Un baño de bosque

Ya que tiene que estar tantas horas en esa garita la ha ido poniendo acogedora, decorándola a su gusto, poco a poco. La mesa está cubierta por un mantel de flores que encontró por casa, así no se ve lo vieja que es, y al lado del calendario con imágenes de los parques naturales de Chile, ha colgado un reloj redondo que parece de estación de tren. Utilidad no tiene porque al segundo día se paró en las cuatro y media, pero si lo quita se ve un círculo blanco que delata la suciedad de la pared. Si quiere saber la hora consulta el móvil, aunque ya tiene comprobado que es mejor no mirar demasiado porque entonces el tiempo, como si se supiera vigilado, se atasca.

Le pasa lo mismo que a él cuando se le coloca detrás el jefe para hacerle el seguimiento. También se atasca y se tropieza y no será porque no se conozca el territorio. Tiene inventariado cada desconchón del suelo, cada grieta y cada mancha. Hay muchas, el don Luis no se gasta un euro en mantenimiento, es rata como él solo. Hasta un agujero tiene el suelo y por ese agujero, cuando está en la planta segunda, ve aparecer a primera hora las suelas de los zapatos del don Luis. Es ver esas suelas y algo le pasa en el estómago, le entra un hambre rara, una necesidad de comer algo mezclada con angustia. Vacío doloroso lo llamó la doctora y le dijo que se tenía que hacer una endoscopia. No se la ha hecho.

Como hoy es domingo las suelas de los zapatos no van a aparecer por el agujero. Aun así, no puede evitar mirarlo con recelo, como no puede evitar que las palabras que le dijo ayer le estén dando vueltas por la cabeza como uno de esos moscardones que no hacen más que zumbar y estrellarse contra los cristales. Ahora resulta, después de tanto tiempo, que no le gustan sus decoraciones, como si las acabara de ver.
“Pero hombre, José Ángel, ¿qué me ha puesto ahí?, ese mantel florido y ese reloj… que no está usted en el salón de su casa, por Dios”.
“Tacaño, súbame el sueldo”, pensó él. La de veces que se lo ha pedido, que lleva catorce años cobrando lo mismo, pero él ya tiene la respuesta preparada y como si fuera una máquina, con la misma vocecilla cargante, una y otra vez le suelta, “¿se lo bajé acaso cuando llegó la crisis? No, se lo mantuve. Lo uno por lo otro y quite esos aderezos de una vez, que esto es un parking”
Aderezos, como en las ensaladas, pues no los piensa quitar. Se sienta tras la mesa, clava los codos sobre el mantel florido y enciende la radio. Empieza el programa que le gusta. Una mujer de voz muy dulce dice,”la luminosidad parece brotar del suelo. Viajamos al interior de la fronda. Todos nuestros sentidos están para ser despertados, un nuevo mundo surge a nuestro alrededor”. De fondo se escuchan pájaros, crujir de hojas, frote de ramas. Entrecierra los ojos.

Cuando se jubile, y solo le falta un año, se va a pasar los días dándose baños de bosque, pero verdaderos. Por el momento sigue adentrándose en el de la radio a través de la voz de la locutora. Lo malo es que al viaje se ha apuntado, sin que nadie le invite, el don Luis, lleva traje y corbata y los zapatos de siempre con esas suelas de marcas onduladas para evitar resbalones, “tuve que echar a su hijo porque a su hijo no le gusta trabajar, es muy vago, yo en mi negocio solo quiero gente a la que le guste trabajar, ¿cómo le salió tan vago?”, va diciendo mientras pisa la tierra húmeda con aprensión de hombre urbano acostumbrado solo a la dureza del asfalto.

Eso es mentira, le contesta él, hundiendo con placer las botas sobre las hojas mullidas, no es vago, lo que pasa que no se calla, protesta cuando tiene que protestar, cuando algo es injusto o está mal y eso es lo que usted no ha podido aguantar, que le lleven la contraria”. Se ha ido haciendo de noche y la locutora les avisa porque, si están atentos, tal vez puedan ver y oír a la dama de noche, la misteriosa lechuza blanca.

