Día: 17 mayo, 2018

Tercero de infantil

Durante el primer año, algunas tardes, muchas, casi todas,  se tiraba al suelo y pataleaba cuando salía del colegio. Se negaba a moverse de ahí  y aunque no sabía por qué, estar boca abajo, dar patadas contra la tierra, que se le se quedara pegada en la boca mezclada con la saliva, ponerse muy sucio, gritar, todo eso  le aliviaba. También llorar aunque entonces no sabía llorar bien y una vez que empezaba  no podía parar cuando quería, se ahogaba y tenían que venir corriendo a darle golpes en la espalda.  Eso que hacía era montar un pollo, se lo oyó decir a su madre. Muchas tardes, casi todas, montaba un pollo. Puede que porque había una niña en su clase, Elsa,  que le quitaba el gorro cuando estaban en la fila y se lo tiraba al suelo, después se lo pisaba y se reía.

O puede que fuera porque Laura, la profesora, le obligaba a comer el bocadillo cuando no tenía hambre pero no se lo dejaba comer cuando sí la tenía, porque le hacía tumbarse para dormir cuando no tenía sueño, la clase a oscuras le daba miedo y su compañero Sergio, que tampoco se dormía,  se pasaba la siesta dándole patadas, primero flojas y luego fuertes.  Porque en el comedor le ponían judías y  de postre una cosa asquerosa , melocotón en caníbal, que se resbalaba en el plato. Y  porque estaba cansado y tirarse al suelo le descansaba.

Todo eso que no le gustaba el primer año y en realidad tampoco el segundo,  es obedecer y las obligaciones. Todos tienen eso, también sus padres que siempre van corriendo a obedecer y a las obligaciones. Poco a poco se va a acostumbrando y el segundo año se tira menos al suelo,  ya solo de vez en cuando. Tampoco lleva ya gorro de lana por las mañanas, es de bebés y él ya no lo es, así que Elsa no se lo  puede quitar  en la fila  pero, a cambio, le pincha con la punta del lápiz y le tira del jersey hacia  atrás. Él ya no se está quieto aguantándose la rabia,  se da la vuelta y la empuja y Laura casi todos los días los manda un rato al pasillo a pensar. Pero en vez de pensar, saltan.

Durante la excursión a la granja escuela va sentado con Sergio, como él quería porque ahora son amigos,  pero Elsa se sienta detrás, y le pega un chicle en el pelo.  Él la muerde tan fuerte en el brazo que  le hace un poco de sangre,  Laura le pregunta que si es caníbal, como el melocotón del comedor. No sabe qué contestar y no contesta nada, baja la cabeza pero no está arrepentido.  Todos montan en un burro pequeño, dan tres vueltas, hay polvo y hace calor, a cada uno le hacen una foto, esa foto está pegada con chinchetas en la pared de su cuarto pero a él no le gusta mirarla.

En el tercer año ya nunca monta pollos, cuando está enfadado chuta muy fuerte a la pelota, corre y suda.  Algunos niños pequeños sí los montan y él los mira desde arriba, con superioridad de escolar experimentado. Laura les está enseñando a leer y a escribir porque cuando acabe el curso todos tienen que saber. Van a pasar a primaria sabiendo.  Cuando levanta la cabeza del cuaderno, Elsa siempre le está mirando para hacerle burla, se levanta el pelo y se lo pone para arriba porque él lo tiene así, de pincho,  y luego se ríe. Le da rabia.

Laura ha conseguido que todos lean y escriban, algunos mejor y más deprisa y otros atascándose un poco, eso no importa, está contenta  y  les enseña canciones, también ha hecho un libro en el que salen ellos, cada uno se ha dibujado a sí mismo, él se ha puesto una sonrisa enorme enseñando todos los dientes aunque otro niño le ha preguntado señalándola, ¿por qué sales enfadado en el dibujo? El solo ha dicho, ¡nooooo!, gritando, porque ahora sí que se ha enfadado. La canción que más le gusta a Laura habla de una casa con palomas en el tejado, la cantan todos juntos dando palmas, levantando los brazos y después bajándolos. Está un poco harto de esa canción y de subir y bajar los brazos porque la repiten todos los días. La están ensayando para cuando vengan los padres, van a venir pronto, al final.

Ya es el final y como van a pasar a primaria y eso es muy importante,  les hacen desfilar por el pasillo del teatro, subir por unas escaleras, saludar desde arriba de dos en dos, los niños llevan  una corbata como las de los padres y las niñas unos lazos en el pelo que se les meten en los ojos,  suena de fondo una canción, les hacen muchas fotos, aplauden, les ponen una medalla hecha con cartulina y una cosa pequeña de tela sobre el  jersey. Está deseando salir para jugar a la pelota en el patio con Sergio y con otros más.  Elsa, que se cambia de colegio al curso siguiente,  le da en la mano un papel arrugado. Él se lo guarda en el bolsillo del pantalón, sin mirarlo y corre a jugar.

Es su madre quién lo encuentra cuando va a meter la ropa en la lavadora, en el papel dice: “todo el año e cerido casarme contigo” y debajo está escrito su nombre metido dentro de una nube.

Su madre se ríe muchísimo,  no le gusta cuando su madre se ríe tanto, tampoco cuando se pone loca y baila. No quiere que se ponga loca. Cuando hace tonterías, se tapa los ojos, avergonzado. Se los tapa y dentro de la oscuridad de sus manos está el verano que ya empieza y todo lo de atrás se le olvida, lo de tercero de infantil  y lo de segundo y lo de primero. Pronto se va a ir la playa, donde vive el mar, también sus primos viven ahí.

 

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