El organigrama

No sé qué me pasa con las pinzas de la ropa pero cada vez que tiendo, por lo menos una y a veces más de una, se me cae al patio. Es una torpeza en las manos, una ineptitud  relacionada con sostener lo pequeño, con la psicomotricidad fina que supongo que algo tendrá que ver con sujetar pinzas y que no se te caigan. Esta mañana se me ha caído una, para no variar, y como era muy temprano, todavía no había amanecido,  y el patio estaba casi en total silencio ha sonado un “clan” de lo más escandaloso. A continuación,  alguien ha abierto bruscamente la persiana y ese ruido tan fuerte me ha parecido un reproche o un gruñido o un insulto por persiana interpuesta.

Estoy muy susceptible desde que ha llegado el nuevo jefe, perdón, el nuevo CEO,  y la atmósfera se ha enrarecido tanto. Tengo mal rollo con mi compañero Juan. Es el encargado de la sección de  sucesos y todas los días, a primera hora, llama a la Policía y pronuncia la siguiente frase, “buenos días, agente, ¿cómo va el servicio, algún incidente?” Antes nos reíamos juntos de la frase, pero ahora me río yo sola y él me mira con cara de mala uva por encima de la pantalla. Está claro que  cree que quiero su puesto.

Cree bien, lo quiero. Es el único que entra pronto, -madrugar a mí no me importa-, y que sale temprano, -salir tarde sí que me importa, cada día más-.
Conciliciación, no te conozco. Te imagino como una señora gorda en bata, amable y cariñosa. María de la Conciliación, Conci, familiarmente. Otro motivo por el que quiero el puesto de  Juan , aparte del de conocer a la señora Conci, es que  nunca viaja, solo  se desplaza por la ciudad. Esos desplazamientos le vienen muy bien  para estirar las piernas y perdernos a todos de vista un rato, en especial al CEO que se pasea entre las mesas con una cara de Chief Executive Officer que no se puede aguantar.

Odio viajar pero nadie lo sabe, no lo puedo decir, está muy mal visto.  Todos hablan de sus viajes y presumen de ellos y se dan envidia unos a otros y quieren tener dinero para seguir viajando y viajando hasta caer muertos. No puedo salir del armario y proclamar: queridos compañeros, soy sedentaria. El día del orgullo sedentario me gustaría instaurar en caso  de tener poder para instaurar días. Para celebrarlo ninguno saldríamos de casa.

Yo ya quería el puesto de Juan cuando estaba Rogelio, el anterior jefe, que me diga CEO,  y lo más seguro es que él lo supiera, la diferencia es que no tenía miedo. Las posiciones diseñadas por Rogelio dentro del organigrama eran inamovibles, donde te hubiera colocado, ahí te ibas a quedar por siempre. Pero ahora, con la llegada del nuevo, todo está en el aire, todos estamos en el aire. Me lo imagino moviéndonos en su mente como si fuéramos sus fichitas , jugando, hasta que se decida y empiece a movernos de verdad y nos clave bien clavados en el famoso organigrama. Ninguno está seguro en su sitio habitual y eso enrarece el ambiente, la atmósfera laboral que por otra parte nunca ha estado demasiado limpia.
Todos sospechamos de todos, el que estaba conforme con lo que tenía, al que le gustaba su posición, tiembla, y a los que no nos gustaba y fantaseábamos con los cometidos de otros estamos inquietos.

Todo esto me causa mucha angustia así que he llamado a mi amiga Marta para desahogarme y de paso pedirle unas pastillas tranquilizantes a las que ella es adicta desde hace años. Se resiste a dármelas, dice que corro el riesgo de volverme como ella. No importa, en estos momentos quiero correrlo.  Hemos quedado a la salida del trabajo pero se ha presentado con una tal Teresa. Moyano Oller, he dicho yo para mis adentros cuando me la ha presentado.Es que una compañera de clase, la que iba detrás de mí en la lista,  se llamaba así, tantos años oyéndolo que ya no puedo disociar Teresa de  “Moyano Oller”.  Tampoco puedo disociar marejada de  “rolando a marejadilla”, tonterías mías.

