Aurelia mortal, Aurelia inmortal

A veces Aurelia se busca en google. Sobre todo cuando se aburre y no se le ocurre otra cosa mejor para pasar el rato. O se le ocurren otras muchas cosas mejores pero requieren de mayor energía que escribir su nombre en la  barra del buscador. Ya que tiene el teléfono en la mano, trastea con su juguete buscando esto y aquello y cuando ya se ha cansado de esto y aquello se busca a sí misma y  espera a ver qué pasa.

En realidad ya sabe lo que pasa, ya sabe que va a salir su cuenta en esa red social y esa foto de su perfil en la que lleva un jersey de rayas descolgado por un lado, un hombro a la vista. Le gusta mucho esa foto, por eso está ahí. Le gusta esa foto pero tiene la ilusión, una ilusión infantil, cercana al pensamiento mágico, de que aparezca alguna información junto a su nombre que sea nueva y no subida por ella misma. Nueva y buena. Aurelia quiere que al lado de su nombre figure algún premio, alguna hazaña…que aparezca algún motivo que ella misma desconoce para haber sido indexada. Quiere una sorpresa. Ser algo distinto a lo que es, haber hecho algo distinto a lo que ha hecho  y que internet se lo cuente.

Por eso se decepciona un poco al ver su cuenta de siempre y su foto de siempre. O más que decepción es aburrimiento, un incremento del aburrimiento inicial que ya tenía y que fue el que la indujo a buscarse para aliviarlo. Ahora ,en vez de menos, tiene más.

Y junto a esa porción de ella que se sabe de memoria,  toda esa ristra de mujeres con las que comparte nombre y apellido,  esa familia internética de Aurelias, una especie de hermanas raras puesto que unas hermanas verdaderas no llevarían el mismo nombre. Ahí están con sus fotos correspondientes y algún dato identificativo más, generalmente profesional.  Hay una directora de museo con el pelo corto y blanco,  una estudiante con unas piernas muy largas, una artista que hace esculturas con tejidos y que parece muy feliz,  una psicóloga con un jersey rojo y una que ya está muerta y cuya imagen colgó su familia a modo de recordatorio.

Como sigue aburrida, insiste. Prueba a buscar solo el nombre, sin apellidos, y eso que también sabe cual será el resultado.  Ahí  está, ocupando la primera fila de Aurelias a secas, de Aurelias sin más,  la  madre de Julio César. Una escueta entrada de la Wikipedia dice de ella, “fue muy admirada en la Antigüedad por su inteligencia, virtud y su papel de madre. Se ocupó de la educación de su hijo y ejerció una gran influencia en su vida”. La Aurelia que se busca en google piensa que no le gustaría pasar a la Historia con mayúsculas por su papel de madre, por su relación con otro y no por ella misma, aunque por otro lado, el caso es pasar,  resistir,  quedarse, seguir estando.  Pero, ¿para qué va a querer estar si ya no se va enterar de  que está?, ¿Acaso la madre de Julio César puede disfrutar de buscarse en google y ver que pese a todos los siglos transcurridos ella sigue ahí, figurando, que hizo algo destacable, que su vida no fue en vano?, ¿Acaso puede engordar su ego comprobando que es la primera Aurelia de la lista? Ya no tiene ojos, ni ego, que se sepa.

Rastrea un poco más y lee lo que ya ha leído otras veces, que hay una tienda de ropa infantil que se llama Aurelia, una pensión en la calle Sancho Dávila con ese mismo nombre  y una medusa azul, la Aurelia aurita. Pero entonces sí aparece algo nuevo al lado de la medusa, algo que nunca antes había visto y que reclama su atención, es la palabra inmortal.

La Aurelia que se busca en google pincha, atraída por el reclamo de la vida eterna,  y lee que los científicos han descubierto que  su medusa homónima  puede retroceder de la edad adulta a una edad sexualmente inmadura de forma individual y tantas veces como quiera. Es decir, que cuando se hace vieja y a través de un sencillo mecanismo que la Aurelia mortal no consigue entender del todo por muy sencillo que sea,   se vuelve niña y empieza de nuevo a vivir.  Y este ciclo puede repetirse indefinidamente por lo que se la considera biológicamente inmortal.

La Aurelia que se ha estado buscando  en google piensa en la suerte que tiene su tocaya  ya que, salvo que se la coma algún depredador, no morirá jamás. Pero al cabo de un rato de darle vueltas al asunto ya  no le parece tanta suerte volver a lo mismo una y otra vez y otra y otra más. Seguir siendo eternamente Aurelia Gómez Castaño, no poder librarse nunca de su identidad. Si ya en su primera vez como Aurelia  hay ratos en los  que se aburre tanto que le da por buscarse en google, si estuviera en su vida número treinta…no lo quiere ni pensar.

