El llanto de mi casa

Hace como un mes, cuando ya estaba en la cama a punto de dormir, llamaron a la puerta. Me sobresalté pero tampoco demasiado, pensé que se trataba de uno de los muchos que se suelen perder en este edificio. Es fácil  si acabas de llegar, ya que hay varias escaleras, largos pasillos y en ellos, pisos patera, pisos turísticos, pisos de chinos que salen en tromba por las mañanas, fumando y con muy mala cara, cara de haber pasado la noche mal durmiendo unos encima de otros. Nunca son los mismos, pasan un tiempo corto aquí y luego se van a otros sitios. En las madrugadas de verano salen a la calle a hablar por teléfono con sus parientes. Al estar China tan lejos, tienen que gritar mucho  y no dejan dormir a nadie. No son los únicos que hacen ruido, de forma constante la gente entra y sale con maletas, a veces se detienen desorientados, no saben si subir o bajar y como no saben qué hacer, se sientan en cualquiera de las escaleras como si en ellas estuviera la respuesta y no en el viento. Allí sentados fuman o miran la puerta del portal con cara de despiste. Para abrir esa puerta hay que pulsar un botón que siempre está cascado porque un habitante del edificio se divierte rompiéndolo. En cuanto lo reponen, lo rompe otra vez.
En una de las juntas de la comunidad, un vecino propuso colocar unas cámaras para descubrir al elemento subversivo, pero otro , el típico derrotista, objetó que eso no tenía sentido porque el subversivo rompería primero la cámara y después otra vez el botón. La idea de la cámara se desechó.

Casi todas las ideas se desechan porque todo el mundo habla a la vez, con mucho odio y rabia de unos contra otros y es imposible el acuerdo. O tal vez es que utilizan las juntas de vecinos para descargar el odio y la rabia que traen de otras parcelas de su vida, o de la vida en conjunto, de lo que supone estar vivo y no saber muy bien para qué y encima, al final, tenerse que morir.

Acude gente que me parece muy misteriosa, por ejemplo,  un asiduo que presume de saber mucho de ascensores. Esa es una rama del conocimiento muy especial, muy delimitada, hay que reconocer. Qué tipo alucinante es ese que sabe tanto de ascensores. Me intriga y le preguntaría de dónde le viene esa sapiencia, pero al mismo tiempo me da miedo verme involucrada en una larga conversación sobre ascensores y sus mecanismos. Mejor no.

La noche que llamaron a la puerta me temí que fuera él y que viniera a hablarme de motores y poleas.  Por suerte no era, resultó ser la vecina de abajo, que es nueva, acaba de mudarse con su familia. Me dijo que no podía dormir a causa de unas conversaciones en voz muy alta provenientes de mi casa. Tía maniática, pensé, nada más llegar y ya se está quejando. La que te espera, me compadecí también acordándome de los chinos en las noches de verano, de los jaleos que montan los de los pisos turísticos los fines de semana y fiestas de guardar. En uno de ellos, es un primero,  saltaron por la ventana cantando “los animales de dos en dos, uap, uap”.
Son muchas las diversiones en un edificio caótico y superpoblado. Sin normas. Cualquier proyecto de norma se pisotea convenientemente en las juntas de vecinos, se pulveriza,  se aniquila y como mucho, para disimular, se coloca un cartel en un panel del portal, en el que dice, “absténgase de hacer ruido a partir de las doce de la noche”. El que se abstiene es porque tiene sueño y se queda dormido. No se está absteniendo en realidad, solo se está durmiendo.

En cuanto al botón de apertura lo han dejado sin carcasa, así no se puede romper porque no existe. Se corre cierto riesgo de electrocución al abrir la puerta pero la vida es riesgo, en general.

Al día siguiente de su visita nocturna, por la tarde, volvió a subir la vecina, muy agobiada. . Esta vez a pedir perdón por haberme molestado sin motivo, quiso invitarme a un vino, insistía mucho en lo del vino. Me pareció simpática hasta que empezó a hablarme de otros ruidos, de ruidos de agua que se oían por la noche, según ella, de cañerías. Como nunca había oído nada así, se lo dije y nos despedimos cordialmente, ella desconfiando de mí, por no percibir lo evidente, y yo de ella, por percibir demasiado. Pero esa misma noche empecé a escuchar el ruido del agua, unos quejidos internos que se producen cada vez que alguien abre un grifo. Y como somos tantos y el abrir un grifo es un acto tan común, la casa no para de gemir.

