Niña con muñeca al final del verano

Caro sale tiritando de la piscina. Se sienta en la toalla, levanta del suelo a su muñeca y estirando un poco los brazos se la coloca enfrente, a la altura de los ojos. Así se queda, mirándola, tiritando.

Por encima de sus cabezas el viento da la vuelta a las hojas del álamo, -ahora verdes, ahora blancas-. Las hojas se hablan con inquietos susurros, se avisan de que él ya está aquí, merodeando. Pronto llegará también la lluvia. El viento, que de momento solo se está entrenando, se detiene. Tranquilidad en la copa del álamo por donde el sol filtra sus rayos.

Caro, sin saber nada de todo eso,  sigue mirando con fijeza a su muñeca, abstraída por completo del mundo exterior. “Cómo me mira”,  dice riéndose con asombro de la obsesión que la muñeca tiene con ella. “No puede dejar de mirarme”. La enrolla en la toalla protegiéndola de su propio frío y continúa su juego, buscándose y descubriéndose en esos atentos ojos de plástico.

El padre, que estaba leyendo debajo del álamo, cierra el libro, lo deja sobre el césped, saca el teléfono de una bolsa y se acerca hasta su hija. “Caro, mírame”. Se rompe el encuentro, la íntima comunicación entre las dos. La niña ladea la cabeza y sonríe, sabe posar. Gira a su muñeca para que también salga en la foto. Ambas son la misma niña coqueta y friolera.

El viento, a traición, ha arrancado tres hojas. Una cae sobre el césped por el lado verde, otra, toda de blanco, vuela a la deriva; la tercera, verde, aterriza en la cabeza de Caro. Se la quita de un manotazo , la coloca sobre la de la muñeca y agitándola grita, “y ahora verás qué pasaaaa”.

38 comentarios en “Niña con muñeca al final del verano

  1. Jajaja, qué bueno y qué bonito. Me ha encantado lo de sentir su propio frío y su tiritar en la muñeca. No sé, me da la impresión de que esas tres hojas de álamo cayendo son como tres cartas del tarot que el universo ha dejado caer, una de cada cara, a ver si alguien sabe desentrañar su significado.

    1. Son la estrella, el sol y…la otra no sé porque está boca abajo. Por decir algo.
      A mí lo que más me gustó de esa niña es que pensara que era la muñeca la que la miraba a ella y no al revés.
      Besos!!

  2. En la atmósfera se perciben sutiles cambios. La luz es mucho menos agresiva. Por la mañana y de noche hace fresco, pero en el hueco del día hace calor, no el suficiente para bañarse en una piscina, como Cara. Las hojas caídas del álamo temblón son las tarjetas que nos envía el otoño prometiéndonos días de discreta felicidad.

  3. Las hojas vaticinan algo que ignoro, un destino insospechado que a su vez me desconcierta con ese grito final.
    Me causa ternura y a la vez me provoca interés el que la pequeña se vea en la muñeca, y se impresione con esa mirada inmutable. Hasta yo llegué a creer que es la muñeca la que verdaderamente mira.

    Una extensión de sí misma, un alter ego, un reflejo, lo que sea, pero una forma de reconocerse en el mundo.

  4. Los adultos cada vez se distancian más de los niños, no hablan, sin embargo son fotografiados un ciento de veces al día.

    Me encantó tu relato, los niños crean su mundo paralelo al de los mayores y son felices durante el juego, con un poco de suerte también después.

    Un beso.

  5. Hola, querida Paloma. Me encanta visitarte. ¿Sabes que estás garantizada? Vengo a leerte y siempre tengo la garantía de que voy a disfrutar de tus historias. Preciosa, la niña con la muñeca. Alguna vez fuimos así. Excelente.

  6. Hola, Mel ¡Qué ilusión un comentario tuyo!
    Esto de garantizada no me lo habían dicho nunca, jajajaja, es muy original y bonito.
    Pero no creas, a veces también escribo bodrios.

    Es verdad, así fuimos 🙂
    Muchos besosssss y muchas gracias

  7. Hola Paloma!
    Cómo me gusta este momento al final del verano….
    El protagonismo del álamo es total… qué mejor que esas imágines cinéticas tan entreveradas con el sonido del viento y y el brillo del verdeblanco.
    Delicioso! Muchas gracias.

  8. La cuanta atrás del verano llega con esas tres hojas caídas y el frío que envuelve a la niña, pero también el mágico momento durante el cual otorga vida a su muñeca. Me ha encantado. Un abrazo.

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