Burbuja de las diez y media

Con un poco de suerte Sol no está dentro, en el obrador del pan, con un poco de suerte está fuera atendiendo, sirviendo cafés y despachando barras y ensaimadas. Con un poco de suerte la que está dentro es Lucía, la delgada que hace figuras de papel y las cuelga del techo como adorno. Lucía tiene cara de niña, de niña asustada. Con un poco de suerte Sol está libre, sin Almudena, la que manda, pululando por ahí y poniendo orden, dirigiendo.
Con un poco de suerte le atiende Sol y si es así se toma dos cafés para alargar el rato, aunque luego ande toda la mañana dando saltos y con ardor de estómago. Es demasiado fuerte ese café, pero quiere oír cómo ella dice, “con esto te pones las pilas para toda la mañana” y ver cómo, al decirlo,  se le quedan los labios un poco pegados a los brackets y cómo los despega y se aleja con su coleta rubia saltando entre sus omóplatos. Y que después, cuando le vaya a cobrar, le diga “yatá” con ese acento argentino que tiene tan gracioso y musical.

Y sí, ha habido suerte, Sol está y le atiende y le gasta una broma y él se la gasta a ella y en un momento todo lo de alrededor retrocede,  se aleja y  borra.  Por encima de sus cabezas se mecen las lunas azules  y los pájaros rojos de papel confeccionados por  Lucía. Pero ellos no los ven, no pueden verlos, ni  tampoco las tuberías de diferentes grosores y colores dejadas a la vista para darle al local un aspecto moderno, industrial, de Manhattan  madrileño, ni  a todos esos impacientes que se empiezan a aglomerar en la puerta y alrededor de la barra . Un murmullo de protesta  va subiendo, sin necesidad de levadura, de esa masa aglomerada. No entienden por qué esa chica tarda tanto envolver cuatro ensaimadas y se le escurre el papel entre los dedos ni por qué se ha formado a su alrededor y alrededor de ese que la está mirando, una especie de burbuja  invisible dentro de la cual nadie ni nada más cabe.

Pero en realidad claro que lo entienden, algunos sin darse cuenta de que lo están entendiendo,  y les incomoda porque ellos no pueden aislarse así. Para ellos ese espacio íntimo está vedado, se han quedado fuera, en el día abierto y hosco con sus obligaciones repetidas, en la calle con esa gente que se desplaza sin mirar o se detiene a  fumar en las esquinas, las hojas cayendo un año más, los pitidos de los coches, las nubes que se deslizan y ese constante mirar al teléfono buscando lo que fuera no existe y en realidad tampoco dentro.

Y hasta el hombre gordo y desaliñado de la tienda de electricidad, de aspecto siempre  satisfecho, se asoma a por su barra de pan y al ver el panorama, recula como si se hubiera asustado, regresa a su tienda revuelta  de cables y siente una especie de vacío que confunde con hambre, no es muy ducho en descifrar emociones. Y para ahuyentar eso que siente y le molesta,  vuelve a entrar, da dos palmas enérgicas y grita, “vamoooos, ese pan…”  A la llamada aparece Almudena, la jefa. Enseguida se pone a meter prisa y le dice a Sol por lo bajo, “espabila que mira la que tienes montada”. Sin ruido se explota y deshace la burbuja.

Con un poco de suerte mañana a las diez y media…piensa él atravesando la fila malhumorada y saliendo a la calle con un paquete de ensaimadas que no se piensa comer. Por la puerta del fondo, asoma la nariz roja y asustada, como de tímido ratón, de Lucía, a la que tantas veces se le queman las barras por estar soñando con lunas azules, con pájaros rojos.

49 comentarios en “Burbuja de las diez y media

  1. Este relato o esta escena rezuma melancolía. Al menos para el que está fuera de la burbuja. Los secundarios y las descripciones transmiten la impaciencia y las frustraciones inherentes al día a día. Así es como he vivenciado tu texto. Que tengas una buena semana.

