Eso

A Emilia no  le gusta pronunciar la palabra dinero, así que cuando cada mes guarda la cantidad correspondiente a la renta del piso en un sobre y  se lo entrega al administrador que hace de intermediario entre ella y el casero, le dice,  aquí tienes eso. Y el administrador, un hombre que parece sacado de un tebeo, al que ella llama el hombre ese o el de la tos, vestido con  un traje marrón que le queda corto de mangas,  suele contestar, tosiendo encima del  sobre, es la alergia,  ¿padeces  también? Yo ya tengo todo el año,  en invierno las cupresáceas, en marzo el platanero,  en mayo las gramíneas y cuando ya creo que he terminado, ¡ las malezas! Y por si fuera poco me  están haciendo un estudio para descartar una posible celiaquía.   Emilia no tiene ni idea de qué es la celiaquía,  pero nunca se lo pregunta. Hay algo extraño en el ambiente,  suele decir también  el administrador estirándose las mangas marrones y mirando alrededor con desconfianza. Y como su punto de encuentro es el portal, a Emilia le parece que ese algo extraño  e informe pero con efectos maléficos vive ahí, entre los buzones, el ascensor y las escaleras.

Esta mañana la escena se ha repetido como es habitual, ella le ha dado “eso”, él le ha preguntado si padece de alergias, se ha lamentado de las suyas, tosiendo y estirándose las mangas,  y ha mencionado al elemento extraño que circula por ahí provocando males, pero después, en vez de entregarle un único sobre a cambio del “eso”, le ha dado dos.

No sé qué viene en este, ha dicho señalando el segundo sobre. Que tengas un  buen día. Y ha salido apresurado del portal bamboleando una cartera azul y negra, de propaganda, en la que ponía, “ XV Congreso europeo de arritmias cardiacas”

Emilia se ha quedado un momento en el portal con los dos sobres en la mano, indecisa, dudando si abrir o no el segundo. Se los estaba guardando en el bolso, el normal al fondo, el peligroso encima, cuando ha salido Analita del ascensor. Emilia sabe que  Analita es muy pesada, que se pasa la vida en el portal o dando vueltas a la  manzana con la excusa de hacer un recado, de tirar la basura o de mirar el buzón pero lo que de verdad quiere es hablar. Sabe que es pesada y que busca víctimas para su dosis diaria de conversación. Lo normal es que se saluden deprisa y que Emilia no se detenga,  pero hoy, a causa del miedo, de la necesidad que siente de contarle a alguien lo del segundo sobre,  ha caído como mosca tonta en la tela de Analita.

El hombre ese, el de la tos,  me ha dado dos recibos en vez de uno, dos, repite por si la otra no lo ha comprendido a la primera.  Y también por si no ha acabado de entender lo que supone que sean dos, añade una explicación;   me da miedo que aquí venga, ya sabes…no lo he abierto, lo tengo en el bolso, ya lo miraré luego.

Mejor me lo cuentas fuera, le dice Analita empujándole la espalda con una mano,  no me fío un pelo de esta casa, la conozco muy bien,  he nacido en ella, tiene los cimientos podridos, te lo digo yo,  cualquier día se nos cae encima y se nos acaban todos los problemas, pum, así, de golpe y porrazo y nunca mejor dicho.

Analita empieza a reírse sola, el aire de la mañana, fresco y nuevo, viene cargado del olor de las basuras que se acumulan en la esquina. Qué guarra es la gente, dice interrumpiendo la risa y arrugando la nariz,  pero guarra, guarra, a todo el que viera yo tirando bolsas donde no se debe les ponía  el mes entero a barrer y a fregar. Pero a fregar de rodillas, restregando bien. Esperemos que llueva, por lo menos.

Es que no me atrevo a abrir el otro, retoma Emilia, ya con poca esperanza de que contarle a Analita sus temores le vaya  a servir de algo, lo más seguro es que ni la entienda. Pero algo sí ha entendido.

