Día: 27 diciembre, 2018

Un vale alarga vidas

A mi hermana le gusta mucho la Navidad, a mí nada. Le gusta tanto la Navidad que ya desde el verano empieza a hablar de la cena de Nochebuena, de qué vamos a comer y dónde la vamos a pasar. Me pone mala. Digo, cállate ya con la cenita de las narices que me atacas los nervios. Ni caso, dale y dale con la cena, con la comida del día siguiente, con la Nochevieja y con los Reyes Magos. Cuanto más habla ella de las fiestas navideñas más las odio yo. A lo mejor, si no las mencionara tanto, si dejara que se desarrollaran solas sin esa anticipación y ese regodearse con todo lo que vamos a hacer,que siempre es lo mismo, me brotaría algo de espíritu navideño, no mucho pero a lo mejor un poco, algo así como esas plantitas minúsculas que salen en la esquina de una alcantarilla. Pero es que no me deja espacio, me arrincona en una esquina y ahí aplastada por su entusiasmo me tengo que quedar, asfixiándome.

-No te gusta, no te gusta, si es que a ti no te gusta nada, ¿qué te gusta?

Un poco de razón tiene, no me gusta casi nada de lo que se supone que a uno le tiene que gustar

-¿Pero por qué nos tiene que gustar a todos lo que alguien dictó que tendría que gustarnos, quién se inventó todo esto y por qué seguimos esos ritos y tradiciones sin cuestionarlos?

-Ay, ya estás con tus preguntas, le das muchas vueltas a todo y así no se puede vivir, había pensado comprarles a las chicas unos bolsos muy monos que he visto en esa tienda nueva, ¿qué te parece? Y para los chicos, los chicos son más difíciles, yo ya no sé qué les gusta a los chicos, ¿se te ocurre algo? En Nochevieja voy a llevar a casa de Elena esos rollos de jamón y después había pensado unos patés y la ensalada de cangrejo que está buenísima, gustó mucho el año pasado.

Me baja, me baja y me hunde con sus conversaciones de menús y regalos. Me dan ganas de darle con el libro que estoy leyendo en la cabeza y que vea pajaritos dando vueltas como en los dibujos animados o luces navideñas dando vueltas, eso le gustaría. Solo que luego sigo leyendo y no le doy con el libro, entre otras cosas porque es de tapa blanda y no demasiado gordo.

Sé que ella vivirá más que yo, está claro, tiene ilusiones que la empujan de un año a otro, que la hacen ir avanzando por la escalera del tiempo y no necesita buscarlas, no tiene que esforzarse por crearlas ni defenderlas ante la mirada extrañada de los otros, son las ilusiones comunes, las que una voz que no se oye le va dictando que tenga. Y ella copia con buena letra, así no siente sola ni rara. Es feliz yendo al comprar el roscón y si hay cola, todavía más feliz. Supongo que será porque así forma parte de algo, del grupo de los que van a comprar el roscón y luego se lo comen con un chocolate que preparan ellos mismos removiendo mucho rato con una cuchara de madera. Remueven, remueven y son felices removiendo. Yo no remuevo pero en el caso de que lo hiciera sé que a la segunda removida de cuchara ya me estaría queriendo matar del aburrimiento y de la desesperación.

A ella le gusta cumplir todos los rituales sin fallar ni uno. Comprar la lotería, intercambiarla con amigos y familiares, comerse las doce uvas y llevar algo rojo puesto, dar muchos abrazos después de las doce y a continuación saltos y bailoteos felices, como si estuviera pasando algo importante en ese momento, ella se cree que está pasando algo importante. Le gusta buscar regalos para todos, los días previos se le llenan de contenido y de sentido de vivir yendo y viniendo a buscar los regalos, adora envolverlos ella misma montando un jaleo tremendo y llenando toda su casa de trastos, se divierte haciendo el trayecto hasta la pastelería más concurrida de Madrid para hacer la cola del roscón.

Por todo eso sé que ella vivirá más que yo, en nuestra familia siempre han vivido más los que hacían la cola del roscón; los que no la querían hacer, los que odiaban hacerla, los que era decir la palabra roscón y ya se alteraban, esos se murieron pronto y para colmo, algunos, antes de morirse, se volvieron locos. Será casualidad pero ahí está la estadística.

La vida es muy corta como para perder el tiempo haciendo todas esas tonterías, le he dicho a mi hermana esta mañana cuando me ha propuesto que fuéramos a buscar los regalos de los chicos. Pero luego he pensado que es al revés, la vida de los que hacen esas mismas tonterías es más larga que la de los que no las hacen. No lo entiendo.

De todas maneras he ido, ella se lo estaba pasando bien mirando esto y lo otro, estaba disfrutando, claramente. Yo padecía. Para pagar había una cola tan larga que por un momento he pensado que nos iban a pagar ellos a nosotros, a lo mejor es al final de esa cola donde te dan el vale que alarga la vida. Pues me espero. La mujer que teníamos detrás estaba hablando por teléfono sobre un tal Lorenzo que tenía depresión. Ha dicho: es que es Virgo y los Virgo son muy serios, no hacen locuras, si fuera Géminis… No he podido más y me he salido a la calle, si no me dan el vale, que no me lo den. Si me muero antes, que me muera. Mejor.

Un músico callejero conectado a una máquina de oxígeno estaba tocando el invierno de las cuatro estaciones de Vivaldi. Enfrente, sentado en un banco, un señor muy viejo aplaudía con cara de contento. Invierno no parecía esta mañana de sol. Pasaba mucha gente cargada con bolsas, pasaba mucha gente en general, he oído decir a uno, “agarra bien el bolso que las carteras vuelan” y el otro, como si fuera el teatro del absurdo, le ha contestado, “hace hoy una temperatura de lo más agradecida”.

Después ha salido mi hermana, enrojecida y satisfecha, ” ya tengo casi todos los regalos para los chicos, solo me faltan dos pero ya se me ha ocurrido una cosa buenísima, voy a ir a esta tarde”, ¿por qué te has ido, y tus regalos?,  no me digas que al final no has comprado nada, se te cruza el cable con una facilidad… O podemos ir ahora, pero estará cerrado.

“Cerrado por melancolía”, le he dicho yo recordando el título del libro que estoy leyendo. Es muy bueno, me gusta mucho ese título y también su interior.

-¿Te han dado el vale alarga vidas?, le he preguntado. No me ha entendido.
-¿ Qué dices, pero qué dices de melancolías y de vidas? Me han dado tique regalo.

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