Lu

En el barrio de mi hermana  no hay jardines, sí un lugar al que llaman parque.  Es un rectángulo de hormigón con  tres bancos,  un par de columpios sobre un  suelo de goma negra, mullida, y cuatro árboles raquíticos, uno en cada esquina. Apenas dan sombra, los niños se agarran con un brazo a los finos troncos, más parecidos a ramas que a troncos, dejan caer el cuerpo de medio lado y giran. Otras veces los zarandean y como son frágiles, los árboles se dejan. Entonces se dispersan por el aire unas pelusas blancas  que los gorriones atrapan con sus picos haciendo acrobacias. Los gorriones están a la que salta,  también se zampan a las mariposas, los he visto. Hace solo una semana presencié una persecución  tan acelerada y violenta como las que ve mi sobrino en sus películas. Mi sobrino se llama Luis pero lo llamamos Lu, como si Luis fuera un nombre larguísimo y no nos hubiera quedado más remedio que pegarle un tajo. Lu  es un poco más infantil de lo que le correspondería para sus años, digamos que madura con lentitud,  y aunque es inteligente no comprende  las bromas ni los dobles sentidos.  Con él hay que ser literal. Aparte de ver películas de acción, le gusta jugar al memorial, ese juego de formar parejas con unas fichas que se ponen boca abajo. Al parque no le gusta ir. No me extraña.

Un par de tardes a la semana me quedo con él para que mi hermana haga sus gestiones. A saber qué gestiones son esas, sale con una misteriosa carpeta verde de gomas, misteriosa porque no sé qué lleva dentro, a veces sospecho que  nada y que en realidad se  pasa el rato entrando y saliendo de las tiendas del barrio o apalancada en uno de los sillones de  “Uñas Ming”. Cualquier cosa menos quedarse en casa oyendo cómo derrapan los coches, se disparan unos a otros y explosionan todo tipo de objetos inflamables.

-Quítale eso un rato, por Dios, que tengo la cabeza como un bombo,  me dice ya fuera  y llamando con nervios al ascensor.

A mí también me gustaría  ir a “Uñas Ming” pero todavía no he encontrado el momento. A lo mejor mi hermana está ahora ahí con su carpeta verde misteriosa, con su carpeta verde vacía. He conseguido que Lu apague la película y hemos empezado una aburrida partida de memorial. Aburrida para mí que no doy una, soy incapaz de acordarme dónde estaba el elefante, o la cobra, o la jirafa o el erizo o el bicho que sea. Cuando le doy la vuelta a una, convencida de que era esa, siempre es otra. A Lu le doy pena, se lo noto. Él ya lleva un montón de parejas y las ha colocado formando una torre y yo no tengo ni una.

No se hace el chulo, al contrario, parece que lo está pasando mal con esa victoria tan desigual y por eso  hace una trampa a mi favor,  coloca un dedo como a lo tonto cerca de que la tengo que levantar , cree que no me he dado cuenta. La levanto y finjo que me pongo muy contenta, él también se pone contento, creo que de verdad. Así hasta tres veces, ya tengo tres parejas, él todas las demás. Puede ganar con tranquilidad. Gana.  El juego ha terminado.

Le pongo otra película de persecuciones. Unos hombres con gran forma física, mental creo que no, se persiguen por azoteas y garajes, suben y bajan por escaleras de incendios, saltan de una azotea a otra disparándose a todo trapo. Ya han palmado tres. Los dos que quedan sudan y sufren muchísimo. Están malheridos y saben que uno de los dos va a morir, los dos, como es lógico, quieten que sea el otro. Dentro del garaje explosionan coches y a Lu se le ilumina el flequillo. A ver si vamos a salir ardiendo…que se te quema el pelo, le digo  mientras me como una galleta sentada en el sofá. Me mira con cara de susto,  se me ha olvidado que no pilla las ironías.  La cortina se infla con una brisa que viene de la calle. Parece que hay algo bonito detrás, pero no.

Ya vuelve mi hermana, no trae pintadas las uñas pero puede que sea para disimular. Esto no puede ser bueno para los cerebros, dice mirando la película con preocupación. Y me da por imaginar que dentro de la cabeza de mi sobrino hay muchos cerebros pequeños y juntos, cerebritos anudados de Lu.

¿Por qué no ves un rato uno de esos documentales tan bonitos de animales? Y antes de que él pueda decir sí o no, ya se lo está poniendo . Tampoco puede ser bueno para los cerebros, para los cerebritos anudados,  estar viendo cómo los animales se comen y se descuartizan  unos a otros y  todos esos miembros sanguinolentos y despedazados. Tengo que apartar la vista un par de veces del asco y la angustia que me da, pero  Lu ni se inmuta ante tanta masacre, las bromas no las entiende pero sí  parece entender perfectamente que así es la vida y que todo forma parte de la misma cadena y que una cosa alimenta a la otra y que cada cuerpo separado hace lo que sea por imponerse a los otros pero que, en el fondo, todo es lo mismo. Parece entender perfectamente el ciclo de muerte y resurrección o lo que sea eso.

Me voy, le digo a mi hermana, todavía tengo  un montón de cosas que hacer. Tareas varias. Gestiones. No preciso para que se quede con la intriga,  a mí también me gusta tener algún misterio del estilo de su carpeta verde, algo que  ella no sepa. Si no fuéramos hermanas no nos trataríamos, no nos caemos del todo bien.

