Día: 9 julio, 2018

Un poco de loto, por favor

Hola, soy Esme, ¿alguien se acuerda todavía de mí? No hace falta que seáis sinceros. Aquí sigo, dentro del armario en compañía de mis congéneres esperando nuestra pronta resurrección o nuestra muerte definitiva.  Pero mucho me temo que de vivir, nada,  otra saga que nos está echando encima, y de morir dignamente, tampoco. Y entre medias,  fotos moñas para ambientar. Es que acabo de ver la flor de loto.  Desde luego, esto va de mal en peor. Y a palo seco, además.

Por suerte yo me sé una historia la mar de bonita relacionada con la flor de loto, es de  La Odisea, (de ahí lo de la mar), y os la voy a contar. No huyáis al blog de enfrente que empieza ya. Ya: Ulises y sus muchachos acababan de avistar Ítaca, su patria añorada, cuando en uno de esos giros del destino y de la navegación,  dejaron de verla. Eso da rabia, ¿verdad?, estás a punto de alcanzar tu meta, tu objetivo o tu sueño, lo estás ya tocando con la punta de los dedos pero no, todavía no, te jorobas.  Eso fue lo que les pasó a ellos, así que,  como no les quedaba más remedio, siguieron navegando a tontas y a locas por mares desconocidos hasta que vieron una línea de costa. Ulises, que por algo era el jefe, mandó a unos cuantos de sus hombres para que inspeccionaran el territorio.

Allá que fueron los muchachos. Resultó que habían ido a parar a la tierra de los Lotófagos, se llamaban así porque el plato típico de su terruño, con denominación de origen y todo,  era la flor de loto. La preparaban de muy distintas maneras pero otra  cosa no comían, como dieta no se puede decir que fuera muy variada y equilibrada pero a ellos les sentaba bien. Tan bien les sentaba  que eran unas personas simpáticas, amables y muy dadas a  invitar a su mesa a los extraños.  Les dieron a los marineros de Ulises una buena ración de flor de loto y después les entró tal sopor que se  fueron  todos a echar la siesta, cada uno por donde pilló.

Al despertar, a los marineros no les importaba Ítaca ni lo más mínimo, es que ni acordarse. Y quién dice Ítaca, dice lo que esta contenía: mujeres, hijos, amigos, padres, lugares queridos, recuerdos de su niñez.  El pasado estaba borrado, un problema menos. Tampoco les interesaba ya el futuro, nada de agobiarse pensando, ¿conseguiré esto, llegaré a tal sitio, me irá bien, me irá mal, lograré por fin…? Nada. Ellos, al momento presente, igual que si estuvieran practicando el mindfulness,  a comer la flor de loto y a disfrutar de ese estado de felicidad total en la que se hallaban. Habían perdido la consciencia y con ella todos sus barullos y sufrimientos mentales.

A mí me parece que lo que tenían,  claramente, y aunque no lo diga así Homero, era un colocón de aúpa. A Ulises aquello no le gustó un pelo, era un poco aguafiestas y muy de ideas fijas, muy poco flexible, si hacía un plan lo tenía que cumplir sin desviarse.  Se los llevó de allí a rastras y los ató al barco. Mientras los tenía amarrados,  les fue recordando cuál era su misión, volver a Ítaca, su patria querida y de sus amores. Qué hombre más pelma. Consiguió con tanta arenga patriotera que se les pasara el efecto de la flor de loto. Otra vez a hacer planes y a intentar cumplirlos, de nuevo a recordar, a añorar, a sentir nostalgia, a preocuparse por el porvenir, el mal rollo nuestro de cada día.

Ya podía caer yo en la isla de los lotófagos y no en el armario de mis desdichas. Un poquito de flor de loto para los personajes perdidos y olvidados, por piedad. Voy a morder un poco de esta, a ver si resulta. No noto nada, si es que lo virtual…cada día me gusta menos.

Adiós.

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