Escena playera con luna llena

Cuando María entra en el comedor blanco a poner las mesas, los gorriones que estaban comiendo las migas de la terraza,  suben veloces a la barandilla y se quedan ahí, recortados contra el mar.

Todos menos uno, el más aventurero. Ese se ha atrevido a entrar hasta el comedor pero ahora no sabe salir. Está muy asustado y se esconde detrás de la cortina. No distingue el cristal del hueco libre por dónde podría volar fácilmente y se empeña en aletear hacia arriba. Una y otra vez choca y vuelve al suelo, a esconderse, cada vez más estresado y vencido por los sucesivos fracasos.
A María,  que lo observa de lejos, desde la puerta, le parece tan fácil… tiene la salida al lado, con sólo desplazarse un poco podría escapar, pero no lo ve, se ha empecinado en ir por dónde no es. Podría cogerlo con las manos y soltarlo en la dirección correcta pero para eso tendría que atraparlo, sentir su pequeño corazón acelerado, su miedo. No quiere hacer eso. Se acerca y mueve un poco la cortina, empujándolo con suavidad. Al tercer meneo de cortina, el gorrión capta la indicación y sale volando por la ventana abierta.
Se ha colado un pájaro, le dice a su compañera Ale, que acaba de entrar a ayudar. Era un gorrión, pobrecillo, estaba asustado.
A mí es que los pájaros…como que no. Que hoy hay luna llenaaaa, grita Ale a continuación y le da un golpe en la espalda, como si la felicitara. Se clava los auriculares y pone las mesas medio bailando y cantando muy mal, con esa voz que solo le suena bien al que está oyendo la música pero que para los de fuera se parece a un  aullido demencial.

A Ale  no le interesan lo que ella llama “los paisajes”, – la luna, la puesta de sol, las montañas-, pero sabe que a María sí y por eso la avisa de la luna, medio en broma, con cierta sorna.

El comedor blanco es el más bonito del hotel, con una hilera de ventanas redondas que dan a la playa, bordeada de pinos y palmeras, pero también es el más caluroso y el único sin aire acondicionado. Lo pasan mal sirviendo las mesas. Suelen ser mesas pequeñas donde cenan las parejas en plan romántico mirando el mar,  aunque a veces hay cenas de muchos comensales que celebran algo especial, como la de hoy.

Lo que vamos a sudar, le dice María a Ale, mirando por una de las ventanas.

Tela, telita, contesta la otra sin quitarse los auriculares y siguiendo con su canto chillón y entrecortado.
¿Dónde se habrá metido la luna?, no se la ve.
Vaya que si pasan calor, les caen los goterones por debajo de la ropa, de sus uniformes negros. Cada vez que van a la cocina a por platos se secan con papel absorbente. Están deseando que se acabe el turno para poder salir.
No tienen prisa los de la celebración, son muy ruidosos, brindan, gritan, se ríen, se hacen fotos, les piden a ellas dos que les hagan una de grupo y dos y tres, intercambiándose los sitios cada vez y gritando patataaaaa,  salen a la terraza a fumar, se quejan del calor, vuelven a entrar, piden copas y cuando se las acaban,  otra ronda más. Aquello parece que no se va acabar nunca. Pero se acaba, obedeciendo a la regla general de todo lo que existe.

Por el camino a casa, María sigue sin ver la luna y eso que la va buscando. Nada más tocar la cama, siente que se cae por un precipicio, pega un respingo y ya está volcada dentro del sueño. Pero de madrugada un abrazo sofocante la despierta, a través de la ventana abierta no entra ni una gota de brisa y sí un calor denso, lleno de grillos.  Abre los ojos y la ve: redonda, gorda, esplendorosa. Como si la hubiera venido a visitar a ella, como si tuviera algo que decirle.
Se sobresalta, bebe un poco de agua y sin saber por qué se acuerda del gorrión que tenía al lado la salida pero era incapaz de encontrarla. Es como una metáfora de sí misma. Ella también necesita que una mano suave y amistosa le mueva un poco la cortina y le indique el camino. Sin empujarla, sin apretarla, sin asustarla.
Se duerme bajo la blanca mirada lunar. Bajo el paisaje, como diría Ale encogiéndose de hombros, a mí es que los paisajes…como que no, diría.

42 comentarios en “Escena playera con luna llena

  1. Una esplendida trilogía. Todos nesecitamos una mano suave y amistosa que nos idique el camino, sin empujarnos y tantos esperan la misma mano de nosotros. Un beso Paloma, un placer, como siempre.

