La máquina de Salvatore

A las cinco  le despertó la sed y un tremendo dolor de cabeza. Oyó un ruido extraño que provenía de fuera, como el zumbido de una máquina en funcionamiento y  pensó en un aire acondicionado gigante, podía ser el del hotel  de enfrente, una mole blanca sobre la que se bamboleaba una hilera de flacas palmeras. Golpeándose con casi todos los muebles salió a la terraza para comprobar si el origen del ruido estaba ahí y nada más salir al aire fresco de la madrugada, Hans se dio cuenta de su errónea percepción ¡El mar!, ¡era el mar! Se golpeó la frente con la mano,  bebió de un largo trago toda la botella de agua y  miró las estrellas. Los  pájaros estaban a punto de empezar a cantar, había muchos, vivían entre los matorrales que bordeaban el camino hacia la playa, sobre los árboles retorcidos, algunos  volcados en el suelo por la fuerza del viento.

¡Qué idiota soy!, Salvatore, ¿sabes que he confundido el sonido del mar con el de una máquina?, dijo riéndose y entrando de nuevo en el cuarto vacío. Volvió a la cama pero ya no se durmió. En cuanto amaneciera  saldría a pescar. Le gustaba el sol y esa luz que no había en su país, le gustaba la playa vacía a primera hora. Metió en la mochila dos botellas de cerveza, los aparejos de pesca, se remangó los pantalones, se descalzó y salió. No había nadie y las flores moradas del camino  todavía estaban cerradas,  caminó por la orilla casi hasta el final, se sentó sobre la arena y empezó a beber. Ya pescaría luego, se estaba muy bien ahí, se terminó las  dos cervezas y se quedó dormido, acurrucado  de medio lado sobre la arena.

Salvatore, dijo al despertarse, creo que me he quemado justo por la mitad, blanco por aquí, rojo por aquí. Soltó una carcajada. La playa había empezado a llenarse, ya no le gustaba, arrastrando los pies descalzos por la pasarela se marchó hacia el pueblo. Deambuló por las calles estrechas y llenas de gente y se compró unas botas de cuero,  altas, con la punta levantada y suela antideslizante, de vaquero.  Se las metieron en una bolsa de papel roja, crujiente. Compró cervezas y volvió al hotel.

Cuando no soportaba el silencio, ese silencio compuesto de ruidos propios que solo él oía y que lo perseguía a todas horas, encendía su pequeña radio. Música, noticias, tertulias, lo que fuera,  la radio empujaba esos ruidos y los sustituía por otros inofensivos, que no le hacían daño porque no le concernían.

Al parecer, su radio encendida no gustaba mucho a los que estaban comiendo, algunos se giraron para mirarle con desaprobación y también con un poco de miedo, otros se rieron como si esperaran espectáculo. Era un elemento discordante, perturbador. Hans se columpió en la silla, la inclinó sobre las dos patas traseras y desde ahí los observó,  ya sabía que lo despreciaban y se  reían de él,  pero no le importaba, estaba acostumbrado a desentonar. Se puso a mirar sus botas nuevas haciendo crujir adrede la bolsa de papel roja.

Pidió vino y cuando el camarero se lo trajo aprovechó para hablar un rato, le contó que había pescado un pez gato, para indicarle el tamaño se puso de pie y se señaló por encima de la cabeza, también le enseñó las botas y una nueva utilidad que se le acababa de ocurrir, la de pegarle a alguien con ellas en la cabeza, soltó una carcajada tan grande como el supuesto pez gato,  le dijo que había visto matar a gente con una simple tarjeta de crédito lanzada como si fuera un cuchillo, le habló de Salvatore, de que siempre decía cuando él se iba, “qué paz cuando Hans no está”, volvió a reírse pero ya no tan fuerte,  apagó la radio y repentinamente taciturno se concentró en el vino.

