Día: 25 junio, 2018

Lu

En el barrio de mi hermana  no hay jardines, sí un lugar al que llaman parque.  Es un rectángulo de hormigón con  tres bancos,  un par de columpios sobre un  suelo de goma negra, mullida, y cuatro árboles raquíticos, uno en cada esquina. Apenas dan sombra, los niños se agarran con un brazo a los finos troncos, más parecidos a ramas que a troncos, dejan caer el cuerpo de medio lado y giran. Otras veces los zarandean y como son frágiles, los árboles se dejan. Entonces se dispersan por el aire unas pelusas blancas  que los gorriones atrapan con sus picos haciendo acrobacias. Los gorriones están a la que salta,  también se zampan a las mariposas, los he visto. Hace solo una semana presencié una persecución  tan acelerada y violenta como las que ve mi sobrino en sus películas. Mi sobrino se llama Luis pero lo llamamos Lu, como si Luis fuera un nombre larguísimo y no nos hubiera quedado más remedio que pegarle un tajo. Lu  es un poco más infantil de lo que le correspondería para sus años, digamos que madura con lentitud,  y aunque es inteligente no comprende  las bromas ni los dobles sentidos.  Con él hay que ser literal. Aparte de ver películas de acción, le gusta jugar al memorial, ese juego de formar parejas con unas fichas que se ponen boca abajo. Al parque no le gusta ir. No me extraña.

Un par de tardes a la semana me quedo con él para que mi hermana haga sus gestiones. A saber qué gestiones son esas, sale con una misteriosa carpeta verde de gomas, misteriosa porque no sé qué lleva dentro, a veces sospecho que  nada y que en realidad se  pasa el rato entrando y saliendo de las tiendas del barrio o apalancada en uno de los sillones de  “Uñas Ming”. Cualquier cosa menos quedarse en casa oyendo cómo derrapan los coches, se disparan unos a otros y explosionan todo tipo de objetos inflamables.

-Quítale eso un rato, por Dios, que tengo la cabeza como un bombo,  me dice ya fuera  y llamando con nervios al ascensor.

A mí también me gustaría  ir a “Uñas Ming” pero todavía no he encontrado el momento. A lo mejor mi hermana está ahora ahí con su carpeta verde misteriosa, con su carpeta verde vacía. He conseguido que Lu apague la película y hemos empezado una aburrida partida de memorial. Aburrida para mí que no doy una, soy incapaz de acordarme dónde estaba el elefante, o la cobra, o la jirafa o el erizo o el bicho que sea. Cuando le doy la vuelta a una, convencida de que era esa, siempre es otra. A Lu le doy pena, se lo noto. Él ya lleva un montón de parejas y las ha colocado formando una torre y yo no tengo ni una.

No se hace el chulo, al contrario, parece que lo está pasando mal con esa victoria tan desigual y por eso  hace una trampa a mi favor,  coloca un dedo como a lo tonto cerca de que la tengo que levantar , cree que no me he dado cuenta. La levanto y finjo que me pongo muy contenta, él también se pone contento, creo que de verdad. Así hasta tres veces, ya tengo tres parejas, él todas las demás. Puede ganar con tranquilidad. Gana.  El juego ha terminado.

Le pongo otra película de persecuciones. Unos hombres con gran forma física, mental creo que no, se persiguen por azoteas y garajes, suben y bajan por escaleras de incendios, saltan de una azotea a otra disparándose a todo trapo. Ya han palmado tres. Los dos que quedan sudan y sufren muchísimo. Están malheridos y saben que uno de los dos va a morir, los dos, como es lógico, quieten que sea el otro. Dentro del garaje explosionan coches y a Lu se le ilumina el flequillo. A ver si vamos a salir ardiendo…que se te quema el pelo, le digo  mientras me como una galleta sentada en el sofá. Me mira con cara de susto,  se me ha olvidado que no pilla las ironías.  La cortina se infla con una brisa que viene de la calle. Parece que hay algo bonito detrás, pero no.

Ya vuelve mi hermana, no trae pintadas las uñas pero puede que sea para disimular. Esto no puede ser bueno para los cerebros, dice mirando la película con preocupación. Y me da por imaginar que dentro de la cabeza de mi sobrino hay muchos cerebros pequeños y juntos, cerebritos anudados de Lu.

¿Por qué no ves un rato uno de esos documentales tan bonitos de animales? Y antes de que él pueda decir sí o no, ya se lo está poniendo . Tampoco puede ser bueno para los cerebros, para los cerebritos anudados,  estar viendo cómo los animales se comen y se descuartizan  unos a otros y  todos esos miembros sanguinolentos y despedazados. Tengo que apartar la vista un par de veces del asco y la angustia que me da, pero  Lu ni se inmuta ante tanta masacre, las bromas no las entiende pero sí  parece entender perfectamente que así es la vida y que todo forma parte de la misma cadena y que una cosa alimenta a la otra y que cada cuerpo separado hace lo que sea por imponerse a los otros pero que, en el fondo, todo es lo mismo. Parece entender perfectamente el ciclo de muerte y resurrección o lo que sea eso.

Me voy, le digo a mi hermana, todavía tengo  un montón de cosas que hacer. Tareas varias. Gestiones. No preciso para que se quede con la intriga,  a mí también me gusta tener algún misterio del estilo de su carpeta verde, algo que  ella no sepa. Si no fuéramos hermanas no nos trataríamos, no nos caemos del todo bien.

Paso por delante de Uñas Ming pero ya es muy tarde para entrar. Otro día. Se asoma una cara sonriente que parece una máscara y me grita: entra, entra, entra, nuevo color,  ¡rojo de moda!

En el autobús pienso en lo bueno que es Lu y en cómo no ha querido humillarme jugando al memorial. Ojalá entendiera las bromas.