Día: 14 mayo, 2018

Radicales libres

La sala de espera está decorada siguiendo las normas del feng-shui, por si acaso. Un ramo de margaritas naturales colocado en un jarrón recibe con alegría amarilla a los pacientes. Junto a él, un letrero de madera los orienta y sitúa, también por si acaso: “Claudio de Diego, especialista en medicina naturista y biológica”. Una fuente de agua azul sobre una repisa fluye sin parar. Será por eso que todos se levantan tanto al baño, ese ruidito…la tendría que quitar a ver si se están quietos en sus sillas pero no se decide a eliminar el elemento agua. Tiene que contrarrestrar la predominancia del elemento madera ya que tanto la mesa como las sillas y los estantes son de ese material. La madre que parió al feng-shui y encima ninguno lo sabe apreciar.

De lo que sí se enteran es de lo que ven desde sus asientos los breves instantes en los que levantan las cabezas de los teléfonos. Al fondo, en dos cuartos con las puertas siempre abiertas de forma intencionada, hay dos imponentes máquinas. Eso es lo que les gusta de verdad, las aristas rotundas y el misterioso funcionamiento de sus bichas. Se sienten seguros cuando los conecta a ellas, su materia modulada por los poderes tecnológicos. Si lo sabrá él, por eso no deja de pregonar sus beneficios en cuanto un nuevo ser dolorido y quejoso se sienta amedrentado en una de las sillas de madera y atisba en la lejanía a las dos diosas metálicas.

Hoy no tiene ningunas ganas de contar lo mismo de siempre pero, qué remedio,  lo hace. Asoma sus zuecos de goma de color morado y recita mirando a los nuevos,  que a su vez miran a las máquinas con una mezcla de reverencia y temor ,”transmiten una corriente eléctrica a bajo voltaje que calma el estrés y disuelve los nódulos de energía estancada”. Ahí queda eso, pazguatos, piensa.  En estos momentos tiene conectada a Violeta, esa señora con dolor articular.  De vez en cuando se acerca a controlar,  el pelo crespo, erizado como si también él acabara de salir de la máquina y se hubiera electrocutado,  la refulgente corbata en llamativos rojos y verdes escapando indiscreta de la bata blanca.

-¿Cómo va todo, Violeta, se encuentra bien? Huy, cuánto estrés le da, dice mirando unos números que salen en una pantalla, pero no se preocupe, verá que relajada sale.

A ver si es verdad, contesta la otra un tanto desencantada.

-Pues claro que es verdad, es electro acupuntura, son los meridianos  por donde circula la energía. y nosotros somos energía, ¿qué otra cosa somos?

Está bastante harto de tener que dar tantas explicaciones básicas, de tener que dar tantas explicaciones en general, para qué habrá puesto los folletos encima de la mesa si luego nadie se los lee. Conduce al quinto paciente de la mañana hasta la otra máquina, un joven enclenque que dice que le duele la cabeza a todas horas, a todas, todas.

Te va a detectar el grado de oxidación en diez minutos porque aunque tú eres joven,  una cosa es la edad real y otra la biológica. Si te salen muchos radicales libres ya veremos lo que hacemos, puedes tener un desequilibrio…pues sí que te da radicales, sí,  no me gusta un pelo,  qué cantidad de ellos, ¿eres fumador? Ha conseguido asustar al enclenque.

-No, ya no, lo dejé hace tiempo, dice con voz temblorosa el tirillas.

-Pues tienes que estar expuesto a alguna fuente muy potente de contaminación ambiental. Te vas a tomar estas cápsulas de vitamina E y magnesio durante dos meses, ya verás como cuando vuelvas y te analice la máquina otra vez, te habrán bajado los radicales.

-Pero eso de los radicales, ¿es peligroso?

Hombre, son átomos sin un electrón, eso es todo, no te líes.

El chico sale bien aferrado a su caja vitamínica sintiendo que una guerrilla de átomos desparejados se amotina en su interior. Pero para guerrilla la que tiene liada con la agenda Claudio de Diego, entra un momento en su despacho para consultarla. Este idiota le anuló a última hora, esta otra ya ha cambiado tres veces la cita y este…tiene que contratar un ayudante pero de momento se las apaña como puede. Y encima venga a sonar el teléfono.

Hola, Angelita, dígame, ¿que se encuentra peor?, ¿y eso?, ¿se ha tomado el extracto de papaya como le dije?, ¿y nada? Peor que antes. Eso ya se lo advertí, tenga en cuenta que el cuerpo mientras se depura es normal que reaccione así, revolviéndose, pero esto no es más que una fase transitoria, ¿cuántos días dice que lleva?, ah bueno, bueno, que  no son tantos, no son tantos, venía usted muy intoxicada, el organismo está respondiendo, tómese la papaya, hágame caso.

Al que le está empezando a doler la cabeza y mucho, a violentos martillazos,  es a él. Se la sujeta entre las manos, apretándose las sienes como si así pudiera contener la otra presión, la que viene de dentro. Estornuda. Y ahora la alergia, por si fuera poco, a ver si van a ser las margaritas… se suena ruidosamente. Enfrente, sobre un estante, se alinean bien guardados en cajas y botes todos los productos naturales sanadores, los preparados homeopáticos, los remedios fitoterapeúticos.  Abre el cajón y saca una caja de lorazepam,  se toma medio y vuelve a  recorrer el pasillo de sus desdichas  hasta llegar a la máquina donde Violeta sigue conectada. Alguna que otra vez, mientras camina con prisa,  la goma de los zuecos se queda pegada al suelo y da un traspiés, resistiéndose a seguir,  solo le faltaba accidentarse.

Ya la voy a liberar, mujer,  ¿a que se encuentra mucho mejor?

Psss, de momento no noto nada.

De momento no notará, pero ya verá dentro de un rato qué relax.

Y llaman a la puerta,  otro a traerle y contarle penurias.  Será bueno para el negocio pero lo que es para su salud, hoy no los aguanta. Tensa todos los músculos, aprieta las mandíbulas, siente que el pulso se le acelera y una opresión le atenaza el pecho. Es cansancio, no ha pegado ojo. Fuerza la sonrisa, el paciente, al que ya conoce, encima es recalcitrante,  recibe la visión de sus afilados incisivos, parece un felino presto al ataque.

Nada, que no duermo.

-¿Ha hecho lo que le mandé? Porque son muy desobedientes, no me hacen caso y luego vienen diciendo que están mal. Sea sincero, ¿ha respetado los horarios que le puse y se ha tomado el preparado de plantas que elaboré para usted?

Básicamente, sí, pero, nada, que me paso la noche dando vueltas, yo creo que las hierbas a mí no me hacen nada, ¿no podría tomarme algo más fuerte?

Básicamente…entonces deduzco que no del todo. Seamos serios, si no me sigue el tratamiento qué viene luego a quejarse. Tiene que empezar otra vez y repetirlo punto por punto durante un mes como mínimo. Con lo natural hay que ser constante y tener paciencia. Y de tomar algo más fuerte, nada, que crea hábito.

No los aguanta, hoy no. Atraviesa el pasillo, hay una ventana por donde se cuela un rayo de luz, al tocar el suelo se amplía y forma un franja ancha y caliente. Ahí le gustaría quedarse, si pudiera desaparecer en esa luz… Entra  en su despacho y se toma el otro medio ansiolítico. En el bolsillo de la bata se guarda otro más, tocarlo con las yemas de los dedos ya le tranquiliza.  Los zuecos de goma morados avanzan por el pasillo pisoteando saltarines y díscolos radicales libres.

 

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