Las chiquillas castrenses

El poema de la morcilla que  a algunos  ha gustado y  a otros horrorizado, como le pasa a ese mismo embutido y a cualquier otra cosa en general, lo recitó Petronila, para mí y para las hormigas, mientras estábamos debajo de la mesa. O más que recitarlo, se lo fue inventando en voz alta, sobre la marcha, como si el espíritu de lo que había sobre el plato la hubiera poseído.

En cuanto se aseguró de que sus hijas habían entrado en el interior del portal, nos sentamos de nuevo y lo transcribió, con alguna ligera variación, en una servilleta grasienta. Mientras lo pasaba a sucio, sacando un poco la lengua por uno de los lados de la boca, le pregunté por qué nos habíamos escondido de sus vástagas.

-No lo sé muy bien, me dijo ella, es un acto reflejo, es que son, ¿cómo te diría yo?, muy, muy… muy castrenses, eso es,  y a veces me acojonan, con perdón de la burda expresión a la que tus finos oídos seguro que no están acostumbrados. Mira con disimulo en dirección al balcón de mi casa y dime si ves algo que no estuviera antes.

Miré y vi un tendedero plegable, una bicicleta en un rincón, una escalera, unos tiestos con algunas plantas medio muertas, una mesa, dos sillas como de playa pero sin playa y un cacharro de aire acondicionado, todo ello muy apelotonado…lo normal en un balcón de tamaño mediano.

-No veo nada raro, Petro, solo te digo que no vendría mal que regaras tus plantas de vez en cuando porque desde aquí se oye su verde estertor. Ay, espera, que veo a tus chiquillas, se están asomando y sacuden algo con mucha energía, y ahora lo tienden pero no en el tendedero, pues sí, te han puesto algo nuevo.

-¡Lo sabía, lo sabía!, la bandera otra vez, si es que no puedo con ellas, pero ¿por qué he tenido que parir yo,  precisamente yo, mujer sin fronteras, cosmopolita y ciudadana de la aldea global a  dos fervientes patriotas?  Seguro que han puesto a Ceferino a pasar la aspiradora a la voz de ¡ar!, pues yo no subo que me sientan a pelar patatas.  Y qué armarios tienen, si eso es anti natural, abres las puertas y parece que estás en un museo, no se te cae nada en la cabeza como es lo lógico. Y lo peor, agárrate fuerte a la mesa, se quieren casar con los novios por la santa madre iglesia, dicen que no las hemos educado en valores y que les damos vergüenza.

Algo hemos tenido que hacer muy mal Ceferino y yo, algunas veces no puedo dormir y se lo digo. Ceferino, despierta, ¿qué hemos hecho mal? Pero él solo me contesta, “duerme, duerme, alma de cántaro”, es una expresión arcaica que ha sacado del comentarista del snooker, muy arcaico también él.

Para tranquilizarla un poco, porque veía que se estaba alterando en demasía y eso no le conviene, ya que entonces la misteriosa se vuelve más agresiva y torturadora, nos pusimos a recitar en voz alta y al unísono el poema de la morcilla. A los mirlos del desmochao yo creo que les estaban gustando mucho porque se posaron muy cerca, en el borde de una papelera y al final emitieron una especie de trino que podría considerarse un aplauso aviar. También vinieron tres urracas a graznar, creo que a ellas no les gustó nada. Esaborías.

-¿Ves que bien ahora?, ¿a que ya estás más tranquila?, la poesía tiene efectos analgésicos y tranquilizantes. Te animo a que hagas más.

No creo, me dijo ella arrugando la servilleta, es que ya he dicho todo lo que tenía que decir, mi mensaje al mundo es ese, el de que le den a todo morcilla, no tengo mucho más que añadir. Mira, está atardeciendo, otro día que se nos va con un poco de pena y nada de gloria. Cuando era una mujer activa y trabajaba y después del trabajo me iba de protestas o de cañas, no pensaba en estas cosas de los días que se van, solo los vivía y con toda la intensidad que podía. Me han quitado la intensidad y hala, a volverme tan pesada como tú y darle vueltas al coco.  Bueno, anda,  que te tendrás que ir, te regalo la poesía de la morcilla, con grasa del objeto poemado y todo, es una poesía muy material ¡Ay!, cuando me levanto me duelen todas mis esquinas, mis ángulos y mis acutángulos. Voy a tener que hacer otro escrito poético, solo para ver si es verdad eso que dices de la analgesia.

