Día: 14 junio, 2018

Y un poco más de Pan

Anda que lo de Lopetegui…no doy crédito. Huy no, calla, si no quería hablar de eso. Anda que lo de la Antártida, eso sí que es grave, no para de perder hielo y no es que se vaya a derretir mañana mismo pero si sigue así, y va a seguir así que me lo han dicho unos científicos esta mañana por la radio, va a terminar con las costas del planeta tal como las conocemos y lo que verán y vivirán las futuras generaciones será un desastre recalentado. El que venga detrás que arree, ya lo siento.  Anda que la parejita de Singapur,  el moreno y el rubio malpeinados, qué feuscos son los dos, ¿verdad? Y qué poco presentables. Anda que…

Mejor me vuelvo para los reinos mitológicos y os hablo, aprovechando el pan de la  entrada anterior y un comentario de “Whatgoes” con canción incluida, del dios Pan. Me cae bien este dios,  pese a que era un poco perseguidor de ninfas. Pero,  ¿quién no haría lo mismo si viviera en un bosque de ellas plagado y fuera el dios de la fertilidad y la sexualidad masculina, pleno de potencia y apetitos carnales? Lo siento por las ninfas que se pasaban el día corriendo y huyendo de sus acosadores y sin etiqueta de “mee too” que echarse a las redes.

Pero bueno, que me desvío del mito y esto que viene ahora me gusta en especial. Pan, entre otras cosas,  es el dios de esa brisa tan fresca que se levanta al amanecer y que luego vuelve al atardecer, mira qué bonito. Puestos a ser dios de algo qué mejor que de unas brisas que abran y cierren los días con sus soplidos. Otra cosa que me gusta de Pan es que iba a su bola, era un poco anti sistema, como no le gustaba el Olimpo donde vivían los otros dioses, se trasladó a los bosques de la Arcadia,  no participó en ninguna guerra y no prestaba ayuda a los héroes, allá se las apañen esos plastas,  pensaría. A los que sí ayudaba de vez en cuando era a los pastores y a los cazadores, me imagino que porque los tenía más a mano y nunca  está de más llevarse bien con los vecinos.

Su rutina diaria era la siguiente: por  las mañanas se dedicaba  a cuidar de sus rebaños, animales y colmenas. Después se echaba la siesta y mucho cuidadito con despertarlo porque era muy fanático de la misma. Si se la interrumpían  se enfurecía y desencadenaba una tormenta con toda su profusión de rayos, truenos y trombas causando el pánico (de su nombre viene, creo) entre los animales y otros seres bosqueños. Y  por las tardes, ya repuesto tras el sueño, a perseguir ninfas como un poseso.

Pese a ser bastante feo – su madre lloró cuando lo vio al nacer-  tenía  éxito con ellas y tuvo muchas amantes que lo adoraron. Entre otras, Eco, Eufema, todas las Ménades y hasta Selene, la diosa de la luna.

Pero hubo dos que se le resistieron. Una de ellas fue Pitis, (no confundir con la estación de tren). Para huir de Pan, Pitis se transformó en pino. Esto de cambiar de forma era algo que hacían mucho las ninfas cuando ya se veían perdidas, tenían ese poder.

Resignado, Pan arrancó una de las ramas del pino, con ella se hizo una corona y a otra cosa, mariposa. La otra cosa, mariposa era Siringa,  ninfa que no le hacía ni caso y de la que él estaba muy enamorado. Basta que no te hagan caso…eso es así entre humanos y entre dioses.

En una de esas persecuciones, Siringa llegó jadeante hasta las orillas del río Leto y cuando ya se vio acorralada se transformó en cañaveral, lo primero que se le ocurrió que pegase junto a un río.

Al llegar Pan al lugar y como ella ya no estaba, se abrazó con desepero a las cañas y, así sujeto, escuchó ese rumor tan bello que producen cuando las mueve el viento. Pensó que esa iba a ser la única manera de tener con él a su amada,  a través de su voz,  por lo que arrancó una de las cañas, (lo que le gustaba arrancar cosas) y se hizo una flauta a la que llamó Siringa.

Si es que en el fondo, con ese cuerpo de macho cabrío en su parte inferior, esos cuernos,  esa cara arrugada y esos arrebatos de mal genio si se quedaba sin siesta,   era todo un  romántico. Un poco pendón, pero romántico. Que una cosa no quita la otra, ¿o sí la quita? Que cada uno piense lo que quiera.