La vuelta

Soca y Rubiales están igual de blancos que cuando empezó el verano. O puede que más. Blancos y flacos. Como dos hojas de papel con bermudas y camisetas dadas de sí, caminan por la calle en dirección al parque, las manos en los bolsillos, las cabezas gachas. Sólo han pisado la piscina un par de días, los justos y necesarios para comprobar que allí no se les ha perdido nada.

El primero de esos dos días, Soca le dio un codazo a Rubiales y le dijo, “los mismos del año pasado, tío”. Y era verdad. Eran los mismos: las mesas de jugadores de cartas, abstraídos en lo suyo, los socorristas atléticos rodeados de niñas enamoradas, los chicos gordos tirándose de bomba, incansables, como pequeños cetáceos clorados, las madres con niños pequeños y el grupo de mujeres registradoras de la propiedad.

Son esas que analizan quién ha engordado y cuánto, quién ha crecido y cómo, quién se ha emparejado y con quién, quién ha enfermado y de qué, quién ha muerto, cuándo y por qué y quién ha nacido. Todos los cambios humanos los observan con minuciosidad para comentarlos a continuación.Sin pasar tampoco por alto los orográficos, como calvas en el césped, levantamiento de baldosas, desniveles en los escalones y cualquier tipo de erosión territorial no deseada.

Así que el segundo día, después de darse un desganado chapuzón, de que la más simpática de las registradoras les dijera unas cuantas veces que estaban muy altos y las más cotilla les preguntara por las notas, cuestión a la que Rubiales no tenía ningunas ganas de responder, Soca le dio a su colega un segundo codazo con propuesta añadida, ¿pirateamos el wifi?

Sin dudarlo, Rubiales agarró su toalla de una punta y Soca la suya de otra y arrastrándolas se fueron los dos por el callejón. Dos figuras desgarbadas, ni niños ni jóvenes, con el objetivo de pasar el verano en un lugar de nadie, al fondo del pasillo del primer piso.

El suelo vibraba un poco con el sonido retumbante de la música del gimnasio pero podían engancharse a su wifi cómodamente, estaban lejos del ir y venir de los vecinos y tenían un escalón donde sentarse con las toallas enrolladas debajo. Escalón solo desalojado para comer y cenar pues durante dos meses se han dedicado a ser héroes con una gran misión que cumplir: exterminar a todos los muertos vivientes de dentro de la pantalla.

En el muro del parque roñoso, enfrente del colegio, junto a los tres arbolitos recién plantados a los que les han salido unas puntas naranjas que no se sabe si son hojas o flores, siguen bien a la vista las tres pintadas que alguien hizo en el mes de junio:
“Rubiales, pringado, cero en geografía”,
“Soca, payaso, vas a morir”,
“Soca, estás muerto”.

Todavía no las han visto pero ya intuyen, antes de girar la esquina, que ahí estarán, esperando su vuelta.

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40 comentarios en “La vuelta

    1. Jajajaja, vale, Note. Que te hagan un hueco en el escalón.
      En realidad es una piscina descrita desde el punto de vista de ellos dos, que la odian.
      Desde otro puede ser hasta maravillosa.

      1. Carmen, la artífice de Disaster, está muy ocupada con el trabajo y muy a su pesar ha tenido que abandonar el mundillo bloguero de momento. Pero me consta que le da mucha pena y estoy segura de que volverá.

  1. Me caen bien estos chicos; no me extraña que no les guste lo que está en su entorno. Sería preocupante que coincidieran con las aficiones de las señoras registradoras.

    Cuando tengan dieciocho años votarán racionalmente y no como borregos.

    Un beso.

  2. Lo de los cetáceos clorados es buenísimo, es como si asumieran su condición de gordos sin ningún tipo de complejo, tal vez es una liberación para ellos tirarse de bomba una y mil veces. Con tal fauna piscinera no me extraña que Soca y Rubiales se refugien entre muertos vivientes. Buen fin de semana.

    1. Sí, ¡viva el cuerpo orondo y sus carnes libres!, jajaja.
      A los de la pantalla se los pueden cargar, a los otros hay que soportarlos.
      Saludos, Raúl.
      Buen fin de semana también para ti.

  3. Qué bien escribes. También me parece genial y muy gracioso lo de los pequeños cetáceos clorados. Es verdad, la misma gente con las mismas rutinas, puede ser muy tedioso. Las madres registradoras de la propiedad, que lo controlan todo, muy cierto. Lo malo es que esa profesión me ha recordado a Rajoy, grrrr…. Y los dos protagonistas cuadrarían como miembros de Gorillaz, colgados, inadaptados y rebeldes. Y por cierto, ja, ja, tienen espíritu punk total. ¡ponles el London Calling!

    1. ¡Ah…! Mi compañero de trabajo entró en mi blog y leyó la entrada. Le molaron mucho ambas cosas y mi amplio repertorio musical, se ve que se estuvo fijando en eso: Antònia Font, los Smiths… pero no me dejó comentario, el cabrito, ja ja… Tenemos gustos musicales muy amplios, ambos.

  4. La piscina, la sociedad de plástico programada, me gustó la forma de describirlos, a parte todos juntos, indudablemente daba ganas de salir corriendo, no era un lugar para quedarse, que otra les quedó a los dos diferentes, que matar muertos vivientes. Un abrazo

  5. Que buen texto, me encanta. En cuanto a la fauna piscinil lo de las registradoras me parece tan real. Bueno, más que de la propiedad, yo diría de chismorreos, peinados, michelines y todo eso que se suele criticar. Por fortuna para los chavales siempre suele haber un wifi que apropiarse y huir de la rutina piscinera. Un abrazo.

  6. Dos veces he ido a la piscina, pero yo me he llevado una grata sorpresa, nada que ver con lo que recordaba…
    Buen texto, Paloma. Como siempre: genial.
    Feliz sábado

  7. No los culpo, si tuviera la oportunidad yo me acomodaría de lo mejor en ese escalón con un jugo y con wifi gratis, disimularía un poco, claro, pero es una aventura que vale la pena experimentar.

    Parecen, más que dos diablillos, son chicos astutos y rebeldes, que sobresalen de lo típico. Van a su onda y eso me gusta. Espero, eso sí, que no se ganen ninguna golpiza injustificada o al menos desmedida.

    Oye, hoy en día que intento retomar la conexión, me gustaría saber si tienes Facebook o twitter para estar más en contacto.O si algo, tienes mi correo. Me avisas si te animas. Saludos.

    1. A mí también me gustan los que van a su onda, a su bola decimos más por aquí. Los que se escapan del rebaño, pero siempre que sea de forma natural, no como pose.
      No, no tengo facebook ni twitter. Si me animara claro que te avisaría.
      Gracias, Kadannek.
      Saludos de vuelta

  8. Y así se van… arrastrando el paso de la vida por el callejón. Quizás buscan más pintadas que les marquen otro rumbo.
    Muy buen ritmo le has puesto!
    Besos, Paloma.

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