A mí me pasa lo mismo con las pruebas médicas, desde que tuve eso, a Analita tampoco le gusta decir el nombre de su enfermedad, los sobres me los abre mi hermana, qué mal rato se pasa, claro que lo tuyo no es lo mismo, tú no te vas a morir, como mucho te tendrás que buscar otro piso  y créeme que vas a salir ganando, si esta casa se va a caer, si vieras las grietas que le han salido a mi hermana…

¿Dónde?, pregunta Emilia despistada,  apoyando el pie en una de las baldosas de la acera que está levantada y haciéndola subir y bajar.

En las paredes, hija, ¿dónde va a ser?  Por eso te digo.

Analita sigue hablando pero Emilia ya no la escucha, con la mano dentro del bolso toca el segundo sobre, como si así pudiera adivinar, de una manera menos dolorosa en el caso de que sea malo, su contenido. Tiene que ser malo, bueno no va a ser, el señor ese, como llama al casero, no le va a  bajar la renta. Menos ya no puede pagar, todo el mundo se lo dice, lo que tiene es un chollo, ese precio ya se paga solo por habitaciones dentro de pisos, incluso por camas en habitaciones compartidas y, ¿cuánto tiempo lleva así? Cuatro años. Y si ahora se le acaba el chollo ¿qué va a hacer?

Analita ya lleva un rato disparatando, habla de pasadizos que solo ella conoce y que comunican con la iglesia que está enfrente, en esos pasadizos la encerraron a ella de niña, la rescató un policía de uniforme. Jugaba en la plaza, que entonces estaba llena de pinos, era un pinar,  con los hijos de los reyes, ¡de los reyes!, repite.

Me tengo que ir, llego tarde a trabajar, le corta  Emilia, harta de pasadizos misteriosos, de pinares, de reyes y de  la propia Analita. Acaba de salir del ascensor la chica que tiene dos hijas pequeñas, una va en carrito, la otra de la mano ¡Mis niñas!, grita  Analita olvidándose por completo de Emilia.

Sí que huelen mal las basuras, apestan.  Emilia se tapa la nariz con la mano y levanta la vista al cielo, que está azul, muy azul. A veces ese azul le gusta y le da alegría  pero hoy no.  De nuevo toca el sobre con los dedos, lo aprieta un poco,  ¿y si lo abro mientras espero el autobús? Pero el autobús llega enseguida y dentro va demasiado lleno, se agarra como puede a la barra. Por las ventanillas sigue mirando el cielo azul. Es bonito, sí, pero solo es un color que está por encima, como un envoltorio, ¿de qué le sirve un color, un adorno?  y el sobre con lo que sea que contenga sigue dentro del bolso, de su bolso. Si tuviera más de eso…

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43 comentarios en “Eso

  1. Emilia tiene alergia al señor ése, a hablar de éso, a Analita, está clara su intolerancia, no necesita más pruebas.

    🙂

    Un beso.

  2. Me gusta.
    A veces sirve de poco el azul del cielo. Y, sin embargo, lo seguimos mirando. Y somos capaces incluso de apreciar su belleza -aunque sea a través de la ventana de un autobús- mientras nos están dando la patada por no tener de eso. Más de eso.
    (Y pisamos baldosas que se mueven)

    1. Es que son normales y cotidianas, ya tengo ganas de probar a escribir algo fantástico, por variar. Pero no me sale.
      Segunda parte no sé. Sobre la marcha.
      Besos, Luna

  3. Cualquier sobre, carta, mensaje que vaya dirigido a mí casi que no me puedo esperar. Procuro, eso sí, el mejor momento para leer con calma. Pero entiendo a Emilia, cuando algo quiebra tu rutina habitual, puede llegar a ponernos muy nerviosos. Ojalá no sean malas noticias.. Algo como una invitación a cenar o información general del edificio…

