Día: 2 mayo, 2019

Eso

A Emilia no  le gusta pronunciar la palabra dinero, así que cuando cada mes guarda la cantidad correspondiente a la renta del piso en un sobre y  se lo entrega al administrador que hace de intermediario entre ella y el casero, le dice,  aquí tienes eso. Y el administrador, un hombre que parece sacado de un tebeo, al que ella llama el hombre ese o el de la tos, vestido con  un traje marrón que le queda corto de mangas,  suele contestar, tosiendo encima del  sobre, es la alergia,  ¿padeces  también? Yo ya tengo todo el año,  en invierno las cupresáceas, en marzo el platanero,  en mayo las gramíneas y cuando ya creo que he terminado, ¡ las malezas! Y por si fuera poco me  están haciendo un estudio para descartar una posible celiaquía.   Emilia no tiene ni idea de qué es la celiaquía,  pero nunca se lo pregunta. Hay algo extraño en el ambiente,  suele decir también  el administrador estirándose las mangas marrones y mirando alrededor con desconfianza. Y como su punto de encuentro es el portal, a Emilia le parece que ese algo extraño  e informe pero con efectos maléficos vive ahí, entre los buzones, el ascensor y las escaleras.

Esta mañana la escena se ha repetido como es habitual, ella le ha dado “eso”, él le ha preguntado si padece de alergias, se ha lamentado de las suyas, tosiendo y estirándose las mangas,  y ha mencionado al elemento extraño que circula por ahí provocando males, pero después, en vez de entregarle un único sobre a cambio del “eso”, le ha dado dos.

No sé qué viene en este, ha dicho señalando el segundo sobre. Que tengas un  buen día. Y ha salido apresurado del portal bamboleando una cartera azul y negra, de propaganda, en la que ponía, “ XV Congreso europeo de arritmias cardiacas”

Emilia se ha quedado un momento en el portal con los dos sobres en la mano, indecisa, dudando si abrir o no el segundo. Se los estaba guardando en el bolso, el normal al fondo, el peligroso encima, cuando ha salido Analita del ascensor. Emilia sabe que  Analita es muy pesada, que se pasa la vida en el portal o dando vueltas a la  manzana con la excusa de hacer un recado, de tirar la basura o de mirar el buzón pero lo que de verdad quiere es hablar. Sabe que es pesada y que busca víctimas para su dosis diaria de conversación. Lo normal es que se saluden deprisa y que Emilia no se detenga,  pero hoy, a causa del miedo, de la necesidad que siente de contarle a alguien lo del segundo sobre,  ha caído como mosca tonta en la tela de Analita.

El hombre ese, el de la tos,  me ha dado dos recibos en vez de uno, dos, repite por si la otra no lo ha comprendido a la primera.  Y también por si no ha acabado de entender lo que supone que sean dos, añade una explicación;   me da miedo que aquí venga, ya sabes…no lo he abierto, lo tengo en el bolso, ya lo miraré luego.

Mejor me lo cuentas fuera, le dice Analita empujándole la espalda con una mano,  no me fío un pelo de esta casa, la conozco muy bien,  he nacido en ella, tiene los cimientos podridos, te lo digo yo,  cualquier día se nos cae encima y se nos acaban todos los problemas, pum, así, de golpe y porrazo y nunca mejor dicho.

Analita empieza a reírse sola, el aire de la mañana, fresco y nuevo, viene cargado del olor de las basuras que se acumulan en la esquina. Qué guarra es la gente, dice interrumpiendo la risa y arrugando la nariz,  pero guarra, guarra, a todo el que viera yo tirando bolsas donde no se debe les ponía  el mes entero a barrer y a fregar. Pero a fregar de rodillas, restregando bien. Esperemos que llueva, por lo menos.

Es que no me atrevo a abrir el otro, retoma Emilia, ya con poca esperanza de que contarle a Analita sus temores le vaya  a servir de algo, lo más seguro es que ni la entienda. Pero algo sí ha entendido.

A mí me pasa lo mismo con las pruebas médicas, desde que tuve eso, a Analita tampoco le gusta decir el nombre de su enfermedad, los sobres me los abre mi hermana, qué mal rato se pasa, claro que lo tuyo no es lo mismo, tú no te vas a morir, como mucho te tendrás que buscar otro piso  y créeme que vas a salir ganando, si esta casa se va a caer, si vieras las grietas que le han salido a mi hermana…

¿Dónde?, pregunta Emilia despistada,  apoyando el pie en una de las baldosas de la acera que está levantada y haciéndola subir y bajar.

En las paredes, hija, ¿dónde va a ser?  Por eso te digo.

Analita sigue hablando pero Emilia ya no la escucha, con la mano dentro del bolso toca el segundo sobre, como si así pudiera adivinar, de una manera menos dolorosa en el caso de que sea malo, su contenido. Tiene que ser malo, bueno no va a ser, el señor ese, como llama al casero, no le va a  bajar la renta. Menos ya no puede pagar, todo el mundo se lo dice, lo que tiene es un chollo, ese precio ya se paga solo por habitaciones dentro de pisos, incluso por camas en habitaciones compartidas y, ¿cuánto tiempo lleva así? Cuatro años. Y si ahora se le acaba el chollo ¿qué va a hacer?

Analita ya lleva un rato disparatando, habla de pasadizos que solo ella conoce y que comunican con la iglesia que está enfrente, en esos pasadizos la encerraron a ella de niña, la rescató un policía de uniforme. Jugaba en la plaza, que entonces estaba llena de pinos, era un pinar,  con los hijos de los reyes, ¡de los reyes!, repite.

Me tengo que ir, llego tarde a trabajar, le corta  Emilia, harta de pasadizos misteriosos, de pinares, de reyes y de  la propia Analita. Acaba de salir del ascensor la chica que tiene dos hijas pequeñas, una va en carrito, la otra de la mano ¡Mis niñas!, grita  Analita olvidándose por completo de Emilia.

Sí que huelen mal las basuras, apestan.  Emilia se tapa la nariz con la mano y levanta la vista al cielo, que está azul, muy azul. A veces ese azul le gusta y le da alegría  pero hoy no.  De nuevo toca el sobre con los dedos, lo aprieta un poco,  ¿y si lo abro mientras espero el autobús? Pero el autobús llega enseguida y dentro va demasiado lleno, se agarra como puede a la barra. Por las ventanillas sigue mirando el cielo azul. Es bonito, sí, pero solo es un color que está por encima, como un envoltorio, ¿de qué le sirve un color, un adorno?  y el sobre con lo que sea que contenga sigue dentro del bolso, de su bolso. Si tuviera más de eso…

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