El arte de no hacer ni caso

Ay señor, qué semana más aburrida. Sin días históricos con los que desfogarnos las mujeres, sin parar de llover y por lo tanto sin pisar los parques y jardines, con lo que eso entretiene. Con los niños desesperados de tanto encierro subiéndose por las lámparas (literal) y con la jefa que ha dejado de escribir y se pasa el día vagando por la casa como hada en pena o como hada sin cencerro, la que más os guste de las dos.

La gente se trastorna mucho cuando le quitan sus rutinas preferidas y la Patricia cuando no escribe se me vuelve como loca, a su manera. No es una loca estilo la Esme, aparatosa, es una loca a lo fino, como reconcentrada  y con cara de mucho penar interno ¿Y por qué no escribirá?, me estaba preguntando yo. En su mesilla de noche he encontrado el motivo esta mañana: se lo ha mandado un libro. Se titula “El arte de callar” y lo escribió un señor abate allá por el año mil setecientos. Las antiguallas que mete entre pecho y espalda esta mujer, he pensado, pero lo he abierto por pasar el rato.

Esto he leído, así, para empezar “hay quién escribe por escribir como los hay que hablan por hablar. No hay ingenio ni propósito, el mundo se llena de libros estériles e infructuosos. Son autores, diréis, han escrito un libro. Mejor decir que han estropeado papel, además de haber perdido su tiempo”, toma del frasco con el simpático del Dinouart, que ese es su nombre.

Y sigue el amable hombre desde su monasterio, la casa donde habitan los abates, “la extraña enfermedad de escribir y de leer lo que se escribe, que nos atormenta desde hace tiempo, sigue agravándose cada día. Los autores nacen como los champiñones y por desgracia la mayoría tienen las mismas cualidades”, me ha dado risa al  imaginarme el susto que se llevaría este señor si aterrizara en nuestros días contemporáneos.

Como veréis yo no soy tan acatanta de órdenes como mi jefa y además de escribirlo aquí se lo he contado por teléfono a la Esme para desobedecer también por vía oral. Digo, Esme, maja, que ha dicho un abate que nos callemos y que contengamos la pluma ( él dice pluma, ya os he dicho que el libro es una antigualla).

No sé de qué pluma me hablas, pero si te digo la verdad tampoco me importa demasiado, estoy aquí con mi blog de los fracasos que me acaba de entrar el primer comentario desde hace meses, es de Vladimir Vladimirovich, más conocido como Putin, siempre me comentan los mismos, qué rollo. Y qué escueto, solo dice: “Yo no he sido”. Le voy a contestar ahora mismito,  mira, chato, excusatio non petita…¿cómo seguía la frase esa? ahora no me acuerdo, accusatio…

He tenido que colgar dejándola con los latines en la boca porque he visto aproximarse a la Patricia con esa cara de malas pulgas que le da a a ella el  refrenamiento de pluma o de teclado.  Si es que no siempre hay que hacer caso a los abates, qué más le dará a él si la mujer es feliz soltando sus cosillas.Pues como  yo soltando las mías. Esto se llama el arte de no hacer ni caso.  Champiñón más, champiñón menos…si además todo esto va a desaparecer, que también lo dice él, “así se consumirá totalmente algún día esa innumerable cantidad de de libros de cuyo nacimiento dan cuenta los periódicos y de la que ya no quedará ni rastro. Aprended, pequeñas obras, a morir sin murmurar”. Pues eso.

 

 

 

42 comentarios en “El arte de no hacer ni caso

  1. El arte de no hacer ni caso lo practivo poco, pero me estoy dando cuenta que lo voy a practicar más de ahora en adelante.
    Genial, como siempre, Paloma.
    Besos

  2. Pues, el problema viene desde lejos…escribir para no decir nada. Creo que no es la peor de las debilidades de un ser humano . Es que un ser humano hace las cosas más estúpidas que ello. De camino tocaste a Putin también…cuidado. Un abrazo.

  3. Plena y total vigencia de los planteamientos del abate. Si el hombre le echara un ojo al momento presente fliparía. No descubriré nada nuevo diciendo que el silencio es un arma fundamental en la vida espiritual, contemplativa, monástica, religiosa, ascética…
    “Los autores nacen como los champiñones…” Jajajaja…

  4. El arte de callar deberían aprenderlo los que hablan y no escuchan, esos sí que son peligrosos, y buena parte de los políticos que, de manera premeditada y habitual, ocultan discursos vacíos en sus palabras. Todo es más fácil de lo que parece: hablar y escuchar, leer y escribir … Saludos.

  5. Bueno, también respiramos de continuo y ni siquiera tenemos la certeza de que nuestra vida sirva para algo. De lo aparentemente inútil, de vez en cuando, surge lo más preciado.
    Saludos.

  6. Pues para mí que el abate y su disertación contra los escritores (¿también él es un champiñón?) tiene un puntito, aunque solo sea para que tú puedas marcarte esta fantástica entrada. A mí, como a la Patri, la lluvia me deja remustia y ¡no veas como se agradecen estas entradas tan divertidas! Qué rebuena eres, chavala (me repito nuevamente).