En el portal nos despedimos, caminé calle arriba. Al dejar atrás el desmochao vi la silueta de Rosi vagando en penumbras con aires de desespero,  supongo que en busca de algún material con el que crear.  Un murciélago sobrevoló el escenario,  la franja de contaminación se depositó cansada sobre el horizonte, salió una estrella, pasó un avión,  me giré para mirar el balcón de mi prima. Petronila estaba asomada quitando la bandera, se enrolló en ella como si fuera un chal y me gritó, “no te equivoques, solo tengo frío” y desapareció.

 

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45 comentarios en “Las chiquillas castrenses

  1. No quieres sopa, pues ración doble. Pobre Petronila. Que se alegre pensando que, como son dos hijas, ella no tendrá que ser la madrina de boda. Esa tarea le tocará a Ceferino, que si es lo suficientemente desprejuiciado, y eso parece, será quien acompañé a las castrenses al altar.

    1. Me ha gustado mucho esa reflexión sobre las hijas… A veces una se extraña de haber parido algo tan diferente a una misma. Es una mezcla de orgullo y pasmo ante los secretos de la vida. En tu relato, me ha dado bastante cosa lo de la bandera. Pobre Petronila, ese extrañamiento se hace difícil cuando proviene de la carne de tu carne! Pero es lo que hay. Los hijos son una buena escuela… Un beso y gracias por tu post.

      1. Sí, justo esa es la palabra: extrañamiento.
        Pero es bueno para recordar que los hijos no tienen porqué ser como nosotros. Aunque lo de que te pongan a la fuerza la bandera en el balcón, eso ya es un poco fuerte.
        Gracias a ti, Eva.

  2. “Castrense=bélico” ? o ” castrense = militar”? creo que militar es más adecuado en este caso…¿no? Se nota en tu escritura de hoy que estas muy bien y de muy buen humor, me gustó mucho. Un abrazo.

  3. Vaya hijas le han salido a Petronila…jajjajaja

    Coincido con ella en lo del poema de la morcilla…ya lo dije…que ese poema sirve para todo!

    Yo antes también pensaba mucho (esa cabecita mía…),pero vivía más,eso sí.

    Besos sin esquinas!

    1. Le han salido todo lo contrario a como ella es, ¡qué cosas ocurren!
      Así que “Morcilla” vale para todo, jajaja, en realidad sí.
      Pensar tanto no sé si es bueno pero el que es darle vueltas a las cosas…

      Besos, Carmen

  4. Lo tengo ya, los primeros pàrrafos y todos los siguientes, y estoy en ello. Y tengo que darte unas enormes enormes gracias, ya sabes por qué. Un abrazo también grande.

  5. Excepto por el aire acondicionado, podría ser mi balcón, je, je.
    En fin, hay que aceptar a cada cual cómo es, y eso va también por las hijas. Si quieren casarse por la iglesia, muy bien, pero si su madre no quiere bandera, ¡que no se la pongan!
    Un besote 🙂

    1. Muy sensato tu planteamiento.
      Sí, respetar al otro y no tratar de imponerse aunque consideremos, porque todos lo consideramos, que la razón es nuestra.
      Los balcones acaban muchas veces convertidos en trasteros, jeje.
      Besos, Luna

    1. Hola, Isabel
      Muchas gracias
      Yo te sigo a través del lector de wordpress, supongo que podrás hacer lo mismo. O por ahí tiene que aparecer un botón para que las entradas lleguen a tu correo, si eso no te molesta.

  6. Son raras las hijas de Petronila, ahora que los chic@s pasan de casarse por la iglesia y esas cosas, pero si les apetece, el marrón se lo va a tragar el padrino, o sea Ceferino. Al menos la bandera le sirve para entrar en calor. Un abrazo Paloma y a por el próximo capítulo 😉

    1. No tan raras, también hay jóvenes tradicionales. De todo hay. No lo veo mal ni bien, es una decisión personal.
      Pues sí, mira, para taparse sí le sirve la bandera, alguna utilidad había que darle que no fuera la de ondear al viento.
      Otro abrazo para ti, Carlos

  7. No sé que pasa en el mundo que hemos construido, o que hemos permitido que nos construyan aquellos con materiales de derribo, que de repente el presente nos mete frío en el cuerpo, en el mismo hueco que antes ocupaba el miedo. En el futuro de las niñas de Petronila rebotan ecos olvidados y de los balcones, en lugar de geranios, cuelgan trapos sucios. Un abrazo.