Después de beber se tumbó en una de las hamacas de la piscina, contempló un rato sus botas y de nuevo se durmió con una mano enganchada en el asa de la bolsa roja.

Soñó con una máquina que hacía el ruido del mar, que fabricaba olas, espuma, gaviotas y peces de todos los tamaños  y colores. Soñó con una máquina que hacía pájaros y flores moradas que se abrían y cerraban como si pestañearan, con una máquina que hacía vientos y brisas y olores salinos, soñó con Salvatore moviendo la manivela de esa máquina, se reía mientras la accionaba y dejaba salir  la luz dorada, el esplendoroso sol, la risa y como si se fabricara a sí mismo, el cuerpo del propio Salvatore.

49 comentarios en “La máquina de Salvatore

  1. Oh, qué preciosidad, por favor, querida Paloma, me he quedado ensimismada.
    Venía a desearte feliz Día del Libro, y me encuentro con esta delicia.
    Gracias.
    No he comenzado tu libro, lo tengo aquí al ladito :), solo he leído el principio y ya me hiciste sonreír : “Todos le miramos con mucha atención porque nunca habíamos visto a nadie escribiendo una novela”.

    Querida Paloma, que pases un día feliz.
    Un beso y ¡muchos! 🙂

    1. 🙂 Gracias a ti, Rosa.
      También te deseo feliz día del libro y de tu nombre.
      Ver escribir a otro no tiene mucho interés, jajaja, otra cosa es leerlo.

      Muchos pero que muchos besos

    1. Muchas gracias, Mayte.
      Hay que experimentar un poco para no aburrirse.
      Feliz día del libro también para ti. Y en especial, ya que además de escribirlos y leerlos, trabajas con ellos.

      1. Bien, fue poco apropiado mi comentario, lo siento . De la nada son mis textos. Los tuyos que me afectan siempre son de la vida misma : de dolores , alegrías, perdidas y encuentros. Un abrazo.

      2. Que no, Tatiana, no te preocupes, que te he entendido, no tiene nada de inapropiado tu comentario.
        Me refería a que ningún texto sale de la nada, tampoco los tuyos.
        Besos!!

  2. Ay si existiera esa máquina…me gustaría probarla.
    Muchas veces he pensado en meter el mar en mi maleta…

    Un texto interesante y lírico.
    Tú deberías estar firmando libros y no algunos pedorros…

    Besos y feliz día!

  3. Es un texto muy original cuyo personaje, ese Hans tuyo, de sabor hiperrealista parece que flota al borde de una nada inexistente. Es un fragmento magistral, para celebrar el día del libro. Un abrazo.

  4. Nos han uniformado a todos.
    Uniformado mentalmente.
    Cualquiera que se salga de la norma automáticamente es rechazado por todos.
    El protagonista tiene en su cabeza un mundo que quizás no existe pero en el que él se siente libre y lo disfruta, y mira… hasta me da envidia, el mundo que veo yo cada día, el mundo uniformado es muy deprimente y a veces hasta nauseabundo.

    Un aplauso y un beso agradecido.

  5. Nostálgico, melancólico, con un dejo de tristeza, de esa infinita la que baja de las estrellas e ilumina al alma aunque esta no sonría. Esta vez no reí, me fui muy profundo tal vez al espacio a donde habita ese ser que no encaja, como el protagonista. Hermoso, muestra otra veta tuya. Un abrazo

      1. Tal vez lo hermoso es dejar reflejar la belleza de la forma que sea y eso es lo que haces, la risa y la tristeza son parte de lo mismo, dice el poeta:

        “Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara.
        Y el mismo manantial de donde mana vuestra risa
        ha estado frecuentemente lleno con vuestras lagrimas. ” Kahlil Gibran

        Un abrazo grande

  6. No sólo inventas historias, eres una auténtica máquina con alma de sueños. Contigo se hace presente la verdadera esencia de la literatura.