    1. Depende de qué sospeches que puede contener. Si esperas algo bueno claro que lo abres enseguida, pero si temes ya no tienes tanta prisa.
      No me imagino yo al casero invitando a cenar a su inquilina, me da rabia esa falta de imaginación 🙂

  4. Tan cerca y aún no se anima…Hasta a veces nos asusta la esperanza….
    Bello texto, como siempre. Un abrazo,Paloma.

  5. Lo sabía… estaba leyendo y pensaba: Paloma hoy me la va a jugar… y efectivamente…
    Ahora mismo estoy dudando entre despedirme en vez de con los consabidos, y desgastadísimos por cierto, besos habituales con una colleja, un grrrrrrrrrrrrr o un “te vas a enterar Palomón Maldito”, jajajajaajjaa.

    Bueno, supongo que te habrá divertido no desvelar el contenido del sobre… lo entiendo, lo entiendo perfectamente, yo tengo un mail que te escribí hace mucho tiempo y guardo en el borrador y en el que te digo que….. pues eso….

    COLLEJÓN!!!

    1. Jajajaja, vale, vale, no me maldigas.
      Pero que conste que no he querido fastidiar, es que me parecía evidente lo que va dentro del sobre. Y además, oye, si no lo es, te puedes imaginar lo que tú quieras. Final abierto que se llama.

      Esquivo tu collejón y te mando los consabidos…

      Besos!!

  6. He observado en tus relatos que suele haber un contrapunto entre la frustrante, deprimente o anodina situación que vive el personaje y la lejanía que representa el azul del cielo o la sierra de Guadarrama. Un desfase grande, tal vez insalvable, entre el aquí y el ahora, que incluso huele mal, el día a día, tan prosaico y conflictivo, y ese más allá inapresable. Esto no es un análisis sino un apunte de lector. Espero que no le suban el alquiler a Emilia.

    1. Sí, Antonio, tienes razón en lo que apuntas y está muy bien observado.
      Creo que los personajes de estos relatos quieren volar pero les faltan los medios para despegarse del suelo.
      Me temo que sí se lo suben.

  7. Al igual que Luna quedaré esperando la segunda parte. Me rehúso a continuar desconociendo el contenido del segundo sobre…
    ¡Me encanta leerte, Paloma! Me resulta tan fácil imaginar los lugares, actitudes y hasta los olores mientras voy leyendo… y eso, es mérito tuyo👏👏👏👏👏👏
    ¡Abrazos!

    1. Pero yo no tenía previsto segunda parte!!
      Bueno, ya veremos si sale algo o me escapo por otro relato.
      Muchas gracias, Sari.
      Me gusta lo que me dices 🙂
      Un beso

  8. Emilia sospecha que “ese” no le traerá nunca bueno, cuando se atreva con el mensaje, va a descubrir un poema con una declaración de amor, porque uno también quiere creer que el mundo puede ser un poco mejor y que no todo lo que nos sucede lo motiva “Eso”. Un beso.

    1. Pues que sea como tú dices y que termine en amor y sin eso de por medio.
      Aunque no me termina de encajar, qué poco me creo lo de los finales felices. Mejor me callo que ya lo estoy estropeando.
      Que sea así!!
      Besos, Carlos.

      1. Jajaja, en realidad como el público asistente solicita una segunda parte. Cualquier final que escribas será sorprendente. Un beso.

  9. Los curiosos preferimos cualquier mala noticia antes que quedarnos con la intriga. Por eso los curiosos abriríamos corriendo el sobre, nos lanzaríamos de cabeza a una subida de alquiler, a un mal diagnóstico, a una muerte segura. Todo es mejor que quedarse con la duda. Y de ahí la necesidad de un segundo capítulo. Supongo que por eso funcionan tan bien las series. Por los curiosos.Y somos legión. Aunque toda esta escena se basta y se sobra sola. Un beso

    1. Jajaja, me he imaginado a los curiosos abriendo el sobre con los dientes.
      Lo bueno de esperar es que se puede fantasear con muchas posibilidades, una vez que se sabe ya no hay campo para imaginar. Es la excusa de los miedosos.
      Beso!!

