Día: 10 agosto, 2018

Escena playera sin luna

En el Karaoke la mujer embutida en un traje de lentejuelas, cual sirena desahuciada, canta “volare oh, oh, oh”. El vestido se aprieta brillante a su barriga y ella agita con garbo la melena reseca, sintiéndose otra.
El supuesto público, sentado en sus mesas, mira al vacío y sorbe de largas pajitas líquidos de colores. Tal vez por esos tubos de plástico ascienda algo parecido a la felicidad y descienda después verde o rosada por sus gargantas.
Llora con desconsuelo un niño.
Alemanes anchos como armarios avanzan por el paseo entre tiendas de chancletas y colchonetas en forma de animales. En los bares se ofrecen tapas, pizzas y bebidas tropicales. Coco loco, dream Caribe. La cuestion es soñar. O sudar.
Cómo sudan los camareros con las parrillas ardientes detrás, san Lorenzos contemporáneos, cómo corren entre las mesas lanzando platos con los que contentar a tanto estómago dilatado.
Los chinos, en silencio, sin apenas dejarse ver, están comprando las grandes cadenas hoteleras. Muchos temen por sus puestos de trabajo.

En un banco dos mujeres negras han montado un tenderete de trencitas, una larga fila de cabezas de niñas aguarda para conseguir su dosis de exotismo.

La mujer del karaoke arremete ahora: “si tú me dices ven, lo dejo todo”. Ni por esas, así que sigue aferrada al micro, lentejueando.
El niño que lloraba se ha quedado dormido con la cabeza torcida.

A las palmeras no se les mueve ni un pelo, Están muy quietas escuchando la voz profunda y misteriosa del mar.
Huele a salitre y también a cloaca.
Dando tumbos entre los pinos cruza la noche sin luna un murciélago.