Día: 19 septiembre, 2018

Abundancia

La rata Lucrecia está muy contenta desde que se cambió de casa. Cada vez que asoma el hocico y los bigotes por las rendijas de su nueva alcantarilla, montañas de regalos la están esperando alrededor de los contenedores.
Esta madrugada, por ejemplo, ha encontrado media hamburguesa bien gorda, con sus patatas fritas de guarnición y de postre un yogur con frutas del bosque, ¿qué cosa será bosque?

Después de llenarse la panza ha descansado un rato sobre un colchón desechado cubierto de deliciosos efluvios, colocado ahí para su solaz y recreo.
Mientras estaba tumbada  en mitad del colchón, observando la luz de las farolas y tres estrellas borrosas y meditaba sobre su ratil condición, ha pensado en la suerte que tiene.

Gracias y gracias, ha dicho royendo uno de los rebordes del colchón. Ayer aprendió que el primer paso hacia la felicidad es el agradecimiento. Estaba escrito en otro de los regalos, un libro titulado, “El arte de ser feliz en cinco pasos”. Después de leer el primer capítulo, se comió el segundo y el tercero y con el cuarto y quinto se hizo una colcha de papel. Ya refresca en las madrugadas.

Y por si encontrar los más variados presentes solo con poner las patas en la calle no bastara, tiene otro motivo más para estar alegre: a su alcantarilla le ha salido una flor. Es diminuta y nada aromática pero ondea cuando hace viento cual bandera vegetal de su patria subterránea.

Gracias y gracias, ha repetido en voz alta antes de ponerse a masticar, muy afanosa, un revoltijo de cables.Tiene que darse prisa, ya empiezan a llegar las otras ratas desde alcantarillas peor comunicadas y los más desgraciados de los humanos a rebuscar entre los tesoros.

Con los cables en la boca se sumerge de nuevo en su cloaca, feliz y agradecida de chapotear en la abundancia.