Ahora  oigo cada noche y a veces también de día  el llanto contenido de mi casa, de mi casa vieja, harta y cansada. Y yo, insensible, no me había dado cuenta. Pobre casa mía, es mucho lo que padeces y ni siquiera puedes ir a desfogarte, a volcar tu rabia y desesperación a las juntas de vecinos, dado que se celebran dentro de ti, que también son parte tuya. Es como si un loco tratara de deshacerse de su mente perturbada.

No me extraña que llores.

 

 

 

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71 comentarios en “El llanto de mi casa

  1. Buenos días.
    Se me escapan las lágrimas, Paloma. Voy disimulando porque voy en el metro y parece que todo el mundo me mira.
    Me he contagiado de ese llanto, no es para menos.
    Un beso de los fuertes.
    Te he dicho alguna vez que escribes genial?????

    1. Y eso que no he mencionado las obras, también muy frecuentes.
      Yo no voy a todas las reuniones, pero cuando voy hasta me divierto a ratos.
      Están loquísimos!!!

      Besos, Manuel

  2. El sentido del humor nos salva. Y el tuyo nos alegra a sobrellevar el día mientras te leemos.
    (Aunque los edificios en los que ahora vivimos son, en el fondo, como el de la calle 13 Rue del Percebe -un poco más multirraciales, multiculturales y multisónicos-, hemos perdido esa inocencia, ese caos y esa alegría que tenían los estrafalarios habitantes de aquel disparatado inmueble en el que nos colábamos encantados de niños)

  3. Juntas de vecinos o, mejor dicho, de propietarios. Ahí tienes un filón, las de mi edificio son de risa, también hay gente que sabe de todo… y yo el primero claro 😉

  4. Qué bueno, ja, ja, lo he visualizado todo (excepto los chinos enfadados y fumando, eso me cuesta, no sé por qué). Por un momento he pensaso: “Pero ¿esta mujer dónde vive?”, luego he recordado que cuando vivía en Vitoria no teníamos luz en los pasillos porque robaban las bombillas…
    La vida en el pueblo en general es más tranquila, aunque lo de los gritos se lleva también.

    1. Enfadados, no. Con caras de encontrarse mal los pobres. Fuman mucho, eso es verdad, como los españoles hace unos años.
      Es una casa normal por fuera, hasta que la conoces en su intimidad.
      Pensaba yo que no tenías ni un ruido en el pueblo.

      1. Cuando mi marido habla por teléfono con su hermano siempre le digo que salgan al balcón y dejen los móviles, que a ese volumen no los necesitan. Me temo que el mediano ha heredado el tono. Eso sí, para llamar a las yeguas viene bien.

  5. -Oye, son iguales todos los chinos, no hay manera de distingirlos. – me comenta mi vecino señalando a un grupo de los chinos al lado de la tienda “Alimentación y frutos secos” .
    – Seguro , que ellos piensan lo mismo de nosotros, de los españoles.- le contesto yo.
    – ¡Por favooooooor…nena , que barbaridad!…hay feos , hay guapos , pero ellos todos son ” neutros”.-
    Vivo en un edificio muy parecido al que describes .Soy igual que tu vecina de abajo. Muy , muy bueno…lo leí disfrutando , cada detalle es muy familiar para mi. Un abrazo.

    1. A mí ya no me parecen todos iguales aunque es verdad que eso nos pasa y supongo que a ellos también con nosotros.
      Así que tú también padeces, vecina de abajo.
      Te invito a un vino!!

  6. Qué mundo este Paloma…
    Los tapones de silicona suelen ayudar a sobrevivir durante las noches descontroladas.
    No sé cómo será en países donde la gente sea más educada pero en este país cada comunidad de propietarios es una selva aterradora.

    Besos.

  7. Las reuniones de vecinos son una olla de grillos o una terapia de grupo de la que uno sale peor de lo que entró, o una oportunidad de descalificar a quien te cae mal, de afianzar tu tambaleante personalidad, de descargar el odio y la rabia…Tu descripción hace justicia a ese invento del diablo.

  8. Dios mío… ¡¡¡menuda escalera, casa y vecindario!!! Jajaja… entre las trombas de chinos, el subversivo misterioso y el también misterioso especialista en ascensores. Y las juntas de vecinos, claro. Creo que puede ser bastante verdad lo de la rabia descargada.
    No sé si es la escalera donde vives, pero compadezco a quien viva ahí, porque es de todo menos tranquila. Es curioso, porque he tenido la suerte de jamás toparme de cerca con pisos turísticos o patera. Mi madre y mi hermano (donde vivía yo antes) sí tienen esa desgracia, la escalera se ha degradado mucho en ese sentido, hay pisos donde entran y salen constantemente, casi.
    Te felicito por el texto, en verdad es genial.
    “Al estar China tan lejos, tienen que gritar mucho y no dejan dormir a nadie”…. jajaja.