Ojalá de marejada rolásemos a marejadilla en el trabajo y de ahí a mar en calma pero la que tenemos montada tiene más pinta de ir a rolar a fuerte marejada o a mar gruesa. Vete a saber. Si al menos tuviera suerte…ya me tengo más que ensayada la frase, lo bien que diría yo cada mañana, “buenos días agente, ¿cómo va el servicio?” Lo diría mejor que el soso de Juan, con más salero.
He metido las pastillas regalo de Marta en una cajita que antes tenía chocolatinas y he salido pitando porque la tal Teresa “Moyano Oller” era una pelmaza de cuidado y no hacía más que hablar de sus vacaciones y, sobre todo, de lo que había comido en ellas .Pretendía, además, que jugáramos al precio justo. Chuletón con patatas, ¿cuánto decís? Y se quedaba callada esperando la respuesta.Para que se pusiera contenta teníamos que decir mucho más de lo que había pagado. Eso la llenaba de alegría. Una de las veces he dicho menos y se ha rebotado.

Mi mente no para de darle vueltas al organigrama y como si yo tuviera alguna capacidad de manejo sobre él, no hago más que colocarme en los diferentes puestos para ver en cuál de los que están a mi alcance estaría mejor y he llegado a la conclusión de que solo me interesa uno. Los demás serían más de lo mismo o todavía peor.

Antes de irme a la cama he tenido que recoger la ropa que tendí por la mañana.  El patio olía a todo tipo de cenas entremezcladas con predominancia de carne a la brasa, ¿cuánto dices? Otra vez me ha fallado la psicomotricidad fina, vamos, que se me ha caído una pinza. Como había bastante ruido, ese jaleo del final del día, de todo lo que conlleva ir cerrándolo y  y cerrándonos a nosotros mismos, no me ha insultado ninguna persiana. Algo es algo.

Entonces he levantado la mirada y he visto unas luces que atravesaban el cielo, el hueco de cielo que puedo contemplar. Eran tres pájaros que con alas veloces y brillantes, escapaban por una esquina. Mira qué listos,  se han salido  del organigrama.

Ay, si me pudiera ir con ellos. Te dejaría en paz, Juan. La perspectiva de pasarme media vida diciendo “buenos días agente, ¿cómo va el servicio, algún incidente hoy?” tampoco es que me apasione mucho.

39 comentarios en “El organigrama

  1. Bueno, pero lo dirías con mucha gracia. De lo que da de sí una pinza de la ropa, Eva Hache hizo un monólogo sobre ellas. A mí también se me caen, una vez volqué el cesto y te puedes imaginar. Y las de colores se me parten, y mira que no tengo mucha fuerza. Aún así me gustan más que las de madera, que son más funcionales. Qué cosas, ¿verdad?
    Besote

    1. Voy a sacar mi parte marujil, va. Es que no todas las pinzas son iguales, para nada. Ni duran lo mismo. Yo comprobé durante un tiempo que pinzas compradas en el chino y que eran mucho más grandes que las normales (de plástico y de colores, y en un arranque me hizo ilusión comprar pinzas grandes) se rompían, partían o desmontaban con suma facilidad, qué desastre. Se partían a poco que hicieras fuerza, creo que es defecto de fabricación. En cambio otras más pequeñas son mucho más fuertes y cierran mejor, yo creo que buena parte del secreto está en el muelle que llevan.
      Lee mi anécdota sobre la vecina y las pinzas, creo que tiene su gracia.

      1. Ya la he leído, es muy curiosa. Me pregunto si las tiene todas mezcladas en el mismo sitio y rebusca para ponerlas en ese orden, o las ordena por colores, que visto lo visto sería lo suyo 😁.
        Será cosa de los materiales y del muelle, como dices, lo malo es que si están muy duras te marcan la ropa. Hay que buscar un equilibrio, no es fácil, je, je.
        Por suerte en breve nos mudamos en breve y pondremos secadora, así que espero usarlas muy poco a partir de entonces 👏👏👏.
        Un abrazo, What

  2. Como vivo en el bajo y todas las pinzas caídas -los dedos a menudo no están tan ágiles como quisiéramos, y menos sujetando la ropa húmeda con las dos manos, intentando extenderla, y con medio cuerpo asomado al vacío- acaban cerca de mi ventana, la chica que viene una vez al mes a limpiar el patio interior las recoge del suelo y las prende en las cuerdas de mi tendedero. Así que no me he visto nunca en la necesidad de comprar pinzas. Elijo, como si estuviera ante un muestrario, las que más me gustan -prefiero las de madera, siempre que no estén viejas o sucias- y el resto -las de plástico, de innecesariamente llamativos colores- las tiro a la basura. Como tengo ya un buen cesto lleno de ellas, me permito el lujo de ser cada vez más exigente. Y no descarto que alguna de las que tengo sea alguna de las que se te han caído.