  10. Hola, Palomón, jajajaja…
    En ese sobre parece que no debe ir nada bueno… Debería abrirlo, de nada sirve postergarlo. ¿Una subida de alquiler? ¿Una “invitación” a buscarse otro lugar para vivir? Me deja un poco intrigado el desenlace, y no solo eso, sino algunos apuntes que haces: que paga muy poco, pero que es una situación que dura solo desde hace 4 años. Por tanto no puede ser un alquiler de esos del año de la catapún, de renta antigua. ¿Quizá una situación especial, delicada, algo relacionado con su situación socioeconómica?
    Como este tema me toca algo de cerca, por eso me hago preguntas. Un problema la vivienda, por eso tuve que cambiarme de casa, por suerte. Yo hubiera huido de la pesada, de todas formas. No soy moscón fácil cayendo en telaraña.
    Besón rima con palomón.
    Besazo rima con palomazo.
    Y beso… rima con “eso”.
    No me hagas caso.

    1. Hola, What, ya te echaba yo de menos.
      No sé qué decirte ante tantas preguntas relacionadas con los alquileres. Tienes razón en que lo de los cuatro años no cuadran con una renta antigua.
      La cuestión es que yo no lo sé todo sobre los personajes, sólo pinceladas y con eso ya me vale. Sí es un problema la vivienda, sobre todo en las ciudades grandes. Y grave.
      A mí sí me hubiera pillado Analita en su tela con facilidad.
      Por hoy te dejo que hagas rimas, ya veo que te ha hecho gracia el Palomón, suena a vacaburra, pero en fin…
      Besos

      1. Gracias por echarme de menos. Ya, ya me imagino que no lo sabrás todo de tus personajes, ni de esta mujer. El caso es que has dejado a todo el mundo con la intriga y pidiendo más. Todas esas preguntas son elucubraciones mías, razonamientos.
        En cuanto a Palomón, no me suena a vacaburra para nada. Aunque es verdad que uno puede imaginarse una paloma gigantesca, muy gorda quizá. Como algunos gatos que están realmente bastante gordos. Simplemente me hizo gracia la tontería.
        Los alquileres… creo que nunca te lo he comentado, pero te explicaré mi caso, no me importa, al revés. Así si alguien más lee esto se enterará de lo absolutamente demencial y vergonzoso que es esto. Yo entré pagando en el anterior piso de alquiler 450 euros. Año 2004. Ascensor, tres habitaciones, un buen balcón y encima con el metro justo abajo. Realmente tuve suerte. Mucha. Ah, y contrato de 10 años, pues mi madre tenía cierta amistad con el propietario. Fue subiendo el alquiler. Vencen los 10 años, y se prorroga automáticamente 3 más, sin subida. Todo ello porque en ese tramo final hubo un cambio de administradores y con el follón se les debió pasar lo me mi contrato. Toda esa subida paulatina supuso que en el 2017 pagaba 617 al mes. Y me llega la cartita, como a tu protagonista. La carta dice directamente que debes dejar el piso sin posibilidad de negociar. Un burofax inhumano y absolutamente de bordes. Ese capitalismo y esa especulación que tanto amo. Claro, te acojonas. Desenlace, llamada telefónica y que puedo seguir en el piso, pero me suben a 800 al mes. Protesto civilizadamente y me lo dejan en 750. Empiezo a buscar piso y a los tres meses me sale el que me he comprado. En marzo del 2018 me mudé, ya lo sabes. Y pago menos de 600 al mes. Hipoteca de renta fija, escogí. Bueno, esta es mi historia. Así las gastan. Seguro que donde estaba habrán puesto un alquiler de mínimo 900 al mes. ¿Qué opinas? Que es una vergüenza, como poco…

      2. Opino que tienes toda la razón en enfadarte por decirlo suave y no me extraña que, si lo has sufrido directamente, te hayas fijado en los detalles sobre el tema del relato.
        Me alegro de que encontraras otro piso.

