Tercero de infantil

Durante el primer año, algunas tardes, muchas, casi todas,  se tiraba al suelo y pataleaba cuando salía del colegio. Se negaba a moverse de ahí  y aunque no sabía por qué, estar boca abajo, dar patadas contra la tierra, que se le se quedara pegada en la boca mezclada con la saliva, ponerse muy sucio, gritar, todo eso  le aliviaba. También llorar aunque entonces no sabía llorar bien y una vez que empezaba  no podía parar cuando quería, se ahogaba y tenían que venir corriendo a darle golpes en la espalda.  Eso que hacía era montar un pollo, se lo oyó decir a su madre. Muchas tardes, casi todas, montaba un pollo. Puede que porque había una niña en su clase, Elsa,  que le quitaba el gorro cuando estaban en la fila y se lo tiraba al suelo, después se lo pisaba y se reía.

O puede que fuera porque Laura, la profesora, le obligaba a comer el bocadillo cuando no tenía hambre pero no se lo dejaba comer cuando sí la tenía, porque le hacía tumbarse para dormir cuando no tenía sueño, la clase a oscuras le daba miedo y su compañero Sergio, que tampoco se dormía,  se pasaba la siesta dándole patadas, primero flojas y luego fuertes.  Porque en el comedor le ponían judías y  de postre una cosa asquerosa , melocotón en caníbal, que se resbalaba en el plato. Y  porque estaba cansado y tirarse al suelo le descansaba.

Todo eso que no le gustaba el primer año y en realidad tampoco el segundo,  es obedecer y las obligaciones. Todos tienen eso, también sus padres que siempre van corriendo a obedecer y a las obligaciones. Poco a poco se va a acostumbrando y el segundo año se tira menos al suelo,  ya solo de vez en cuando. Tampoco lleva ya gorro de lana por las mañanas, es de bebés y él ya no lo es, así que Elsa no se lo  puede quitar  en la fila  pero, a cambio, le pincha con la punta del lápiz y le tira del jersey hacia  atrás. Él ya no se está quieto aguantándose la rabia,  se da la vuelta y la empuja y Laura casi todos los días los manda un rato al pasillo a pensar. Pero en vez de pensar, saltan.

Durante la excursión a la granja escuela va sentado con Sergio, como él quería porque ahora son amigos,  pero Elsa se sienta detrás, y le pega un chicle en el pelo.  Él la muerde tan fuerte en el brazo que  le hace un poco de sangre,  Laura le pregunta que si es caníbal, como el melocotón del comedor. No sabe qué contestar y no contesta nada, baja la cabeza pero no está arrepentido.  Todos montan en un burro pequeño, dan tres vueltas, hay polvo y hace calor, a cada uno le hacen una foto, esa foto está pegada con chinchetas en la pared de su cuarto pero a él no le gusta mirarla.

En el tercer año ya nunca monta pollos, cuando está enfadado chuta muy fuerte a la pelota, corre y suda.  Algunos niños pequeños sí los montan y él los mira desde arriba, con superioridad de escolar experimentado. Laura les está enseñando a leer y a escribir porque cuando acabe el curso todos tienen que saber. Van a pasar a primaria sabiendo.  Cuando levanta la cabeza del cuaderno, Elsa siempre le está mirando para hacerle burla, se levanta el pelo y se lo pone para arriba porque él lo tiene así, de pincho,  y luego se ríe. Le da rabia.

Laura ha conseguido que todos lean y escriban, algunos mejor y más deprisa y otros atascándose un poco, eso no importa, está contenta  y  les enseña canciones, también ha hecho un libro en el que salen ellos, cada uno se ha dibujado a sí mismo, él se ha puesto una sonrisa enorme enseñando todos los dientes aunque otro niño le ha preguntado señalándola, ¿por qué sales enfadado en el dibujo? El solo ha dicho, ¡nooooo!, gritando, porque ahora sí que se ha enfadado. La canción que más le gusta a Laura habla de una casa con palomas en el tejado, la cantan todos juntos dando palmas, levantando los brazos y después bajándolos. Está un poco harto de esa canción y de subir y bajar los brazos porque la repiten todos los días. La están ensayando para cuando vengan los padres, van a venir pronto, al final.

Ya es el final y como van a pasar a primaria y eso es muy importante,  les hacen desfilar por el pasillo del teatro, subir por unas escaleras, saludar desde arriba de dos en dos, los niños llevan  una corbata como las de los padres y las niñas unos lazos en el pelo que se les meten en los ojos,  suena de fondo una canción, les hacen muchas fotos, aplauden, les ponen una medalla hecha con cartulina y una cosa pequeña de tela sobre el  jersey. Está deseando salir para jugar a la pelota en el patio con Sergio y con otros más.  Elsa, que se cambia de colegio al curso siguiente,  le da en la mano un papel arrugado. Él se lo guarda en el bolsillo del pantalón, sin mirarlo y corre a jugar.

Es su madre quién lo encuentra cuando va a meter la ropa en la lavadora, en el papel dice: “todo el año e cerido casarme contigo” y debajo está escrito su nombre metido dentro de una nube.

