Dos boinas pluscuamperfectas

En el edificio que está pegado al mío vive una pareja que va siempre junta. Los conozco un poco más que de vista, de cuando nuestros respectivos hijos eran pequeños y había que acompañarlos al colegio. Ya entonces iban siempre juntos. De aquella época conozco a bastante gente, un poco más que de vista. Gente con la que he intercambiado unas cuántas palabras o incluso mantenido una conversación de tamaño mediano y  que he seguido viendo  pero con los que rara vez he vuelto a hablar.

Me resulta curioso observar cómo unos han envejecido pero otros no. El tiempo no siempre actúa con justicia,  con algunos parece que se ensaña y a otros solo los roza con la punta de los dedos o ni eso. Veo mucho a una mujer que tenía un puesto de pulseras y pendientes en una plaza cercana.  Lo sigue teniendo y  también un  perro negro de lanas.  Esa está más o menos intacta: morena, delgada y  simpática. Nos sonreímos con complicidad,  una complicidad un poco nostálgica.

También veo y  saludo con frecuencia a otra pareja, los dos son músicos y rubios,  al igual que sus dos hijos gemelos, chico y chica. A veces pasan cargados con sus instrumentos, creo que llevan un violín y un violonchelo,  o con una barra de pan,  o con el violín, el violonchelo y la barra de pan.  Estos si han envejecido, a ella se le ha puesto el culo muy gordo y a él, lo poco que le queda de melena, se le ha vuelto blanca. Los gemelos son altos y guapos, también llevan instrumentos o pan, o pan con instrumentos, pero como se parecen tanto a los padres no puedo dejar de imaginármelos dentro de unos años: culona y poco pelo blanco.

Y a todo esto, ¿dónde he dejado a la pareja que va siempre junta? Saliendo del portal al mismo tiempo que yo salgo del mío y coincidiendo en la esquina, donde se esconde el viento para soplar a sus anchas. Ambos van vestidos de forma parecida, según la ocasión. Si es fin de semana más informales, si es día laborable con ropas oficinescas pero, sea como sea, coordinados y en tonos de color que conjunten. Prefiero no  pensar que van juntos de compras y que por las mañanas  se ponen de acuerdo para vestirse parejos porque si pienso eso me altero mucho.

No solo van siempre juntos,  sino que además caminan de la mano igual que novios eternos. El viento de la esquina de la calle los despeina justo hacia el mismo lado como si fueran las dos ramas paralelas de un solo árbol. Su manera de moverse es tan acompasada, tan rítmica, tan acordes sus pasos  que, por contraste, tropiezo.

Esto me ocurre en especial si me los encuentro muy seguido: el lunes y el martes, o el miércoles por la mañana y por la tarde y además, de remate, el jueves. Hace poco ocurrió eso, ya llevaba dos días consecutivos cruzándome con ellos, así que, con uno de esos disimulos tontos que  notan hasta los perros, me cambié de acera. No tenía ganas de saludar más al ente parejil.

Incluso para decir hola están compenetrados, sonríen a la vez y levantan la cabeza al unísono. Para colmo son de los que no han envejecido. Pero qué digo envejecer, si están más jóvenes. En la temporada otoño invierno se colocan unas boinas de medio lado que les favorecen muchísimo y les dan un aire parisino de lo más chic. No los soporto, ya lo voy a decir.

Prefiero mil veces encontrarme con la pareja de músicos, con su aire de etérea desesperación, con su sutil polvillo de aburrimiento sobre los hombros.Con cualquiera de aquella época en la que llevábamos a los hijos pequeños al colegio preferiría encontrarme antes que con la pareja que va siempre junta.

Hasta con la mujer pesada y ancha. Esa es la única que todavía se para a hablar y como te atrape,  despídete de vivir. Te clava unos ojos enloquecidos que dejan cortos por su poder de hipnosis a los de la serpiente Ka del Libro de la Selva y te cuentan con detallismo puntillista enfermedades tan truculentas que casi puedes oír los estertores. Pues hasta con esa prefiero topar antes que con la pareja perfecta.

Que se cambien de casa, por Dios, a una casa llena de siameses con boinas de medio lado.  Así no me tropezaré ni tendré que cambiarme de acera para evitar ese sentimiento de vergüenza y culpabilidad que me provoca tan pluscuamperfecta unión.