Paso por delante de Uñas Ming pero ya es muy tarde para entrar. Otro día. Se asoma una cara sonriente que parece una máscara y me grita: entra, entra, entra, nuevo color,  ¡rojo de moda!

En el autobús pienso en lo bueno que es Lu y en cómo no ha querido humillarme jugando al memorial. Ojalá entendiera las bromas.

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31 comentarios en “Lu

  1. Qué bueno, he visualizado cada escena a la perfección. Me quedo con una frase que dice muchísimo: “Si no fuéramos hermanas no nos trataríamos, no nos caemos del todo bien”. No hace falta comentarla.
    Abrazote 🙂

  2. Es un problema eso de ser “literal”. A un alumno el profesor le dijo que los datos había que almacenarlos en el disco duro, y se señaló la cabeza. El alumno le fue con el cuento a su tutora. No son las personas sino los ordenadores los que tienen disco duro.
    La empatía de la tía de Lu, después de haber leído muchos textos tuyos, me resulta “autobiográfica”.

    1. ¡Qué alumno más chivato y susceptible!
      Con la segunda parte del comentario me has hecho sonreir, como si me hubieras pillado. Es lo malo y lo bueno de irse conociendo.

  3. Uno de los puntos fuertes que ienes es que leendo tus textos cada uno esta convencido de que tu le has robado su propia historia. El párafo de la película es fenomenal. Una vez más…bravoooo.

    1. Será porque son historias muy poco extraordinarias, cotidianas.
      Las persecuciones adrenalínicas de las pelis de acción, jajaja.
      Muchas gracias, Tatiana.
      También una vez más :))

  4. Al menos Lu tiene buen corazón…
    Qué horrorosas son esas escenas de persecuciones absurdas…qué les encontrarán?

    Y si esa carpeta verde tuviera un nombre detrás? Yo es que soy muy peliculera,ya lo sabes.
    ; )

    Un besazo.
    Y ponte el rojo (yo lo hago en casa)

    1. Con el buen corazón ya tiene lo más importante aunque un poco de espabile tampoco viene mal como defensa.
      Oye, pues ahora que dices lo del nombre…me dejas pensando.
      Y si tú que tienes tan buen gusto opinas que de rojo las uñas, ¡¡de rojo será!!
      Besos, Carmen

  5. Nooo vayas a Uñas Ming. Si te quedas dormida por casualidad despertarás sin un riñón o hígado. A una amiga de una amiga de una vecina se quedó dormida 2 minutoa y ya le habían pintado unas rayas discontinuas pa la disección. 😉

    1. Jajajaja, pues demasiado tarde la advertencia de la amiga de la prima de la vecina. Ya he ido y puede que os lo cuente aún a riesgo de que no os interese nada.
      Hígado y riñones en su sitio.
      (Estoy con tu Zelda pero voy despacio)

      Besos

      1. Zelda es una mujer difícil. Muchas veces es muchas mujeres que como un puzle hacen una. A veces habla con desordenadas palabras. Es divertida, triste, rabiosa, sensible y olvidadiza. Pero si la quieres tendrás una amiga para toda la vida. Besos

  6. Lu de Luis, no se me habría ocurrido. Me cae bien y su tía, hacen un bun tanden … la madre de Lu, no tanto.
    También tengo una Lu en mi vida, mi sobrina Lucía.
    Hacen maravillas con las uñas en esos sitios Ming. Buen relato, Paloma.
    Besos

    1. Me alegra que sobrino y tía te hayan caído bien. La madre es que sale poco, falta su punto de vista.
      Lucía es uno de los nombres de mujer que más me gusta.
      Gracias, Maite
      Besos

  7. Como a Lu a mí también me gustaban las películas de acción, soñaba con ser pirata.

    Los niños que no responden a los objetivos de los padres suelen ser sensibles y cubrirse con una coraza que sólo abren a personas como su tía con la que comparte juegos, ella no lo juzga y lo quiere, le da seguridad.

    Me encanta tu poema, no me extraña que Justiniano te dedique versos emocionados.

    Un beso.

    1. Eras una niña muy graciosa y con mucha personalidad, por otros detalles que me has contado además del de hoy. Y aventurera.
      Y ya sabes que no cambiamos tanto, solo disimulamos.
      Justi y su poema!!!, jajaja, es adorable 😉
      Gracias, Ilduara
      Besos

  8. Pierdo siempre al juego ese de las cartas por parejas, a veces juego con una niña de seis años y el montón que hace, sobre todo comparado con el mío, es de sonrojo. Me voy a leer “Uñas MIng”. Saludos.

  9. Me encantó la historia de Lu y todo lo que subyace en ella. Describes de una manera tal que soy capaz de visualizar lo que me estás contando, y eso me gusta mucho.
    Un relato genial, Eva. Te felicito.
    Un saludo.

  10. Ya te lo han dicho un montón de veces, pero dibujas las escenas con precisión fotográfica y resulta tan fácil entrar en ellas, como emocionarse con una de esas violentas persecuciones, en las que al final siempre ganan los buenos. ¿Serán tan buenos de verdad, como Lu que me cae bien porque no necesita subterfugios? A él le basta con la inteligencia. Un abrazo.
    Yo quiero tripular una nave espacial.

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