Las dueñas

Me di cuenta por primera vez de mi situación social una tarde de finales de invierno en la plaza del Conde del Valle Suchil.  Yo estaba allí de paso, lejos de mi casa y de mi lugar habitual de juegos. Tres niñas vestidas con un uniforme escolar, yo nunca había llevado y me gustaban mucho, me parecían elegantes,  entraron corriendo en la plaza,  ocuparon su centro, invadieron los columpios solo para utilizarlos de forma rápida y con mucha fuerza, como si los torturasen, saltaron dejándolos solos y acelerados  y se desplazaron  hacia la zona de bancos. No llevaban abrigo aunque hacía frío, se sentaron en un banco y miraron la plaza con desdén de hastiadas propietarias.

La mayor tenía una melena por encima de los hombros, con flequillo, la del medio era la más guapa y la pequeña se parecía a la mayor pero con el pelo rizado y revuelto y llevaba en una de las manos una bolsa de caramelos. La abrió y empezaron a comerlos, eran unos caramelos de un tipo que yo nunca había visto: naranjas y negros, de formas extrañas. Los mordían un poco y después los escupían con hartazgo. No quería que se dieran cuenta de que las estaba mirando pero ellas se daban cuenta de todo, en especial la mayor, la del flequillo, cuyo principal interés parecía ser el control del territorio.

Vinieron las tres hacia donde yo estaba y la mayor me dijo mostrándome la bolsa, “son caramelos noruegos, nuestro padre viaja mucho allí, ¿quieres probar?” Acepté uno, era mejor de aspecto que de sabor pero no lo escupí como habían hecho ellas, no tenía tanta confianza con los caramelos nórdicos como para eso. Me preguntaron el nombre  y los dos apellidos mientras me inspeccionaban pero  no me dijeron los suyos. Nunca nadie me había examinado así, con tanta minuciosidad. Me sentí culpable de algo sin saber en concreto de qué y con los defectos expuestos, a la vista.

La mayor ya casi tenía decidido el veredicto pero aún tenía alguna duda. Iniciaron un interrogatorio como si fueran mis empleadoras y  quisieran contratarme. Me preguntaron a qué colegio iba y en qué trabajaba mi padre. Les dije el nombre de mi colegio y como mi padre trabajaba en una oficina y eso me pareció muy aburrido le cambié el lugar por una fábrica. Desde mi punto de vista era mucho mejor, más grande. A ellas no debían opinar lo musmo porque se rieron intercambiando miradas. A continuación me preguntaron dónde vivía y cuántas habitaciones tenía mi casa. Les di los datos ya con un poco de temor . Dudas resueltas. Acababan de clasificarme.

La pequeña, escarbando la tierra con el zapato, me dijo, ¿sabes que nuestro padre hizo esta plaza? Y ahora es el presidente, por eso no  te puedes sentar en este banco ni tampoco en ese. Me levanté pero antes de irme le di un tortazo a la mediana, a lo mejor porque me pareció la más inofensiva. No intentaron devolverme la torta, solo me llamaron paleta. Me fui fingiendo victoria  hasta la parada del 21 donde me estaban esperando.

Estuve muchos días pensando en esas tres, en la cara bellísima de la mediana, tenía la piel muy blanca y mi torta le había dejado una marca roja,  en la manera de hablar alargando mucho las eses de la mayor, en la mirada burlona de la pequeña,  en ese padre que viajaba a Noruega, en los caramelos exóticos, en que no llevaban abrigo, en sus uniformes elegantes, en que  parecían las dueñas, no solo de esa plaza,  del mundo entero; de los plátanos de sombra, de los nidos que había dentro, de los gorriones, de las palomas que se lanzaban en picado, de los autobuses y los taxis, de las fuentes,  de todos los edificios altos y bajos, de las nubes, del viento que las movía, del cielo, y de todas y cada una de las ventanas con todo lo que guardan por delante y por detrás.  Eran dueñas con naturalidad de dueñas, acostumbradas a serlo, porque sí, de nacimiento.

