Día: 16 enero, 2019

Mi prima Petronila (2)

La calle Bremen no le gusta a mi prima ni tampoco el barrio en el que está situada.
No sé por qué no te gusta, le digo cuando se queja, si tienes de todo. En la misma puerta una palmera, chuchurría, pero palmera al fin, un pino, también chuchurrío, para que haga juego con la palmera y un árbol de especie desconocida que da unos frutos amarillos, gordos y raros. No son limones. Es conocido como el árbol de los globos. En esta época del año está todo el suelo lleno de esos frutos despachurrados.
Petronila los odia, “qué asco me dan y el árbol me entristece, es como un artista muy prolífico pero de una obra inmunda, mira dónde ha acabado su producción, tirada por el suelo. La verdad es que se lo merecía”
Como Petronila padece una enfermedad que le impide trabajar y se cansa mucho, raras veces sale de su barrio, algunos días ni siquiera sobrepasa la calle Bremen. Si alguien la acompaña puede que llegue, impulsada por la conversación, hasta la calle Boston. Cuando voy a verla casi siempre llegamos a Boston y, después, para que descanse, entramos a tomar algo en un bar que se llama “El Mirador” y desde el cual no se ve nada excepto una pantalla enorme de televisión. Anteayer vimos mucho rato la cara de Emanuel Macron.

Sin embargo, por detrás de esas dos calles, sí hay panorama, un terreno baldío al que Petronila llama “el desmochao”, feo como él solo, pero donde viven algunos mirlos bastante agradables que siempre tienen algo que decirnos. Son mensajes cifrados y lanzados a tal velocidad que hemos sido incapaces de traducirlos. Yo creo que son mensajes importantes que nos pueden servir de guías en este momento de nuestras vidas en los que estamos un poco perdidas

¿Y cuándo no hemos estado tú y yo perdidas?, reflexiona ella apartándose el flequillo del ojo izquierdo. Detrás del desmochao se ve un edificio alto y moderno con una señal roja luminosa en su cima en la que se informa de la hora y la temperatura. Nos gusta que marque algo extremo, para poderlo comentar.

La enfermedad de Petronila es misteriosa, se diagnostica por descarte de otras enfermedades que no lo son. Si después de mucho analizar y estudiar comprueban que no tienes ninguna de las dolencias conocidas, pero los síntomas persisten, es que tienes la misteriosa. Me ha pedido que no precise para no ser conocida mundialmente como Petronila la de la “…”, eso que tiene.

La suerte es que de la “…” no te mueres, pero la desgracia es que te da mala calidad de vida y también te provoca ganas de estrangular a otros, a muchos otros, y sobre todo a aquellos que no comprenden qué te pasa porque los síntomas, como la procesión, van por dentro, y sospechan que te lo estás inventando ya que tienes mejor cara que todos ellos juntos.

Es verdad, Petronila tiene un rostro rozagante como pocos.No conozco a ninguna persona de rostro tan rozagante como el de mi prima Petronila.

Y aquí me he detenido para no superar la extensión requerida por el taller literario. He puesto rozagante al final para que el profesor vea que mi vocabulario es rico y tal. Me estaba imaginando que me iba a hacer una crítica demoledora del texto pero que al final me diría, “menos mal que has elegido la palabra rozagante para terminar, eso salva esta porquería de retrato donde apenas se ve al retratado”. Nada de eso ha sucedido porque no he tenido ocasión de leerlo. Ni yo ni nadie. Luis Buñuel nos ha leído un texto suyo y luego otro y otro más. Quería jugar al juego, ¿de qué está hablando el autor?, pero en en vez de elegir a un autor cualquiera, se ha elegido a él mismo, ¡qué salao!

Por seguirle el rollo y porque todavía no nos atrevemos a montarle una rebelión en el aula, hemos dicho unas cuantas cosas, “habla del paso del tiempo, habla de la poesía, habla de la muerte, habla del amor, habla de su planta sansiveria”. Estaba disfrutando mucho con esa disección de sus propios escritos, mucho me temo que de eso va a ir el taller, pero todavía no me atrevo a asegurarlo, solo a temerlo.
Nos hemos vuelto a casa sin saber a qué se refería, (ni ganas).

Petronila está muy decepcionada y dice que siente deseos irrefrenables de estrangular a Luis Buñuel por robarle su momento de protagonismo. Le he dicho que no se preocupe porque pienso seguir escribiendo sobre ella. LB nos ha dicho que vayamos haciendo una segunda parte.

Todo llega, Petronila.

¡Y un cuerno va a llegar todo!, me ha contestado.

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