorna mucho cuando le quitan sus rutinas preferidas y la Patricia cuando no escribe se me vuelve como loca, a su manera. No es una loca estilo la Esme, aparatosa, es una loca a lo fino, como reconcentrada  y con cara de mucho penar interno ¿Y por qué no escribirá?, me estaba preguntando yo. En su mesilla de noche he encontrado el motivo esta mañana: se lo ha mandado un libro. Se titula “El arte de callar” y lo escribió un señor abate allá por el año mil setecientos. Las antiguallas que mete entre pecho y espalda esta mujer, he pensado, pero lo he abierto por pasar el rato.

Esto he leído, así, para empezar “hay quién escribe por escribir como los hay que hablan por hablar. No hay ingenio ni propósito, el mundo se llena de libros estériles e infructuosos. Son autores, diréis, han escrito un libro. Mejor decir que han estropeado papel, además de haber perdido su tiempo”, toma del frasco con el simpático del Dinouart, que ese es su nombre.

Y sigue el amable hombre desde su monasterio, la casa donde habitan los abates, “la extraña enfermedad de escribir y de leer lo que se escribe, que nos atormenta desde hace tiempo, sigue agravándose cada día. Los autores nacen como los champiñones y por desgracia la mayoría tienen las mismas cualidades”, me ha dado risa al  imaginarme el susto que se llevaría este señor si aterrizara en nuestros días contemporáneos.

Como veréis yo no soy tan acatanta de órdenes como mi jefa y además de escribirlo aquí se lo he contado por teléfono a la Esme para desobedecer también por vía oral. Digo, Esme, maja, que ha dicho un abate que nos callemos y que contengamos la pluma ( él dice pluma, ya os he dicho que el libro es una antigualla).

No sé de qué pluma me hablas, pero si te digo la verdad tampoco me importa demasiado, estoy aquí con mi blog de los fracasos que me acaba de entrar el primer comentario desde hace meses, es de Vladimir Vladimirovich, más conocido como Putin, siempre me comentan los mismos, qué rollo. Y qué escueto, solo dice: “Yo no he sido”. Le voy a contestar ahora mismito,  mira, chato, excusatio non petita…¿cómo seguía la frase esa? ahora no me acuerdo, accusatio…

He tenido que colgar dejándola con los latines en la boca porque he visto aproximarse a la Patricia con esa cara de malas pulgas que le da a a ella el  refrenamiento de pluma o de teclado.  Si es que no siempre hay que hacer caso a los abates, qué más le dará a él si la mujer es feliz soltando sus cosillas.Pues como  yo soltando las mías. Esto se llama el arte de no hacer ni caso.  Champiñón más, champiñón menos…si además todo esto va a desaparecer, que también lo dice él, “así se consumirá totalmente algún día esa innumerable cantidad de de libros de cuyo nacimiento dan cuenta los periódicos y de la que ya no quedará ni rastro. Aprended, pequeñas obras, a morir sin murmurar”. Pues eso.