  3. Pobre, se le va la pinza… bueno, las pinzas…
    Yo también soy cada vez más sedentario, creo que es porque ya no se puede viajar, lo de ahora es para sardinas enlatadas, un engañabobos…
    Me escapé de los organigramas, y ahora, nunca mejor dicho, soy un verso suelto que nadie sabe cómo recitar.

    Besos.

  4. Si alguien confiesa que no le gusta viajar, lo más probable es que lo miren como a un bicho raro. Esta misma mañana, por decir que me horrorizan las comidas conmemorativas, me han lanzado una de esas miradas descalificatorias.
    A ver si instauran de una vez el día del sedentario, si es que queda alguno libre en el calendario.

    1. Pero si todos somos raros quiere decir que no lo somos ninguno. En realidad lo que somos es distintos. Un mundo en el que todos fuéramos iguales (normales) sería un espanto y un aburrimiento.
      A mí también me gusta el tema, daría para escribir más.
      Besos, Patricia

  5. -Que se te caigan las pinzas abajo es ya un clásico. Todos/as tranquilos/as.
    -Contaré una anécdota, algo que me hacía mucha gracia: la vecina de abajo de mi anterior domicilio creo que era maniática del orden en plan compulsivo, porque tendía la ropa poniendo las pinzas de colores exactamente bien ordenadas y agrupadas. Por ejemplo, todas las verdes y después las amarillas, después las azules, etc. Qué gracia me hacía. Si por ejemplo venían pares de calcetines, pues todos con pinza azul. Que se acababan, el siguiente par con verde. Jamás, jamás, un mismo par con dos pinzas de distinto color. ¡¡¡No!!! Jajaja… ¿qué opinas? A mí por supuesto me la repampinflaba y me la repampinfla el orden en que pongo los colores, ni me fijo.
    -La frase de los sucesos y “… agente… incidente…” tiene su punto de patetismo, quizá por la rima.
    -La frase “Cree bien, lo quiero” (el puesto de Juan) me ha hecho reír mucho.
    -Sí, parece un organigrama o un planteamiento para no dejar que nadie se acomode o confíe, para tenerlos a todos en tensión y también nerviosos, claro. No mola demasiado, sólo para los muy ambiciosos, trepas, inconformistas, cabroncetes, rencorosos o amantes de los cambios. Quizá con esto ya he hecho un barrido entero a la oficina…
    -La vecina… si por ejemplo había pinzas de color rojo pero también de rojo ya descolorido por el sol, pues las descoloridas siempre juntas, jamás con una de rojo vivo… Está en su perfecto derecho, claro, manías tenemos todos, pero… ¿le pedimos hora para un buen psicoterapeuta? Jajaja.

    1. Jajajajaa, ¡la vecina monocromática!
      Esa señora es una artista y le gusta que todo quede bonito, hasta su ropa tendida.
      Pelín maniática pero con encanto y encima te te ha servido de diversión. A lo mejor tiene diferentes cajitas de colores para cada tono de pinza, uffffff

      Besos!!

      1. Habéis pensado las dos lo mismo, jajaja. Si las separaría en cajitas por colores también. ¡Hostia!, jamás se me había ocurrido y habría que preguntárselo. Es verdad que me servía de distracción. Lo de los colores era sagrado y jamás la vi en años poner los colores desordenados. Yo tenía y tengo dos manías respecto a la ropa (tanto criticar… ): Una, los calcetines los tiendo en cordeles que tengo en el interior de la galería, por ejemplo, así no se me cae nada y no necesitan ni pinza, voy más rápido. Y dos, tengo las pinzas en un bote transparente con una tapa de color violeta. Se me rompió un bote y volví a comprarme otro, “por casualidad” también con tapa morada. Es que soy un enamorado de ese color, me hace pensar en misticismo, espiritualidad y el Buda. Mira mi avatar, je je. Besos.

