Bichero

Mientras espera a Jorge sentado en la escalera, levanta una piedra y encuentra una escolopendra. La engancha con un pequeño palo y  la mete veloz en su bote. Es un bote de judías marca Cidacos, la etiqueta se está borrando, la tapa tiene agujeros, se los ha hecho con la punta de un cuchillo.  La escolopendra se queda quieta en el fondo como si estuviera asimilando qué es lo que le ha pasado y luego intenta trepar con sus múltiples patas por las paredes de cristal. Se resbala y vuelve al fondo, donde se agita.

Fue  su abuelo quien le enseñó a distinguir insectos y las tácticas para atraparlos. Entonces vivía allí un petirrojo llamado señor Mirko,  llegaba cada mes de julio y anidaba en la tinaja de barro de la entrada, en septiembre se marchaba, igual que ellos. Cuando aparecía, su abuelo se ponía muy contento y hablaba con él de lo que había hecho durante el invierno. Nada, en realidad. No había hecho casi nada,   pero  al señor Mirko le daba lo mismo que el relato fuera aburrido porque lo que quería era comida y se la daban. Mientras,  hacía como que escuchaba ladeando la cabeza con atención. En la antigua casa del pájaro hay geranios que ha plantado su madre  y él, aunque sabe casi seguro que Mirko no está y que no va a volver,  mira dentro todos los días, un poco por costumbre y otro poco porque tiene una pequeña esperanza.

Y justo ayer mientras estaba encerrado con los deberes que le obligan a hacer cada día y que casi nunca hace,   su amigo Jorge encuentra una mantis.  Ahora todas sus capturas de tres días no valen nada. Ni el escarabajo que parecía una joya brillante ni los chinches con caparazones como escudos de guerreros africanos ni los tres bichos palos ni la libélula azul ni esa misma escolopendra, aunque sea venenosa y su picadura duela tanto que hasta te pueda hacer vomitar  y temblar. Él quería enseñársela a María, una de las niñas de la casa de al lado,  ya le regaló una libélula y ella se rió con su diente partido por la mitad. Jorge dice que tiene risa de tiburón pero a él también le gusta aunque no lo reconozca, es la única que  no grita qué asco ni sale corriendo  cuando se presentan  con los bichos, tampoco ensaya bailes con las otras. Se baña tanto en la piscina que se le ha puesto el pelo verde.

Jorge lleva la mantis en un tarro de plástico donde antes había limón granizado.  Se sienta a su lado en la escalera y la observan para saber si es macho o hembra, él sabe cómo se averigua, hay que contar los segmentos de la tripa, si tiene ocho es macho, si tiene seis es hembra. Las hembras son caníbales. Le tiran dos moscas pero no se las come,  es como si se supiera  observada,  se queda quieta con las patas delanteras juntas, parece que reza, de esa postura le viene el añadido de religiosa. Saltan la valla para pasar al jardín de al lado, donde viven las niñas. Antes de que se acerquen ya están gritando, corren en dirección a la casa donde ellos no pueden entrar y se asoman por una de las ventanas de arriba.  A él le llaman el Bichero pero a Jorge por su nombre. Preguntan por María y  ellas,  con risitas vengativas, les dicen que no  está, que se ha ido a la playa todo el mes.  Por un lado se alegra, así Jorge no puede hacerse el chulo con la mantis, por otro le fastidia mucho, como si le hubieran quitado al verano un trozo muy grande. Cuando se dan media vuelta para marcharse, las tontas les tiran desde arriba un vaso de agua. Ellos lanzan piñas a la ventana hasta que se aburren.

Vuelven a las escaleras de su casa  a observar sus bichos respectivos, ¿qué hacemos ahora?, le pregunta Jorge. Siempre quiere que sea él el que se invente los planes,  el que diga lo que va a venir a continuación y algo está a punto de inventar porque a ninguno le gustan los huecos libres y sin actividad, cuando observa con horror que su madre ha preparado en la mesa de fuera el material para los deberes. El cuaderno, el lápiz,  el sacapuntas y una goma de borrar, todo muy colocado.  Si te pones ahora mismo  y no te distraes los acabarás enseguida y podrás jugar, le dice saliendo con un tomate mojado entre las manos.  Jorge se escabulle por la puerta del patio,  por si acaso. Seguro que encuentra otra mantis mientras él está sentado, encerrado aunque esté al aire libre.