    1. Pues sí, vivo ahí.
      Hay más de una escalera y la mía es de las más tranquilas. Pero tenemos nuestro piso turístico para que no pasemos envidia.
      Muchas gracias, What.
      Besos

  9. Yo no soy de rebloguear ni de mandangas de ese estilo (en mi blog no pegaría, a no ser que fuera un post musical, a priori), así que voy a tomarme la libertad de recomendarte una lectura. De recomendaros, para quien se anime a leerlo. Creo que Jordi M. Novas escribe genialmente bien, tiene un montón de ingenio y gracia. De hecho estoy encantado de haberle descubierto (como se entere de esta publicidad, va a flipar). En serio, creo que es bueno, a mí me ha enganchado. Si te animas, a ver qué opinas. Ciao.
    https://jordim.wordpress.com/2018/10/17/adorna-tu-calabaza/

  10. Algunas comunidades de vecinos parecen versiones actualizadas del tebeo “Trece Rue del Percebe”, que tanto leía cuando era pequeño. Dan ganas de reír, pero si no te toca de cerca porque de lo contrario puede llegar a ser desesperante; mis vecinos y mis juntas de vecinos suelen ser relativamente tranquilas, pero es verdad que siempre hay alguien que sabe de todo, de ascensores o de lo que sea y siempre lo manifiesta con mucha autoridad, no hay nada más intimidador que soltar dos o tres tecnicismos. Me ha gustado mucho el relato. Saludos.

    1. Totalmente ruepercebianos.
      Menos mal que tienes tranquilidad en ese sentido. Pues mira, me has dado una idea, me voy a aprender unos cuantos tecnicismos, sea de lo que sea, y los voy a soltar en la siguiente junta. Se va a enterar el de los ascensores!!
      Gracias Raúl
      Saludos de vuelta.

  11. Toc, toc, toc… ¿¿Estas por ahi??
    Es que llevo tanto tiempo sumergida en el mundo de la crianza que me encanta volverte a encontrar.
    Si te voy a visitar prometo no electrocutarme con el timbre de tu finca… Es por el tema de los seguros… No vaya a ser que se genere un problema colectivo con los vecinos si muero electrocutada en la puerta de la finca… Upsss…
    Cuando te vaya a visitar, te llamo a la antigua usanza… Unos cuantos gritos y “apañao”… También se silbar… Ese recurso me puede servir en un momento desesperado por llamar tu atención. 😀
    Besicos de colores y estate pendiente guapa. Que en cuento pueda me voy “pa ya” 😉

  12. Yo no sobrevivía tres días a semejante bullicio. Creo que optaría por profesar en un lejana y silenciosa abadía, disfrutaría de su biblioteca y trasquilaría ovejas, vestiría hábito y rodaría documentales sobre la vida en el campo.

    Eres genial, se oye el griterío, el ruido de las ruedas de las maletas y las conversaciones en chino…

    Un beso.

  13. Pues es así, a mí me dijo una vecina , de esas que vienen enfadadas de serie, que iba a protestar al Ayuntamiento, porque todos los días de madrugada, le despertaba el camión de la basura, y yo que jamás lo había oído, empecé a oírlo Jajajaa hay gente que te abre los ojos(y los oídos) para bien y para mal.
    Y también hay gente que escriba sobre lo que escriba, te interesa (como tú) y gente que escribe sobre algo apasionante pero no sé por qué …aburre a las ovejas.

    1. “Enfadadas de serie”, jajaja.
      Que no nos descubran nuevos ruidos, por favor.
      Gracias, Mercedes :))
      Como no me pasa nada muy apasionante tengo que sacar punta a lo cotidiano.