  2. De niña y adolescente viví frente al parque de mi pueblo, en mi casa entraban con frecuencia los gorriones , canarios y lavanderas, corríamos todos a abrir ventanas y tratar de que esos pájaros encontrasen su camino. En la sociedad actual se cierran puerta y ventanas a cal y canto impidiendo seguir camino a nuestros semejantes.

    Me encantó tu relato, reflejan tan bien el revuelo de pájaros y humanos, al tiempo que nos sensibiliza con ambos.

    Un beso.

    1. ¡Qué bonita imagen la de tu casa de niña! Esas ventanas abiertas y los pájaros entrando y saliendo, me encanta.
      Deberíamos intentar mantener esas aperturas, no sólo en las casas.
      Un beso, Ilduara.

  3. ¿Soy la única que por un momento ha pensado que se iba a tirar por la ventana?
    Muy bonito, con ese ritmo suave que te arrulla y esas descripciones increíbles, como siempre.
    El gorrión me ha recordado a las moscas, que hacen lo mismo, se chocan una y otra vez con el cristal cerrado aunque tengan abierto el del al lado. Tal vez lo hagan adrede, siguiendo la metáfora, porque piensen eso de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.
    Muy bueno 🙂 Besotes

    1. No sé lo que habrá pensado el resto pero en ningún momento ha entrado en mis planes que se tirase. Ahora que lo dices tanta ventana abierta y tanto asomarse…pero no, solo buscaba la luna.
      Es verdad que a las moscas también les pasa pero ellas me parecen más tontorronas. Igual me equivoco, claro.
      Muchas gracias, Luna 🙂
      Besos

  4. A mí me dan pena.
    Sudando, trabajando sin parar y seguramente por el salario mínimo o poco más viendo como todos celebran y se divierten…
    Vamos convirtiendo los trabajos en algo parecido a la esclavitud.
    Cada vez menos derechos y cada vez más obligaciones.
    Un mundo injusto que sólo premia a los que más tienen.

    Eso es lo que he sentido.

    Besos.

  5. Por eso María entiende al gorrión,porque necesita lo mismo…
    A pesar de la vida tan cansada que lleva aún tiene esa parte soñadora de luna.
    Que tengan suerte,ella y Ale.

    Besos.

  6. Maravilloso, buenísimo, magnífico. Muy bonito, y me alegro por el gorrión, que ya me estaba haciendo sufrir. Estos días atrás la luna ha sido magnífica. yo disfruté de ella una noche en la terraza, además acababa de llegar del trabajo, cansado y estresado, fue un día duro. Y además fue curioso porque el cielo estaba medio despejado pero había un banco de nubes enorme y se iluminaban con relámpagos y todo el aparato eléctrico de ahí dentro, fue espectacular.
    Duras condiciones de María, y esa parte soñadora. Sin aire acondicionado, es un crimen. Toro Salvaje tiene toda la razón. Pero tu conviertes lo cotidiano y prosaico en bellos relatos.

    1. Jajajaja, gracias por tus adjetivos, What.
      Qué bien tener una terraza como la tuya para asomarse a contemplar los espectáculos naturales después del trabajo. Tiene que ser de lo más relajante.
      Así también se transforma lo prosaico y cotidiano en un momento bello. Y seguro que le añades música!!
      Besos

  7. Al final, la luna la encontró a ella… qué bonito.
    Por cierto, tengo una compañera en el trabajo que también canturrea con los cascos. Y he podido imaginar perfectamente ese momento de estrofa medio tarareada donde sólo se pronuncia la palabra final de cada frase. Jajajaja.
    Besotes!!!

    1. Sí, fíjate que maja es la luna cuando quiere.

      Yo también canto con los auriculares puestos y me sueno muy bien pero procuro que no haya nadie alrededor. No quiero que me tiren un zapato.
      Besos!!

  8. Todos somos gorriones en apuros, que nos negamos a ver la salida (o la entrada) aunque la tengamos ante nuestras narices. Lo peor de todo es estar atrapado en jaulas sin barrotes. Gracias por tu fina sensibilidad, Evavill. Saludos.

  9. ¡Ay! La luna!!! Mágica y misteriosa mi amiga la luna.
    Me ha encantado María.
    Tu relato es maravilloso. Como siempre, me quito el sombrero.
    Fuerte abrazo, maga de las palabras y de las historias. Las vivo. Millones de besos luneros

  10. La luna que sabe la Luna
    Ay lunita tucumana, tsmborcito Calchaqui Un gorrón yendo de aquí para allá,atontadito de miedo y la Luna gorda que te va a buscar
    Asómate Palomitay

  11. La generosidad contenida en ese gesto de agitar la cortina para no aterrorizar al gorrión hambriento esta en facilitar que otro logre lo que tú también necesitas.Un abrazo.
    Me gusta contemplar paisajes y si hay suerte, sacar una foto.

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