Han debido de pasar por lo menos tres horas y solo ha resuelto un problema, cree que mal, se desespera pero ya ha decidido que no va a hacer nada, siente un torcido placer en desobedecer aunque hacerlo le suponga no poder moverse de ahí en toda la mañana. Mira dentro de la tinaja, Mirko no está, ya lo sabía. Suelta a la escolopendra, la vuelca debajo de la piedra y se la vuelve a colocar encima. Un abejorro muy gordo y muy negro zumba sobre las flores y él se pone a dar saltos hasta que suda, saltos y más saltos. Después se cuelga por los pies de la barandilla. Boca abajo se balancea, le  gustaría ir a la playa con María, en las rocas hay cangrejos, se lo dijo un día.

 

 

 

 

 

 

 

36 comentarios en “Bichero

  1. Me entretuvo muchísimo esta narración. A momentos me llevó a mi propia infancia, en la que si bien, no era tan valiente para tocar con mis manos a los insectos, sí los observaba con mucha atención en cada una de sus travesías; hormigas, maraquitas, “pololos” (cuyo nombre real no recuerdo. Lo curioso es que así mismo se le llama a las personas que son novios en este país), mariposas, abejas y otros. Su mundo es laborioso e interesante, con similitudes y grandes diferencias a la vez en comparación con el nuestro, y sin embargo, convivimos en el mismo ecosistema… Qué cosa tan bella.

    Me gustó mucho María, aunque casi no apareció en esta historia, me cayó bien; es una niña natural, atípica, entiendo por qué a él le gusta.

    Los protagonistas son encantadores también, cada uno a su manera. Me agradó conocerlos.
    De verdad, bonito trabajo.

    1. Gracias, Kadannek.
      Yo también fui más bien observadora, tampoco me atrevía a tocar pero sí miraba. Se pueden hacer muchos paralelismos entre la vida de algunos insectos sociales, como las hormigas, y nuestra propia organización humana. Pololos, ¿serán abejorros?, es muy graciosa la palabra.
      Me alegra que te haya caído simpática María y el resto de los personajes del relato.

    1. Muy agraciada no es y encima es venenosa pero seguramente tiene alguna utilidad.
      Pues no te habrán gustado porque en general son feos, aunque hay quién les encuentra interés y belleza.

      Besos

  2. Me encanta tu relato, me coloca en la infancia cazando mariquitas, escarabajos y renacuajos. Siempre quise ver toda la metamorfosis de la rana, pero mi madre siempre acababa tirándome los frascos con los bichos.

    Manejas el relato como quieres con cuatro trazos tus personajes cobran vida.

    Gracias.

    Un beso.

    1. Fuiste curiosa y bichera. Un poco científica también.
      A mí sólo me gustaban los “bonitos” como mariquitas, mariposas o libélulas. Pero a tocarlos no me atrevía.
      Eres muy buena lectora, Ilduara, es un gusto tenerte por aquí.
      Besos!!

  3. La afición por los bichos debe de ser un rasgo común a la mayoría de los niños. A mí me gustaba también cogerlos y meterlos en un bote o en una caja. Mis preferidos eran las lagartijas que son difíciles de atrapar. Todavía me atraen.

  4. Tierno 😊. Pero me ha desviado la atención el ver que se dice escolopendra y no escalopendra como decía yo. Tanto que me reía de mi abuela que decía visícula…. Justicia poética? Besos

  5. Que curioso que casi a todos los niños les atrae el mundo de los insectos . Me fascinaban las hormigas corriendo y corriendo en su interminable fila concentradas, ordenadas e incansables. ¡ Cuanta curiosidad tenemos en la niñez ! Da pena que la perdemos con la edad . Menos mal , que alguna observadora y pensadora como tu nos vuelve atras , a nuestra infancia llena de maravillosos descubrimientos. Un beso.