    1. Supongo que él no se consideraba a sí mismo un champiñón, suele pasar.
      Le doy bastante razón en todo lo que dice aun así.
      Yo también un poco remustia estos días, así que no veas cómo se agradecen estos comentarios, chaval.
      Besos muchos

  7. Aplaudo al Abate y a ti por este texto, también pienso que es más difícil callar que hablar.
    El arte de no hacer caso sí lo suelo practicar.
    El Abate me convence, y tú tienes el arte de contar con sencillez, lo más difícil.
    Creo que el Abate sonreirá con este texto allá en su eternidad.
    🙂

    Un beso, Paloma.

    1. No sé si es más difícil pero, desde luego, es poco corriente el silencio.
      Y necesario.
      No sé qué pensaría el abad de este texto, igual lo consideraba un champiñón y me mandaba callar.
      Besos, Rosa.
      Y muchas gracias 🙂 🙂

  8. Lo peor no es estropear papel, sino hacer perder el tiempo a los demás con su tontuna, que no es otra cosa que «tortura escrituraria». Porque si escribieran y callaran… ¡Pero no! Escriben y exigen pleitesía, porque sí que se consideran a sí mismos escritores.
    Ha llegado un momento que tenemos más «escritores» que lectores y si el buen hombre hoy levantara la cabeza… ¡¡se moriría de golpe otra vez!! 😀 😀 😀

    1. “Tortura escrituaria”, jajajaja, sí que lo puede llegar a ser, desde luego.
      Creo que hay un poema de Wislava Z… qué habla de eso, de que todos queremos ser autores. Lo estuve buscando pero no sé el título y no lo encuentro.
      Más besos, Nona.
      Y gracias por tus lecturas

  9. Hasta cierto punto puedo llegar a entender la visión de aquel ábate. De hecho hace mucho he leído las mismas frases que nos expusiste. Concuerdo en que algunas personas escriben por escribir y en realidad no aportan nada, por darte un ejemplo, estoy en contra de que alguien vomite su baba difamatoria porque se cree con la libertad de dañar a otros. Y te lo digo por experiencia propia, ya que tengo una acosadora. pero más allá de un sentido de (in)utilidad, es una cualidad de expresión, un derecho más bien, pues al final, éste tipo de personas, en este caso específico con el que estoy ejemplificando mi punto, se envenenan a sí mismas.

    Por otro lado y hablando del caso específico de quien creo es tu jefa, la verdad es que como bien dices, no hay que hacer caso, hay que desobedecer esas pseudo-reglas que nos quitan el gozo de crear. No porque alguien de “renombre” diga algo eso es ley. Así como yo siento un placer profundo en ignorar a las personas tóxicas, así mismo siento una satisfacción inmensa al escribir, y no porque tal o cual desconfíe del talento ajeno vamos a detenernos. Patricia debería continuar haciendo lo que quiere, aunque supongo que leer eso le tocó un punto sensible, es probable que se sienta insegura y desconfíe de la calidad de su trabajo. Pero diría que es cuestión de tiempo para que retome. Al final, una persona con alma de escritor, siempre lo será. Escribimos más por necesidad que por mero gusto.

    1. Siento que tengas una acosadora, es muy desagradable. Si no haces caso, porque en el fondo lo que busca esa gente es protagonismo, supongo que se cansará, aunque los hay muy persistentes.

      En cuanto a lo de escribir o no, tienes razón, el que tiene ese impulso acabará escribiendo porque lo necesita, está en su naturaleza. Pero a veces para poder escribir es necesario haber guardado un periodo de silencio.

  10. Lo primero…..que bien escribes, me requeteencanta leerte.
    Lo segundo, Como te llamas Eva? Paloma?
    Yo escribo una vez a la semana, porque de estar en casa metidita todo el día , notaba como se me iba encogiendo el alma y el cerebro.Así que lo de escribir ,lo utilizo como gimnasia cerebral.

    Es verdad que hay tantos libros que no merecen la pena…. me dí cuenta cuando mi hija me dijo que le eligiera un libro de mi librería. Y empecé: mmm este no, que es un rollo, este no vale nada, este te aburriría, este no es consistente la historia….la pregunta es que hacen todos estos libros en mi casa, grrrfsss, voy a liquidarlos.

    Creo que eres una gran escritora 🙂 , iré leyendo poco a poco tu blog
    Que tengas buen día.

    1. Hola, Mercedes.
      Me llamo Paloma. Eva es un personaje. El blog empezó siendo una historia ficticia, la de Eva, y luego ha degenerado no sé muy bien en qué, en lo que se me va ocurriendo sobre la marcha. De vez en cuando aparecen los del principio. Un lío si acabas de llegar.
      Ahora escribo menos, entre una o dos entradas a la semana, también como tú, para ejercitar el cerebro y las habilidades y que no se me olvide.
      Me alegra mucho que te haya gustado lo que has leído, de verdad 🙂
      Muchas gracias por tus palabras y por las lecturas.
      Buen día para ti también.

  11. Ay cuanto siento tener que discrepar, el silencio induce a la reflexión. esta a la opinión personal, de ahí caer en manos de la Santa Inquisición sólo media un oído indiscreto. Así que hablar de más, además de una medida precautoria es sanitaria. Y escribir ahorra una pasta gansa en psiquiatras. ¡Qué me lo sé yo! Un abrazo.

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