  2. Qué prisas tenemos todos a la hora de comprar el pan, y que poco comprensivos con ese momento espectacular de envolver las ensaimadas para ese cliente tan peculiar que es capaz de envolver la situación en una burbuja.
    Qué rica Lucía, azules y rojos.
    Y cómo, no , siempre una Alamudena hablando por lo bajini.
    Espectacular relato, Paloma.
    Besosssss

  3. Ainmnns me encanta cómo escribes. Mira que eres buena jodia… eres buena…
    Este relato me ha recordado a Lidia Jorge, es una escritora portuguesa que me chifla (jojo chifla he dicho… y me ha sonado muy viejuno).
    Un abrazo Paloma

    1. ¿Chifla es viejuno? A saber la cantidad de palabras delatoras que uso yo. Seguro que muchísimas.
      No conozco a esa escritora, solo de oídas pero no he leído nada suyo. Ahora lo haré.
      Muchas gracias, Manuel
      Tú eres muy jovenzuno :))

  4. Yo también había pensado en Justiniano y su panadera en un principio.
    Me encanta el detalle de que compra un paquete de ensaimadas sin intención de comérselas (puede enviármelas! jajajajajja yo daré buena cuenta) y el lirismo azul y rojo de Lucía.
    A mí se me queman muchas cosas en la cocina.
    ; )

    Besos burbujeantes.

    1. Marchando esas ensaimadas!! Te llegarán para el desayuno.
      A mí también me gustan las figuras de papel de Lucía, son poéticas.
      Me ha hecho gracia lo del quemado de alimentos, jajaja. Estarás tú también soñando con lunas 😉

      Besos

  5. ¡Qué bonito relato, Paloma! Me has introducido en esa especial atmósfera como si hubiese estado ahí. Tendrá que espabilar y encontrar un horario con menor afluencia de público para que la burbuja aquella resulte más duradera, ¿verdad?
    ¡Un abrazo!

  6. Estaba comprando los aceitunas aliñadas cuando la chica que me atendía se quedó inmovil con el cazo en mano , mirando por encima de mi cabeza a su chico que estaba detras, fue un momento tan bonito , presisamente eso..la burbuja donde no cabía nada más. Me engancho el momento, intentaba describirlo…pues, no tengo don para escribir, no me salió. Por ello leendo tu relato me acordé del episodio. Has escrito exactamente lo que yo sentía observandolos . Un beso de admiración, Paloma.

      1. ¡Ojo! no me refería del idioma sino de la capacidad de escribir…tampoco en ruso podría crear con las palabras la escena absolutamente viva y que te toca hasta los talones. Soy la última quien podría pretender a lo que se llama ” escribir” (en cualquier idioma). Hay muy pocos por aqui con ese don que tienes.

    1. Bueno, aunque según tú no podrías escribirlo, acabas de describirlo y plasmarlo, y es genial porque has conectado con el relato de Paloma y su espíritu. Aunque no te salga una entrada (porque no quieres, no seas modesta) tu comentario es suficiente para retratar el feeling. Eso creo yo. Oye, más abajo explico otra situación parecida, sacada de una película. ¡Besos a las dos, chicas burbujeantes!

  7. Las burbujas nos absorben de tal manera, que nos dejan “aborregaos”.
    Sobre todo a esa hora de la mañana… Y encima esperando el pan…
    Quien no se aborrega, seguro se transforma en lobo.
    Por eso hay que tener cuidado con las “Burbujas”. Son muy PELIGROSAS…
    Besicos de colores guapa 😉

      1. Estimada Paloma_Vill!!! Hola, hola!!!!
        Sobre el tema en particular, algo sé.
        Te cuento que hace algunas lunas, en el tiempo en que estaba cuidando de cachorrito, ilustré un libro sobre burbujas.
        Tal vez te puedas quedar atrapada en él… Menos en una Burbuja inmobiliaria, todas las demás son buenas para pasar el rato.
        Te dejo el enlace por si te apetece verlo.