65 comentarios en “Las dueñas

  1. Me alegra ser la primera lectora. La primera comentarista. Hoy me siento yo la dueña también de todo. De cada palabra, de cada coma y cada punto de tu relato. Y al llegar al final, más que un tortazo, he sentido una caricia al leerte. ¡Me encanta como escribes, Paloma!

    1. Y lo eres, un poco por lo menos. Te lo has más que ganado por todo el tiempo que llevas leyéndome y diciéndome cosas bonitas y animadoras.
      Un beso enorme, querida Nona y como siempre muchas gracias.

  2. ¡Qué bueno! Y lo he disfrutado más todavía porque viví esa situación recién llegada a Madrid, con todos los complejos que acompañaban entonces a los chavales que dejaban el pueblo para adentrarse en la inhóspita ciudad. La bofetada que has soltado (y que yo no me atreví a soltar en su momento aún siendo lo que más deseaba) me reconcilia (al menos literariamente) con el pasado. Un final impresionante…Un beso, guapetona.

    1. Pues me alegro mucho, mira por dónde. Tampoco te creas que iba repartiendo cual Rambo, creo que solo he dado un par en toda mi vida. Esta, tengo que admitir que aunque la violencia no es el sistema, me sentó muy bien. La mayoría de las veces me ha pasado como a ti, que solo las he dado con la imaginación.
      Besos!

  3. Genial Paloma !!! Felicitaciones
    A mi, en mi segundo viaje a Madrid, parando en el barrio pijo me hicieron sentir estúpida, extranjera, colorinche y otras lindezas.En el primero estaba con mis hijos , custodiadadcustodiada la

  4. Escribí un comentario pero no se si salió, pues se cerró el sitio, cosas que pasan. Muy real tu historia, buena salida la de la bofetada al sentirse acorralada frente a los uniformes que te rodeaban. Un abrazo

  5. jaja ¡vaya temperamento! jajaja no sé si habrá ido in crescendo con el tiempo, de ser así mejor no me paso ni un pelo ! jaja estupendo tu relato PALOMA! has hecho un retrato perfecto de estas niñas, afortunadamente jamás me he encontrado con nadie así. Las personas ( pequeñajas o adultas) que van así por la vida son el reflejo de lo que han visto en casa, complejos de superioridad e inferioridad que al final indican lo mismo, inseguridad y mediocridad, pobrecitas ! Total, si aquí nadie es dueño de nada, todos estamos de paso y régimen de alquiler ; )

    Un beso grande cielo!

    1. Nooooo, que no pego a nadie, de verdad. Y de pequeña era muy tímida pero a la vez un poco atrevida o justiciera.
      Pues qué suerte que nunca te hayas topado con nadie así, yo sí y bastantes veces. Ahora me da igual, claro, pero de niña sí me hacía sentir mal.
      Me ha gustado tu “de paso y en régimen de alquiler”, es que es verdad, hasta el cuerpo nos lo prestan para un rato.
      Otro beso, María.

  6. Es para no olvidarse de ellas
    también a mí me han paralizado
    no he sido capaz ni de levantar la mano
    ni la vista
    ni el oído
    mis lobos se han removido dentro
    pero ellas serán dueñas de bancos
    y ministras de defensa
    y tú
    qué buena escritora (*relámpago, trueno) divinaeva

    el día menos pensad

  7. El clasismo, los prejuicios, el esnobismo, el desprecio, la pijería y el catalogar peyoratvamente a los demás magistralmente escritos. Genial la descripción.
    No serás mucho de fútbol, pero cuando Iniesta creo que marcó aquel gol tan importante en campo del Chelsea que clasificó al Barça para una final, creo recordar, un golazo por toda la escuadra en un momento agónico, el Barça ya se veía eliminado, el manchego manifestó que cuando chutó sintió la fuerza de todos sus compañeros chutando, era como si los demás le empujaran a chutar. Vale. pues creo que en esa bofetada final todos hemos de alguna manera ayudado a ese sopapo, ayudamos con nuestra energía a la autora material, o por lo menos nos solidarizamos e identificamos por empatía, así que en cierta forma la bofetada que propinaste llevaba la energía de todos nosotros (como el gol de Iniesta).
    Buenísimos los comentarios de Toro y de Note, me he reído: el partido, las ministras de defensa…