    Esta mañana llegó tu libro a mis manos y lo estoy disfrutando enormemente, ya te comentaré cuando acabe de leerlo. Vas a tener que editar más ejemplares.

    Un beso.

  7. me gustan los personajes trágicos, los que luchan contra un mundo que no entienden y no aceptan nada sin pelear primero… es un texto diferente, con algo de tristeza flotando en el fondo… me ha gustado, sí.

    1. Me alegra, Beauseant.
      A poco que ahondemos casi todos llevamos dentro un personaje trágico porque nuestro destino lo es. También puede resultar cómico según la mirada y el día.

    1. Algo de melancólico y de ir a la deriva tiene este Hans. Y Salvatore pienso que será alguien a quién él quiere, pero que ahora no está con él. Aunque le haga compañía de una forma fantasmal.

  8. Me ha gustado mucho, Evavill. Me he visto en el mar, tomando cervezas y durmiendo, y pensando en esa maravillosa máquina de los prodigios, que es la misma que utilizas para hacer magia con las palabras. Saludos.

  9. ¡Ohhhhhh! Paloma es un texto precioso, y me encantaría tener al alcance esa máquina de Salvatore. Una auténtica maravilla
    Feliz día, ya noche.
    Besosssss

    1. Buenos días, Maite.
      La verdad es que sería una maravilla darle a la manivela y que apareciera todo lo que queremos y nos gusta. Mientras tanto, podemos usar la imaginación. No es lo mismo pero puede servir en algún rato.
      Gracias y muchos besos

  10. No siempre se encaja en el entorno. Porque tampoco siempre el entorno encaja con nosotros. Siento algo de pena y de ternura por Hans, el protagonista y una pizca de envidia, de ese saber que le da igual lo que piensen los demás. En una sociedad tan encorsetada, eso puede ser un lujo. Y el final soñando dentro de una especie de surrealismo. Un lujo leerte.
    Un abrazo Paloma y que sepas que ya estoy con el “último párrafo” le he colado en mi lista de lecturas pendientes 😉

      1. Jajaja, vale, ahora ya lo he entendido. Pensaba que te habías hecho un lío con el título. Qué rápido has ido!!
        Otra vez muchas gracias de todo corazón.

  11. Me parezco a Hans en el sentido de querer la playa entera para mí, en plena soledad de ser posible. No la busco por la madrugada, pero sí por la mañana o por la noche, cuando el frío de la costa aleja instintivamente a las personas. En Otoño o en Invierno, porque en esas estaciones suele temerse al mar, pero a mí me arrulla. Es como tener una conversación íntima con las olas, con la soledad, con el atardecer. Un encanto.
    Pienso que el final del texto puede interpretarse de dos formas; La mayoría -por lo que leí de chismosa- lo entiende como un mundo fantasioso de Hans, quizás él quiera evadir o simplemente tiene una mente bellamente creativa. Quizás en ese otro mundo existe Salvatore, un ser querido que ya no está con él. Aunque al principio creí que era un alter-ego. La otra interpretación -aunque dudo que se trate realmente de esto- puede ser que él traslade estos bellos momentos hasta el mundo onírico y así estar cerca de Salvatore.
    Sí, puede que no sea nada de esto -río por dentro- pero quería compartir el hecho que tu escrito me movió. Sí, tiene algo de nostálgico por lo solo que parece estar el protagonista que a la vez tiene la valentía suficiente para vivir -sea en otra realidad- tal como quiere vivir.

    1. Comparto tu gusto por la playa en soledad y por la primeras y últimas horas del día. Las estaciones me gustan todas, menos cuando hace mucho calor.
      En cuanto a Hans, está soñando. Y Salvatore es alguien a quien quiere pero que no está con él. En su pensamiento sí lo está, constantemente.
      Pero cada uno lo puede interpretar como quiera, yo tampoco lo sé todo sobre él.
      Besos, Kadannek y ¡gracias por la lectura y el comentario!

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