        https://www.emonautas.com/producto/burbujas/

        Besicos de martes de colores 😉

      2. Cuando pienso en Paloma, te veo blanca, con unas grandes alas y volando, y cuando pienso en Vill, me recuerdas a la “Cruella de Vil”…
        Si lo analizamos desde un punto de vista “Ruki-Budista”, eres unas “dona” en equilibrio completo. Casi a punto de alcanzar la iluminación.
        El Yin-Yan eres tú, Paloma_vill. 😉

  8. Lindo relato, te deja en las nubes por un rato, hasta que la prisa deshace el momento y te envuelve de nuevo lo cotidiano, más allá que muy dentro te vas con el sabor dulce del instante “emburbujado” y la esperanza que mañana no haya nada que lo perturbe. Un abrazo

  9. Palomavil (ja ja ja)… no sé, a mí me suena que esa escena de la cola de clientes impacientes, estresados y malhumorados en la cola para comprar el pan sale en la película Koyaanisqatsi… Ja ja ja.
    No, en serio, lo leí anoche. Muy bonito, la burbuja, esa magia o conexión… ¿Amor?
    La indignación y la impaciencia crecen sin necesidad de levadura. Muy bonito ese final también con el detalle de las barras de pan que se queman.
    Anda, mira, me acabo de acordar de un detalle, por lo del “paquete de ensaimadas que no se piensa comer” en tu relato. Hace unas semanas que vi la película La forma del agua, de Guillermo del Toro, está muy bien. Pues hay un señor mayor que es gay, le gustan los chicos y le gusta un chico joven que sirve tras la barra de un establecimiento. Claro, el señor ha de mantenerlo en secreto, pues eran otros tiempos, aunque su amiga, la protagonista del film, lo sabe, y también lo ve claro el espectador. Pues bien, ambos compran y comen una tarta de limón que realmente está horrible, por el simple detalle de congeniar con el chico y volver y conversar con él. Pero la tarta está incomible. En una escena del film se ve al señor llegando a casa, abre la nevera y guarda una porción de tarta incomible. La nevera… está llena de platitos con tarta, jajaja. Me pareció genial.

    1. Qué curioso lo de la película de Guillermo del Toro. No la he visto, por cierto.
      Cualquier truco es bueno para acercarse al ser amado. Si hay que comer tartas de limón malurrias, pues se comen.
      Besos, What.

    2. Siempre surjía algun imprevisto cuando intentaba ir al cine para ver esa pelicula y la he dejado en paz esa idea, además no me atrae ese genero. Aunque, creo yo, la película es mucho más que la ciencia ficción. Muchas gracias por buenas palabras a mi dirección. Un beso

  10. Estoy de acuerdo con Laacantha, no se trata de poner las palabras una detrás de otra con cierto orden, eso no es del todo complicado, lo difícil es hacer arte con ellas, emocionar y describir con precisión esas burbujas de la vida cotidiana que están a nuestro alrededor Una vez más, enhorabuena por ese precioso relato. Saludos.

  11. Precioso Paloma. Leí tu relato el otro día pero quería volver a hacerlo, porque es un texto lleno de matices y ahora he descubierto aún más. Todos en alguna ocasión hemos estado dentro de una burbuja de ilusión, donde el ruido no se escucha, donde no se sienten las palabras ajenas, por mucha cola que se forme. Y solo tenemos oídos para ella o para él. Con la ilusión de que mañana vuelva a formarse la burbuja que nos haga felices por unos momentos que dan sentido a nuestra propia vida. Enhorabuena 👍 Un abrazo

    1. Sí que se está bien en el interior de esos espacios cuando da la casualidad de que se forman. Que no es muchas veces. Aunque como ha dicho otra comentarista también tienen sus peligros, el de atontamiento sobre todo. Pero es un atontamiento muy placentero.
      ¡Muchas gracias, Carlos!
      Y otro abrazo

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