Abundancia

La rata Lucrecia está muy contenta desde que se cambió de casa. Cada vez que asoma el hocico y los bigotes por las rendijas de su nueva alcantarilla, montañas de regalos la están esperando alrededor de los contenedores.
Esta madrugada, por ejemplo, ha encontrado media hamburguesa bien gorda, con sus patatas fritas de guarnición y de postre un yogur con frutas del bosque, ¿qué cosa será bosque?

Después de llenarse la panza ha descansado un rato sobre un colchón desechado cubierto de deliciosos efluvios, colocado ahí para su solaz y recreo.
Mientras estaba tumbada  en mitad del colchón, observando la luz de las farolas y tres estrellas borrosas y meditaba sobre su ratil condición, ha pensado en la suerte que tiene.

Gracias y gracias, ha dicho royendo uno de los rebordes del colchón. Ayer aprendió que el primer paso hacia la felicidad es el agradecimiento. Estaba escrito en otro de los regalos, un libro titulado, “El arte de ser feliz en cinco pasos”. Después de leer el primer capítulo, se comió el segundo y el tercero y con el cuarto y quinto se hizo una colcha de papel. Ya refresca en las madrugadas.

Y por si encontrar los más variados presentes solo con poner las patas en la calle no bastara, tiene otro motivo más para estar alegre: a su alcantarilla le ha salido una flor. Es diminuta y nada aromática pero ondea cuando hace viento cual bandera vegetal de su patria subterránea.

Gracias y gracias, ha repetido en voz alta antes de ponerse a masticar, muy afanosa, un revoltijo de cables.Tiene que darse prisa, ya empiezan a llegar las otras ratas desde alcantarillas peor comunicadas y los más desgraciados de los humanos a rebuscar entre los tesoros.

Con los cables en la boca se sumerge de nuevo en su cloaca, feliz y agradecida de chapotear en la abundancia.

40 comentarios en “Abundancia

  1. Qué curioso. Una de mis primeras novelas se titula “Lucrecia y la rata”. El inicio de tu relato me la ha recordado. Hay un parecido innegable en el “arranque”. Ahora bien, tu rata es más hedonista, la mía, sin nombre propio, es más maligna, sin pasarse. En los dos relatos hay, por lo demás, una buena ración de ironía.

    1. Pues sí, ¡qué coincidencia!
      Si dices primera es que hay más de una.
      Eso no lo sabía yo. Ya me lo contarás.
      Esto solo es un ejercicio para no perder la costumbre y alimentar al blog.

  2. Con lo que otros no quieren…ella se siente afortunada…
    Además lista…mira lo que ha hecho con el libro de autoyuda!

    La imagen del revoltijo de cables en la boca es muy significativa y gráfica.

    Besos!

  3. Muchos seres humanos no tienen lo que tiene esta rata, carecen de alimento, casa, ropa de abrigo… Tanta miseria en los telediarios nos inmuniza, llegamos a pensar que todo lo que pasa en el estrecho se limita a la pantalla. Hay que plantarse y no permitir que el hambre campe a sus anchas y hacer lo posible para que se respeten los derechos humanos.

    Un beso.

    1. Es injusto, absurdo y cruel.
      Toda la razón tienes.
      Aunque lo que he escrito es una simple escena urbana después de observar los contenedores de mi barrio. Es que además de insolidarios somos bastante guarros.
      Sin generalizar, porque también hay gente generosa y cívica.
      Besos

  4. Cuando el gran conquistador casi semidios para sus iguales Alejandro Magno le preguntó a Diógenes que qué quería porque él podría dárselo. Diógenea le contestó que se quitara de en medio porque le estaba dando sombra.
    Lucrecia es una filósofa sin duda.

    Besos

  5. La primera vez que me cae simpática una rata … Por cierto, el otro día vi una en una alcantarilla, aunque no debía vivir en una zona de abundancia, con hamburguesas y patatas, porque la pobre estaba bastante esmirriada. Saludos.

    1. Con la de comida que tiramos me extraña que no estén todas bien rollizas. Pero se ve que también entre ellas las hay desfavorecidas.
      Espero no ver ninguna real por muy maja que sea.

      Un saludo, Raúl

  6. Muy “personal” la rata. El aprovechamiento del libro para ser feliz, me ha encantado y espero que los capítulos 2 y 3 no se le hayan indigestado, la felicidad también tiene lo suyo. Y dar gracias por ello, demuestra humildad e inteligencia. He leído en un comentario anterior una alusión a Firmin, es curioso pero conforme leía el texto me ha recordado al personaje de Sam Savage, toda una experta en literatura jejeje. Muy buen texto. Un abrazo y buena tarde de domingo.

    1. Yo también espero que no tenga empacho de consejos “autoayudescos”. Pero no creo, pienso que se quedó con lo importante.
      La verdad es que no me acordaba de la existencia de Firmin hasta que Martes de Cuento no me lo señaló. Ella sí sabe de libros!!
      Otro abrazo para ti

  7. Le tengo poca estima a kas ratas….en fin, esta es muy peculiar.
    Si que somos un poco guarretes y poco solidarios. Muy buen relato, querida Paloma.
    Besossssss

  8. Vaya, Paloma… No sé si era tu intención, pero este relato ha sido como una bofetada. Tenemos tanto que agradecer… Me impactó mucho la parte de los humanos menos privilegiados. Se me ha apretado el pecho. Excelente relato. Un beso.

  9. Este cuento contiene una declaración de conformidad y además la confirmación de que en la ciudad el que no sobrevive vuela. En un planeta azotado por el hambre Lucrecia encuentra sin esfuerzo la belleza y manutención y además se esfuerza en recordar cada noche que el dios del universo también se ocupa de los roedores, además de los pájaros del cielo, dejando caer abundantes restos en forma de maná. Un abrazo.

    1. Gracias por leer entradas anteriores.
      Cuando veo cada mañana la cantidad de cosas que tiramos, me acuerdo de la felucidad de Lucrecia y de lo mal repartidas que están las riquezas.
      Abrazo, Carlos

      1. Gracias a ti por mantenerlas en activo, es un placer recorrer esos pensamientos a ratos tuyos, a ratos de galeotes presos en los bancos de tu imaginación. Un abrazo.

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