Al don Luis poco le interesa la lechuza ni que cada vez vayan quedando menos, él solo quiere saber quién ha sido el que ha escrito cabrón en su capó. Cuando se trata de su coche se vuelve obsesivo, con los de los demás, los golpes son tonterías sin importancia.

Abre los ojos, está harto de ese paseo imaginario en el que se ha colado el jefe. Cuatro y media en el reloj redondo de la pared, once y media en el móvil. Todavía las once y media. Un año para jubilarse, para vivir de verdad. Siente el vacío doloroso en el estómago, ¿y si no llegara a tiempo al bosque? Se mete en la boca tres almendras y las mastica mientras contempla en el calendario una foto de un lago. Chungará, así se llama.

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35 comentarios en “Un baño de bosque

  1. Magistral. Qué poder descriptivo. Por desgracia hay muchos jefes así, mezquinos y unas cuantas cosas más. Y trabajos así de pesados, sobre todo los que implican muchas horas. Pues me solidarizo con el vigilante, es más, yo aumentaría esos aderezos ni que fuera para chinchar al otro. El otro no entiende nada, que se trata de hacer acogedor un lugar.
    Me he reído con lo de “rata como él solo” y ya con ganas con lo de “cabrón” pintado en el capó. Que se jo… ejem.
    Ha de ser muy hermosa la lechuza blanca. El vigilante necesitaría algún cursillo para echar de sus imaginaciones al jefe, siento decir… esos sueños mejorarían. Hala, me voy pisando hojarasca.

    1. Yo también querría ver a la lechuza antes de que no quede ninguna.
      Es verdad que no le vendría mal un curso al vigilante para controlar los pensamientos, así por lo menos podría soñar en paz sin el enemigo entrometiéndose. No es nada fácil, cuando la mente se pone pesá…

      Pisa, pisa. Que para eso está la hojarasca.

  2. Pues mira lo que son las cosas… estaba sonando en mi portátil el tema Silver Dagger (Daga de plata) interpretado por los Fleet Foxes (este verano les vi en concierto), y he pensado en ponerte la canción. Qué maravilla, qué sonoridad y qué guitarra. Pero busco y veo que es una balada folk americana tradicional. con distintas melodías y variantes. Sí, ya parezco Raúl. Y que la popularizó Joan Baez en el año 1960. Caramba, caramba, lo que puede uno tirar del hilo.
    Pero te iba a poner el tema solamente porque es hermoso, y a decir que “no tiene nada que ver con los bosques”, aunque su sonoridad bien cuadraría. Iba a decirlo, pero…

  3. Cuando la necesidad del pobre se convierte en cárcel, sólo mediante los sueños se alcanza la libertad, que esa lechuza se desplace silenciosa, como una blanca exhalación y le clave las garras a esa rata con la palabra cabrón grabada en el capó.
    Aún podemos contemplar el vuelo de la lechuza en las noches de verano. Atraviesa el campo como un fantasma y entre las ramas de algún pino sorprende el sueño de un palomo chulesco. Un abrazo.

    1. Muy buena tu continuación de la historia, la podría haber soñado el vigilante.
      Así me imagino yo el vuelo de la lechuza, fantasmal. Qué suerte poderla ver!
      (No pensará lo mismo el palomo chulesco)
      Otro abrazo, Carlos

  4. Me he acordado de mis días de “mili”, cuando en la garita de guardia el reloj se atascaba si lo mirabas demasiado… y en mis sueños de estar fuera de aquello en los que también se colaba el sargento en el momento más inoportuno 😀
    No vale solo con soñar los bosques: como Thoreau, hay que irse a vivirlos por lo menos alguna vez.
    Abrazos!

    1. Garita suena más a mili que a parking. El encierro es el mismo solo que al vigilante al menos le pagan.
      Tienes razón, no vale con soñar. Hay que ir y bañarse de verdad.
      Abrazo, Xibeliuss

  5. No soporto los ricos de medio pelo que tratan con desprecio a sus empleados.

    Haces un retrato magnífico de los dos personajes, es tan vivo que entran ganas de intervenir y hacer que el jefe resbale al tiempo que lo pica la lechuza.