      2. Lo que más gracia me ha hecho es lo de las pinzas descoloridas, ha creado un nuevo color para organizar. Ya te digo que es una artista. Y muy metódica.
        Tus pinzas tienen que ser moradas

  6. Me pasa que conozco un poco a Conci, y todo el mundo me mira un poco así, que si mi hijos no crecen, que vivo muy bien trabajando solo cinco horas, a veces, me dan ganas de enseñarles la nómina. Nada, que soy la rara y tampoco saben que viajar me gusta menos que a todos ellos… en fin, que también se me caen las pinzas y me gruñen las persianas por ello.
    Fantástico relato, Paloma.
    Besosssss

    1. Tienes mucha suerte de conocer a Conci y todos esos son unos envidiosos.
      Muchas veces no se puede pero si se puede me parece la mejor de las opciones.
      No eres rara, eres tú, Maite, un encanto de persona.
      Besos

  7. Los organigramas suelen tener tremendos errores. Gente que no vale para un trabajo, se muere en ese puesto porque a nadie se le ocurre que podría hacer otra cosa mucho mejor. ¡Qué manía eso de etiquetar a la gente! Algunas veces, yo también quisiera ser pájaro y volar lejos, fuera del organigrama algunas veces. O, como mínimo, dejarme «caer» y correr una aventura de pinza de ropa 🙂

  8. Ten cuidado, hay puestos de trabajo que son para coger con pinzas. Es preferible a tu aspiración entrar tarde, salir temprano y tener horas libres en medio. Claro que serías la envidia de la oficina y podría llegar a ser contraproducente.
    😉

    Eres una escritora genial.

    Un beso.

  9. Lo del día del orgullo sedentario te lo van a copiar, cualquier día de estos lo tenemos instaurado, incluso podría coincidir con el día del adicto al gimnasio, más que nada para equilibrar. Yo creo que muchas veces se nos caen las pinzas un poco a propósito, para ver cómo van cayendo y cómo suenan, así nos aburrimos menos al tender la ropa. Muy bueno el relato, Evavill, como siempre. Saludos.

    1. Se me están ocurriendo unos cuantos días orgullosos más, todos “raros”. Pero no los diré, no sea que los instauren y tenga que celebrarlos.
      Seguir la trayectoria de la pinza…bueno, pues sí, tiene su aquel.
      Gracias, Raúl
      Saludos

  10. Yo creo que las pinzas saltan de los dedos para intentar escapar de su destino en el cordel…
    Al menos cambian de casa.

    Flipo con la vecina de What…tender la ropa taaaaan metódicamente!
    Claro q si lo pienso…todos tenemos alguna manía.
    Pero esa? uffff

    Buen fin de semana!
    ; )

    1. Las pinzas escapistas!!!
      Entre todos le estáis dando una nueva vida a la historia.
      Jajajaja, la vecina de What…debe tener los armarios que ni la Marie Kondo, o como se llame esa señora japonesa del orden.
      Igualmente para ti.
      Besos

  11. Uf, sí, encorsetar a las personas, no lo soporto, entiendo a las pinzas, ja ja …
    Es que no lo soporto.
    También conozco a una persona que tiende la ropa armonizando los colores de las pinzas, va combinando según le parece, no las elige al azar, ella lo disfruta …
    Genial el texto 🙂

    Otro beso, muchos … 🙂

    1. Eso está muy mal. Todos tenemos muchos matices y además vamos cambiando.
      Oye, pues está muy bien hacer algo bonito con la colada, claro que sí.
      Muchos besos y gracias por todas las lecturas.

  12. Me he reido con tu publicación y con los comentarios. Como me estoy quitando del sedentarismo, vicio nefando donde los haya. Y las pinzas aterrizan en propio patio. Debo confesar que persigo el curso del sol con los tendedero evitando que estén a la sombra de los árboles y en cuanto a la Conci, creo que debió nacer después de que crecieran los niños porque nos tocaba chupar más tardes que a un ocaso. Pero tener un CEO debe ser algo mucho más terrible. Un abrazo.

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