  11. Yo a diferencia de tu prota, no podría tener el sobre sin abrir ni dos minutos. La vida es un contraste permanente, como el olor de la basura frente a la belleza del cielo azul. Y Emilia un tanto indecisa, no menciona eso, no abre el sobre… y tú nos has vuelto a intrigar. Y mira que lo haces bien. Un abrazo Paloma.

    1. Más que indecisa yo creo que es miedosa, si no llama por su nombre a lo que le preocupa es como si le afectara menos y si no ve lo que hay en el sobre es como si no existiera.
      Un pensamiento un poco infantil, eso sí.
      Es verdad lo de los contrastes de la vida, nos ofrece de todo, bueno y malo.
      De verdad que no tenía intención de intrigar.
      Gracias, Carlos.
      Otro abrazo

  12. Me has dejado con el ataque de ansiedad…Yo aposté por la declaración amorosa . Enseguida ,cuando leí lo de dos sobres, tuve esa corazonada , nunca me equivoco. ¡Fue la declaración amorosa! Dime que sí… Un abrazo.

    1. Pues si nunca te equivocas…
      Eres una romántica, Tatiana.
      Yo no sé lo que tiene el sobre, tendré que esperar a que Emilia se decida a abrirlo 😉
      Besos!!

  13. Apuesto por la subida del alquiler.
    Les ha pasado a varios conocidos míos…de repente una cartita anunciando un incremento al mes de 500€ o más,así de un plumazo.
    Yo abriría el sobre enseguida,aunque la entiendo…he sentido un vértigo parecido más de una vez.
    Cuando viene una mala noticia el cielo azul parece un decorado puesto a mala leche.

    Anda,Paloma,cuéntanos…
    ; )
    Besos intrigados.

    1. Con lo romántica que tú eres, mira que apostar por la subida del alquiler…en realidad es lo más probable o lo más lógico. O lo que más sucede.

      A mala leche, sí, estoy de acuerdo con tu percepción.
      Algo os contaré pero todavía no sé el qué.

      Besos, Carmen

  14. Hay que ver lo diferentes que somos unos de otros. Yo no hubiera resistido ni un segundo sin abrir el sobre, aún a sabiendas de que va a ser algo malo, la incertidumbre es lo peor. Nos has dejado comiéndonos las uñas… Saludos, Evavill.

    1. Después de leer vuestros comentarios estoy empezando a pensar que lo que hace Emilia es muy raro. O más bien lo que no hace.
      Intentaré desintrigaros.
      Saludos, Raúl.

  15. Emilia con su indecisión, con su miedo, con no querer saber la sorpresa que le depara el segundo sobre, ha logrado dejar a todos en ascuas, con el fondo del azul del cielo. La libertad de elegir lo que se quiere que se sea y darle uno el final que crea más apropiado es una tragedia para la curiosidad que siempre quiere tener un “caso cerrado”. Un abrazo grande

    1. Qué bien lo has dicho y explicado. Lo que ocurre es que cuando el caso se cierre, si es que se cierra, a algunos les decepcionará. No hay final a gusto de todos.
      Besos, Themis

  16. Pues a estas alturas, ya no sé qué pensar o esperar, Paloma… Ya se han manejado muchas propuestas. La verdad es que si decides continuar tu relato seguro que será interesante, y si no, también. En sí mismo, ya lo ha sido!
    Emilia es la caña, tan real que acabo de verla cruzando la calle. Un beso y gracias por la historia

  17. Las malas noticias son malas aunque vengan escritas en papel de colores… me provoca mucha ternura mi vecina Emilia.
    Gran relato, Paloma, como siempre.
    Esperaré gustosa y con cierta intriga que desveles el contenido de ese sobre que tanto miedo le da abrir a Emilia… veremos si acierto.
    Un millón de besosss

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