Su madre se ríe muchísimo,  no le gusta cuando su madre se ríe tanto, tampoco cuando se pone loca y baila. No quiere que se ponga loca. Cuando hace tonterías, se tapa los ojos, avergonzado. Se los tapa y dentro de la oscuridad de sus manos está el verano que ya empieza y todo lo de atrás se le olvida, lo de tercero de infantil  y lo de segundo y lo de primero. Pronto se va a ir la playa, donde vive el mar, también sus primos viven ahí.

 

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44 comentarios en “Tercero de infantil

  1. ¿Por qué será que los niños no son capaces de demostrar amor si no es mediante el “chinchamiento”? Las relaciones personales son complicada ya desde la infancia. Jajajaja. Besotes!!!

  2. Odio las judías, así que te puedo asegurar que me he identificado con el chaval desde el comienzo del relato. Con el melocotón en caníbal me he partido de risa y con la frase de Elsa ni te cuento. Hay que ver lo rápido que pasamos de novato a veterano, sobre todo a ciertas edades. Saludos.

    1. Jajajja, qué empático, Raúl.
      La frase de la nota es verídica, tal cual. A mí me encanta. La del melocotón también lo es.
      Es verdad, en cuanto te quieres dar cuenta ya eres veterano, demasiado deprisa pasa todo.
      Un saludo!!

  3. Ay Paloma, me has hecho morir de amor con el “cerido casarme contigo”.. cuánta niñez, cuánta inocencia, cuánta sinceridad!!

  4. Tuve la alegría de ser maestra de los más pequeños y me desbordaron los recuerdos cuando leí “cerido”….Gracias, Paloma

  5. Ohhh, “todo el año e cerido casarme contigo”, solo leer esto, ya define todo el texto, ¡maravilloso!
    Ay, qué riquina Elsa. ¿Es real? Para achucharla. 🙂

    Un beso y achuchones, Paloma. :))

    1. Digamos que está basado en hechos reales. La nota con la declaración de amor sí que es real y su autora también, claro. Pero ya no será una niña.
      Gracias, Rosa 🙂
      Un abrazo bien fuerte

  6. Que dura es la vida, pero es que lo es desde el principio. Nos salvan los pequeños momentos de ternura, aunque después montemos un pollo.

    Maravilloso relato, Paloma. No me canso de repetirlo, eres genial.

    Un beso.

    1. Es verdad, nunca es fácil. Y si no montamos más pollos es porque nos han domesticado y porque, como bien dices, existen esos momentos salvadores.
      Muchas gracias siempre, Ilduara
      Y besos!!!

  7. Eres una gran pedagoga y muy buena psicóloga . Serías una maestra estupenda. ¡ Muy , muy buen texto!
    -Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos.-Antoine de Saint-Exupery.

    1. Me encanta la frase, no la conocía.
      No creo que fuera buena maestra, de verdad, me falta paciencia y con los niños hay que tener mucha.
      Gracias, Tatiana
      Besos

    1. A ti por leerla, Carmen.
      Ya vivimos amores y desamores desde pequeños, lo bueno es que a esa edad el olvido es rapidísimo, hay tanto nuevo!!!
      Muchos besos 🙂

  8. ¡Jo! Qué ricos estos niños. Me encantan, me recuerdan un poco a mis hijos cuando iban a infantil. Y esa graduación!!!!
    Te felicito por tu relato, extraordinario como siempre.
    Besossssss

  9. Es una historia bonita, retratas muy bien a los niños y su mundo. También el de los adultos, sometiéndolos a una domesticación, haciéndoles alejarse de su esencia, bien lo dices “……es obedecer y obligaciones”. El final lo máximo que le puede pasar a un niño “esclavizado”, irse al mar!, pues en sus aguas se limpia todo y renace la ¡Libertad de Ser!
    “…..dentro de la oscuridad de sus manos está el verano que ya empieza y todo lo de atrás se le olvida….”, un abrazo

    1. Lo has entendido a la perfección, Themis.
      Se nota que conoces a los niños y a los que ya no lo son 😉
      Un beso para ti, tú también estás donde vive el mar, qué afortunada!!

  10. Melocotón en caníbal, ¡vaya postre raro! No es de extrañar que el niño se rebote. Por eso y por todo lo demás. Y es que la socialización o la domesticación cuesta sangre, sudor, lágrimas y buenas pataletas. Poco a poco lo va superando. Como nos ha pasado a todos.

  11. También me descojoné con el melocotón en caníbal. Es genial. Me identifico con casi todo: con el derecho a las pataletas, con el repudiar las obligaciones, deberes, compromisos… Como bien dicen, has sabido retratar muy bien el mundo de los niños.
    Lo de la niña lo sospeché y lo acerté.
    (SIgo muy liado y encima llevo unos días nada brillantes, ni animosos. Estoy cansado y también desanimado y desmotivado, sin ganas casi de interaccionar. Espero que se me pase, no es nada letal, jaja). Besos.

    1. Me uno a vuestro club, ese del desánimo, si os parece lo hacemos tipo terapia de grupo y cuando apretemos el intro, volvemos a la realidad de…… Será la primavera que todo lo altera, menos mal que son unos meses y luego llega el verano, que según dicen los expertos da vida….Un abrazo muy fuerte al grupo de desanimados, creo que se pasa…sino siempre nos quedará la terapia

    2. Es buenísimo lo del “melocotón en caníbal”, frase no inventada por mí.
      Ánimo con el desánimo, What. Supongo que es una racha y que un viento fuerte se la llevará. Te entiendo.

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