    1. Cuando ves a las hormigas tan afanadas y organizadas y te das cuenta de que con solo un pisotón lías una masacre….piensas.
      Pues sí, es una pena perder el asombro.
      Gracias, Tatiana
      Y besos!!

  6. Me gusto mucho este relato. A ver si un día nos regalas una historia como esta con una niña como protagonista… jejeje soy algo feminista pero sólo porque de niños hay ya muchos buenos relatos.

  7. Nunca me dio por los bichos, ni para estudiarlos ni para torturarlos. Odio a los mosquitos (siempre van a por mí) y me caen bien las arañas o cualquier otro bicho que se coma a los mosquitos, me imagino que también las escolopendras ¿Seguirás la serie con los cangrejos? Saludos.

    1. Yo nunca he podido ver cómo torturaban a los bichos, no sé si sienten dolor pero no me gusta ver sufrir a nada.
      Y también odio a los mosquitos, sobre todo los trompeteros que no te dejan dormir.
      No sé si seguiré con los cangrejos, creo que no, ya está bien de fauna por el momento.
      Un saludo, Raúl y buen fin de semana!!

  8. Contigo se acaban los adjetivos!!!
    Eres maravillosa, es un relato perfecto
    Y esa niña!
    Y ese protagonista, que no quiere hacer los deberes…como lo entiendo!!! Siempre fui muy buena alumna , pero mas que nada para no aguantar a mi madre…
    Te admiro

  9. ¿Sabes? Yo una vez metí el pie en una bota y dentro había una escolopendra que me “mordió” un dedo y saqué el pie como un personaje de tebeo con el insecto (bien gordo) agarrado a mi. Tienen un poco de veneno porque tuve el dedo hinchado hasta una semana después.
    Me ha encantado el niño remoloneando con los deberes y el verano y la niña que se ha ido y el frasco de los bichos. Lo has forjado todo de maravilla ☺️👏👏😚

    1. Ufffff,¡ qué dolor!, claro que tienen veneno, no me extraña que se te inflamara.
      Y gracias, Note. Me alegro que te haya gustado el relato pese al mal recuerdo del “mordisco”
      Muchos besos :))

  10. Me has recordado el libro : “el curioso mundo de Calpurnia Tate”. Aunque en este caso, la protagonista es una chica, muy bichera y con abuelo incluido.
    La curiosidad por la naturaleza… me encanta.
    Besosssss

    1. Es un libro que pensé que tenía que leer cuando salió porque me parecía muy atractivo y entrañable. Pero lo dejé pasar y se me escapó.
      Bueno, todavía estoy a tiempo.
      Gracias por recordármelo.
      Besos, Maite

  11. Escolopendra … aggg, esos bichos no me gustan …
    Me has recordado a mis hermanos y sus botes con renacuajos o grillos …
    Pobrecitos, menos mal que mi madre, al final, los convencía para liberarlos …
    A mí me gustaban las mariquitas, libélulas y mariposas … pero sin botes, ya tenía bastante con sufrir la fauna de mis hermanos …
    Muy bueno, Paloma.

    Un beso. 🙂

  12. No descarto que tengan futuro con eso de cazar bichos. Tal vez «Bichero» sea una nueva profesión dentro de poco, parece que los famosos se dedican a comer insectos, que dices que son más nutritivos que la carne. Yo creo que adelgazaré 😀 😀 😀 😀

  13. Hermosa narración, me fue llevando poquito a poco al sentir del niño por los bichos, a la gran aventura que es descubrir su mundo y poderlo compartir con aquel ser que llena tu alma, más cuando no los ve con ojos de horror.

  14. Me parece que el primer deber de Jorge y de Bichero es preservar su libertad veraniega, la cual pasa por encerrar a todo bicho viviente y escapar del lapìcero. Me gusta penetrar en los mundos que construyes con las palabras, son unos lugares magníficos para habitar en ellos. Bueno es que además les suelo poner música que adorna lo suyo. Un abrazo.

    1. Estoy de acuerdo contigo, los niños tienen que luchar por su libertad veraniega, qué mejor puede haber en la infancia que eso.
      Gracias, Carlos.
      Y me encanta que me pongas música a las entradas. Tienes muy buen gusto.
      Besos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .