Adrián mental

A las cuatro, esa hora soporífera, llegó el encargado, hizo unos cuantos aspavientos señalando la gotera y comprobó que no se había agrandado.  El día anterior le habían dibujado un borde verde y seguía ahí, contenida en su frontera. Luego las reunió  en el cuarto donde comían, el mismo donde también guardaban los tintes y otros productos capilares, para darles la charla habitual.

A ver si me vendéis algo de todo esto, ya sabéis el sistema, primero se  saca el defecto, la pega, y a continuación,  pero con disimulo, sin que se note que una cosa tiene que ver con  la otra,  se ofrece  la solución. Y  ponéis los botes bien a la vista, delante, para que los tengan presentes. La gotera  la seguís vigilando, si se pasa de la raya, me avisáis. Esto último podía ser una gracia, se rieron un poco por si lo fuera. Desde la puerta, con todo el cuerpo ya en la calle menos un pie calzado con un zapato negro, puntiagudo y reluciente, que seguía dentro, dijo, “y no se os olvide sonreír, sonreír,  es gratis”.

Qué gilipollas es este tío, dijo Adela en cuanto el zapato salió también. Pero no le dio tiempo a desahogarse con sus compañeras porque acababa de entrar una mujer, llevaba una melena abultada y rizada y mientras le ayudaba a quitarse la chaqueta,  pensó de manera robótica: defecto, pelo seco.

Mala suerte, Pelo seco era del modelo hablador. Se lo contó  a Adrián. Odio a estas pavas que no se callan, te lo juro. Se lo contó mentalmente porque él no estaba ahí, pero sí estaba y desde dentro,  sin mover los labios, no hacía falta, le contestó, “no hagas caso, Ade, tú a lo tuyo, desconecta mientras hablan”. Su Adrián mental tenía casi siempre la respuesta adecuada, el de verdad, el que se encontraba en casa cuando volvía de trabajar, a veces sí y otras, pues no.

Eso intentó, desconectar, pero no era fácil. No es tan fácil, Adrián,  Pelo seco es muy pesada. Voy a traerte a mi hijo para que le cortes el pelo, le estaba diciendo, es que él se lo quiere dejar largo pero el problema es que en vez de crecer hacia abajo le crece hacia arriba y por los lados. En el colegio le llaman arbusto.

No te lo pierdas, Adrián, arbusto, dice, me meo. Adrián se rió con ella sin que nadie en la peluquería se diera ni cuenta. Habían entrado dos señoras más, el zumbido de los secadores añadía sueño a su sueño, le pesaban los párpados, tanto que pensó que se le iban a cerrar,  pero ya estaban a punto de salir de las cuatro de la tarde, eran las cinco menos cuarto, y a partir de ahí las cosas mejoraban, como si algo se desatascara.

A partir de las cinco me encuentro mejor, Adri. Él la  acarició el pelo,  suave,  teñido con mechas azules.

Le crece así, seguía explicando la obsesiva de Pelo seco,  con los brazos dibujaba  la silueta capilar de Arbusto y no miraba ni de reojo el bote de mascarilla ultra hidratante y alisadora que Adela le había puesto delante, sobre el mostrador, al lado de su bolso.  Y claro, le queda mal, él se cree que va muy guapo pero la verdad es que estaría mucho más favorecido si se lo arreglara un poco. A ver si tú le puedes convencer pero antes tengo que conseguir que quiera venir, no quiere, dice que se lo vas a cortar y como se lo quiere dejar largo…

Pero cómo se puede ser tan cotorra, ¿y te has fijado en que ni mira el bote? Y cuando le he dicho que tenía el pelo muy mal, seco, ni me ha contestado. Se cree el encargado que es fácil venderles algo, pues no son poco agarradas, si algunas ni se quieren lavar la cabeza, te sueltan que se lo acaban de lavar en casa y que se lo peines directamente, ¿te lo puedes creer, Adrián? Y no será porque no tienen pasta, llevan bolsos buenos y ropa cara, ¿cuánto tiempo hace que no me compro yo ropa? He visto una cazadora súper chula cuando venía de camino, negra.

Te quedaría guay, mejor que a cualquiera de esas, dijo él,  y volvió a deslizar la mano, que era grande y acogedora, por las mechas azules. Al llegar al cuello se lo masajeó porque cuando se tensaba se le agarrotaba y él lo sabía. Ese Adrián de dentro todo lo sabía y todo lo acertaba. El de fuera… todo, todo, no.

O estaba alucinando o la gotera se había extendido por la parte superior, sí, por ahí se salía de la raya verde, todavía no mucho pero estaba claro que avanzaba. Ay, Adrián, qué coñazo la gotera, me veo que hay que llamar otra vez al seguro, que se nos vuelve a inundar, la que se lió la última vez,  acabé molida y el encargado no paraba de venir a vigilar y ya de paso a meterse en todo.

No te adelantes a los acontecimientos, dijo él en la peluquería, ya verás como no va a más. Sin embargo en casa lo que dijo fue, ¿quién saca hoy al perro tú o yo? estoy machacao.  Pues anda que yo…me duele todo. Y se iba a poner a contarle, ahora en voz alta,  lo de la gotera y lo de la madre de Arbusto y lo de que el encargado les pide que sonrían, que sonrían, que sonrían y que entre cuatro y cinco se le cierran los ojos y le pesan las piernas y que ha visto una cazadora que le gusta y que a lo mejor se la compra pero intuye que Adrián no le va a hacer caso, eso se nota, lo acaba de notar.  Así que baja al perro  y mientras da la vuelta a la manzana ve una media luna preciosa y reluciente y encima una estrella, la primera de la noche,  pero, rencorosa, eso no se lo cuenta.

