Día: 15 noviembre, 2018

Revisión ocular

“En lo que respecta a profesionales de la salud yo ya no me sorprendo de nada, Maribel”, le dice la mujer vestida de verde a su amiga y acompañante.
“Me dejas perpleja”, le responde Maribel. Se callan y miran a su alrededor buscando pistas sobre el profesional de la salud que está al otro lado de la puerta. Encima de la mesa, de superficie transparente y patas negras, hay una cesta en forma de pato con caramelos dentro, revistas apiladas, -en la portada de una de ellas un hombre que no saben quién es declara, “disfruto mucho de la fama”-, dos plantas artificiales durmiendo en sendas esquinas, diplomas varios que acreditan que el hombre que las va a atender es de fiar, uno de ellos es de la universidad de Pensilvania. Suena a lejos esa universidad y lejos siempre es mejor que cerca.
De las paredes, además de los diplomas, cuelgan láminas con dibujos de ojos, ojos enteros con sus partes señaladas con flechitas, ojos seccionados, músculos del ojo y una colección de ojos enfermos con su patología correspondiente escrita debajo.

La mujer vestida de verde de la cabeza a los pies observa los ojos patológicos con cara de asco, “qué mal gusto, por favor”, dice estirándose la falda verde sobre las medias verdes y colocándose el bolso verde muy recto sobre las piernas.
Para distraerse de los ojos supurantes y pustulosos, elige una de las revistas que están sobre la mesa. La revista le cuenta a la de verde que lo que ha hecho esta mañana antes de salir, -vestirse por entero del mismo color-, se llama “total look” y es una tendencia arriesgada que ha triunfado en las pasarelas. A ella, como es muy delgada y lineal, la tendencia arriesgada le hace parecer una rama, una rama todavía verde, pero un tanto quebradiza.

“Qué de tonterías desde por la mañana”, Maribel, dice Rama verde pasando a la siguiente información. “Mira ésta, no descarta ser madre, y a nosotras qué nos importa,nosotras sí lo descartamos, y esta otra que dice que en su armario no tiene ningún chándal”.
“Yo tampoco”, contesta Maribel con un tono de voz que expresa desconcierto, ¿será bueno o malo no tener un chándal que ponerse de vez en cuando?

El médico, un hombre grande, de esa edad que se llama mediana y que menos los primeros y últimos años puede referirse a un largo tramo de etapas intermedias, se asoma a la puerta y pronuncia un nombre y un apellido. Rama verde se levanta muy tiesa y entra en la consulta.

Es simpático el doctor de la Fuente que ha estudiado un tiempo lejos, nada menos que en Pensilvania. Ha debido de ser poco tiempo porque conoce muy bien el barrio y parece amsrlo.Mientras le inspecciona los ojos y le hace leer letras que se van empequeñeciendo como a mala idea en un panel y luego le obliga a apoyar la frente y la barbilla en una estructura metálica, le va contando que justo hoy acaban de cerrar el bar donde él se tomó su primera caña a los dieciséis años, el Polifemo. Y que también cierran la tienda de juguetes, Bazar Sueños.

Simpático pero un poco pesado porque cada vez que habla de lugares que ya no existen detiene la exploración del ojo y se queda quieto como si los estuviera buscando en el interior de la consulta o por algún recoveco de su mente que solo él es capaz de percibir. Rama verde no es nostálgica, ha vivido en muchos sitios distintos y no tiene referencias fijas ni demasiados apegos, más bien su referencia es ir pasando de un lado a otro, está acostumbrada a dejar lugares atrás y a no volver nunca a ellos y así es imposible que compruebe las modificaciones que hace el tiempo sobre los entornos. Sólo sabe de primera mano lo que el tiempo modifica en ella misma, eso sí es desagradable. No ver es desagradable y ese picor constante en los ojos y esa sensación de cuerpo extraño.

Se lo está contando al doctor de la Fuente pero él parece que no le da importancia a sus molestos síntomas. Le interesa mucho más el cierre del Polifemo, ¡y dale! que sus molestias oculares. Anota algo en un papel y sigue hablando de que en una calle tan bonita como esa y señala a la calle que se ve desde de la ventana, llena de tráfico y unas copas de árboles esmirriadas, no se conserve el comercio tradicional y todo se haya llenado de esas franquicias que unifican todos los lugares. Luego le cuenta que el fin de semana va al monte a coger setas y castañas. “Hidrátese los ojos”, dice como conclusión.

“¿Qué te ha dicho?”, le pregunta Maribel a la salida. Siempre gusta saber lo que ha dicho un médico. “Pues nada, era un hombre, ¿cómo te diría yo?, amable pero un poco obsesivo, todo el tiempo estaba hablando de desapariciones de tiendas y de cambios en el mobiliario urbano y de ese bar espantoso que parecía un cuchitril y que estaba siempre lleno de borrachos. Por suerte lo han cerrado”.
“Pero del ojo, ¿qué te ha dicho?”
“Que lo tengo seco, si eso ya lo sabía, Maribel. Si solo fuera el ojo…”

“Me dejas perpleja”, dice Maribel recurriendo a su expresión comodín y devolviendo a la mesa la revista. Ahí se queda el anónimo famoso,arrugado y satisfecho, en compañía de las plantas artificiales y los ojos patológicos, del título de la universidad de Pensilvania y de ese humo melancólico que se escapa por las rendijas de la puerta que separa la sala de espera de la consulta.

“No me digas que entre paciente y paciente este hombre se fuma un puro” le señala Maribel a Rama Verde.

Ya te he dicho que en cuestión de profesionales de la salud yo ya no me sorprendo de nada. Y muy poco sorprendidas salen a la calle, esa calle que tanto ama el fumador doctor de la Fuente, a tomarse un café en una franquicia nueva y reluciente.