56 comentarios en “Dos boinas pluscuamperfectas

  1. Mmmm… esa perfección da desconfianza, no me extrañan esos sentimientos tuyos. Pero igual sea envidia porque yo soy bastante imperfecta, quién sabe.
    Como la que te tengo a ti por esas descripciones tan originales y naturales. Sana, sana, por supuesto.
    Un abrazo

  2. Y no podría ser envidia porque la vida les pasa con felicidad? No todo es apariencia… Mi más humilde opinión, la gente que es feliz por dentro lo demuestra por fuera y se mantiene más joven, más guapa… Si la vida te da muchos palos eso pasa factura… Repito que es mi humilde opinión no quiero malentendidos, aun así con gente que apenas dirige un “hola” como palabra amable y obligada prefiero casi ni relacionar, soy más de vidas reales dramas, risas y lágrimas con vejez acorde al paso de los años ☺️☺️

    1. Tranquila, que no me enfado.
      El escrito es irónico aunque también esconda su parte de verdad
      ¿ Un poco de envidia? No te digo yo que no, tampoco que sí.
      Creo, y ahora hablo en serio, que nadie debe envidiar a otros, todos tenemos bueno y malo.
      Gracias por comentar!!

  3. Uffff… La perfección rozando tu puerta, es lo más aborrecible que una le puede ocurrir… cuídate mucho de esas malas influencias pluscuamperfectas…
    Todo mi apoyo desde aquí. 😉
    Besicos de colores guapa 😘

  4. No existe tal compenetración, uno de los dos está anulado. Lo normal es disentir en diferentes aspectos y la relación de la pareja sigue siendo buena. Lo que presentas es mimetismo. No duran un verano.

    Un beso.

  5. A lo mejor no es una pareja sino una sola persona desdoblada en dos entidades, lo mismo tienen algún aparatito mágico, como esos que salen en las pelis de Star Trek. Lo de que vayan vestidos igual es lo que me ha hecho sospechar … Saludos.

  6. Ja ja ja… ay, qué bueno, y ya no solamente por el texto, sino por todos los comentarios suscitados y la cantidad de visiones e incluso hipótesis y teorías. Que si uno está anulado, que si persona desdoblada, que si hay que eliminarlos… me he partido de risa.
    Oye, lo del “no los soporto, ya lo voy a decir” ya ha sido la explosión total. Qué gracia. Lo de que te tropiezas tú solita por mero contraste también es muy bueno.
    ¿Te acuerdas de la vecina monocromática y su manía con las pinzas de colores? Pues bien, su marido y ella… no, que es broma. Iba a decir que tu relato me recuerda otra anécdota. Yo no sé si lo vi en una película sobre amores (quizá Love Actually u otra) o en un documental o en un spot. Se veia la imagen de una pareja, que no solo se parecían físicamente y en el vestir, sino que estaban sentados en un sofá, leyendo en total compenetración. Sí, leían a la vez, giraban las páginas de sus respectivos libros a la vez, hacían un alto a la vez para levantar el brazo al unísono y dar un sorbo absolutamente sincronizado a su taza de café, hasta movían la misma pierna a la vez para cruzarla sobre la otra. Y se miraban el uno al otro en perfecta comunión y felicidad, irradiando una sensación de perfecta armonía y de “sí, definitivamente he encontrado a mi alma gemela”. Te juro que esto lo he visto en la pantalla del televisor. ¿No te suena? Maravilloso, jajaja, hacen juego con los tuyos. Sí, da algo de yuyu, de desconfianza y de extraña sensación, tanta compenetración no es muy normal. Ah, por cierto, el tal Jordi M. Novas casualmente escribía en un post hace días (o uno que le leí hace días) que “la envidia sana no existe”.

    1. Ahora que lo dices sí me suena algo esa pareja sincronizada al máximo, ¿ un anuncio de café tal vez?
      Qué susto me has dado con tu vecina la de las pinzas apareciendo de nuevo en escena, jajaja.
      Me alegro de que te hayas divertido.
      En cuanto a lo de la envidia, creo que Jordi tiene razón, sería más bien admiración.
      Besos!!

