Día: 11 abril, 2019

Petronila abre su caja y lee

Paseábamos por el sitio de siempre bajo un cielo de nubes movedizas y así habló Petronila:

¿Te puedes creer que el pasado domingo, en la comida familiar, se me ocurrió abrir mi poemario con la esperanza de hallar comprensión y solo obtuve indiferencia? Cachondeo también, pese a que no me guste reconocerlo.

Un poco exagerado me parece llamar poemario a “Morcilla” y “¡Oh ,mundo!”, mejor estaría que dijeras que recitaste tus dos primeros poemas, dije yo.

Ah, no, no, no me has entendido, para mí un poemario es como una caja de madera, muy bonita, donde voy metiendo mis creaciones, de momento está casi vacía pero ya la iré llenando. Pero espera, que te sigo contando.

Y siguió:

Pues mira, ya  habíamos terminado de comer y estábamos tomando café, me pareció el momento oportuno, así que dije, no os levantéis todavía que os voy a leer algo. Y leí. Hubo primero un silencio bastante violento. Ceferino  movió la cabeza como asintiendo, pero dado que es su respuesta habitual para prácticamente todo lo que le cuento y hasta para lo que no le cuento, no supe si le había gustado o no.

Mis hijas dijeron, “mamá, en plan, qué vergüenza, eres mazo patética, en plan” y se introdujeron en sus mundos virtuales, mi hermana  alegó ineludibles quehaceres un domingo a las cuatro de la tarde y agarrando su bolso y los dos últimos pasteles, salió por patas;  los gatos se pusieron a echarse la siesta en un rayo de sol, mi otro hermano me contó que en su curro hay un poeta de verdad y que es de lo más normal , muy campechano. A todo esto sus tres hijos se taparon la boca con la servilleta para contener las carcajadas. Es desolador lo homínidos que son

Bueno, Petronila, qué más da, tú haz como Marco Aurelio que escribía sus meditaciones para sí mismo y sigue a lo tuyo.

No, si ya…pero es que ahora siento que entre mi familia y yo se ha abierto la fosa de las Marianas,  si les he mostrado mi alma y mi alma no les ha gustado o les ha dejado indiferentes o les ha dado risa ya me contarás qué mal plan.  Si no fuera porque la Misteriosa no me deja moverme, ahora mismo haría como esas nubes, dijo alzando hacia el cielo un rostro de hondo penar que al momento se transformó en sorpresa.

Huy, mira esa nube cómo se parece al carnicero, pero si es igual que Santi, ahora ya no, qué voluble o qué nubible. Pues lo que te decía: me iría  de viaje sin rumbo prefijado, así, donde la vida me quiera llevar. Pero se ve que la vida más que quererme llevar me quiere detener y retener.

Puedes viajar con el pensamiento, puedes ser nube mental, eso no te lo puede quitar ni la Misteriosa ni nadie. Yo lo hago mucho.

Nunca he sido yo muy mental y sí más bien corporal pero todo se me está trastocando, ¡ lilas!, exclamó al toparnos con un pequeño matorral en el que como por milagro habían brotado unas pocas.

Anda, mira, se me acaba de ocurrir otro poema para que ya no estén tan solos esos dos dentro del poemario , te lo recito a ver si te parece bien que lo incluya o no, se titula “Maldita primavera”,  es de los concentrados, allá va:

“Gastroscopia,

implante dental.

Florecen las lilas en el matorral”.

Para que no se sintiera mal le dije que era precioso y que me había encantado, que había sabido aunar lo desagradable  con la belleza y reflejar en tan sólo tres versos como, pese a que  envejecemos y nos deterioramos,  la vida sigue con su continuo rebrotar y siempre habrá, cada primavera, lilas nuevas en los matorrales. Lo cual no deja de ser una maravilla y también, en cierto modo, una  putada.

Pues venga, para la caja. Ya tengo tres, qué bien, esto es como coleccionar cromos pero cromos creados por una misma.  Y otra vez Santi el carnicero por el cielo, ¿te confieso algo? Es mi amor platónico, me encanta cuando trocea la carne con esa especie de cuchillo machete, parece un hombre de las cavernas descuartizando el mamut. Y yo soy la que luego lo pinta en la pared.

Por ahí viene Rosi, le avisé, ¿seguirá buscando al Arte?

Adivina a quién se parece esa nube, Rosi. Le dijo Petronila señalándole al supuesto Santi el cavernícola.

¡A Ceferino!, ¡a Ceferino!, las cejas, la barba, los pantalones de correr , las zapatillas rotas, la csmisa medio por fuera medio por dentro y ese aire de bondad… es él. Ceferino, espera, no te diluyas.

Me parece que voy a meter otro poema en la caja, murmuró Petronila haciendo con la punta del zapato unas rayas sobre la arena del desmochao. Se va a titular…todavía no lo tengo claro. Algo de nubes, de amor, de alucinaciones, del agujero negro.