    Un besazo

      1. Iba a decir algo muy parecido a lo expresado por Ilduara.

        Buen relato,retratante de una realidad asquerosa.
        Demasiados Donluises en el mundo.

        Besos,Paloma.

      2. Jajajaja, al final me va a dar hasta pena el señor.
        Nada, nada, no me apiadaré.
        Ya mando volando a la lechuza, ¡ por tacaño y cutre!
        Besos, Carmen

  6. Qué bueno tu relato, Eva. Cómo te arrastra dentro, de la garita o del bosque. Yo me quedo con la idea de imaginarlo dentro de un año, tan feliz, en medio de su sueño y disfrutándolo, que se lo ha ganado, vaya que si!!! Un beso tocaya

  7. Las garitas me recuerdan a las guardias de la mili, menudo aburrimiento. Trabajar años y años en una garita, y tener un jefe así de mezquino, seguro que produce perforación de estómago, a mí me ha dado un amago sólo de pensarlo. Saludos.

    1. ¡Qué de prisiones hay! Menos mal que siempre se puede soñar aunque a veces los sueños se quedan cortos.
      No volveré a escribir la palabra “garita” que ya veo que conduce a malos recuerdos.
      Un saludo, Raúl.

  8. Cuando tenga mi casa, cuando crezcan mis hijos, cuando crezcan mis nietos, cuando me jubile…etc.
    Así pasa la vida sin darnos cuenta . Y si no llegaste a bañarse en el bosque antes de jubilarte…todavía menos lo harias siendo jubilado.
    Ohhhh…estoy recordando todos mis “baños” incumplidos y me pongo triste. Paloma, por favor , se puede algun cuento navideño fabuloso para animarnos en la vispera de La Navidad . Es que yo me lo tomo muy a pecho todos tus textos , son tan verdaderos aunque fueran de pura ficción.
    Un placer , un auténtico placer leer todas tus histórias… tristes o alegres , no impotra. Un abrazo

    1. Tienes razón, esperamos a que las circunstancias sean propicias y a lo mejor no lo son nunca. O no del todo.
      Qué rabia todos esos baños no dados!!
      Cuento navideño fabuloso…no sé si se me ocurrirá algo con lo poco navideña que soy.
      Pero lo pensaré.
      Gracias, Tatiana
      Muchos besos

  9. “garita del parking”, así reza el contacto del vigilante en mi lista de contactos del móvil.
    Cuando solo queda un año para salir de ese lúgubre lugar, tan lúgubre como el jefe, parece que pudiera tocar con los dedos de la mano la libertar de los bosques.
    Genial tu relato,Paloma, como siempre.
    Besossssssss

  10. Transformar una garita de parking en una ilusión futura es un reto. Yo creo que José Angel ya está metido en el bosque. Solo le queda entrar físicamente. La jubilación se acerca, mientras tanto, a aguantar a su jefe y a alegrarse de que su hijo haya sido de otra manera, sin callarse. Y todo ello en la pequeña garita. Has creado dentro de una garita, una historia de la imaginación, de la belleza, de la injusticia y de la libertad. Un placer leerte. Como siempre. Un abrazo Paloma 😉

  11. Ay, solo con el título, ya me encanté … (otra vez) … 🙂
    Y la música no la conocía, me parece una maravilla …
    Con la forma de tratar a su empleado, ya se retrató, que le pique la lechuza, ¡me uno!
    🙂
    Las personas como el vigilante son joyas.
    Un baño de belleza tu blog 🙂
    Gracias y un besooooo …

    1. Jajajaja. Va a tener mucho trabajo la lechuza.
      Sí que es bonita la música, What sabe mucho y ha estado de lo más acertado con esa canción.
      Las gracias te las doy yo a ti.
      Y muchos besos!!!

  12. Esperemos que un año pase rápido, muy rápido y que lo primero que haga es darse esos baños de bosque que tanto ansia, para tal vez dentro de ellos le cambie la vida. Esa rutina tan marcada, con un jefe que mejor perderlo que encontrarlo. Una monotonía muy bien llevada. Un abrazo

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