Salvo que el renacimiento no incluya memoria de lo anterior, de tal modo que para esa Aurelia número treinta  todo sería igual de nuevo que para la número uno de la saga.

Le está empezando a doler la cabeza. Deja el teléfono sobre la mesa, mira por la ventana. El cielo está lleno de vencejos que aprovechan volando como locos el tiempo que les ha sido concedido,  como si quisieran morir reventados de azul.

39 comentarios en “Aurelia mortal, Aurelia inmortal

  1. Sé que ha pasado tiempo, pero la vida a veces exige un poco de ausencia. Aún así, no sabes lo gratificante y agradable que se siente poder leerte en esta fría y nublada mañana, en completo silencio y soledad. Hallé el tiempo justo para poder entrar en tu mundo o mejor dicho, entrar a esos otros mundos que nos compartes.

    Diría que tristemente más de alguno, en alguna rara ocasión -o más común de lo que creo- nos hemos buscando con esa misma vana esperanza que Aurelia. Aburrimiento, curiosidad, ilusión, todo junto. La verdad es que es tragicómico, causa tristeza y ternura que las personas tengamos estos intentos absurdos e infantiles de un rescate que no existe.

    Me encantó este relato. Lamento haberme perdido tantos otros, pero quizás pueda irme poniendo al día con el tiempo.

    Un abrazo.

    1. No importa el tiempo que haya pasado, eres muy bienvenida, Kadannek, faltaría más.

      Será raro el que no se haya buscado alguna vez y es que todos tenemos ese punto tragicómico, esa necesidad no sé muy bien de qué, de sentir que existimos aunque existamos igualmente sin figurar en ningún sitio.

      Muchas gracias por la lectura y el comentario de hoy. Si quieres leer otros, ahí están, lo que más te apetezca.
      Otro abrazo de vuelta para ti. Aquí con calor veraniego ya.

  2. Yo he hecho el ejercicio de buscarme en Google también alguna vez. Pero no he dado con ningún ser inmortal que lleve mi nombre. Eso sí, di con una mina de la que sale una piedra semipreciosa. Ni tan mal, oye. Besotes!!!

    1. Oye, qué nivelazo tienes!!
      A mí me sale la familia de las Columbidae, palomas, tórtolas y otras aves. Y si pongo el apellido una actriz que no soy yo. Por buscar, jajaja.

      Besos

  3. Hay un refrán que dice algo parecido a que “… de las piedras sacan panes…”, o algo así…
    Ese refrán te es totalmente aplicable.
    Cualquier tema, cualquier anécdota, cualquier situación en tus manos se convierte en literatura de la mejor.
    Te admiro mucho.

    Besos.

  4. Ya no es suficiente mirarse en el espejo para vernos a nosotros mismos, ahora necesitamos proyectarnos al mundo para que los demás opinen, den consejos, insulten incluso. Pretendemos ser famosos, que influyan nuestros criterios en los demás, ser poderosos e inmortales.

    Prefiero un café con una amiga en una tranquila cafetería al lado de casa, sin que nadie más sepa de qué hablamos.

    Eres una genia, coincido con Toro.

    Un beso.

    1. A mí tampoco me gusta esa exposición pública, me resulta incómoda. Pero para los más jóvenes es lo natural. No sé, seguramente se moderará con el tiempo y volverá a valorarse la intimidad. También depende del carácter de cada uno.
      Gracias, Ilduara 🙂
      Otro beso

  5. Es que existe la teoría , casi cientÍfica , que afirma que el nombre que llevas te determina y condiciona tu vida entera . Es decir que entre los tocayos existen los enlaces invisibles. Pues , por ello me llena el orgullo por alguna tocaya mía famosa y guapa , como si compartimos las dos su fama..jajajajaj .

    No es como lo has escrito , el texto, lo haces siempre genial, sino …¿como has llegado a esa idea? Un beso.

    1. Y tan casi! Lo de científica, digo.
      Pero con las Tatianas feas y bobas que se corten todos los hilos 😉
      A la idea he llegado a través de la medusa, ninguno me habéis comentado nada de ella, tal vez porque está al final. Es cierto lo de su inmortalidad. Me parece interesantísimo, para pararse a pensar.
      Besos

  6. Ahora que leo tu última respuesta, me había quedado con la medusa… Bastante con algunas experiencias que hemos tenido que vivir como para volver hacia atrás para transitarlas de nuevo… O la medusa cuando vuelve a ser niña no tiene la misma vida que ha vivido? Será cada vez que vuelve hacia atrás como una reencarnación sin encarnar nuevamente? Si sólo pudiéramos preguntarle…
    Un cariño enorme desde el invierno austral.