      1. La verdad que sí, fue un caso que sorprendió a los vecinos. Los motivos nunca se supieron, tal vez se cansaron de vivir y decidieron que les había llegado la hora o como dices morir juntos. Un abrazo

  7. Tanta perfeccción…no sé,no sé…pero hay gente pa tó.
    Si son felices así…

    Una cosa te diré…voy a comprarme una boina! Pero no para hacer un duo…sino para disimular los pelos de loca q llevo jajajajajja.Tenía una color burdeos pero no la encuentro,igual la perdí en París.
    Oh la la
    Bonne nuit,cherie!

  8. Me gustan más los imperfectos, de siempre. es como si quedarán abiertos, como si tuvieran oportunidades para poder terminar. Los tiempos perfectos, están acabados, terminados. No te diga “ná” de ese pluscuamperfecto… el caso es que me gustan las boinas, pero me quedan totalmente imperfectas.
    Me he reído muchísimo con tus descripciones.
    ¡vaya pareja! Mi madre diría: dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición…
    Abrazossssss

    1. Me ha encantado tu explicación de los tiempos verbales. En lo imperfecto hay más posibilidades, es verdad.
      Son bonitas las boinas ladeadas, si sabes llevarlas. Yo tampoco sé, la verdad.
      Qué bien las risas!!
      Un beso, Maite.

  9. Que compleja es la mente humana, nos gustan unas cosas y cabrean otras ,sin poder explicar por qué.
    Porque sí.¿ Y como son en casa , cuando estan sin boinas?…siempre me interesa eso cuando veo la semejante pareja. Casi todos coincidimos en que no se puede fiar en los perfectos. Un abrazo Paloma.

    1. Incluso lo que odiamos un día puede gustarnos otro o dejar de molestarnos. Para añadirle más lío todavía al asunto.
      Yo creo que la boina no se la quitan tampoco en casa 😉
      En realidad, los perfectos no existen. Solo lo parecen.
      Besos, Tatiana

  10. ¿La “perfección” de los demás realza nuestras propias carencias? Una pareja tan compenetrada seguro que vuelven a casa y bailan “El Continental” al estilo de Ginger y Fred, subiéndose por los muebles del apartamento. Los vecinos del piso de abajo estarán desesperados 😀
    ¡Saludos!

    1. Jajajaja, me ha gustado mucho la imagen de los dos subiéndose por los muebles. Me los he imaginado boca abajo, bailando por el techo.
      Has conseguido que me caigan bien, lo malo es que me va a dar la risa cuando me los encuentre.
      Gracias por el comentario y por tu visión tan artística de la pareja.
      Más saludos, Xibeliuss

  11. Ja, ja, ja … no sé si será tan pluscuamperfecta, eso solo lo pueden saber ellos, si cada persona es un mundo, cada pareja más aún.
    También me sigo viendo con algunos de los padres de los años de colegio, e incluso de una de las madres, hoy es amiga muy amiga, de esas amigas que quiero mucho.
    Una delicia leerte.

    Un beso y muchos, muchos … 🙂

    1. Clarooooo, es que estoy medio bromeando. Pero muy juntitos sí que van. Siempre. Y con las boinas!!
      Yo también conservo a alguna amiga de esa etapa.
      Gracias por todas las lecturas, Rosa
      Muchos besos también para ti.

  12. Me viene bien esta lectura, Paloma, tengo que tomar notas, porque siempre ando con algo en la cabeza sobre eso, sobre las parejas de las que tú hablas. Ojalá tuviera tu misma inspiracion. Un abrazo!

  13. Cada pareja es un mundo, pero creo que si dos personas llevan mucho tiempo juntas y se entienden acaban por sincronizarse un poco. ¿No dicen que se pega todo menos lo bonito? 😀 😀 😀
    en cuanto al paso del tiempo, conozco a algunas personas que han hecho un pacto con el diablo. ¡Estoy más que segura! 😀 😀 😀

  14. Imagino que tanta sincronización exige un entrenamiento y vivir literalmente el uno para el otro sin intromisiones ajenas. Y eso no me termina de convencer. Tal vez todo sea una pose. Nunca se sabe lo que sucede dentro de las cuatro paredes de un hogar. Un abrazo.

  15. Lo que ignoramos es que fue del hipnotizador aquél metido a consejero matrimonial.
    Real como la vida misma:
    ¡Voy a Mercadona!
    Si me esperas te acompaño.
    ¡No, que tardas un montón en ponerte la boina!
    Hale la vida conyugal, que se empeña en perfeccionar lo inmejorable.
    Un abrazo.

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