34 comentarios en “Adrián mental

    1. Pero a veces los de dentro se portan peor que los de fuera, eso depende de nuestro ánimo.
      Vaya lío que me estoy armando yo sola!!
      Los repliegues…me ha gustado eso, muy acertado.

  1. Qué lucimiento, Paloma, me ha gustado mucho! Aquí te acercas a la perfección en tu estilo, esa mezcla exquisita de humor y tristeza, o melancolía, llámalo como tú quieras, que deja en quien te lee una sensación de inquietud y bienestar a partes iguales. Inquietud porque aparecen esos personajes, femeninos mayormente, que luchan por escapar de la decepción, y son emotivos y fuertes y frágiles y soñadores y obligatoriamente realistas. Y encantadores. Y de bienestar porque cuando te sale algo como hoy, el placer es supremo. Un abrazo grande.

    1. ¿Y qué digo yo ahora? Pues gracias. Muchas.
      Que qué suerte tengo con lectores como tú.
      A mí no me convencía mucho este, estaba pensando que menuda tontería había escrito ayer. En fin…lo mío es dudar.
      Y otra vez gracias y un abrazo enorme.

      1. Pues mira, yo opino todo lo contrario: que deberías escribir con mucha más frecuencia sobre monólogos interiores, porque este relato te ha salido redondo (o triángulo isósceles, como decía Note) y ya ves que nos has dejado a todos encantados. Es la caña, así que puedes plantearte escribir cosas parecidas. Aunque eso sale como sale…

      2. Como sale, tú lo has dicho. Y lo mismo si te propones hacerlo de una determinada manera te queda forzado o mal.
        Pero me alegra de que este te haya gustado

  2. Captas muy bien la vida diaria de esta chica que trabaja en una peluquería. Una vida normal, anodina. Sin embargo, no se tiene la impresión de algo triste, deprimente o penoso. Y es porque está tratada con la suficiente sensibilidad para simpatizar con el personaje y comprobar que es eso: una vida. Que descanses.

    1. Así son casi todas las vidas, por lo menos las que yo conozco. Y todas tienen su interés, su capacidad de conmovernos o de hacernos sentir empatía. Casi más que las extraordinarias.
      Gracias, Antonio.
      Que tengas un buen día!!!

  3. La verdad es que me dejas con la boca abierta y no puedo más que aplaudir. Esto no es bueno, es buenísimo. Ya no solamente la frontera verde a la gotera, como si fuera un Amazonas en miniatura colgado del techo… ya no solamente el “en cuanto el zapato salió también” (jajaja, una de tus salidas impagables, me he partido)…
    Es que has sabido retratar a la perfección ese monólogo interior que en el fondo es una conversación, pero que en el fondo fondo es un intento o un proyecto o una proyección de conversación, una comunicación ideal, ficticia, soñada. Y claro, esto quiere decir un choque con la realidad y el Adrián real, esto quiere decir frustración e infelicidad, tener que conformarse con el tedio, el aislamiento, la mediocridad, la indiferencia del otro.
    Ese mundo interior de los deseos y lo que nos gustaría que fuera o que pasara. Bravo.
    Ah, por cierto, al principio me dio la sensación de que era un cursillo de vendedoras, y el gilipollas del zapato el gurú que les enseñaba todos los secretos.

    1. Hola, What.
      Me ha gustado tu visión del Amazonas en el techo, jajaja.
      Muchas gracias también a ti.
      Bueno, los otros no es que siempre sean indiferentes, es que hay que coordinar sus estados de ánimo con los nuestros, buscar la coincidencia y a veces no se da. Pero sí, también es lo que has dicho.
      Besos!!!

  4. Ostras…pues yo también me identifico con lo que te ha dicho Eladio,lo ha expresado tal cual me parece.
    Añadiré,aunque me repita,que para mí es una pequeña delicatessen pasar por aquí.

    Besos!
    ; )

  5. ¡ Madre mia ! A lo melor sin analizar los pensamientos que vagabundan en tu cabeza y no digo nada de las cabezas ajenas. En nuestras cabezas a veces pasan cosas rarísimas . Paloma, un placer leerte, un auténtico placer. Un beso.

    1. Y tan raras! Menos mal que hasta el momento nadie puede saber, a no ser que nosotros queramos, lo que bulle por nuestra mente. A veces ni nosotros nos damos cuenta del lío que tenemos montado.

    1. Algún rato sí que puede que tenga en la realidad a su Adrián mental pero como en la imaginación….en ningún sitio!!
      Biennnnn!!!! ( por el enganche) 🙂
      Besos, Álter

  6. Lo que más me gusta es esa capacidad para captar y contar los detalles tiernos, la caricia en el pelo, “la media luna preciosa y reluciente y encima una estrella” … 🙂 Este final define un mundo interior rico. Precioso.
    Una Adela encantadora.
    En todo texto tuyo hay un momento en que suspiro, sonrío. Y me quedo un ratito …
    Como con Elsa 🙂

    Un beso, Paloma. Muchos 🙂

  7. La vida debería darnos al menos una oportunidad para alcanzar la notoriedad ganando la lotería o por lo menos una mención al premio Nobel. Claro que no creo que haya suficientes sillas para sentar a tantísimos nominados, así que tendremos que tener los oídos abiertos y como el Adrían oculto, complacer a nuestra pareja en lo posible. ¿Verdad? Un abrazo.

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