    1. Pienso igual que tú, Bella. Me parece más tortura que bendición ese volver una y otra vez a lo mismo.
      Por un lado no queremos morir y hasta nos aterra pero vivir eternamente o repetirse eternamente…habría que preguntarle a la medusa, como tú dices, pero no creo que sea consciente de lo que le pasa.
      Muchos besos para ti desde un Madrid muy caluroso.

  7. Eso es lo que hacemos todos: buscarnos a nosotros mismos en google o en otro sitio, a ver si encontramos algo. Su deseo de ser otra es también, creo, un deseo compartido por muchos. De aquí a afirmar que todos somos Aurelia sólo hay un paso. Y en lo que más nos parecemos es en la historia de la medusa. Rectifico, en la de los vencejos perdiéndose en el azul.

  8. Un amigo mío dice que lo que no está en internet no existe. Antes se medía la trascendencia de alguien por su pensamiento, sus libros, sus obras y su capacidad para ser útil y relevante para la sociedad. De esto se encarga hoy google, es habitual escuchar frases del tipo: “fulanito de tal” tiene no sé cuantas miles de entradas en el buscador. De tal manera que se hacen rankings de personas relevantes en función de los resultados de google. Muy sugerente, Evavill, como siempre. Saludos.

    1. No hay que fiarse mucho de los buscadores, desde luego no para medir la importancia de una persona. Y además, ¿qué es la importancia? No lo tengo claro.
      Gracias, Raúl
      Saludos también para ti

  9. Hace rato que no aterrizaba por aquí, mi reina. Que genial esto de volverse joven de nuevo, sobre todo que no te duela el cuerpo y que puedas hacer lo que quieras… ¿Será tan bueno o no, como piensa tu Aurelia? En fin, volver a leerte es muy bueno. Siempre eres tan creativa. Un beso, querida Paloma.

    1. Volvernos jóvenes es lo que todos queremos. O serlo para siempre, si es que aún lo somos. Pero todo lo que vive se desgasta y envejece, al menos en esta tierra.
      ¡¡Y no sabes la alegría que me da ver tu comentario!!! Una amiga de los primeros tiempos del blog!!
      Beso enorme, Mel

      1. Como se complica la vida, ¿no? Antes escribíamos como para entretenernos, uno o dos “me gusta” de vez en cuando. Ahora casi no hay tiempo ni para leer a quienes fueron nuestras primeras amistades en este mundo WordPress, pero amiga, nunca te olvido. Un beso.

  10. Uy la medusa esa…cuántas vidas! no sé yo…

    Me has hecho pensar…no me gustaría teclear mi nombre en Google y ver mucha información…y qué contradicción si tengo un blog donde me expreso y comento en otros blogs y …ay qué contradicciónnnnnn
    (Una más…)

    Otro beso.

    1. La misma que tengo yo. Me gusta esta comunicación pero por otro lado qué bien se está escondido.
      Es difícil mantener un equilibrio.
      Gracias por leer dos seguidas, ¡ y con este calor!
      Otro beso, Carmen

  11. Uf, sí, cuando lo pienso, que lo pienso últimamente mucho, me dan ganas de esconder el blog …
    Y lo sigo pensando …
    Ya veré …
    La ‘transmigración de las almas’ de Platón, no creo en ella, con una vida creo que basta.
    Decía santo Tomás de Aquino que los seres dotados de inteligencia desean existir siempre y un deseo natural no puede existir en vano.

    Un beso, me ha gustado mucho. 🙂

    1. Hola, Edda.
      Hoy me he acordado de ti, mira por dónde.
      La medusa existe de verdad, no te creas que me lo invento.
      Espero que aprendamos algo en nuestro paso por aquí y si es que repetimos que seamos mejores.
      Muchos besos, espero que estés muy bien

  12. Creo que Aurelia aún ignora que es consecuencia de una larga serie de éxitos que comenzó merced a su tatarabuela, una tal Eva de recuerdo algo denostado por los príncipes de la iglesia, lo cual ya constituye una garantía de humana suficiente. Por lo demás incitado por esa costumbre, acto seguido he tecleado mi nombre. No hay cuidado, como cualquier bisabuelo decente, sigo anónimo, me protegen algunos millones de entradas protagonizadas por un tenista de renombre y sobre el pseudónimo las redes tampoco dan referencias. Un abrazo.

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