    1. La torta-gol, jajajaja, vaya símil que te has marcado.
      La verdad es que el comportamiento de ese trío me sorprendió, nunca me habían tratado así ni pensaba que pudiera existir tanta tontería. Aprendí.
      Si digo que está suavizado es porque duró más de un día, digamos que me tocó convivir con ellas y con otras similares durante bastante tiempo.
      Besos

      1. Sí, me vino lo del gol de Iniesta a la cabeza, hay similitudes pero también grandes diferencias. Está claro que el gol de Iniesta fue en vivo y en directo, y la experiencia compartida y sentida por mucha gente implicada (jugadores, espectadores…), mientras que en tu relato nos hacemos partícipes o nos identificamos ya habiendo pasado el tiempo.
        Pues vaya tres, seguro que eran de familias adineradas y bien situadas, ya haces mención de ello. Toda esa experiencia tuya, permíteme la pregunta, me hace pensar que de repente te viste arrojada a un nuevo ambiente o entorno. Quizá porque os cambiásteis de casa o de barrio, quizá de colegio, quizá pregunto demasiado, jaja. En todo caso otro relato formidable. Alguna vez te he dicho que me sorprende y maravilla cómo tu vida ha estado tan llena de experiencias, de situaciones, de personas conocidas, de anécdotas… tienes infinitos conejos en la chistera. Y encima mezclas, retocas, creas, recreas y fabulas.

      2. “Tanta tontería”… pero ellas, eso me ha quedado clarísimo al leerlo, por la forma en que te examinaron eran frías, despiadadas, analíticas y selectivas por supuesto. En fin, bastante sociópatas hacia los que no eran de su status…

      3. Sí, What, fue eso, un cambio de colegio y de lugar. Encontré personas y situaciones que ni imaginaba que pudieran ni existir, de tan…no sé cómo calificarlas, “¿crueles, idiotas?” A partir de ahí ya lo supe.
        Ya se me están acabando las historias.

  8. Esta narración parece una parábola de lo que ocurre en nuestra nación. No se sabe por qué, aunque se columbra, algunas personas se sienten dominadoras de todo desde que nacen y otras, observando la prepotencia de las anteriores, se sienten todo lo contrario. La vanidad y la insolencia parecen patrimonio de las primeras y el resto de las personas observamos esperando siempre, pero generalmente en vano, que la justicia restablezca las igualdades que el sentido común dícta. Puede que lo escribo suene grandilocuente, lo lamento, pero verdaderamente lo siento desde que era niño.
    Un abrazo.

    1. A mí no me suena grandilocuente porque también lo veo así, es que es bastante así, por desgracia.
      No se sabe el motivo, pero se columbra (me ha gustado el “se columbra”)
      Besos, Soros.

  9. ¡Vaya!! Una de mis primeras expediciones cuando llegué a Madrid era visitar a unas señoras que vivían precisamente en esa plaza que mencionas, recuerdo la sensación que tuve cuando entré en el piso tan grande, tan inmenso, tan lleno de antigüedades… y yo tan de pueblo!!!!!
    Eran muy simpáticas las señoras, y las visité en unas cuantas ocasiones más, vamos, una especie de chica de los recados entre ellas y la hermana que vivía en el pueblo.
    Magistral tu relato, como siempre.
    Miles de besos

    1. ¡Qué coincidencia!, Maite. Menos mal que esas señoras tuyas eran simpáticas.
      En realidad, mi encontronazo con esas niñas no fue en esa plaza pero lo he situado ahí porque es un sitio especial para mí. Además, me hace gracia el nombre, tan largo.
      Muchas gracias y muchos besos.