  8. La vida. Los contrastes (padres/hijas). En mentalidad, ideario, forma de vivir, actitudes. ¿Compensaciones?¿Péndulo?¿Ley de Murphy?¿Acción-reacción?¿Rebeldía?¿La ironía de la vida?¿La vuelta de unos ideales derechistas en cierta juventud?¿Nostalgia o carencia de un sistema de valores férreo, exigente, castrense?

    1. Todo eso que planteas puede que sea y hasta algo más. Habría que preguntárselo a las chiquillas castrenses y a lo mejor algo aclararían. O se encogerían de hombros porque ellas ven natural su manera de ser y pensar.

  9. Da para mucho el sublime poema de Petronila sobre la morcilla, me hace reír todo lo que le pasa y eso de estar debajo de la mesa una muy buena puntada, pues sí, para esconderse y para los temblores no hay mejor lugar. Un abrazo

  10. Lo castrense está últimamente de moda, sobre todo en cierto partido (de moda) que no para de fichar a militares para sus listas electorales. Cuando he leído el título, me ha venido a la cabeza otro por asociación de ideas (“Las Chicas de la Cruz Roja”) y, también, por mi entrada de ayer sobre Los Bravos; en uno de los comentarios, lrotula ponía la canción “Los chicos con las chicas”. Todo muy de otra época … Saludos, Evavill.

    1. Como nos descuidemos vuelve la mili y la sección femenina o como se llamara eso. Esperemos que solo sea una estrategia electoral. Son tiempos de “revival” por lo que se ve.
      Saludos, Raúl

  11. Samuel Becker dice que se viene al mundo estando ya mal de la cabeza. Yo diría que, es más preponderante el papel que desempeña el ámbito social.
    Habrá que indagar más a las chiquillas para entenderlas, antes de juzgarlas.
    Saludos afables.

    1. Hola, Demian
      Después de leer tu comentario me han empezado a dar un poco de pena las chiquillas.
      Tienes razón, antes de juzgar hay que tratar de entender.
      Creo que tanto los genes como el ambiente influyen en cómo somos. No sé qué pesará más pero los dos pesan.
      Otro saludo para ti y muchas gracias por comentar.

  12. A ciertas edades el termostato corporal se nos estropea…
    Dile a Petro que suba la dosis de la poesía, leer o escribir poesía crea adicción de la buena.
    Un par de poemas al días y le dejaran de doler las esquinas.
    Abrazos y besos

  13. Entiendo a Petronila, en serio. Tampoco soy patriota, sin embargo, no ha de confundírseme con alguien antisocial o que atente contra la Patria. Me gusta mi país en el sentido geográfico, respeto sus sitios y hasta su memoria. Pero no tengo ídolos patrios ni me interesa celebras independencias o glorias navales.
    Si las hijas de Petronila son patriotas está bien, es bueno sentir orgullo que vergüenza por su patria, siempre y cuando no desmeriten ni se crean mejor que otras naciones. No porque sean del hemisferio Norte, por ejemplo, han de ser mejores personas que yo, que estoy en el hemisferio Sur y viceversa. Y tampoco está bien que desacrediten a sus padres por no tener el mismo fanatismo nacionalista que ellas. Lo mejor es tener respeto mutuo por los ideales de la gente.

  14. Estoy leyendo las entradas anteriores para ponerme en contexto de la historia de Petronila. Veo que se trata de una “yaya-flauta”, jeje… Voy a tomar nota, que yo de mayor quiero ser una también, jaja… Un abrazo.

  15. Jajaja, ay, Paloma, que me muero de risa, jajaja …
    No se puede decir “de tal palo, tal astilla”, jaja …
    Buenísimo. Genial.
    Sigo … jaja … besos carcajeantes …

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