      1. Pero si esa escalera es apasionante! En lo cotidiano están los “grandes temas de la humanidad” … pero si te pareces a BueroVallejo con esta historia de una escalera
        Y también a 13ruedelpercebe (queyalohandichoylorepito). Qué grande eres, Evavillquerida

      2. Me gustaría poder hablar con la gente que veo a diario, saldrían muchísimas historias interesantes. Lo malo es que en las ciudades casi todos vamos con prisa y a nuestro rollo, con auriculares…parecemos autómatas.
        Gracias Note.
        Y me anoto para leer, “Historia de una escalera”, que no lo he hecho. Qué mal!!
        Besos

  14. Muy realista la historia, tal vez pelín exagerada con eso de los chinos que gritan porque sus familiares están muy lejos jajaja, me encanta. Aunque mi madre también gritaba por teléfono y vivía cerca, pero depende de la experiencia de cada uno. Lo de las juntas es de traca. Y ¿quién no tiene un vecino plasta sepa o no de ascensores? lo has clavado. Y falta el final, sorprendente, de la casa llorando harta y cansada, por lo que tiene dentro. Siempre se ha dicho eso de “si las paredes hablasen”. .. Muy bueno. Un abrazo Paloma y a por el finde.

    1. Sí, pelín pero no te creas que tanto. No descarto que algún familiar de Pekín les haya oído hasta sin teléfono
      Qué graciosa tu madre 🙂
      Gracias, Carlos
      Que disfrutes el fin de semana

  15. Me ha conducido por donde él quiso, me ha empujado, me ha sobresaltado, me ha regañado, se animó a tomarme de la mano con total confianza, como si nos conocíéramos de antaño….
    Tu relato me ha ganado!
    Excelente, Paloma! Gracias!

  16. Si los edificios hablaran…
    Yo fui presidenta de un edificio donde viví en el centro de Madrid…y la experiencia da para escribir un guión de película costumbrista,comedia,cine negro y terror todo mezclado! aggggg

    Me ha encantado lo de la vida es un riesgo…flitttttzzzzzzz (sonido de electrocución) jajjajaja

    Besos sin vecinos.

  17. Estupendo, Paloma, tal cual como estar allí. Me encantó.
    La verdad es que vivo en una casa muy tranquila en ese sentido, siempre nos ponemos de acuerdo en todo, nunca hay problemas, somos muy pocos vecinos y nos llevamos bien.

    Fui a verte y estaba cerrado 😦

    Un beso. 🙂

    1. Gracias, Rosa.
      ¡Qué suerte tienes!, mi casa es muy jaleosa. Lo bueno es que está bien situada y se ven las puestas de sol por una ventana. Pero caótica lo es un rato.
      Muchos besos

  18. Me has hecho ver la casa como un ser vivo y a sus habitantes como si fueran músculos, sangre, dolores,,, que la pobre sufre y esas juntas de vecinos, vendrían a ser su inconsciente. Como esas largas discusiones que a veces nos hacemos interiormente en las que dudamos, nos contradecimos o nos rebatimos nosotros mismos. La vieja casa es, en realidad, una vieja persona que anda mal de la azotea 😉

    1. Genial lo de las juntas de vecinos como un inconsciente o como esa voz incordiosa que nos atormenta. Esta casa tiene que hacer meditación.
      Un beso enorme para ti y muchas gracias por las lecturas.
      Yo tengo un par de cuentos ( que no cuentas) pendientes contigo 🙂 🙂

  19. En cada uno de tus relatos descubro la enorme capacidad para desplegar literatura que posees, quiero creer que de manera innata. Creo que sería una idea magnífica publicar las entradas en un libro. Un abrazo.

    1. No entiendo mucho de comunidades de propietarios, salvo para comprender que en un edificio cada cual actúa en su propio interés. Nosotros somos cuatro fijos en toda la calle y claro mantenemos una relación siempre presta a colaborar. Un abrazo.

      1. Jajajaja. Sí, es cierto.
        La verdad es que el papel hace ilusión, algún proyecto vuela por ahí, pero con el blog me lo paso muy bien.
        Otro abrazo.

      2. Estoy de acuerdo Paloma, pero de cuando en vez hay que sacar un libro nuevo para subir la autoestima, por las reseñas más que nada. Un abrazo.

  20. Me hiciste ir para atrás y recordar cuando vivía en un edificio loco, muy loco, donde me encantaba ir a las juntas pues me divertía mucho, pues era como si estuvieras en un teatro, la mayor parte de sus habitantes eran artistas, músicos, cantantes, pintores, actores que en ellas representaban y jugaban cualquier papel y uno a otro se contestaban usando frases de distintas obras y se metían en unas discusiones que valían la pena estar en ellas, eso sí resolver algo, eso era otro tema. Me hiciste hacer un viaje al baúl de los recuerdos. Estuvo bueno. Gracias, un abrazo

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