  10. Conocí a varias jóvenes de esas características, hablaban constantemente de chicos adinerados. Hoy sigue siendo su tema frecuente de conversación, pues de ellas no podemos decir que estuviesen dotadas de mucha inteligencia ni cualidades para los estudios. Eso sí, se casaron “bien” y hoy lo admiten todo para poder mantener sus “ventajosos” matrimonios e incluso para mejorar en la “escala social” cambiando de marido y procreando para asegurarse una pensión.

    Me preocupa que no estén en peligro de extinción y que aún sean el modelo de muchas jóvenes.

    Muy buen relato, cuando te leo me haces sentir en tu piel que al tiempo es la mía.

    Un beso.

  11. Siempre decía que el mundo se divide en dos partes : los que en su adolecsencia descubren que hay familias donde nunca usan las servielletas de tela y los otros que a la misma edad descubren que existen las servilletas de tela. Cada uno pasabamos por ello..por descubrir el otro mundo. Lo importante es aprender no avergonzarse de tu mundo. Tu protagonista se comportó correctamente. Besos Paloma. Me encantan tu relatos ” de niños” ¡ Execelente!

    1. No hay que avergonzarse, claro que no. De hecho, la protagonista de este relato nunca había pensado que hubiera nada malo en su vida o que otros la fueran a rechazar por tener menos. Era inocente en ese sentido.
      Gracias, Tatiana.
      Y un beso!

  12. Qué grande la dueña de la bofetada!!! A mí aún me duele en la mano la que no le di a aquella que se burló de mí, de mi ropa y de mis primeros zapatos de taco alto!! Excelente Paloma! Gracias!

    1. No sé si la torta estuvo bien o mal, seguramente no es la forma de resolver nada pero así salió.
      Las burlas son tortas emocionales y pueden doler más y dejar más huellas.
      Besos, Marta

  13. La verdad es que pedían una colleja a gritos pero, más que ellas, sus padres. Nadie tiene culpa de nacer con dinero ni de ganarlo (si se ha ganado honestamente) pero la humildad, eso que nos hace “gente” no debemos perderla nunca. Y el problema de estas chicas era que sus padres no habían sabido hacerles ver eso. Besotes!!!

    1. Es cierto, Álter, solo eran niñas maleducadas.
      Y también es verdad que nadie tiene la culpa de nacer donde nace, sea este un lugar rico o pobre.
      Muy acertado tu comentario.
      Besos

  14. Esas niñas serían ricas económicamente pero muy pobres por dentro, tan vacías que solo tenían lo material. Tú siempre has sido rica al ver y sentir la belleza en los nidos de los gorriones, en las palomas volando en picado…
    Feliz día de la poesía. Un beso de cerezo en flor.

  15. No esperaba yo el tortazo, menudo golpe de efecto. No es que me parezca bien la violencia como recurso, pero a mí esa torta me ha dejado un poco más a gusto como defensa ingenua ante tanto dueño de todo….

    1. Jajajaja, ay, la torta! Hasta yo me quedé sorprendida de que hubiera salido eso de mi mano. Fue una reacción automática ante ese avasallamiento que me pareció tan injusto y al que no estaba acostumbrada.
      Besos!!!

  16. Me he imaginado perfectamente la escena, la verdad es que no me ha costado mucho porque tu relato es de los que se leen y se ven. Y ese ese giro al final en forma de tortazo… ¡genial! Saludos.

  17. Seguramente todos los dueños del mundo proceden, con ligeras variantes, con mayor o menor hipocresía, como esas tres niñas con un padre que viaja a Noruega. Retratas con agudeza esa actitud de superioridad que desemboca en el ninguneo. Saludos cordiales.

    1. Exacto, primero te colocan en tu sitio, en el que creen que es tu sitio y que no suele coincidir con el suyo, y después pasan de ti (te ningunean). Ese suele ser el proceso. Muy bien observado.
      Saludos para ti también, Antonio

  18. Primeramente saludos. Acabo de aterrizar en tus territorios y he quedado hacia adentro. logré identificarme, no ya porque me haya pasado algo así, sino porque se percibe esa sensación de inferioridad injusta, de desencaje, de no soy suficiente, ya vividas en otro tipo de contextos; sea como sea, me parece no sólo feo y doloroso, sino innecesario. Estoy de acuerdo en que todo nos forja y que de todos aprendemos, de hecho hace un par de años escribí sobre “los torpes maestros” que inconscientemente nos ayudan en nuestro crecimiento personal, aún así no les debemos nada, pero se agradece el mejorar como ser.

    De todas formas me sigue pareciendo algo triste, discriminador y clasista. Ese tipo de comportamientos sólo nos separan, crean brechas sociales inútiles y falsos principios que a la larga nada aportan para el progreso humano.

    Déjame decirte que ellas no son dueñas de nada, podrán tener dinero y cosas por el estilo, pero ¿se gobiernas a sí mismas?, ¿se conocen a sí mismas?, ¿saben el valor de la calidad humana, de un corazón noble, de la verdad? Aunque puede ser prejuicioso de mi parte, lo dudo mucho.

    1. Hola, Kadannek
      Opino igual que tú, creo que cualquier persona con una inteligencia normal y una calidad humana también normal pensará lo mismo.
      Pero no te preocupes, de esto hace ya tanto tiempo que me da hasta risa. A lo mejor han evolucionado y son buenas personas. Y si no, peor para ellas.
      Gracias por pasarte y comentar 🙂
      Te visitaré.

  19. Bueno, pues mira, como que el tortazo no me parece mal, visto así, hasta te lo agradezco que lo incluyeras …
    Como diría mi padre:. “Cuánto tonto cría el pan”, o mi suegro: “Cada día que amanece, el número de tontos crece”.
    Una delicia cómo describes, lo vivo, oye …
    Hala, bien por el tortazo, jaja …

    Y otro besazo, Palomaescritoradeliciosa.
    🙂

  20. Quizás sólo fueran un reflejo de un tiempo durante el cual los pobres no teníamos ni donde pisar. Recuerdo una visita, ignoro cuál sería la razón a la casa de unos condes o unos marqueses. Dónde mis sabañones descubrieron lo que es tener calefacción central y como los niños bien educados atendidos por el servicio meriendan en una mesa, atisban al intruso que se rasca las orejas mientras aguarda junto a la puerta. Esa bofetada tuya, quiero pensar que fue en nombre de todos los que tendríamos que pelear duro para tener un futuro mejor. Un abrazo.

  21. En esta plaza me tiré catorce años de trabajo como profesora, recién salida de la carrera. Mi primera época laboral y de vida adulta. Muchas cosas. Hay lugares que se mencionan y le hacen a una vibrar de una manera especial y no sé por qué, porque los lugares “no son propiedad de nadie”, ¿verdad?

    Nunca se me escapó una bofetada a tiempo cuando era niña, y después tampoco, por eso celebro la que he leído en este relato tuyo. Cuánta escritura, Paloma. Besos!

    1. Qué coincidencia!!
      Sí que tendrás recuerdos del lugar, es una etapa muy significativa.
      En realidad las dueñas no actuaron en esa plaza pero sí en otro lugar. Puse ese sitio porque yo nací ahí, en el hospital Madrid, y el nombre de la plaza me parece muy gracioso, por lo largo.
      La torta a tiempo sí es verdadera. Estará bien o mal pero me quedé muy a gusto. Eran unas abusonas.
      Besos, Olga :))

      1. En el hospital de Madrid nació mi hijo mayor. Yo vivía entonces al final de la calle Magallanes. El lugar entero fue mi fragua como adulta. Que gracia y curioso. Besos☺️

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .